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tsiprasRecuerdo 1981, tenía once años e, imagino que como muchos otros niños nacidos a principios de los setenta, sentía que lo que salía en las noticias era Historia en tiempo presente. En primavera fueron las presidenciales francesas con el triunfo de Miterrand y en otoño las griegas con el de Papandreu (padre). Se olía y ansiaba «el cambio» con el cuerpo todavía destemplado por el 23F y la colza. En el mundo brillaba una joven Petra Kelly y por sorpresa llegaría el shock de la guerra de las Malvinas antes de las elecciones en que Felipe González, con 39 años, se instalaría en la Moncloa.

Aquella fue la Europa de Miterrand. También la de Thatcher y la de Kohl. Pero sobre todo, para los meridionales progres, la de Miterrand. Su programa incluía nacionalizar la banca e incorporar a los trabajadores a la gestión de las empresas. Su aplicación generó tal terremoto económico que Miterrand acabó dando un giro de 180 grados y conduciendo el socialismo europeo de la socialdemocracia clásica al liberalismo social en tiempo record. Quizá donde antes se notó fue en España. Los últimos programas económicos de los setenta del PSOE, redactados por Miguel Boyer, no tenían nada que envidiar a los de la izquierda autogestionaria. La banca se nacionalizaría y las grandes empresas se cooperativizarían o incluirían órganos de gestión paritaria con los sindicatos. Pero los programas se corrigen con más facilidad que las políticas y el programa económico del PSOE en el 82 ya estaba alineado con el nuevo socialismo francés que también reorientaba a los griegos. Al lado de eso, pasar de la salida de la OTAN al atlantismo, no parecía un giro radical. El «cambio» ya no era un cambio en el sistema de propiedad, había pasado a querer decir «hacer que las cosas funcionen», en frase célebre de Alfonso Guerra. Es curioso que todo se parezca tanto ahora a aquella época en España. Con Podemos en el lugar del PSOE y las elecciones municipales de mayo recordando tanto a aquellas municipales del 79 en las que «la izquierda», es decir el PSOE, el PSP de Tierno y el PCE eurocomunista de Carrillo, se preparaban para formar gobiernos locales.

Pero en realidad muchas de estas similitudes son solo superficiales, como lo son las que se establecen, demasiado alegremente entre Podemos y un Syriza en realidad se parecería más una Izquierda Unida que hubiera conseguido agrupar a casi todos los grupos a la izquierda del PCE sin que se sacaran los ojos. Los modelos organizativos y la base militante son más importantes de lo que refleja la prensa. Syriza llega al poder tras un proceso parecido al de ERC: tras haber socavado y absorbido las redes clientelares que articulan el poder local y sobre todo tras haber desarticulado a su propia militancia, pasando de un partido de militantes a un partido de adherentes. Ese cambio de foco para articular la cultura de la adhesión parece estar desde el principio en el diseño de partido del grupo de Iglesias, que teme las cagadas de los propios más que el acoso de los medios. Las corrientes críticas lo ven de otra manera, pero a día de hoy el enfrentamiento entre ambos modelos es una correlación de fuerzas entre TV -Iglesias- e Internet -los grupos críticos- y parece que «el grupo de Madrid» y sus seguidores serán quienes den forma a la cosa.

La cuestión es que el poder, esa capacidad para generar consensos, se construye de abajo a arriba, precisamente sobre esas pequeñas redes locales que articulan los intereses de las ciudades medianas. De abajo a arriba la generación González constituyó su hegemonía en la izquierda y la de Aznar en la derecha. Y de abajo a arriba también, la corrupción se extendió hasta poner en cuestión a unos y a otros. Syriza ha jugado la misma estrategia y tendrá que aprender a cortar la corrupción abajo para no repetir los desastres de la generación anterior. Podemos en cambio apuesta por utilizar una corriente de opinión para llegar a Moncloa. No quiere organizar esa opinión porque quiere llegar limpio y seguramente no tiene herramientas para cortar los efectos nocivos de un previsible arribismo, sea interesado o idealista. Son dos modelos opuestos: construir poder, asumiendo los costes, en Syriza; llegar arriba rápido y luego se verá, en Podemos.

En esta alternativa hay algo más que diferencias de tempo. Hay dos modelos de Europa. Por eso no es lo mismo que la Europa que comienza hoy sea la Europa de Syriza o la Europa de Podemos.

«¿La Europa de Syriza o la Europa de Podemos?» recibió 5 desde que se publicó el Lunes 26 de Enero de 2015 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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