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La ética hacker y el cooperativismo

Sólo desde la ética hacker puede levantarse un nuevo cooperativismo que enfrente de forma efectiva la descomposición social, de autonomía a las personas y soberanía a las comunidades.

El desarrollo de la descomposición en Europa nos ha llevado desde hace unos meses a poner por delante el concepto de ética hacker. Fue uno de los cinco valores elegidos para resumir qué fundamenta la apuesta indiana, ha sido el tema propuesto por nuestros amigos guipuzcoanos para el encuentro sobre democracia económica de 2011 y ha devenido además un tema recurrente los blogs de nuestro entorno.

Y más allá del contraste con el modelo reivindicativo del quincemismo, la «economía política» de sus propuestas y su concepción de la empresa cooperativa contrastan abiertamente con los valores en los que se fundamenta la ética hacker. Es importante ahora «volver a los básicos», repensar esos valores y explicitarlos, porque cada vez más, tenemos claro que son la base de cualquier alternativa a la descomposición que merezca la pena construir.

La libertad del hacker

«La libertad está por encima de todo para un hacker», señalaba Juan Urrutia en la presentación nuestras primeras exploraciones sobre la idea de filé. Pero para el hacker su libertad es una «libertad del hacer» o mejor «para hacer». Sea para crear software libre o para desarrollar herramientas agrícolas, el hacker si pide algo es que le dejen jugar, no que le den condiciones para ganar o le «apoyen» para obtener un espacio seguro. Si ve una manera hacer sin pedir nada a nadie, será la que tome, ahí reside su poder y su potencia.

Comunidad y conocimiento

El «hacer» del hacker, en cualquier campo, es su capacidad para generar primero y liberar después conocimiento que rehaga el tablero de juego. Si refrescan el vídeo de Marcin Jakubowski en los TED lo entenderán claramente: frente al modelo de los grandes fabricantes de maquinaria agrícola empieza a crear y liberar con tutoriales y vídeos los planos de modelos genéricos, baratos y realizables por cualquiera con un pequeño taller casero, crea inmediatamente el espacio donde se desarrollará después una comunidad de pares, que atraídos por la originalidad y capacidad subversiva de la apuesta, pero sobre todo por unas mismas ganas de «hacer» fruto de una necesidad común, llegarán de todo el mundo. Finalmente aumenta el nivel de objetivos conforme se desarrolla un capital común de conocimiento entre ellos: los resultados, los «haceres» liberados, se hacen «usables», asequibles más allá de la comunidad que lo generó. Es el mismo modelo sobre el que nació y se desarrolló el gigantesco mundo del software libre.

La responsabilidad personal

La «libertad del hacer» es pues es la capacidad de asumir una responsabilidad personal para, desarrollando una comunidad real, generar autonomía a esa misma comunidad en primer lugar y hacer efectiva la oportunidad fruto del nuevo saber al resto del mundo.

Esta asunción de responsabilidad personal se desarrolla también en la propia lógica comunitaria: el hacker es un pluriespecialista que trabaja en toda la cadena de saberes que permiten el desarrollo de ese conocimiento específico. Puede que a cierto punto de desarrollo reaparezca cierta especialización, pero si seguimos el ejemplo del software libre, los diseñadores entenderán de programación y deberán saber de interacción y los desarrolladores tendrán opiniones fuertes sobre diseño y habrán estudiado las lógicas de la interacción aún sin ser unos expertos. El conocimiento es desarrollado en comunidad y a todos en la comunidad mancha. Sólo así una comunidad puede además autogestionarse y autoevaluarse sin romperse.

De la autonomía al cooperativismo

Cualquier comunidad hacker tiene en si la semilla del cooperativismo: generación de conocimiento, vocación de autonomía, autoevaluación y procesos de decisión basada en acerbos consensuales.

El cooperativismo se piensa a si mismo desde sus orígenes como la forma democrática de generar autonomía para las personas y la comunidad en su conjunto. En la lógica de todos sus teóricos -ya fueran libertarios, cristianos o socialistas- la autonomía -que sólo aparece con la sostenibilidad económica en el mercado- estaba en el centro. Es más, para muchos de ellos, cualquier forma empresarial no basada en la democracia económica genera autonomía sólo a medias, plena para unos -los emprendedores- pero sólo limitada para otros -los asalariados.

El aporte de la ética hacker al cooperativismo no nace pues de una confrontación o como una propuesta de cambio de modelo, sino de una vuelta y una profundización de sus raíces, que podrían remontarse hasta las tierras comunales y los artes y cofradías medievales. En el centro como siempre, la autonomía de la comunidad real que crea junta y genera sentido al conocimiento y objetos producidos. Productos que pretender ser además herramientas al servicio de la autonomía de los demás.

La crisis, la ética hacker y el cooperativismo

La ética hacker se conjuga pues como el objetivo de la autonomía comunitaria, fundamentada en responsabilidad personal y desarrollada mediante la creación de conocimiento.

Esa es la vara de medir a las propuestas que se pretenden alternativa tanto al «viejo mundo» como a la descomposición: ¿Generan autonomía personal y comunitaria?; ¿Se fundamentan en la responsabilidad personal?; ¿Desarrollan conocimiento empoderador para las personas?

Imaginamos las críticas. Tal vez Neal Stephenson llevara razón y estuviéramos condenados a ser neovictorianos. Tal vez, a fuer de revolucionar nuestras vidas, hemos descubierto que había valores en erosión, como la responsabilidad personal, con los que merece la pena ser «conservador». Pero estamos seguros de que sin la tríada de la ética hacker -autonomía, responsabilidad personal, conocimiento- ni el cooperativismo ni ninguna otra idea o forma de organización comunitaria puede ser alternativa, y mucho menos en mitad de la primera gran crisis económica global de la descomposición.

«La ética hacker y el cooperativismo» recibió 2 desde que se publicó el Viernes 11 de Noviembre de 2011 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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