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La globalización según el anglomundo

La globalización parece relatada por un afásico ególatra, lento y fanfarrón, que en medio del estrépito y la violencia, sólo es capaz de percibir sentido en su propia representación, mientras los demás actores, embobados, esperan pacientes a que el gran hombre -por lo demás, completamente ciego a su presencia- les de entrada a un diálogo que, en realidad, pertenecía a la escena anterior.

El anglomundo y su autismo son increibles. Uno no sabe ya si enojarse o desesperarse. No es que lleguen tarde, mal y nunca a los debates relevantes de la red a base de ignorar lo que ocurre en el resto del mundo, como pasó con la Wikipedia ni siquiera que lleguen con diez años de retraso hasta a las reflexiones más tontas ¿sufre el idioma por los SMS? aparecía esta misma semana en The Economist).

Lo peor es cuando teorizan el autismo como fuente de beneficios económicos y políticos. El libro de moda en EEUU, ampliamente citado en el NYT por ejemplo, es Network Power de David Singh Grewal. Según Amazon:

David Singh Grewal’s remarkable and ambitious book draws on several centuries of political and social thought to show how globalization is best understood in terms of a power inherent in social relations, which he calls network power. Using this framework, he demonstrates how our standards of social coordination both gain in value the more they are used and undermine the viability of alternative forms of cooperation. A wide range of examples are discussed, from the spread of English and the gold standard to the success of Microsoft and the operation of the World Trade Organization, to illustrate how global standards arise and falter. The idea of network power supplies a coherent set of terms and concepts—applicable to individuals, businesses, and countries alike—through which we can describe the processes of globalization as both free and forced. The result is a sophisticated and novel account of how globalization, and politics, work.

Grewall, es J.D. en la Yale Law School, estudiante de doctorado en el Department of Government de Harvard, donde está asociado al Proyecto Justice, Welfare, and Economics

Lo curioso es que parece haber descubierto los efectos red, pero en vez de derivar de ellos una teoría de la abundancia, como hizo Juan Urrutia a finales de los 90, ha sacado una teoría que en realidad muestra -e invita a explotar- las posibilidades de “la red mayor” y centralizadora para imponerse al resto. Y es que ha teorizado como ejemplos positivos:

  • Cómo la lengua inglesa se está convirtiendo en beneficiaria de un efecto red precisamente por el autismo militante de su blogsfera y sus medios. Al no traducir ni hacerse eco de nada “exterior” al anglomundo pero haber partido en en la globalización de Internet siendo el idioma con mayor número de hablantes conectados, se presenta como un estándar frente a los minoritarios recien llegados (como el español o el portugués sin ir más lejos).
  • Cómo Microsoft supo aprovecharse de una situación ventajosa en el mercado para llevarla hasta un monopolio de hecho, forzando, a base de patentes, a la asunción de sus productos como un estándares. Todo ello, sin hacer lo que cualquier verdadero competidor por un estándar hace: abrir código y facilitar la interoperabilidad.
  • ¿Y tengo que hablar de como opera EEUU en la OMC, manteniéndose como único país con derecho de veto unilateral, obteniendo todavía rentas frente a la periferia de una posición ganada en Europa en los 40?

No me tome nadie por un antiamericano o anglófobo. Nada más lejos en alguien que como yo lee en inglés al menos durante 4 horas al día desde hace años y que puede citar a Jefferson y Franklin de memoria… Pero eso no me hace ciego frente a la evolución de la cultura del anglomundo y de sus discursos (estructuralmente idénticos a los del rankismo, por cierto).

No creo que debamos mantenernos ciegos ante el peligro cierto y grave de pagar rentas monopolistas o de posición en todos los campos y resignarse a la marginalidad.

La globalización hoy parece relatada por un afásico ególatra, lento y fanfarrón, que en medio del estrépito y la violencia, sólo es capaz de percibir sentido en su propia representación, mientras los demás actores, embobados, esperan pacientes a que el gran hombre -por lo demás, completamente ciego a su presencia- les de entrada a un diálogo que, en realidad, pertenecía a la escena anterior.

En esa globalización relatada por el anglomundo, nuestras reflexiones y debates -y por tanto nuestros intereses- son y serán excluidos. Porque si el anglomundo no intercomunica, sino que compartimenta para ganar posición e imponerse como estándar, que es lo que de hecho hace y Grewall modeliza, simplemente no podremos llegar a otras esferas lingüísticas y de mercado…

…a no ser que, de una vez dejemos de pretender que el anglomundo es nuestra conexión con la globalidad y el desarrollo y nos pongamos en serio a distribuir la red global, comunicándonos con otras esferas culturales directamente, creando enlaces comerciales que no pasen por la Europa anglificada ni por Estados Unidos, en una palabra… globalizándonos como exploradores para evitar ser globalizados como mero paisaje enmudecido.

¿Exagero? Vean este vídeo. Es breve. Y díganme si los media, la blogsfera o incluso la prensa seria del anglomundo están por la labor de interconectar o por el contrario la expectativa es que fortalezcan su papel como filtro asimétrico:

«La globalización según el anglomundo» recibió 0 desde que se publicó el Miércoles 28 de Mayo de 2008 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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