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Johnnie, el relato de una vida interesante

Los relatos de las vidas interesantes no son medallas que puedan llevar extraños. Al amante de los whiskies le toca, bajo el espíritu de los Walker, emprender nuevos caminos. Keep Walking!

Johnnie-walker-scotchDetrás de las grandes marcas muchas veces encontramos grandes historias que las originan formando su esencia y dotándolas de espíritu. Ya que estamos en diciembre y los turrones forman parte de nuestra mesa, me parece una estupenda idea acompañar la sobremesa con un whisky y su precioso relato de una vida interesante.

Nace un emprendedor

En 1819, muere John Walker, un granjero que deja en herencia a su hijo de 14 años, su preciada granja. La familia Walker decide vender la granja y comprar una pequeña tienda de comestibles en Kilmarnock que será regida por el pequeño heredero. El pequeño, orgulloso, coloca en la puerta de la tienda su nombre «John Walker», aunque se le conocía cariñosamente como «Johnnie».

Pronto el pequeño Johnnie se convertiría en un hombre de negocios reconocido en la ciudad por vender de todo: tés, vinos, bebidas y alimentos secos… hasta papel. Así el negocio comenzó a ganar clientela. Pero el entorno de Johnnie estaba cambiando. Pronto el mercado escocés daría a conocer sus whiskys y muchas destilerías, algunas ilegales, comenzaron a profesionalizarse. Entonces Johnnie vio la oportunidad de ofrecer algo personal y formar parte de este nuevo campo.

Fue así como en 1825 comienza a ofrecer a sus clientes su propio whisky. En la época todas las tiendas tenían en existencia una gama de single malts locales para diferenciarse de sus competidores. Johnnie decide crear un producto único y consistente. Para desarrollar este producto comenzó a mezclar distintos tipos de malta. De esta forma entra en el mercado atrapando la oportunidad al vuelo. La llegada del ferrocarril le permitió comercializar al mayor y extenderse por todo la isla.

Walker around the World

Pero una inundación destruye en 1852 prácticamente todo el negocio de Johnnie Walker. En esta época entra en la empresa su hijo Alexander que tras la muerte de Johnie en 1857, se hará cargo del negocio familiar junto a Robert, el hermano menor.

Alexander no se conformó con hacer uno de los whiskies mas reconocidos en Escocia sino que apostó por expandir el hasta entonces pequeño negocio familiar. Alexander convenció a capitanes de barcos mercantes para transportar sus botellas a cada puerto del mundo en el que atracaran a cambio de una comisión sobre ventas. Así nació su red comercial y pronto una serie de distribuidores locales que empezando por Sydney y Sudáfrica, acabarían cubriendo medio mundo. De esta apuesta también nace la «botella cuadrada». Esta nueva forma permitía aumentar la capacidad de almacenaje en los barcos y reducir el número de botellas rotas.

Tras la muerte de Alexander, una generación más se une al relato, expandiendo la marca y conservando lo mejor de ella. Sus hijos, Alexander II y George, rebautizan sus whiskies dándole nombre a sus mezclas con colores, tal y como de forma espontánea venían haciendo sus clientes. Los elementos de marca se completan cuando en 1909 incorporan la figura del caminante, creada por el caricaturista Tom Browne, al tiempo que se lanzaba el Black Label y el Red Label.

El monstruo de las escalas

JohnnieWalker Diamond JubileeNada me hubiese gustado más que continuar la historia con una generación más o quizás con una red de emprendedores y partners locales como aquella por la que en su momento apostó Alexander Walker. Pero nuevamente aparecen las escalas, representadas en esta historia por Diageo, el gigante de las bebidas alcohólicas nacido de la red de distribución de la cerveza Guinness, que también comercializa Talisker, Buchanan’s, Old Parr y otras bebidas famosas.

Diageo, o sus excelentes publicistas, se dio cuenta en los ochenta de que no había heredado de una de las primeras empresas que absorvió tan solo una marca o un simple producto, sino que tenía entre manos algo mucho más grande: un relato. Por eso ha protegido celosamente ese relato contra su propia realidad empresarial: seguramente la mayoría de los amantes de Johnie Walker desconocen que ya no es una empresa familiar y que sus mezclas más caras, como la Johnnie Walker Diamond Jubilee no han conocido ya a ningún Walker en la empresa, mucho menos su forma de trabajar. Y hoy los últimos descendientes de los fundadores le acusan de destruir el patrimonio histórico de la empresa, incluida aquella tienda y destilería fundada por el primer Johnie.

¿El sabor nace de marcas potentes o de vidas interesantes?

No debemos olvidar que los relatos de las vidas interesantes no son medallas que puedan llevar extraños. Si no corresponden a lo realmente vivido, se caen. Y aunque el producto sea el mismo, nos sabrá diferente. Por excelente que sea la agencia publicitaria, el relato solo generará sentido en el cómo y desde un quién. Obviamente, quien compra una empresa no hereda un espíritu familiar.

Por eso, al amante de los whiskies le toca, bajo el espíritu de los Walker, emprender nuevos caminos, encontrar nuevos sabores y buscar entre las nuevas destilerías de pequeña escala. Keep Walking 😉

«Johnnie, el relato de una vida interesante» recibió 5 desde que se publicó el Lunes 9 de Diciembre de 2013 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Mayra Rodríguez Singh.

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