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Krinitza, el eslabón perdido

Krinitza es hoy un pequeño pueblo vacacional ruso, pero fue, décadas antes del primer kibutz, la primera comunidad secular igualitaria de Europa.

Prácticas en las Indias

krinitza
Krinitza es todo un mito para iniciados en el comunitarismo. Un mito para muchos incómodo. Básicamente su historia es la de un kibutz fundando casi un cuarto de siglo antes que Degania por socialistas rusos que sobrevive a todo tipo de dificultades, incluidas dos revoluciones, tres contrarevoluiones y la sanguinaria guerra civil rusa, pero que desaparece brutalmente a manos del estado bolchevique dirigido por Stalin.

Primeras noticias de Krinitza

Las primeras noticias de Krinitza salen de Rusia de la mano de Joseph Baratz. En sus memorias relatará, años después, el encuentro:

un pueblo en el jordán baratz degania

La guerra había terminado. Habíamos estado desconectados de Rusia mucho tiempo y ahora Hapoel Hatzair decidió mandar a alguien a contar a los judíos rusos que nos había pasado en Palestina durante todos esos años y animarles a salir. Trumpeldor ya había ido en una misión así pero querían que alguien más fuera también. Nos sentamos en nuestra oficinita a pensar quién debería ir. No había líneas marítimas regulares, el viaje era ilegal, se consideraba peligroso. Nos sentamos a pensar en silencio. Entendí que los demás querían que fuera pero no querían decirlo porque Miriam, que estaba también presente, estaba embarazada. Entonces ella dijo: «creéis que Joseph debería ir. Lleváis razón. Estoy de acuerdo con vosotros». Y así se decidió.

El viaje en si mismo era una aventura. Baratz consigue llegar a Beirut andando. Pero desde ahí resulta difícil ir hacia Constantinopla. Consigue hacerlo disfrazado de prisionero de guerra turco. Pero saltar desde la Turquía derrotada a la Rusia en guerra civil tampoco es fácil.

Un día me encontré con un amigo que llevaba mercancías de España a Novorossisk, que está en el Mar Negro pero donde los bolcheviques no habían llegado todavía. «Llévame contigo» le pedí. «De acuerdo». Me enroló como contable. Tuvimos un viaje horrible. El tiempo en el Mar Negro era terrible. En Novorossisk la policía blanca subió a bordo y nos dijo que el barco estaba requisado; lo retuvieron tres días y lo dejaron pasar; mientras tanto me había escabullido en el puerto y caminado por el pueblo.

¿Dónde iba a ir? Nunca había estado en Novorossisk; no conocía a nadie; ni siquiera sabía si había judíos allí. Vestía un uniforme británico y me sentía muy llamativo. Deambulé por el pueblo. Caminando por una calle paré frente al escaparate de una librería que estaba lleno de libros sobre cooperativas. Entré. Una mujer se dirigió a mi. «¿LE interesa?». Le dije: «Si». ̣-«¡De dónde es usted?» -«Palestina». Lanzó las manos y empezó a llamar a voces a la gente que estaba en la trastienda: «¡Venid, corred, un cooperativista de Palestina!».

Me hicieron sentar. «¿Cómo les va por alla?» me preguntaron. «Escuchen», les dije, «acabo de atracar. Estoy exhausto, déjenme estar un par de días y les cuento todo». Pero no podían esperar. «Ahora», dijeron, «durante el almuerzo».

Así que me rendí. Me gustaba esa gente. Eran casi todos mayores o cuarentones [Baratz tenía entonces 27 años]. Me parecieron gente extraordinaria. Resulta que eran socialdemócratas que habían sido exiliados por el gobierno zarista al Sur de Rusia cerca de treinta años antes.

Empecé a contarles sobre Degania. Sentía que les estaba conmoviendo mucho. La mujer que me había hablado al principio preguntó: «¿Qué significa Degania?». -«Flor de gramínea» dije. Cuando terminé de contarles, dijo: «¡Durante veintisiete años vivimos en una comunidad igual a la tuya!» y me dio un libro donde había escrito una dedicatoria: «A la flor de gramínea de Palestina del manantial de Rusia». Krinitza, manantial en ruso, era el nombre de su comunidad.

Leí el libro y casi me vuelvo loco. Habían vivido veintisiete años allí y nunca habíamos oído hablar de ellos. ¡Y qué cerca estábamos! ¡Los mismos problemas! Incluso la misma gente: ¡Casi podía reconocerles uno por uno! Y al mismo tiempo qué diferentes eran de nosotros, qué diferentes sus orígenes. Casi todos ellos eran de familias cercanas a la aristocracia, cristianos, solo una mujer era judía. Deseé ir a la comunidad pero estaba aislada por la guerra civil. Habían tenido que salir corriendo de allí y refugiarse en esta librería que tenían en Novorossisk.

