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La comunicación desde la pertenencia y el fin de la ontología del lenguaje

Toca aprender a comunicar en un nuevo contexto donde la pertenencia es el centro de la comunicación. Para eso lo primero es entender las nuevas reglas y reacciones.

participacion voto asamble
En el post sobre las claves del reclutamiento del EIIL seguramente el punto más importante era el que decía «No va de coherencia o de teoría: va de pertenencia».

Comunicar, pensar desde la pertenencia es un ejercicio difícil, casi imposible para los que crecimos en el paradigma de la comunicación orientada a la acción. En aquella lógica, todo comenzaba por la diferenciación entre afirmaciones -verdaderas o falsas- y las declaraciones -con las que se está o no de acuerdo pero no son en si mismos ni falsas ni verdaderas. Todas esas reglas y categorías propias de la ontología del lenguaje, se han roto en la comunicación desde la pertenencia.

Caracterizando el nuevo ciclo de comunicación de la pertenencia

  1. El que escucha se considera siempre concernido por el mensaje. Siempre, por acción u omisión estamos hablando de él. Comunicar desde la pertenencia significa que el mensaje será decodificado en primer lugar como la afirmación o negación de una relación. ¿Está dentro o fuera el interlocutor de la frontera trasladada por el mensaje o incluso su ausencia?

    Ej: En los últimos años es común que el retraso en una respuesta de email pueda ser considerado un rechazo debido a algo dicho en el mensaje anterior. Es decir, hasta las reglas de netiqueta han cambiado.

  2. Desaparece la negociación como proceso lingüístico orientado a la acción en común. El ciclo tradicional vendría dado por el siguiente gráfico:

    ciclo-pedido-oferta

  3. Pero la perspectiva de la pertenencia destruye el proceso así descrito. No es que se imponga como un previo, es que el objeto de la comunicación ya no es llegar a un «hacer juntos» sino la constatación o el rechazo de un «ser lo mismo» y todo lo más de un «estar juntos».

  4. La deliberación se desentiende de la acción. Y de hecho, la decisión colectiva se verá como un peligro si intenta derivarse de una deliberación no unánime, porque supondrá una ruptura, una división en las relaciones.

    Ej: El 15M y la deliberación.

  5. En ese marco, toda afirmación puede ser interpretada como un juicio y de hecho es un juicio implícito. Si no somos conscientes de ello, seremos fácilmente malentendidos porque al romperse la lógica de objetivos de la conversación negociada y pasar el interlocutor a ser el centro del mensaje, lo emocional atravesará toda la conversación. Y es que cada afirmación o juicio sobre terceros pondrá potencialmente en cuestión a quien nos escucha.
  6. Participar es la acción más comprometida que puede esperarse cuando el objeto de la comunicación es constatar que se es parte. Si la posición del interlocutor en el modelo tradicional era la de un artesano que recibe un pedido intentando maximizar lo que obtendrá si hace lo que le pedimos, en este modelo es la de un famoso que buscará minimizar los costes de la implicación con la causa que le presentamos. El primer caso el interlocutor orienta la acción futura, de la que se hará cargo, con sus pedidos y contra-ofertas. En el segundo, aceptará una «identidad», un «ser» minimizando los costes que se deriven de ella.

    ej: Como vemos en no pocas becas no salariales e incluso en algunas que si lo son, los posibles beneficiarios consideran que «hacen un favor» a la universidad si las toman porque es el interés de la universidad que lo hagan. Es decir, aceptar un regalo se equivale en valor-compromiso a ofrecerlo. Algo parecido ha ocurrido en los últimos años en el mundo del software libre cuando se convirtió en frecuente la aparición pública de usuarios que exigían personalizaciones amenazando a los desarrolladores con no usar sus programas. Una vez más, el regalo deja de ser considerado una gracia, algo que debemos agradecer. El mérito moral no estaría ya en ofrecerlo y realizarlo sino en aceptarlo sin otras contraprestaciones que beneficiarse de él. Es la escena de apertura de «Girls» cuando la protagonista, al decirle sus padres que no piensan seguir manteniéndola económicamente, responde que no les entiende ya que ella no ha salido drogadicta ni problemática, sino que es la chica que ellos querían que fuera. Fluye por debajo la valoración de la «popularidad» propia de la cultura de la adhesión: si la adhesión recibida da el valor de alguien, es normal que el adherente espere mucho del casi nulo compromiso que exige adherirse.

  7. El compromiso con la acción recae ahora en el que habla. En el modelo ontológico del lenguaje eran los pedidos y las ofertas los que medían compromisos y repartían responsabilidades. En este modelo en cambio, las responsabilidades caen en el lado del que hace la oferta. El interlocutor quiere constatar que el otro le considera «parte» e interpretará todo pedido no como parte de una negociación sino como una condición ominosa.

    ej: El eslogan «si se puede», coreado hasta la saciedad en la España ligada emocionalmente al 15M y convertido en grito de combate de «Podemos» es seguramente la primera bandera política de uso masivo en Europa que utiliza una forma impersonal. Solo se puede sacar la conclusión de que si triunfó y se extendió tanto es porque las formas impersonales, desubjetivadas, no comprometen a nadie y esa ausencia de compromiso es precisamente lo que las hace atractivas en este nuevo marco.

  8. Las fuentes de autoridad se invisibilizan y desubjetivan. El carácter incómodo de todo compromiso o responsabilidad lleva a la ocultación del poder, al posicionamiento en un lugar fuera de crítica de las fuentes de autoridad que pasan a representarse despersonalizadamente, como si fueran un fenómeno de la Naturaleza.

    Ej: En la práctica de los nuevos movimientos sociales en España (15M, Podemos, etc.) las cosas «se hacen», como si se hicieran solas y sin que esté claro quienes las van a hacer, ni siquiera es «la asamblea ha decidido», sino «se ha decidido», «se ha consensuado», sin responsables. Es un lenguaje que busca ser incontestable, reflejando quizá el vértigo de la confrontación el «discutir de política con los amigos es difícil porque te ves puesto en cuestión» que nos decían en los focus group.

    El culto a la personalidad del líder vino así preparado por el culto a la impersonalidad de la autoridad en el 15M. Tras tanto poder desubjetivado, impersonal, la imagen de líderes como Pablo Iglesias, con poderes de excepción dentro de Podemos o Enric Durán -donde el discurso del ocultamiento se hace simbólicamente presente en su «clandestinidad»- resultó para muchos poco menos que liberadora. El líder era alguien que «se hacía cargo» por todos los demás en un entorno que sigue hablando en forma reflexiva, sin responsables personales de las cosas. La ocultación y desubjetivación del poder y la constitución de superliderazgos no resultaron así contradictorios, sino complementarios.

Ahora tenemos un mapa del contexto. Toca hackearlo para conseguir lo de siempre: llevar la comunicación a acción. Algunos, no solo los malos, lo han conseguido en mayor o menor medida. Toca reaprender a comunicar.

«La comunicación desde la pertenencia y el fin de la ontología del lenguaje» recibió 41 desde que se publicó el Miércoles 26 de Agosto de 2015 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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