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Je t’aime yé-yé

Serge Gainsbourg es el símbolo erótico-festivo de la perseverancia y la resistencia a la frustración. Con una infancia dura y escasa educación formal consiguió lo que se propuso ya fuera vender discos, el respeto de la crítica o la chica más guapa del mundo.

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Serge GainsbourgEn estos días de ocio y pasión, qué puede haber mejor que recordar al artista que nos hizo amar la lengua francesa, el enfant terrible de los 60 que llevó el erotismo y la irreverencia de la música popular a lo más alto: Serge Gainsbourg (1928-1991). Le costó alcanzar el triunfo pero perseveró hasta causar furor después haberlo probado todo. Se burlaron de él por feo y macarra, pero conquistó a algunas de las mujeres más hermosas de Europa, y acabó siendo considerado un símbolo de glamour y una referencia musical de los top de la música indie posteriores (Portishead, Placebo, REM o Franz Ferdinand, entre otros, así lo reconocen).

Sus padres eran emigrantes judíos rusos, así que en su infancia le tocó sucesivamente estar marcado, huir y esconderse en los bosques del interior. En realidad se llamaba Lucien Ginsburg, pero en cuanto lo oyes pronunciar te das cuenta de que comparativamente, Serge Gainsbourg suena mucho más sexy. Fue mal estudiante, abandonó los estudios y en el servicio militar le encarcelaron por insumisión. Quiso ser pintor y lo intentó muchos años sin éxito (hasta sus 30 más o menos), mientras se ganaba la vida con empleos ocasionales (profesor de dibujo, vigilante escolar…). Su padre se ganó la vida tocando el piano en cabarets y le había enseñado el oficio, así que después de renunciar a la pintura empezó a trabajar de pianista-cantante en casinos de la Costa Azul y cabarets de la rive gauche.

Parecía un empleo precario más hasta que conoció a Boris Vian, lo que supuso para él una auténtica iluminación y su mayor influencia. No mucho después, una cantante del cabaret donde trabajaba y para la que tocaba la guitarra, Michèle Arnaud, descubre sus composiciones, y fascinada, le anima a interpretarlas en el cabaret, convirtiéndose en su primera solista y dándole a conocer.

Brigitte Bardot y Serge Gainsbourg

Todavía no ha alcanzado el éxito, pero desde entonces Serge le ha encontrado el punto a su personaje. Se dedica a beber, fumar (llegó al record de 7 paquetes de Gitanes en un día), bailar y perseguir mujeres sin descanso mientras compone temas desconcertantes. Los discos que graba apenas se venden, pero a él no le importa: está convencido de que va a triunfar y nada ni nadie le convencerá de lo contrario. La resistencia a la frustración está asegurada, y con ese ánimo empieza a componer primero para Juliette Gréco (de la que fue amante) y Petula Clark, y más tarde para Françoise Hardy y France Gall (todas bellezas de la época), entrando en el mercado del público joven.

El reconocimiento llega con un super hit mundial interpretado por France Gall, Poupée de cire, poupée de son, que gana el festival de Eurovisión (1965), y llega a ser versionada por la propia Gall en japonés y a ser elegida como la 14ª mejor canción de la historia del certamen. Poco después llega para Serge el momento de reírse de verdad de los que le llamaban «feo» viviendo una breve pero tórrida historia de amor con Brigitte Bardot (1967), con la que graba la primera versión de la escandalosa Je t’aime… moi non plus (censurada en España). Después Bardot se arrepiente, temiendo por su imagen, y Serge guarda la grabación en secreto hasta 1986 respetando sus deseos.

Serge Gainsbourg y Jane BirkinEn cualquier caso, la fama le sonríe y el amor también. Un año después (1968), conoce en un rodaje a la inglesa Jane Birkin, que sería su pareja durante muchos años, la madre de su hija Charlotte y el amor de su vida. Con ella volvió a grabar Je t’aime… moi non plus y en este caso Birkin no tuvo reparos. El tema les hizo aún más famosos y apuntaló el mito de la pareja más divina de la Europa contemporánea.

serge gainsbourg jane birkinEn las décadas siguientes, Gainsbourg no dejó de experimentar con nuevos géneros a través de álbumes de ventas discretas pero que se convertirían en obras de culto, y tampoco deja de provocar escándalos. En 1979, después de unos años en la sombra componiendo bandas sonoras, vuelve a los medios tras realizar una versión reggae de La Marseillaise que provocó incluso amenazas de muerte por parte de los veteranos de la guerra de Argelia. Se rió del incesto interpretando junto a su propia hija Lemon Incest, se burló de su propia persecución por los nazis con temas como Nazi rock o Tata teutonne del album Rock around the bunker, quemó un billete de 500 francos ante las cámaras para protestar por la subida de impuestos en Francia, y salió en un programa de televisión con Whitney Houston completamente borracho, haciendo lo que hoy en día sería un papelón (en aquellos maravillosos años aún no lo era), en la apoteosis de su último y decadente personaje: Gainsbarre.

Gainsbarre siguió encadenando noches de juerga, canciones, copas y cigarrillos hasta morir en compañía de su última despampanante y jovencísima pareja, Bambou, musa, modelo, cantante y madre de su hijo Lucian, con la que pasó sus últimos años a falta de Jane Birkin, que le siguió queriendo y a la que siguió queriendo a pesar de todo. Así como se empeñó en triunfar con la música y lo consiguió, también se empeñó en seguir vivo a pesar de su mala salud y sus muy malos hábitos, incluido el de decirle obscenidades a cada chica guapa con la que se cruzaba. Podía haber vivido más (murió a los 63), pero hicieron falta nada menos que cinco infartos para matarlo, lo que, considerando los excesos, es todo un éxito.

«Je t’aime yé-yé» recibió 12 desde que se publicó el Miércoles 16 de Abril de 2014 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

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