Baratz se interesó por la suerte de los comuneros de Krinitza durante toda su vida. Aquel ejemplar del libro con la historia de la comunidad se conserva todavía hoy en Degania. No hay otro, pero el propio Baratz lo tradujo al hebrero y gracias a aquel esfuerzo la historia de Krinitza se ha podido conservar hasta nuestros días.

El contexto histórico de Krinitza

narodniki condenadas en 1877 por propagandaColoquémonos en las décadas anteriores a las dos grandes revoluciones rusas de 1905 y 1917. La oposición histórica a la autocracia zarista estaba articulada alrededor de los narodniki: un movimiento socialista intelectual y campesino que veía en las tierras comunales tradicionales rusas la base para un nuevo tipo de sociedad democrática. Era el resultado de una cierta evolución de sectores intelectuales del liberalismo que se habían ido radicalizando ante el inmovilismo y la represión zarista. La oposición narodnik era un espacio complejo que en realidad agrupaba muchas tendencias diferentes, desde el terrorismo nihilista al pacifismo cristiano, pero que bebía de referentes, como el «¿Qué hacer?» de Chernyshevsky, una novela escrita en 1863, seguramente una de las obras de ficción más influyente políticamente de todos los tiempos, que abogaban abiertamente por llevar a Rusia experiencias comunitarias y cooperativas como las de Robert Owen en Escocia.

Es la matriz de la que nacerán el Partido Eserita -el mayoritario durante la Revolución y la dictadura bolchevique hasta la prohibición y represión por este desde 1924- o el movimiento tostoiano, que tendrá su expresión comunitaria en el «artal» y la «comunidad de vida y trabajo» de los años veinte, también destruida por la represión soviética.

Un pisito en Moscú

vera sazulichColoquémonos ahora en el año 1879. Buena parte de los narodniki apuestan todo por asesinar al zar Alejandro II. Mientras tanto, en un pisito de Moscú, alrededor de Olga Jromova (Ольга Хромова) se reúnen un grupo de amigos. Las ideas de base del grupo son las de Vera Zasulich (Ве́ра Засу́лич). Zasulich estaba discutiendo entonces con Marx la posibilidad del paso a un nuevo modelo socioeconómico directamente desde la «obshina» (община), la comunidad rural que explotaba tierras comunales. Imaginaba que dado que lo más difícil, la instauración de la propiedad comunal, ya era una realidad masiva en Rusia, de lo que se trataba era de llevar educación y tecnología a los campesinos, no de privatizar lo común en espera de que formase una burguesía que a su vez creara un proletariado que, organización masiva mediante, hiciera una revolución. Zasulich sería años más tarde una de las principales traductoras de Marx y se convertiría en uno de los principales líderes socialdemócratas rusos, cabeza de la oposición a Lenin hasta su muerte en 1919, seguramente por eso Baratz identifica como socialdemócratas a los fundadores de Krinitza.

asesinato del zar alejandro IIAnimado por estas ideas el grupo asume pronto la responsabilidad de «ir hacia el pueblo», el eslogan histórico de los narodniki. Se trata de fundar una comunidad igualitaria modelo para desde ahí, mediante el ejemplo y la educación, impactar en el atrasado campesinado ruso que vive del comunal. En 1880 empiezan a buscar terrenos a una distancia aceptable de Moscú cuyas rentas pueden pagar. Pero en marzo de 1881 un atentado contra el zar tiene finalmente éxito y la presión de la policía se hace insoportable.

Historia de una comunidad

El plan se reconfigura a instancias de Vasili Eropkin (Василий Васильевич Еропкин) que pone su propio dinero para poder comprar y hacerlo en un lugar lo suficientemente distante como para evitar el riesgo de que un coletazo de la represión zarista se los lleve por delante. Eropkin, un licenciado en Matemáticas y Derecho de familia acomodada, había abandonado su círculo social de origen al unirse a los eseritas y ganaba dinero dando clases.

casa más antigua de krinitzaDurante dos años intentarán encontrar un lugar. Primero en Bashkortostán, luego en Ucrania. Finalmente en 1886 encontrará un campo de 250 Ha en las costas orientales del Mar Negro, en un paraje conocido como el «paso Mijailovski» que puede pagar. Tiene un único edificio, una pequeña casa de cuatro habitaciones que han dejado los dueños anteriores. Ahí se meterá todo el grupo de amigos. Irónicamente se llaman a sí mismos «el Arca de Noé». Son 6 varones, 5 mujeres y unos cuantos niños y adolescentes. La edad media de los adultos ronda los cuarenta años.

En 1889 son los primeros en llegar a la definición sobre los tres ejes clásicos: propiedad comunal, organización por consenso del trabajo y comunitarización del cuidado de los niños y la crianza.

