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La abundancia en la cultura material

La abundancia en la cultura material significa la posibilidad de reencontrarnos en las cosas que usamos tanto como nos encontramos a nosotros mismos y encontramos a los demás en su producción.

El futuro aquí y ahora: Keynes, Marx, Dewey, Foucault, Dreikurs, Zamenhof, etc.

august bebelLos arqueólogos llaman «cultura material» a todos esos objetos que expresan una forma de vida y por tanto traducen a lo cotidiano la relación que una sociedad tiene con la Naturaleza. Es curioso lo poco conscientes que somos de ello, pero de la casa del fuego lar a la de «la cocina económica» media el paso a la era industrial y de ahí a la casa con nevera eléctrica y placa de inducción hay todo un salto en el desarrollo de la ciencia y la tecnología. La cultura material es la forma en que las capacidades de transformación y el conocimiento llegan a nuestra vida diaria.

August Bebel, uno de los últimos artesanos gremiales alemanes, padre y teórico de la socialdemocracia alemana de preguerras, dedicó en 1879 su principal obra a hacer una historia del lugar ocupado por las mujeres en la evolución de los sistemas económicos, mostrando cómo no eran las diferencias intelectuales entre los sexos o las ideologías morales las que habían colocado a la mujer en un papel de verdadera esclavitud doméstica, sino las necesidades de los distintos sistemas históricos de organización de la producción. Fue la primera obra que abrazaba este tipo de enfoque. Es difícil ser conscientes hoy de hasta que punto resultó rompedor y tuvo impacto en toda Europa; en Rusia fue difundido incansablemente por Alexandra Kolontai y en España lo editó por sus propios medios Emilia Pardo Bazán.

la mujer y el socialismo august bebelLo más interesante hoy de «La mujer en el pasado, en el presente y en el porvenir» -reeditado hoy como «La mujer y el socialismo»- son seguramente los capítulos finales. En ellos Bebel intenta imaginar una sociedad en la que desaparece el trabajo doméstico como resultado de la aplicación de la ciencia y la tecnología a las labores cotidianas. Construye por primera vez un imaginario para el socialismo futuro a partir de lo que en la época son tecnologías punteras, carísimas y prácticamente inaccesibles.

La cocina equipada con luz y fogones eléctricos es la ideal. ¡Se acabaron el humo, las quemaduras y los olores desagradables! La cocina parece un taller amueblado con todo tipo de aplicaciones técnicas y mecánicas que rápidamente realizan las tareas más duras y desagradables. Vemos los peladores de frutas y patatas, aparatos para quitar pepitas y semillas, cortadores de carne y mantequilla, molinillos para café y especias, corta hielos, sacacorchos, sierras de pan y cientos de otras máquinas y aplicaciones, todas eléctricas, que permiten a un número relativamente pequeño de personas, sin excesivo trabajo, preparar una comida para cientos de comensales. Y lo mismo es verdad para equipos de limpieza doméstica y hasta para limpiar platos.

casa y cocina de una familia obrera en 1900No deja de llamar la atención que, enfrentado a la desnutrición crónica de los obreros y campesinos europeos de su época, Bebel haya perdido en su mirada sobre el futuro el espíritu hedonista de su amigo Lafargue. Pero lo que no olvida es que el trabajo doméstico es una actividad productiva, que la forma social de organizar esa actividad productiva es la que está enclaustrando en un lugar subalterno a las mujeres de su época y que la clave para su emancipación, como la de toda la sociedad, está en poner en marcha alternativas, lo que implica generar y aplicar conocimiento.

La preparación de la comida ha de ser llevada a cabo tan científicamente como cualquier otra actividad humana con el objetivo de hacerla tan ventajosa como sea posible. Esto requiere conocimiento y equipo adecuados.

cocina y cienciaBebel lleva a la cultura material la proyección del desarrollo tecnológico de su época. Pero no puede imaginar esas tecnologías más que a las escalas en que es viable entonces. Cocina eléctrica… para cientos de personas; lavavajillas para grandes comedores comunitarios. Esta limitación de la escala, perfectamente coherente con alguien que imaginaba el socialismo como «el sistema de Correos» le lleva a postular «la abolición de la cocina privada» como corolario lógico a la de la propiedad privada.

Para millones de mujeres la cocina privada es una institución extravagante en sus métodos, que las limita en tareas interminablemente monótonas y les hace perder tiempo, robándoles la salud y el buen ánimo, una institución que no es sino un objeto de angustia diaria, especialmente cuando los medios son escasos como lo son en la mayoría de las familias. La abolición de la cocina privada será la liberación para un sinnúmero de mujeres. La cocina privada es una institución tan anticuada como el pequeño taller mecánico. Ambos representan una innecesaria e inútil pérdida de materiales y tiempo de trabajo.

