LasIndias.blog

Conquistar el trabajo es reconquistar la vida

Grupo de Cooperativas de las Indias

videoblog

libros

La apasionada vuelta al mundo de Walter de Havilland

La vida del que fuera primer jugador de Go británico de cierta potencia, Walter de Havilland, nos enseña que una buena partida no es solo la que consigue la estilizada belleza de los grandes maestros, sino también la que se alimenta de una pasión tenaz.

Familia de HavillandWalter de Havilland nació en un pequeño pueblo de Kent en 1872, pero creció en la isla de Guernsey, un pequeño estado, pertenencia de la corona británica, junto a la costa francesa de donde venía su familia. Estudió en Cambridge Teología y lenguas clásicas para finalmente licenciarse en 1892. Pero el resultado más profundo de su experiencia universitaria fue, sobre todo, un íntimo rechazo al sistema social británico y su rígida divisoria de clases. Así que, en palabras de su hija Joan:

puso el dedo índice de su mano izquierda sobre la desembocadura del Támesis y con el de la derecha buscó el de la misma latitud en el lado opuesto del globo. Se dió cuenta de que estaba señalando Hokkaido, una remota isla en el mar del Japón

Y hacia allí zarpó en 1893 decidido a arrancar su verdadera vida. Comenzó enseñando inglés y francés para vivir y financiarse la carrera de Derecho. Lo hizo con tanto empeño que diez años después ya era considerado uno de los principales expertos de Asia en propiedad intelectual, asignatura que enseñaba en la Universidad de Waseda (Tokio).

Aunque sus alumnos le recordarían aún años después por su carácter estricto y el «tono desdeñoso» característicamente oxbridgeano con el que impartía las clases, Walter era dado a participar en la vida social de la comunidad británica en la capital imperial -que le miraba como un friki– y no tardó en integrarse en círculos japoneses. Con ellos se sumergió en la cultura japonesa pero también aprendió chino y frecuentó la vida nocturna del Tokio del fin de la Era Meijin hasta su boda con Lilian Rusé, hermana de un compañero de claustro que enseñaba música también en Waseda.

Fue un amigo primer dan amateur, Yoshida Toshio, el que en esos años le descubrió el Go. Walter quedó capturado por el juego. Incluso tras su matrimonio en 1914, seguía yendo al Hotel Imperial a jugar todas las tardes. De aquella pasión nos quedan dos rastros:

abcdelgoEl primero es una pequeña joya de literatura de divulgación: «El ABC del Go», que todavía puede encontrarse a la venta, aunque la primera edición de 1910 solo se encuentre ya en subastas para coleccionistas.

La segunda: una partida entre los dos amigos que mereció ser publicada en el Gokai Shinpo, una de las mejores revistas de Go de la época e incluso comentada por Iwasa Kei, por entonces 5º dan profesional. La conclusión que al estudiarla sacaba John Fairbairn es que «a pesar de que algunas cosas en su fuseki [=apertura] nos hagan torcer el gesto», seguramente de Havilland llegó a ser el primer jugador británico que jugó realmente bien. La partida, que según el comentario de Iwasa fue ganada por tres puntos por blancas, en realidad, resulta ser de negras -de Havilland- lo que refuerza aún más el balance final del maestro Hoensha:

Debo decir que estoy impresionado de que un occidental juegue así de bien

Un juego convulso

De Havilland se mostró tan apasionado en su apertura a la sociedad japonesa como sobre el tablero, y sus resultados también fueron un tanto convulsos y sumamente confusos a ojos de sus contemporáneos.

Cuando en 1917 recién nacía su segunda hija Joan, su esposa Lilian descubrió que Walter mantenía una relación amorosa con Yuki, la nanny japonesa de su hija mayor, Olivia. La crisis subsiguiente se saldó con un intento de reconciliación que pasó por una mudanza a California… Pero al llegar a EEUU, Walter recapacita y decide que su vida pasa por Yuki. Vuelve directamente a Japón desde donde tramita el divorcio. En 1927 lo consigue y se casa finalmente con su enamorada en una ceremonia en la embajada británica con escasa asistencia. En la pacata sociedad de los expatriados la boda se considera poco menos que un escándalo por la diferencia social y de origen de ambos. Sus propias hijas nunca se lo perdonarán completamente. Cuando Joan vuelve en 1933 para estudiar en la Universidad en Tokio junto a su padre y descubre a Yuki en el papel de esposa, censura a Walter por su «comportamiento inadecuado» al tener que convivir con la que fuera nanny de su hermana. Marchará de vuelta a EEUU antes de un año. En la descripción del «comportamiento inadecuado» de su padre, capturado según ella por la «licenciosa» cultura japonesa, Joan destaca su pasión por el Go:

Pasaba sus días en sus clubs de Go donde yo le veía jugar en silencio durante horas hasta el final, sentado con las piernas cruzadas sobre el tatami, con el tablero de madera y las piedras negras y blancas, llamadas ishi, frente a él.

Walter de HavillandWalter, que conoció un cierto éxito económico invirtiendo en Bolsa sin perder su prestigio académico, nunca aceptará la incomprensión de sus hijas. En 1940, cuando ambas son ya famosas –Olivia conservando su apellido y Joan con el nombre artístico de Joan Fontaine- se instalará en EEUU buscando una reconciliación. Un nuevo movimiento precipitado. Al estallar la guerra Yuki es encerrada en un campo de confinamiento por su origen japonés del que saldrá tras mil gestiones y solo para pasar a arresto domiciliario en una casa cercana, que Walter había comprado a toda prisa con sus ahorros, en la que vivirán hasta el armisticio.

Tras la guerra y toda una serie de intentos de reconciliación con sus hijas, que acabarán apareciendo en la prensa del corazón de la época, padre e hijas se reencontrarán por fin tras la muerte de Yuki. Solo entonces Joan decide por fin visitarle por sorpresa en su casa de Vancouver, Canadá, donde se había retirado. Cuenta Joan en sus memorias que cuando llegó a su casa no le encontró, pero que conociéndole marchó directamente al club de ajedrez, donde efectivamente estaba. El goban seguía siendo su único espacio de paz.

Cuando tras su muerte en 1968 se leyeron sus últimas voluntades, su último deseo resultó ser que sus cenizas fueran arrojadas al Canal de la Mancha frente a la isla de Guernsey. Su tercera esposa, Rose Mary, demasiado mayor para viajar, guardó sin embargo un tercio de ellas para lanzarlas al Pacífico cerca de Vancouver. Joan y Olivia viajaron hasta Europa con el resto.

Aquel nómada altivo, curioso y apasionado, culminaba así su última vuelta al mundo a caballo entre el Océano de sus pasiones y la isla de sus recuerdos infantiles. Tenía noventa y seis años, y su vida, como su juego, seguramente no tuvieron la estilizada elegancia de los maestros Honimbo que admiraba, pero su tenaz pasión -por las mujeres de su vida, por asumir nuevos retos- resultó en un final tan sorprendente y hermoso como el de la única partida suya de la que nos ha quedado registro.

«La apasionada vuelta al mundo de Walter de Havilland» recibió 2 desde que se publicó el martes 31 de diciembre de 2013 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Deja un comentario

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos los blogs de la red indiana en la
página de registro de Matríz.