El Jardín Indiano

Conquistar el trabajo es reconquistar la vida

Grupo de Cooperativas de las Indias

Juego de espías: descomposición del estado y servicios de inteligencia

Pretendiendo defenderse, el estado en cada vez más países centrales, camina por una cuerda floja. Lo que estamos viendo con Trump revela que no le es fácil mantener el equilibrio. Y si cae, nos caerá encima.

Libros gratis de las Indias

El periodo de transición entre las presidencias de Obama y Trump en EEUU se está convirtiendo en una verdadera guerra de comunicación entre los servicios de inteligencia. Es el último acto de un proceso en el que los países centrales han seguido la senda de las periferias hasta el punto de que en EEUU ya se levantan voces hablando de la conversión del país en una «república bananera».

En realidad es solo un paso más de una evolución que refleja una lógica profunda de la descomposición. Cuando el estado se descompone, son sus elementos cohesivos los que pasan a primera línea, aquellos que, al menos en teoría, podrían reconstruirlo sobre el territorio. La primera escenificación histórica de este fenómeno la vimos en uno de los primeros casos de implosión estatal de nuestra época, todavía veinte años antes del colapso de la URSS: el hundimiento del régimen del Shah en Irán. El estado solo podía reconstruirse desde una organización que tuviera agentes en cada pedazo del territorio. Ejército y la terrible inteligencia política -la famosa SAVAK- eran parte central del sistema que implosionaba. Los sindicatos y las organizaciones obreras estaban concentradas no solo social sino sobre todo geográficamente. Solo el clero, interclasista, esparcido por todo el territorio y cohesionado por ceremonias, rituales y un sistema de jerárquico y burocrático propio, podía aparecer como una alternativa nacional. Lo que le faltaba para poder hacerlo fue justo aquello que Jomeini aportaba: liderazgo, innovación en las formas y capacidad para crear cuerpos armados que tomaran el control del orden público.

Visto hoy en perspectiva, que la caída de la URSS fuera seguida por primera vez del ascenso a la presidencia de un exdirector de la CIA (Bush padre) se alineaba perfectamente con la misma lógica. Y debía de haber sido alarmante. Tras el 11S, bajo la presidencia de su hijo, el proceso dio un paso adelante más: la supeditación de las agencias de inteligencia, en especial las militares, a un mando único civil prácticamente todopoderoso y, desde luego, omnisciente. Escuchándolo todo, capaces de destruir reputaciones y trayectorias, los servicios de inteligencia pasaron de poder interferir en el proceso político a definirlo.

Mientras, en Europa, la tendencia al protagonismo de «los servicios» no era menos potente ni seguía un camino muy diferente. En Rusia la reconstitución del poderío regional nacía de la supeditación del viejo aparato político, representado luego por Medvedev, a un nuevo líder providencial: Putin, un hombre de la FSB. En Gran Bretaña tras el 7J se creó un sistema de vigilancia integral tan potente, extenso y abusivo que el nada radical Timothy Gaston Ash lo bautizó sin titubeos como la Stasi británica. Y, sin ir más lejos en España, no solo Aznar reestructuró los servicios de inteligencia en el CNI, sino que el centro de gravedad de los dos principales partidos de entonces se trasladó, nada casualmente, hacia dos exministros y exvicepresidentes ligados a Interior y con una fuerte relación con distintos servicios de inteligencia del estado: Rajoy y Rubalcaba. Por no hablar del papel de los servicios en los procesos políticos que seguirían a la crisis de 2008: desde la incubación desde el exterior de nuevas opciones partidarias al papel necesario jugado por grupos de la inteligencia española en el descrédito de políticos corruptos y sus familias. En Francia el proceso, un poco más tardío tampoco ha parado: aunque la caída del «zar» de la inteligencia de la República se representara en los medios como un vodevil de «patinazos» o el precio a pagar por establecer la vigilancia de políticos, muy probablemente detrás había luchas de poder más profundas en un momento en la que la inteligencia francesa ganaba un poder equivalente al de sus colegas británicos y americanos.

Las luces rojas

Hace mucho que se encendieron luces rojas en todo el mundo desarrollado. El control de Internet, primero con la excusa reaccionaria de la propiedad intelectual, después con el establecimiento de sistemas de vigilancia masiva para la lucha contra el terrorismo, ha ido en paralelo al desarrollo de un poder autónomo dentro del estado. Un poder que se eleva ante la necesidad de mantener cohesionados grupos diferenciados de poder que por otros medios no se disciplinaban a una estrategia viable. Pretendiendo defenderse de la descomposición, el estado de cada vez más países centrales, camina por una cuerda floja. Lo que estamos viendo con Trump revela que no le es fácil mantener el equilibrio. Y si cae, nos caerá encima.