Son años duros: pierden dos cosechas de trigo, el maíz no prospera… lleva su tiempo aprender a producir de acuerdo a las condiciones locales y tienen que echarle imaginación a todas las combinaciones de sus dos únicos productos de éxito: patatas y remolachas. Pero la clave de la supervivencia es, una vez más, Eropkin que marcha a Novorossisk para poder enviar sus ingresos a Kriniza trabajando como profesor y, al parecer, más adelante, como librero.

beta casa krinitzaLas constantes visitas de curiosos y personas que querían ser admitidas -y que tardaron en aprender a seleccionar- no ayudan a mejorar la situación económica de la granja. Aunque quieran crecer y buena parte de la parcela siga sin poder ser explotada, no tienen recursos. Las diferencias crecen y en 1896 algunos montan una comunidad alternativa al otro lado del río en un paraje, hoy pueblo, llamado Betta.

Eropkin insiste: hace falta un cambio productivo. Se deciden a cultivar vino… lo que supone contratar a externos para poder aprender de ellos. De un modo propio Krinitza experimenta las fases típicas en la evolución de Degania y otras comunidades igualitarias.

A principios de siglo, la economía ya es próspera y los adolescentes han madurado, casi todos ellos se convierten en miembros plenos de la comunidad. Algunos irán a la cárcel durante la revolución de 1905. Krinitza se convierte entonces en lugar de refugio para perseguidos políticos y en centro de organización para el campesinado de la región: eseritas, socialdemócratas y sindicalistas campesinos celebran sus conferencias regionales en la comunidad.

Reforma y cooperativización

vides krinitzaEn 1910, el año en el que se funda Degania, Krinitza tiene 16 miembros permanentes y 20 menores. Cada familia tiene una casita propia y hay un edificio para solteros, un gran salón comunal, una sala de música y una biblioteca a la que hay que sumar los fondos de la escuela comunitaria, que tiene casi 3.000 libros. Hasta el urbanismo comunitario es similar al que luego desarrollarán los kibutz.

Pero la revolución primero, la represión después y sobre todo la constante llegada de visitantes con aspiraciones de integración, han llevado a nuevos debates y cambios. Como en Degania la cuestión es cómo mantener e integrar a esas personas que aspiran a ser parte sin comprometerse del todo ni compartir la fraternidad del grupo original. Pero si Degania optaría por la «línea dura» de la comunitarización total y la vindicación de la «sociedad de amigos» para centrarse en su propio desarrollo orgánico aunque fuera a costa de menor crecimiento, Krinitza optará por un sistema más laxo… y por tanto más necesitado de reglas y normas mecánicas para encontrar un modelo escalable.

El camino tomado entonces por Krinitza se parece mucho a la llamada «privatización» que muchos kibutz israelíes emprendieron en los años noventa. En 1906 se abandona la crianza comunitaria de los niños mayores de cuatro años y en 1909 la comunidad toma la forma legal de una cooperativa. Se establece una cuota de entrada de 500 rublos y un sistema de «ingreso diferenciado» con bonos por horas de trabajo. Si alguien trabaja más de lo necesario para «pagar» su alojamiento y comida, puede canjear el resto por dinero o bienes. El ingreso definitivo en la comunidad se hace automático tras un año de trabajo y da derecho a participar de los beneficios.

Guerra, comunismo y fin

colectivizacion y fantasma del kulakLa revolución de 1917 supone una nueva crisis. La generación de los fundadores es la que más sufre: Eropkin sufre un derrame cerebral, muere Olga Jromova. Con el estallido de la guerra civil Novorossiysk -que durante 1905 había llegado a proclamarse república cantonal- se convierte en los cuarteles generales del ejército blanco de Denikin con su inevitable rastro de terror y antisemitismo. En ese periodo un incendio arrasa los almacenes y destruye las herramientas de trabajo, algunos miembros se dispersan y no queda ni para comprar nuevos materiales ni para contratar externos. Es el momento en que Baratz entra en contacto con los miembros mayores de la comunidad, que estaban refugiados en la librería mientras el ejército blanco campaba por sus respetos en la ciudad. Algunas fuentes aseguran que otro ilustre vinculado a Degania, Trumpeldor, visitó la granja en aquel entonces.

Parte de la bibliografía rusa declara que la comunidad desaparece en 1920. Sin embargo, parece que en 1925 llega a Degania un pedido de auxilio de los miembros de Krinitza. La comunidad, en una situación terrible sobrevive sin embargo hasta la estatalización de la producción agraria impuesta por el estado comunista, la llamada «colectivización». Krinitza es absorbida entonces por la cooperativa estatal Shermanovskaya (Шеермановская). Nadie sabrá ya de la comunidad ni del destino de sus miembros.

El sueño comunitarista europeo

Queda hoy un pequeño y bonito pueblo de 279 habitantes. Lo que es más importante, aunque prácticamente las fuentes fueran destruidas sistemáticamente en el periodo soviético, aunque sus nombres y sus cuerpos fueras destruidos, quedó lo suficiente para que podamos recordar su historia y, con ellos, imaginar esa Europa que pudo y que aun puede llegar a estar sembrada de lugares donde vivir la libertad y la fraternidad de tantas maneras como comunidades distintas alcancen a germinar.

«Krinitza, el eslabón perdido» recibió 20 desde que se publicó el Lunes 7 de Marzo de 2016 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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