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Jugar para cambiar el mundo

La mejor manera de aprender no es que a uno le enseñen, sino que uno tenga que hacer las cosas. Y eso es algo que los juegos y la diversión nos permiten incorporar en nuestros esfuerzos por cultivar un mundo nuevo. Crean maneras poderosas y únicas de involucrar, emocionar, y entusiasmar a la gente a involucrarse en nuestros movimientos.

Mi cooperativa de trabajadores, The Toolbox for Education and Social Action [Caja de Herramientas para la Educación y Acción Social] (TESA), es una organización abocada a la construcción de movimientos. Creamos recursos educativos que ayudan a la gente a aprender sobre, y crear, cambios sociales, económicos, y ambientales. Sin embargo, nuestra manera de hacer las cosas es bastante diferente de muchas otras organizaciones también dedicadas a construir movimientos: nos aseguramos de divertirnos mientras lo hacemos. Demasiadas organizaciones se enfocan exclusivamente en el lado serio del cambio social, lo que trae como resultado que mucha gente quede fuera de su alcance.

Uno de los mejores ejemplos de cómo nos divertimos en TESA lo representa nuestro producto principal, Co-opoly: The Game of Cooperatives [Co-opolio, El Juego de las Cooperativas]. En Co-opoly, los jugadores fundan y gestionan un negocio democrático. Tienen que sobrevivir como individuos y mantener a flote su cooperativa enfrentando decisiones difíciles en cuanto a retos grandes y pequeños, mientras a prueba sus habilidades de trabajar en equipo. Cuando se juega Co-opoly se participa en muchos mini-juegos—como la charada, el dibujo, y el «implícito»—que crean diversión intensa y una atmósfera cargada de risas; pero que también son la manera en que los jugadores ganan dinero para su cooperativa.

Co-opoly es un juego emocionante de destreza y solidaridad, dónde ganan todos—o pierden todos. Hay que luchar para asegurar que los intereses de todos se cumplan: si una sola persona entra en quiebra, se derrumban todos los demás. Y tampoco se puede ignorar el todo colectivo, porque si la cooperativa quiebra, todos pierden también. En un ambiente de risa y gritos ruidosos, Co-opoly obliga a los jugadores de manera inconsciente a balancear los intereses individuales y colectivos para salir adelante juntos. Es más, mientras juegan a Co-opoly, los jugadores descubren tanto los desafios como los beneficios de las cooperativas. Empiezan a explorar y a probar las habilidades necesarias para tener éxito asociándose cooperativamente.

He asistido a demasiadas clases y presentaciones que hacen un gran esfuerzo en explicar a la audiencia cómo funcionan las cooperativas, pero la gente al final siempre sale confundida. Es cierto que Co-opoly no le da a la gente toda la información sobre cómo lanzar una cooperativa, pero a través del juego permite que busque y experimente las respuestas por sí misma. Esta es la mejor manera de aprender sobre un tema, especialmente uno que va totalmente contra la corriente, como es el crear una economía basada en la democracia y la igualdad. La mejor manera de aprender no es que a uno le enseñen, sino que uno tenga que hacer las cosas. Y eso es algo que los juegos y la diversión nos permiten incorporar en nuestros esfuerzos por cultivar un mundo nuevo. Crean maneras poderosas y únicas de involucrar, emocionar, y entusiasmar a la gente a involucrarse en nuestros movimientos.

El éxito de Co-opoly puede verse como evidencia del apetito que existe por este tipo de enfoque. Co-opoly ha sido acogido extremadamente bien tanto por los que lo han jugado como por críticos profesionales, y ha sido destacado en publicaciones como Rethinking Schools, Truth-Out, y The Guardian. Ya vamos casi por la mitad de nuestra segunda tirada, y hemos enviado el juego por el mundo entero—desde la Argentina a los Estados Unidos, pasando por el Reino Unido, España, la India, Perú y Noruega, entre otros. Aproximadamente treinta países. Y mientras escribo, Co-opoly está siendo traducido y localizado para su distribución en Argentina, España, Corea del Sur, Alemania, Brasil, y más.

Co-opoly empezó cuando quise hacer un taller que simulara la experiencia cooperativa. Mientras evolucionó el concepto del taller, pronto me di cuenta de que no solo quería que la gente probara como era gestionar una organización democrática. Si bien los participantes podían tomar decisiones sobre si debían contratar publicidad o un seguro, o lanzar un producto nuevo para su cooperativa ficticia, quedó claro que es difícil simular el esfuerzo intelectual y la dedicación que requieren este tipo de decisiones en un taller de noventa minutos. He conducido muchos talleres de ese tipo, donde planteamos un escenario y le pedimos a la gente que discuta la situación y que llegue a una decisión democrática sobre dónde debe invertir los recursos de su organización. Pero las experiencias siempre son bastante artificiales porque no hay nada en juego, y a los participantes realmente no les importa lo que pase como resultado.

