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Itinerario

Experimentar el itinerario ha cambiando las Indias más que ninguna otra cosa desde Nat se convirtió en nuestra primera gobernadora electa. La experiencia es tan positiva que creo merece la pena compartirla.

Se trata de una herramienta muy sencilla en realidad, un itinerario no es más que una serie cronológica de textos, vídeos y artículos. Y nosotros creamos uno para que la gente que se nos acercaba conociera no sólo lo que pensábamos sobre la red (que para eso tenemos la bitácora) o cómo nos organizamos (que para eso tenemos la e4pedia), sino de qué debates venimos, qué aportamos y cómo evolucionamos a partir de ellos.

El itinerario es en realidad un contexto histórico y literario en el que el que se aproxima a nuestra manera de hacer y pensar es invitado a hacer un balance crítico de aquella parte de la conversación social de las últimas décadas en la que nos inscribimos. Aparecen desde películas independientes a documentales, pasando por novelas pulp, libros de economía y ensayos sobre la Historia del comercio medieval.

Pronto vimos que podía ser muy potente. Tanto como para justificar el que se creara una nueva figura: el aprendiz. Alguien que es becado durante un tiempo máximo de seis meses no para trabajar o hacer labores de asistente, sino para leer y criticar. El aprendizaje es el paso previo a colaborar profesionalmente en proyectos. Tras un periodo de nueve a doce meses de colaboración, el antiguo aprendiz podrá convertirse en socio igualitario de nuestras empresas.

Pero nos quedábamos cortos. El itinerario no es una formación académica. No tiene exámenes, notas ni nada por el estilo. El aprendiz no es un alumno, es un explorador.

Cuando se habla de democracia económica y de redes con la soltura y trayectoria nuestra es muy fácil que mucha gente simpatice sin profundizar demasiado. Pero eso no quiere decir que su sitio futuro, por cercano que sea este futuro, esté como socio de este proyecto.

Ser pluriespecialista suena muy bien pero a la hora de la verdad mucha gente siente vértigo de alejarse de lo que considera su expertise y pornerse a aprender algo completamente nuevo simplemente para descubrir si hay una oportunidad de negocio, disfrutar de aprender algo nuevo u ofrecer una consultoría. El discurso de las redes distribuidas es muy empoderante pero dejar de ser la estrella local de twitter o de seguir el cotilleo de los amigos en facebook supone un cierto sacrificio para algunos. Defender el software libre es una cosa y renunciar a la Mac por convicción propia otra muy diferente. Compartir el conocimiento que se genera en un proyecto o en algo tan tonto como probar un nuevo programa, en la práctica significa unas cuantas horas documentando para los demás…

El itinerario descubre que todas estas cosas no son unas ideas entre otras. Que no son mero discurso al que en algún momento nos adherimos. Precisamente porque relata el contexto en el que surgieron, deja claro al que se acerca que todas esas cosas son generadoras de significado para nosotros. En eso reside nuestra identidad como comunidad y de ahí brota la pasión con la que trabajamos. Nos creemos el trabajo porque nos permite hacer ciertos gestos y compartirlos con otros a los que por ello y por profundizar en esos significados, consideramos nuestros iguales.

Y es eso precisamente lo que hace que el itinerario impida la simple adhesión que mucha gente nos pide. La cultura de la adhesión, en las antípodas de nuestra mirada del mundo, se nos intentaba por la puerta principal porque gracias a los facebooks del mundo, simpatizar con algo se convierte cada vez más en un gesto banal, un acto estético superficial, que ni siquiera exige conocer o dotar de contexto a aquello con lo que se simpatiza o a lo que uno pretende unirse.

El itinerario no está para convencer o transformar a nadie. Está para alimentar a quién ya participa de los valores que nos fundamentan y para que quién no lo haga, no se lo haya planteado o simplemente no comparta la pasión por esos temas con nosotros, descubra por si mismo -y nos muestre a los demás- que no tiene sentido que se piense como socio de nuestra pequeña filé.

Por cierto que tampoco es un todo o nada. Hay muchos otros espacios para trabajar, discutir y disfrutar de ese gusto por estar juntos en una identidad amplia que llamamos fraternidad, con muchísimas personas.

¿Es un modelo útil para otras comunidades? Sinceramente, creo que si. Creo que no hay peor forma de unirse a un proyecto que acompañarlo de un a pesar de. Hablemos de un grupo scout, una campaña, la relación con un cliente o la incorporación a una empresa, el sacrificio es la peor puerta de entrada posible, sobre todo cuando implica acomodar valores o hábitos sin convicción previa.

Puede que el itinerario lleve a un aprendiz a plantearse cambiar de sistema operativo o abandonar su cuenta de twitter o facebook. Pero no es su objetivo. El objetivo es que tenga claro que no tiene sentido seguir si no lo hace atendiendo a una convicción personal y a un deseo real de construir en el que lo privativo y lo centralizador simplemente no caben.

Y evidentemente, esos son nuestros valores, otras organizaciones, comunidades o empresas tienen los suyos. ¿No sería positivo declararlos y contextualizarlos para que cuando alguien quiere unirse haga algo más que adherirse? A fin de cuentas sólo así, resulta viable crear conocimiento.

«Itinerario» recibió 0 desde que se publicó el Domingo 28 de Junio de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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