El nacimiento del «cohousing»

EinküchenhausBebel entiende que el hogar y la producción están ligados por el grado de desarrollo tecnológico y por tanto comparten una misma lógica de escala, la escala que hace un uso eficiente de los recursos. En 1879, cuando se publica el libro, esta escala era mucho mayor que hoy, por eso el debate que abrió se fundió pronto con los movimientos del urbanismo «higienista» -que bebían como el propio Bebel de la experiencia fourierista de Guisa– y acabó dando lugar a lo que hoy se conoce como «cohousing».

Y es que Bebel tuvo no pocos seguidores. Todavía en 1901 Lily Braun publicó «Frauenarbeit und Hauswirtschaft» donde defendía la «Einküchenhaus», el edificio de una sola cocina, como una forma de liberar a las mujeres obreras del trabajo doméstico. Braun organizó una campaña de donaciones en la prensa socialdemócrata -un «crowdfunding» muy típico en la época- que le llegó para encargar planos a un equipo de arquitectos y fundar una sociedad para financiar su construcción, la «Haushaltsgenossenschaft». Pero nunca consiguió los capitales para pasar a la siguiente fase: construir el bloque de sesenta viviendas con comedor comunal, guardería y cocina cooperativizada que, visto hoy, es el primer proyecto de «cohousing» documentado de la Historia.

La reducción de escalas y la diversidad

cocina eléctricaLa reducción de las escalas en las tecnologías domésticas tardaría todavía en llegar. Los primeros prototipos de cocinas eléctricas para hogar son de los años veinte. Hubo que esperar a la segunda posguerra mundial para que los primeros modelos de fogones y hornos eléctricos primero y una nube de nuevos electrodomésticos como los que imaginaba Bebel después, fueran llegando a las casas trabajadoras. No hizo falta una revolución social para eso, solo el desarrollo tecnológico que permitió una reducción general de las escalas.

Porque donde Bebel llevaba razón era en que la organización del ocio y el tiempo «reproductivo» de una sociedad encaminada a la abundancia iba a reflejar las lógicas y la tecnología de la organización productiva. Pero el tiempo y el desarrollo científico-técnico llevarían la promesa de la abundancia a un lugar muy lejano de esas grandes fábricas y oficinas de Correos que imaginaba. Con la economía directa y la producción p2p la alta productividad vuelve al taller y en paralelo podemos imaginar la abundancia doméstica de nuevo a pequeña escala, mucho más allá del cohousing e incluso de los destellos comunitaristas de hoy.

De hecho, de lo que nos habla la producción p2p de contenidos culturales en redes distribuidas, un mundo donde la abundancia pisa ya terreno firme, es de que la diversidad se multiplica en abundancia. No es que todo sea «larga cola», es que la cola de la distribución de preferencias tiende a ser mayor que la superficie alrededor de la media. La media tiende a convertirse en poco más que una referencia.

Se llevan las medias minimalistas

beluga maquinilla afeitar kickstarterEl mundo de la abundancia, el mundo distribuido y diverso, puede ser imaginado como el opuesto al de la recentralización. Podemos intuir un mundo transnacional, plurilingüe y comunitario donde la búsqueda de un hacer significativo para cada uno impregne el diseño de las cosas, y las cosas en vez de pretender sustituir y compensar las carencias y frustraciones de un modo de trabajar insatisfactorio, pretendan servir al modo en que cada cual quiera construir su vida.

Por eso, aunque seguramente sea muy pronto para deslindar el fondo de las modas en los primeros productos de economía directa y la primera producción industrial p2p, parece emerger ya un cierto patrón. Una corriente de fondo donde el «no logo» y la búsqueda de una estética de lo genérico de los noventa se ha ido transformando en minimalismo y la vindicación del «diseño honesto». Así que parece que en el mundo abundante tendríamos una media de objetos «honestamente» funcionales y una larguísima y potente cola de personalizaciones y estéticas comunitarias.

Lo que sin duda nos aporta la experiencia de las nuevas formas de producción es que conforme nos aproximarnos a la abundancia, más cerca están entre si producción y consumo. ¿Quiero una maquinilla de afeitar? La produzco… o participo en la financiación de la que me gusta o, si ninguna me gusta, la diseño y la propongo a financiación por otros. Cuando para consumir algo haces parte de su producción, tu relación con los objetos cambia radicalmente: se llenan de significado, son «desalienantes».

Y es que abundancia en la cultura material significa la posibilidad de reencontrarnos en las cosas que usamos tanto como nos encontramos a nosotros mismos y encontramos a los demás en su producción.

«La abundancia en la cultura material» recibió 18 desde que se publicó el Martes 23 de Junio de 2015 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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