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La abundancia en la Historia del Arte

Durante muchos siglos, lo más importante en una obra artística no era la belleza sino el mensaje y la funcionalidad. Por eso es interesante dar una vuelta por las representaciones de la abundancia a lo largo de la Historia del Arte.

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Lascaux - Sala de los torosGombrich decía en el primer capítulo de su Historia del Arte, que a la hora de analizar una obra, no se trata de decidir si esta es «bella para nuestro criterio, sino si opera». Es decir, si puede «ejecutar la magia requerida» en el contexto de su comunidad.

El autor apunta esto a propósito del ejemplo de las pinturas rupestres de Altamira y Lascaux, para contar como cuanto más atrás vamos en la Historia del Arte más importante es la funcionalidad de la obra y menos su belleza objetiva. Es decir, que solo desde épocas muy cercanas en el tiempo, se empezaron a realizar cuadros y esculturas simplemente porque son bonitos y quedan bien en la pared. Antes, esas representaciones tenían una función que podía ser mágica, religiosa, informativa o propagandística, y si no respondían a ella, eran rechazadas.

Bisonte de AltamiraLas pinturas rupestres mencionadas, no fueron pintadas por los hombres de la Era Glacial por aburrimiento o para hacer esas cuevas más habitables. Su razón de ser responde a la creencia en el poder de la representación, gracias al cual, los hombres prehistóricos creían poder someter a los animales con solo pintarlos, acción que las bestias no podían realizar a su vez, lo que demostraba su inferioridad.

Esta es, obviamente, una de las teorías que explican Altamira y Lascaux. Estas obras también son consideradas, en una explicación complementaria, como la primera representación de la abundancia. No se trataría solo del sometimiento del animal, sino de la invocación a la abundancia de proteínas a través de la magia de la imagen.

En las siguientes etapas históricas, las imágenes que encontramos no son muy diferentes. En esas épocas remotas en las que las necesidades básicas se cubrían con dificultad, el sueño de la abundancia significaba acceder a la plena satisfacción de necesidades básicas para las que eran necesarios alimentos y bienes que parecían escasos por naturaleza.

El Antiguo Egipto

Tumba de MennaEl Arte en el Antiguo Egipto giraba casi exclusivamente en torno a la muerte. Además de las pirámides, las mejores pinturas y esculturas se encuentran en estas peculiares tumbas, por no hablar de los elaborados sarcófagos. El progreso en el Antiguo Egipto supuso que cada vez más gente pudiera permitirse decorar una tumba propia y no solo el Faraón.

La razón de que la muerte estuviera tan presente era la importancia del «Más Allá», pues era justamente ahí donde se encontraría la abundancia. Osiris, el dios principal del Antiguo Egipto, Señor de la resurrección, simbolizaba la fertilidad, la regeneración del Nilo, la vegetación y la agricultura. En otras palabras: la abundancia. El momento definitivo tras la muerte era el Juicio de Osiris, donde un tribunal decidía, en base a la vida del difunto, si este merecía vivir eternamente en los campos de Aaru, el paraíso abundante, o por el contrario, sufrir la muerte verdadera.

El que la plena abundancia solo se alcanzara tras la muerte puede entenderse como una «rendición» ante la evidencia de un sistema agrario que solo crecía muy lentamente, pero también como la expresión de que desde muy pronto, la idea de trascendencia – no solo de la especie o de la sociedad, sino de los individuos – se entendió ligada a la superación del «problema económico». Si tu vida merecía un juicio favorable, si habías aportado al gran esfuerzo colectivo, habría abundancia para ti aunque fuera después de muerto. Pero si habías sido un estorbo, tu vida acabaría definitivamente y nada quedaría de ti, ni siquiera entre los muertos, como si nunca hubieras existido.

Egipto

La Roma clásica

demeter_ceresUna evolución mucho más material de esta idea cruza la visión romana del mundo. Roma es una civilización sofisticada donde las guerras de conquista, centrales en la historia romana, iban encaminadas a ampliar ese mundo civilizado y no solo a saquear. Esta ampliación de campo daba como resultado más productos para comerciar y más lugares con los que hacerlo, además de nuevas tierras con las que premiar los méritos. Era, de alguna forma, un camino hacia la extensión del bienestar.