«Juego de espías: descomposición del estado y servicios de inteligencia» recibió 4 desde que se publicó el Miércoles 11 de enero de 2017 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Imagen de perfil de Juan Ruiz Juan Ruiz dice:

    Entiendo esta lógica también dentro de la dinámica preventiva con la que el poder intenta controlar nuestras vidas. Prevenir el terrorismo,la delincuencia, etc. pero poniendo en práctica actividades de prevención tendentes a clasificar a la población y a generar grupos sobre los que ejercer de forma diferrenciada el control preventivo. O sea, no prevenir el maltrato en la familia, por ejemplo, sólo a través de ciertas prácticas educativas, culturales, etc., sino también prevenirlo antes de que se produzca estudiando a la población y clasificando, antes de que aparezca ninguna conducta anómala, a las personas como peligrosas o potencialmente proclives a tener una conducta desviada.
    No logro entender en el artículo la conclusión que parece afirmar que la misma caída de la política del espionaje nos arrastrará a todos. ¿quién es ese todos sobre lso que caerá el elefante Trump, por poner un ejemplo?

    • Es cierto que el control y el disciplinamiento de la población es una tendencia de fondo. Y es cierto que se agrava con la descomposición en la medida en que el conflicto (externo e interno) se hace más probable.

      Pero la tesis de este post no va tanto por ahí como por remarcar que el ascenso en el poder de los servicios de inteligencia (que son mucho más y van mucho más allá del espionaje) tiene que ver con el conflicto en el seno del poder.

      El estado es el garante de la cohesión entre los grupos de poder en cada país y al mismo tiempo los centraliza articulando relaciones de poder entre los grupos de distintos países evitando al máximo la «injerencia» de estados ajenos en el corralito del poder propio (incluso o sobre todo si hay una estrategia de pertenencia a un bloque o dependencia económica de los sectores dominantes en el grupo de poder).

      Lo que estamos viendo es un recrudecimiento de las batallas internas en el poder. Cada vez hay más grupos de poder dispuestos a «jugar con el de fuera» para imponerse dentro obviando los consensos fundamentales que representa el estado, y por supuesto grupos económicos y políticos que simplemente ponen en peligro el estado que cobija sus intereses primarios, rompiendo la disciplina que este representa.

      Resultado: los servicios de inteligencia aparecen para «cortar las alas» a los Trump que juegan con, por ej, Rusia y para disciplinar en el estado a los distintos grupos internos que están dispuestos a ponerlo en peligro de distintas formas. Piensa en cómo salieron a la luz las cuentas de los Pujol por ej. Y por otro lado, esos servicios también juegan al contraataque alentando y financiando grupos de poder disidentes en otros estados (también hay ejemplos sobrados en España y alguno de España fuera).

      ¿Qué pasa si una llamada de atención o un golpe mediático no es suficiente para devolver la cohesión entre los grupos de poder? ¿Qué pasa si en vez de disciplinar a Trump se encona el conflicto y EEUU se pone al borde o incluso llega a un conflicto civil? La eventualidad de que el estado literalmente se rompa, no es en absoluto completamente improbable. Ni en EEUU ni en Europa.

      Y si se rompe no es para ponerse contentos. Porque, a falta de sujetos colectivos con un verdadero programa de cambio, lo que hay es más y más descomposición. El estado cayendo y por tanto cayéndonos encima: quebrado, incapaz de cumplir sus funciones básicas, convertido en un franco campo de batalla entre fracciones que luchan descarnadamente por sus rentas.

  2. Imagen de perfil de Juan Ruiz Juan Ruiz dice:

    Gracias. Clarísimo. Pero ¿no resulta curioso o chocante que tengamos que ser precisamente nosotros los que tengamos que confeccionar estos discrusos tácticos proestatales?

    • Por desgracia este post ejecuta meramente un discurso descriptivo sobre lo que en el poder acontece.

      Desafortunadamente en este momento no veo discurso táctico posible porque no hay un hacer de suficiente entidad y por tanto no hay un sujeto que oponer en este momento a los procesos de descomposición. Toda la aventura indiana puede entenderse como un intento por construir las bases de ese hacer y ese sujeto.

Deja un comentario

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos nuestros blogs en la
página de registro de Matríz.

El Correo de las Indias es el agregador de blogs de los
socios del Grupo de Cooperativas de las Indias:
F-83409656 (Sociedad de las Indias Electrónicas S. Coop.)
F-85220861 (El Arte de las Cosas S.Coop.)
G-84082569 (Las Indias Club)