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La aventura de una tarde de verano

La aventura de una tarde en el verano de 1929 se ha convertido en la fiesta más popular del verano en Asturias. El descenso del Sella ha sobrevivido durante casi un siglo, superando momentos de oscura vinculación política y aspiraciones nacionalistas. Reivindicada como la fiesta de la asturianía, folclore y tradición son uno más de los elementos festivos.

Descenso del SellaTodo empezó en un verano, largo como sólo pueden serlo en un pueblo del interior de Asturias, Coya, donde la diversión suele estar directamente ligada con la exploración. Allí pasaba las tardes Dionisio de la Huerta, un hijo de indianos emigrados a Cuba a finales del siglo XIX. En La Habana prosperaron en el negocio textil y se instalaron de vuelta en los alrededores de Barcelona. Dionisio era por entonces el joven de una familia que había alcanzado una buena posición y «recorrido mundo». Encarnaba el estilo de los nuevos tiempos: jugador de tenis, contribuyó a la profesionalización del deporte en España. En Asturias se dedicaba a dar largos paseos por las montañas y las riberas de los ríos. Hasta que un día decidió vivir el paisaje desde dentro y se lanzó río abajo en piragua. Se dio cuenta de la diferencia en la percepción de la naturaleza, de la extraña sensación de soledad y pertenencia al río en su discurrir y serpenteo.

Dionisio de la HuertaEsa primera vez, el recorrido de Dionisio fue de apenas 3 kilómetros. Suficientes para llamar a sus amigos y repetir en un recorrido más largo, que hacían por etapas parando a descansar o tomar un tentempie a la orilla del río. Los menos acuáticos acompañaban la aventura en autocar mientras animaban a los palistas desde la carretera. Un día entero emplearon en llegar hasta Ribadesella. Decidieron que sería una de las actividades a repetir cada verano.

Desde aquellos años 30 hasta el día de hoy, el primer sábado de agosto tiene lugar el descenso del Sella. De paseo entre amigos se convirtió en prueba regional, nacional e internacional. Sin estar especialmente dotada en premios ganó relevancia por sus extravagancias.

El tren fluvial de maderaDionisio decidió darle a la fiesta un aire astur, gaitas, himno, y a partir de los años 50, cañonazo para dar la salida de los piragüistas. La indumentaria reflejaba ese mismo espíritu: montera, chaleco y collar de flores. Hay pocos álbumes familiares en los 80 en los que no aparezca un día en las piraguas.

En los 90, una nueva actividad comercial se unió a la fiesta. En la cabecera y fin del recorrido (Arriondas-Ribadesella) comenzaron a abrir empresas de alquiler de canoas, kayaks y piraguas que ofrecían la misma experiencia que la que Dioniosio vivió con los amigos en los años 30, además de una cesta de picnic y apoyo durante el recorrido. Los niños de los álbumes saltaron al río con la excusa de todo tipo de celebraciones: fin de curso, reencuentro de amigos, despedidas de soltero o paseos con novias-os, estos últimos los más complicados y considerados algo así como una prueba de amor (no hay brazos inactivos que resistan 14 km en piragua).

Las empresas de canoas junto a las de servicios relacionados con actividades en los Picos de Europa han sido un impulso económico para una comarca centrada en la actividad ganadera, la elaboración de quesos y el turismo (muy estacional).

PiragüerosEste sábado será la 78ª edición del descenso. Alcaldes de Arriondas y Ribadesella intentan dar un giro a la fiesta para devolverle el espíritu familiar y tradicional. Una tarea difícil: a las celebraciones les dan forma y vida quienes participan de ellas. La festividad de río y comida en las praderas se ha convertido en una celebración sin fin durante dos días. El Aquasella va por su 18vo año de celebración, y si algo hay tradicional a día de hoy es tomar las calles y esperar la salida del sol y las piraguas. Cada barra de bar asegura facturar 30 mil euros en una sola noche, se consumen más de 6 mil litros de sidra. Aunque estas ahora se sientan tocadas por la crisis, no hay duda de su impacto.

El joven Dionisio y sus amigos encontraron un entretenimiento rompedor para su momento. Dieron lugar a la la prueba de descenso de ríos más importante del mundo, y a una fiesta masiva que se ha convertido en un motor económico al que se han ido incorporando nuevas actividades. Pero sobre todo ganaron un nuevo espacio y lo dotaron de significado. El Sella hoy son montones de experiencias. Como el propio río, aunque discurra por el mismo sitio, siempre lo hace de modo sutilmente distinto.

«La aventura de una tarde de verano» recibió 5 desde que se publicó el viernes 8 de agosto de 2014 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Natalia Fernández.

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