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Kou, llamada perdida

Kou Shibasaki protagoniza un 13M a la japonesa en una plomiza tarde de enero madrileña

Kou Shibasaki en Llamada PerdidaDomingo de enero en Madrid, la tarde plomiza pide cine y palomitas. En cartelera Kou más sexy que nunca haciendo cine de terror para adolescentes japoneses: Una llamada perdida. Y no Ugarte, no me sea pesao, esta no era para Rajoy.

Una llamada perdida es casi, casi, un hermanito pequeño de Ringu, no al estilo de The Ring, traducciones culturales y ñoñerías incluídas, sino en el sentido en el que lo son Jason y Freddy, Predator y Alien, Acebes y Michavila o Arturo Fernández y Zaplana.

Lo curioso es que cuando busco en Google encuentro que sólo se ha distribuído en España y Japón. El argumento ayuda. La base es la misma que en Ringu: el fantasma de una niña psycokiller aterroriza a un grupo de estudiantes de instituto. De ese instituto precisamente, sí­, de ese en el que perdonamos a todas las chicas haber repetido cinco cursos mí­nimo por lo bien que les queda la minifalda. Hasta ahí bastante comercializable e internacional. Pero mire usted que este fantasma es un auténtico virus de Outlook que se transmite a todos los que están en la agenda de la última víctima.

Como el 13M, diráan algunos. Pero que va. Ya quisiera Ana Mato que los vaqueros le sentaran como a Kou Shibasaki y ya quisiéramos nosotros haber ido a ese instituto.

Pero vayamos a lo importante: ¿por qué el éxito del argumento precisamente en España y Japón?. Una teoría: junto con Corea en Asia e Italia en Europa, son seguramente los dos países con una cultura keitai (“cultura de móvil”) más desarrollada. Muy distintas, pero muy amplias.

Si habíais visto la película por ejemplo, no os llamó la atención la forma de intercambiar números de teléfono en la primera escena? Un grupo de amigos está en un restaurante cenando. Uno de ellos escribe su número en un posavasos y lo pasa a los demás que le hacen una perdida. Hasta aquí como en España… sólo que en España luego seguirían todos los cruces. En Japón no es necesario porque los keitai japoneses pueden enviar directamente mensajes con direcciones que se incorporan directamente a la agenda del receptor. El chico que empezó la cadena envía a cada uno el teléfono de los demás.

La agenda del móvil es, en Japón y en España, sinónimo de red social personal. Existes para alguien si estás en su móvil. Existen aquellos de tus amigos a los que puedes llamar. Esa es la base del argumento de la peli: ninguno estamos a salvo de ser alcanzados por un tsunami social en red, todos estamos, al final, conectados con todos.

En Japón sin embargo, seguramente por el peso de las convenciones sociales tradicionales, estar en el móvil es existir, pero no necesariamente estar disponible. Eso se ve bien en la película. Por eso el fantasma asesino deja mensajes en el buzón. Un japonés no interrumpe una conversación por una llamada que no esté esperando o intuya extremadamente urgente. En España donde también casi todo el mundo tiene móvil mantener una conversación normal (sin interrupciones continuas del interlocutor para atender el teléfono) es casi imposible en cualquier entorno. En Japón los presentes tienen prioridad sobre los ausentes. O en la clave de la película, los vivos sobre los muertos.

Mi impresión es que eso se debe en España a un atavismo. Un recuerdo de cuando recibir una llamada de teléfono o un telegrama implicaba una desgracia o una noticia tremenda. Mi experiencia es que eso hace que el uso del móvil en España sea estresante: si no lo coges o rechazas la llamada, te reprocharán luego haberlo hecho.

Joko TaniguchiLa cultura keitai tiene sus cosas. Como comentaba con relación a su novio la chica japonesa keitai-adicta de la foto (que por cierto debía ir también al mismo instituto de las pelis):

estamos tan acostumbrados a los móviles que siento como si la cantidad de comunicación que tengamos con ellos indicara cuanto nos queremos el uno al otro. Así que ahora que mi novio ha dejado su móvil me siento insegura, no se cómo podría medir su amor o confiar en él de aquí­ en adelante

Japón y España comparten una cultura de fondo de fuerte control social, en el que tu pandilla, tu pareja o tu familia se sienten en el derecho de exigirte un mínimo de comunicaciones y reportes diarios. La vuelta de tuerca española es que desde el momento en que alguien tiene tu móvil, se te supone la disponibilidad obligada y por defecto en todo momento. Eso es lo terrible de estar en las agendas de otros. Según de quien, peor que el más sanguinario thriller.

«Kou, llamada perdida» recibió 0 desde que se publicó el Miércoles 19 de Enero de 2005 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Gomimasu Tetsuo.

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