Los dioses del Panteón Romano, eran prácticos y representaban valores útiles para la cohesión social y el civismo. No se creía en ellos como se cree en el dios de las religiones monoteístas, sino que se creía en lo que representaban, ocupando un lugar central en el Arte, como recordatorios y símbolos de las virtudes romanas.

Mitra siglo IIA los dioses del Panteón – o a esas virtudes que representaban – se les presupone, además de una vida en abundancia, la capacidad de otorgarla. La trascendencia del individuo se simbolizaba en uno de los dos componentes de su vida espiritual: el «genius». El «genius» – el significado social que tomaba la vida de alguien vista en su conjunto – se diferenciaba del cambiante «animus», el estado anímico que determinaba comportamientos concretos. El «genius» de una persona o de una colectividad – el «genius» de Roma, por ejemplo – cuando destacaba y transformaba el mundo podía ser deificado como reconocimiento y como ejemplo. Un «genius» extraordinario era pues capaz de generar abundancia.

En la absorción de la deidades locales en los lugares conquistados y la creación de dioses ad hoc, la variedad y la repetición eran comunes y, por supuesto, los dioses más repetidos eran los relacionados con la agricultura y la fertilidad. Uno de esos dioses extranjeros, aceptados y transformados en la lógica romana fue Mitra, en cuyo mito destaca por primera vez la asociación de la responsabilidad y la libertad personales con la generación de abundancia, la actividad que convierte a los humanos en pares de los dioses. Es por eso que de toda la riquísima simbología mitraista la más reproducida es la «tauroctonía», el momento en el que el esforzado sacrificio del toro da lugar a la abundancia y la diversidad de especies vegetales y animales.

Cornucopias

Genio del año con atributoPero el toro no será el único, ni siquiera el principal simbolismo de la lucha de los humanos contra la escasez. La cornucopia o cuerno de la abundancia procede de la mitología griega, absorbida por la romana, y es uno de los objetos alegóricos más comunes en toda la Historia del Arte. Según el mito, el niño Zeus rompió sin querer con sus rayos uno de los cuernos de la cabra Amaltea, que le amamantaba. Como compensación, el cuerno se convirtió en un objeto mágico que proveería al que lo poseyera de todo lo que deseara. Se suele representar rebosante de frutas y flores y, a veces, de monedas de oro.

Objetos similares aparecen en mitologías y cuentos populares de otras culturas y épocas. Una de las más famosas es la de Aladino y su lámpara maravillosa, de Las Mil y Una Noches o el Sampo de la Kalevala finesa, un molino mágico que producía grano, sal y oro de manera infinita.

La Edad Media

Ravena capilla del arzobispo, arte paleocristianoSin embargo, la imposición del cristianismo ocultará durante un tiempo este mapa simbólico. Se conoce a este periodo como la edad oscura o la edad de las tinieblas, pero no por que fuera una época oscura en sí, sino por la escasa información que se tiene de ella y que hace a los historiadores andar «a oscuras» en su estudio. Sí es cierto que no fue una época especialmente luminosa en cuanto a igualdad y prosperidad. Las guerras eran continuas y hubo epidemias y hambrunas históricas. Pero sobre todo, se rompieron las rutas comerciales romanas con la caída del Imperio, lo que produjo, con la ruptura de las comunicaciones, que se perdieran y olvidaran técnicas, procedimientos y recetas que hicieron más pobre la vida en general.

El protagonismo de la religión cristiana en el Arte europeo es total. Así que más allá del milagro de los panes y los peces, que tampoco es lo más representado, no hay obras que aludan a ningún mito de la abundancia y cuando lo hacen es casi siempre de forma negativa. No se representa el Paraíso sino la expulsión de él.

Con la revolución comercial (siglos X a XII) la abundancia volverá poco a poco al horizonte. Primero con mitos de utopías y justos reinos cristianos perdidos en tierra hostil, como el del «preste Juan», luego, a partir del joaquinismo, con la evolución radical de los movimientos de exaltación de la pobreza. Pero aunque su huella en la cultura popular y en los movimientos posteriores de la Reforma será profunda, en el Arte será prácticamente inexistente. En la Edad Media el Arte es un saber al exclusivo servicio de los poderosos. Algo que solo empezará a cambiar tímidamente cuando, tras un nuevo estirón de la economía europea se traduzca en eso que llamamos «Renacimiento».