Eso fue lo que me hizo darme cuenta de que podía usar un juego para entusiasmar e interesar a la gente. No quería que los participantes tomaran decisiones democráticas porque sí; quería que experimentaran como era estar comprometido con el resultado y que tuvieran que luchar juntos para lograrlo. Quería que participaran en el proceso. Quería que aprendieran sin que tuviesen que hacer un esfuerzo consciente para lograrlo. Así que convertí el mencionado taller en un prototipo inicial de Co-opoly, con la meta de crear un ambiente de diversión e interacción para que los participantes realmente se sintieran parte de una cooperativa. Así, en teoría, llegarían a involucrarse y comprometerse más con el proceso. Inmediatamente después de jugar por primera vez, sabía que estaba en el camino correcto.

A continuación, una entrevista con personas que jugaron a Co-opoly en una conferencia en el Reino Unido en 2012, describiendo cómo no podían dejar de jugar y las lecciones que aprendieron de él.

El fin del vídeo es mi parte favorita: mientras se oscurece la pantalla, un niño dice, con toda franqueza, “sí, realmente es divertido”. Si ese chico se hubiera sentado con tres adultos a ver una presentación de Powerpoint, o a escuchar un discurso sobre los beneficios y desafíos del modelo cooperativo, ¿cuánto tiempo duraría hasta que se le nublasen los ojos y empezara a inquietarse y a soñar despierto? Muy poco.

Sin embargo, la verdad es que la diversión y el juego no deben percibirse sólo como manera de involucrar a los niños y jóvenes en temas de justicia social. Son herramientas a las que los adultos deben también hacerse más receptivos. Y hay varias razones para esto. La primera es que el juego le permite a uno experimentar sin riesgo el asunto en cuestión, practicar la cooperación sin tener que arrancar un negocio. Se aprende haciendo, no sólo escuchando a alguien decirle a uno lo que es importante. Ponemos en práctica nuestras habilidades y creencias. Cuando uno se deja llevar por la experiencia absorbe mucho más. Uno se involucra emocionalmente y procesa mucho mejor lo que la experiencia significa para uno mismo.

Esa es una de las razones por las cuales Co-opoly ha tenido tanto éxito: es una manera de hacerse de en un concepto complicado y a veces abrumador, como lo es la economía cooperativa, de manera casual y agradable. Y este principio puede y debe aplicarse a otros movimientos. De hecho, TESA recientemente lanzó su segundo juego: Loud & Proud [Ruidioso y Orgulloso]. Es un juego de trivia sobre justicia social muy dinámico al que han calificado de “hierba gatera para activistas”. Loud & Proud propicia las conversaciones políticas y rompe el hielo entre activistas, izquierdistas, radicales, organizadores, y educadores – abarcando un amplio rango de asuntos, desde los derechos civiles a los movimientos antiguerra, pasando por las propias creencias personales. Quincy Saul, importante organizador de la organización Ecosocialist Horizons, dijo esto sobre el poder de Loud & Proud:

Lo pasé estupendamente jugando Loud & Proud con mi mamá, hermana, y dos sobrinas, de unos 7 y 10 años. El juego nos brindó excelentes oportunidades educativas a todos. Las niñas se entusiasmaron tanto con los gritos, el ritmo, y las ocasionales oportunidades para hacer tonterías (por ejemplo, «¿sobre qué quieres protestar? ¡No hay suficiente pan tostado!» O una vez hecho ese chiste, «¡la tostadora es demasiado lenta!»), que se abrieron a una discusión seria y bastante densa sobre el estado del mundo. ¿Qué son los prisioneros políticos? ¿Qué es la política? ¿Qué quieres decir con que este país se fundó en base a la esclavitud?.

Pero además, los adultos aprendimos tanto como ellas, porque nos sentimos obligados a explicarles estas cosas. ¡Nos dimos cuenta de lo poco que sabíamos! Todos quedamos muy agradecidos con TESA por el juego. Creo que es desafiante de una manera muy positiva, especialmente para grupos intergeneracionales”.

Ese es el poder de integrar la diversión y los juegos en los movimientos: pueden unir a la gente por encima de las barreras de edad, clase, género, sexo, raza, y muchas más. Pueden unir a la gente en ambientes formales como las escuelas y los talleres, pero también dentro de los hogares y espacios culturales de la gente. Al introducir el juego y la diversión directamente en nuestros esfuerzos en pos del cambio social, económico, político y ambiental, permitimos que la gente experimente y participe en nuestros movimientos en el ámbito de cada aspecto de sus vidas.

¿Cuáles son los movimientos que TÚ crees que se beneficiarían de más juegos?

«Jugar para cambiar el mundo» recibió 1 desde que se publicó el lunes 10 de marzo de 2014 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Brian van Slyke.

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