El Renacimiento italiano

La edad de Oro por Lucas CranachEl Renacimiento se llama así porque supuso el resurgir del «verdadero Arte», de los modelos clásicos, la recuperación de la grandeza de Roma… no hay duda de que fue grandioso, pero también fue una gran operación de marketing por parte de las repúblicas italianas, responsables en parte de la mala fama de la época medieval, que ellos empezaron a relatar como ese intermedio bárbaro (gótico) entre Roma y el Renacimiento, posicionándose ellos mismos como los responsables de resucitar el glorioso pasado.

Ese deseo de volver al mundo clásico, acompañado de grandes innovaciones técnicas, provocaron otro cambio de tendencia. La generación que siguió a Brunelleschi se vio incapaz de limitar su «poder creativo» a la representación religiosa. Aparecen así, después de muchos siglos, imágenes de la mitología clásica y con ella, cornucopias, Arcadias y representaciones de la Edad de Oro volvieron a ser tema, sobre todo en la pintura.

Pero la principal innovación, será la aparición de un nuevo género pictórico, el bodegón, que en cierto modo significa un retorno a la asociación de la pintura como «invocación».

Bodegones

BodegónAunque los bodegones, naturalezas muertas o naturalezas tranquilas, existen desde el Antiguo Egipto, no es hasta el siglo XVI que aparecen como género independiente y no como detalle de un retrato, escena religiosa o decoración funeraria. Aunque siempre se les ha considerado un género menor y un modo de demostrar la destreza del artista a la hora de mostrar la realidad, lo cierto es que durante mucho tiempo su razón de ser fue la ostentación por parte de aquellos primeros burgueses modernos que las colgaban en su salón.

No es casualidad que la representación de comestibles, bebidas, frutas y eventualmente, objetos de todo tipo, se pusiera de moda justo después del descubrimiento de América y coincidiendo con el primer boom de la horticultura, en una Europa fascinada por las nuevas especies que venían de las colonias. La burguesía empezaba a disfrutar de poder y mostraba orgullosa su capacidad para achicar el mundo, para acercar las maravillas de continentes remotos y para disfrutar ella misma de lo que entonces se consideraba una vida sin carencias.

Barroco

La abundancia Jan Brueghel el JovenLa respuesta del viejo orden nobiliario y eclesial a las veleidades de abundancia burguesas, no fue una vuelta a la peligrosa austeridad medieval que reivindicaban los sectores más radicales e iconoclastas de la Reforma protestante. En Italia y España, la Contrarreforma se materializó artísticamente en abundancia… decorativa, y reforzó el protagonismo de la temática religiosa. Lo que debía parecer infinito era el dinero empleado en decorar iglesias con pan de oro, y engordar angelitos que sí parecían vivir en paraísos de leche y miel. En un sistema comercial que estaba, por primera vez, creando un mercado global, la riqueza no era ya una herejía, sino un argumento más del conflicto religioso.

Pero una cosa es la riqueza y otra la abundancia, que en sí misma sigue siendo subversiva. Por eso sus apariciones en el arte barroco son tímidas y están relacionadas de alguna u otra manera con el deseado fin de alguna de las interminables guerras que estaban secando las arcas de los reinos europeos.

Por eso no es casualidad que sean tres pintores de la burguesía en ascenso los que reivindiquen el tema, aunque de forma grata a las coronas europeas. Los Brueghel (padre e hijo) pintaron varias alegorías de la abundancia con motivo de la Tregua de los Doce años (1609) y Rubens, que por el éxito internacional que alcanzó se convirtió en intermediador entre las potencias de la época, le regaló a Carlos I de Inglaterra un cuadro llamado Las alegorías de la paz (1629-30), para convencerle de firmar la paz con España. La alegoría, repleta de personajes de la mitología clásica, representa la paz con los símbolos de la fertilidad y la abundancia.

Pero si bien todos tuvieron cuidado de destacar el papel benéfico de la monarquía, tenían desde luego bien presentes los siempre inquietantes mitos populares de abundancia. Brueghel el viejo pinta en 1567 su famoso «Das Schlaraffenland», versión germánica del «país de la Cucaña» francés que se fundiría en aquellos años con el mito de Jauja nacido de los relatos de abundancia de la conquista del imperio Inca.

Schlaraffenland

En 1638 Nicolas Poussin pinta a unos pastores señalando una tumba en la que está escrito Et in Arcadia ego (yo [la muerte] también estoy en Arcadia). Fúnebre recordatorio de que no se habían olvidado del mito de la Edad Dorada, pero también una buena expresión del contraste de las dos grandes fuerzas del momento: la optimista burguesía de la nueva economía barroca que se siente con fuerzas para llevar el mundo hacia la abundancia y el peso de la herencia religiosa y sus lúgubres temas en el papel de aguafiestas universal y eterno.

Era contemporánea

Blake - Marriage of Heaven & Hell

La eclosión del mundo cada vez más crítico y secularizado que incuba el Barroco no llegará hasta la Revolución Francesa y lo hará en un primer momento reciclando el simbolismo profético, el único lenguaje de la abundancia del que es capaz el pensamiento religioso. Entre 1790 y 1793, el poeta William Blake publica «The Marriage of Heaven and Hell», un libro a imitación de las profecías bíblicas, muy influido por el contexto revolucionario, en el que «imagina el paso a la abundancia como el salto a toda una nueva forma de experiencia humana». El libro está concienzudamente ilustrado por él mismo, en una sucesión de imágenes fantásticas que debieron dejar de piedra a sus contemporáneos.

Durante la revolución francesa los revolucionarios no tienen tan fácil representar el nuevo mundo que se esboza con imágenes necesariamente heredadas del pasado. Un ejemplo extremo será el «culto del Ser Supremo», el intento revolucionario de crear una religión racionalista. Con ella volverán los cuernos de la abundancia y las representaciones de la felicidad.

festival ser supremo fiesta del ser supremo

Durante el nuevo siglo, el «siglo de las revoluciones», la idea de abundancia estará en los libros, incluso en las teorías de las vanguardias artísticas, pero como si fuera el dios del Islam, su concepción es tan etérea que pareciera que nadie puede representarla.

Solo Paul Signac (1863-1935), un burgués fascinado por las nuevas ideas de Kropotkin y Reclús cuyas rentas le permitieron, no solo dedicarse a la pintura, sino financiar periódicos libertarios, plasmó plásticamente lo que para él era la sociedad de la abundancia. Atraído por las teorías científicas sobre el color, utilizó el puntillismo para su «Tiempo de anarquía»… que no pudo mostrar hasta cambiar su título por «Tiempo de armonía». Este cuadro es especialmente importante para nuestro relato porque es la primera representación contemporánea de una sociedad de la abundancia y sus valores.

Tiempo de Armonía por Signac

En 1917, la Revolución Rusa llenó de esperanza, entre otros, a un Signac descorazonado por los desastres de la guerra. En un principio se multiplican las representaciones de un nuevo mundo en el que la rápida extensión de la tecnología de la mano del gobierno de las asambleas populares -los soviets – parece que va a abrir la puerta de la abundancia. Futuristas y constructivistas utilizarán las innovaciones del lenguaje experimentadas por Malevich para explicar la promesa leninista de «soviets más electrificación». La fotografía, el collage, las formas geométricas, la incorporación de la máquina como símbolo y de las caras anónimas como protagonistas corales irán parejos a la experimentación cinematográfica – el «arte industrial» en feliz expresión tanto de Lenin como de Mussolini – que antecedería a la nueva sociedad.

stepanova

Paraíso socialistaPero la revolución no sobrevivirá a la década. La exasperante y cruel guerra civil, las sangrantes consecuencias y errores de los primeros intentos colectivizadores y las propias limitaciones ideológicas de los bolcheviques abrirán paso a una nueva ideología en su seno. El leninismo se convertirá en stalinismo y con el nuevo discurso del «socialismo en un solo país», en una forma nueva de nacionalismo totalitario para el que la abundancia ya no tomaba su inspiración de la liberación creativa de los artistas que había impresionado a Marx sino de la disciplina fabril. La cartelería y el arte público se convierten en didáctica omnipresente y homogénea del nuevo orden: rubicundas campesinas koljosianas y aguerridos obreros, soldados de indudable eslavidad, se multiplican en una vuelta al óleo y la Academia.

paris exposición universal 1937Aunque el surrealismo mantendrá el debate sobre la «apertura de la percepción» abierto por el Dadá en medio de la Europa de entreguerras, el discurso del Arte, capturado por los grandes estados que preparan la guerra, está cambiando. Muy significativamente, la Exposición Universal de París de 1937 opone dos colosales conjuntos en su entrada: el alemán, una torre racionalista coronada por un águila imperial, y el soviético, un edificio chato culminado por la gigantesca estatua de una alegoría de la alianza obrero-campesina. El pabellón español, último reducto de un mundo que acababa, aunque será recordado sobre todo por el «Guernica» de Picasso, tiene en su entrada la obra que será el canto del cisne de las vanguardias en su amor por la abundancia: «El pueblo español tiene un camino que le conduce a una estrella» de Julio López.

Después llegó la II Guerra Mundial y los carteles de los totalitarismos en conflicto fueron más de lo mismo. Tuvo que llegar la Guerra Fría para que las representaciones de carteles y murales recuperasen alguna pretensión de abundancia. Pero ya no será la abundancia nacida de las nuevas capacidades transformadoras del nuevo ciudadano y una cultura en ebullición sino su versión degradada: la orgullosa capacidad productiva del bien establecido y policial paraíso socialista (y también del capitalista) en forma de grandes haces de trigo, ciudades tecnificadas y productividades mecánicas milagrosas. Hasta los carteles de promoción de la ciencia durante la carrera espacial tenían ese punto de ostentación del poderío estatal propio de una época de nacionalismos imperiales.

poster chino ciencia e ingenieria

Salvo excepciones individuales relativamente aisladas, aunque excepcionalmente exitosas como Miró, no volveremos a ver una vuelta a las concepciones liberadoras de la abundancia hasta los años sesenta. Y entonces, más que con la tradición prometeica del marxismo y el anarquismo decimonónicos, conectará con los sueños proféticos de Blake. Es la época del «opt-art» – un intento de abrir las «puertas de la percepción» a base de ejercicios visuales – y poco después de la psicodelia. Pero el discurso de la «experimentación como liberación» tendrá también su límite y aquella generación urbanita, aburrida y opulenta será la primera en exaltar de nuevo la Naturaleza.

Poco a poco, la abundancia volvió a relacionarse en el imaginario con la fertilidad de la tierra, la abundancia de agua y la naturaleza frondosa. Todo muy unido al auge de la ecología y a la vuelta al campo que siguió al fracaso del sesentayochismo. Evocaciones que a veces, especialmente en sus representaciones icónicas, parecen ir acompañadas de la creencia en que las frutas y las verduras crecen solas. Se fue extendiendo la idea, no muy meditada, del campo como ese Jardín del Edén, donde si somos buenos y reciclamos, todo nos será dado.

Trigal

Presente y futuro

impr-destCabe preguntarse si hay o habrá en un futuro representaciones plásticas de nuevo tipo sobre la abundancia. Se me ocurre pensar en una impresora 3D autoreplicable y tan avanzada como la que aparece en La Era del diamante, capaz de producir, con solo pulsar un botón, desde un filete con patatas hasta un colchón de viscolástica con somier de roble macizo. Pienso en esa impresora representada como el Arca de la Alianza o los dioses del Panteón.

Pienso también en cómo hacer hoy una representación en mármol del software libre o un tapiz que exprese lo que es Ubuntu. No estamos en la época de las tinieblas, pero parece que el Arte no puede prescindir todavía de una estética pasada para representar el nuevo modelo que ya parece posible.

«La abundancia en la Historia del Arte» recibió 9 desde que se publicó el Lunes 15 de Junio de 2015 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

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