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La hora de la Teoría Monetaria Moderna

La hora de la Teoría Monetaria Moderna está llegando. Así es como acaban los paradigmas económicos, no con un gemido sino con una explosión.

Qué importante es el espíritu de época. Esta semana «The Nation» dedicaba un largo artículo al «atractivo rockero de la Teoría Monetaria Moderna».

El artículo no se molestaba en describir las tesis principales, pero aseguraba que «describe la forma en que funciona el dinero de un modo tal que un niño de ocho años lo capta antes que alguien con un doctorado, lo que es en sí inquietante». Cita a Jamie Galbraith -hijo del que fuera economista de cabecera de toda una generación- para remachar que «el relato [de la economía que hace la TMM] es muy persuasivo» y se centra en el fabuloso ascenso, a fuerza de ciberactivismo y blogs, de lo que era un grupo de economistas post-keynesianos -y por tanto maltratados académicamente- a la influencia social y política.

Y para muestra Stephanie Kelton, la carismática «chief economist» de Sanders en las primarias que lo es también del comité de presupuestos del Senado de EEUU. Kelton representa un nuevo ideal de economista que va más allá del teórico comprometido y polemista, institucional y mediático al estilo de Krugman o Stiglitz. Kelton no vive en un campus neogótico sino en una casa suburbana desde la que entra por videoconferencia en platós y debates públicos; no lidia con las pleitesías de la Ivy League porque es profesora en una Universidad pública con más de un 70% de admisiones, Mizzou; y no firma informes «de expertos» porque se mete en campaña y aplica el mismo tono pedagógico y sensato en la televisión que en sus clases.

Y es que llegados a este punto, la TMM ya no es -ni exclusiva ni principalmente- un objeto de debate académico, sino un arma de batalla política; ya no es heterodoxia, sino «mainstream» alternativo. Y lo es precisamente porque ha superado la barrera del debate teórico y a día de hoy es la promesa de un nuevo «keynesianismo»: una forma de entender el papel del dinero -y por tanto del estado- útil para el tipo de políticas que cada vez más personas creen que hay que hacer para salir de la crisis.

No es que la TMM sea original en sus componentes. En realidad es que la Teoría Económica Neoclásica evolucionó a tal nivel de pacatismo y la enseñanza de la Economía se empobreció y sectarizó tanto que cosas que eran históricamente moneda común en el debate intelectual, se han convertido en verdaderas «novedades». La idea de que el dinero no es a fin de cuentas sino crédito fiscal, por ejemplo, una idea que en los años 20 podíamos encontrar en economistas de tendencias opuestas y hasta en novelas populares, causa hoy asombro cuando se explica a un licenciado. El desarrollo de las tautologías de la contabilidad nacional que en los ochenta se enseñaba todavía en el primer curso de Macro y que lleva a la idea de que el ahorro nacional tiene que ser igual al saldo de la balanza por cuenta corriente, provoca hoy asombro en cualquier político, aunque sea fundamental para entender, sin ir más lejos, la crisis española

Leer manuales de TMM es leer una versión estilizada, casi ingenieril, de la Macroeconomía keynesiana y post-keynesiana sin tener que sufrir las largas y a veces difíciles fundamentaciones de un Minsky. El resultado es una máquina de engranajes que funcionan sin chirriar, que se puede compartir con amigos «de letras» sin abrumarlos y que demuele los falsos fundamentos de las políticas económicas que nos rodean. Es teoría económica de la que sirve para comprender el mundo real, debatir políticamente, pensar alternativas con ese optimismo de médico que caracteriza macroeconomista y romper unos cuantos moldes a derecha e izquierda.

La hora de la Teoría Monetaria Moderna está llegando a golpe de ciberactivismo, pedagogía y «atractivo rockero». Así es como acaban los paradigmas económicos, no con un gemido sino con una explosión.

«La hora de la Teoría Monetaria Moderna» recibió 4 desde que se publicó el Jueves 11 de Mayo de 2017 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Algo que me preocupa es que la TMM sea más una teoría sobre cómo salir de la crisis que cómo evitar las crisis. Por ejemplo ¿ofrece alguna respuesta a la sobreacumulación?

    • Bien visto!! La TMM es keynesiana, en realidad es parte de la misma crítica de fondo que viene de Ricardo y Marx y retoma Keynes: la insuficiencia de demanda efectiva como carencia intrínseca del capitalismo. Esa insuficiencia es la que hay de fondo, como desarrollaron RL y NB, en la crisis permanente que se abre con la guerra mundial: al acabar la posibilidad de crecimiento del mercado -no quedan ya espacios fuera del mercado mundial- el capitalismo se consume a sí mismo, el capital tiende a la sobre-escala y al mismo tiempo la escala óptima tiende a bajar más y más.

      Marx, RL, NB y el marxismo pre-leninista no kautskiano, incluso Kondratiev después, pensaban que esa contradicción no tenía remedio y que abocaba a ciclos donde una cierta exuberancia vendría seguida de una fase de destrucción masiva de capital, fases destructivas que serían cada vez más violentas. Keynes pensaba por contra que esos ciclos podían «aplanarse» jugando con la política monetaria y la fiscal para -a fin de cuentas- destruir capital excedentario (mediante inflación/devaluación en vez de mediante guerra) y mantener al tiempo todos los recursos disponibles en uso.

      Y este mismo es, a fin de cuentas, el «optimismo» y el horizonte de la TMM. Personalmente creo que funcionará hasta ciertos umbrales pero que a partir de cierto nivel de acumulación el modelo no funciona sin un avance parejo de la desmercantilización -una idea que, por cierto, probablemente rondó al mismo Keynes. Dicho de otro modo, no niego la posibilidad de «una salida keynesiana», pero no creo que sea suficiente por sí misma.

  2. Yo creo que no es difícil percibir que en un sistema capitalista el influjo de dinero es permanentemente necesario, teniendo en cuenta que la acumulación en manos privadas lleva necesariamente a un estancamiento. Porque es fácil ver que si el dinero circulara constantemente, y en lugar de concentrarse, di irse en ciertas direcciones, regresara, realimentara la producción, satisfaciendo más y más necesidades, mejorando la productividad, etc, si quieres avanzando hacia una sociedad de la abundancia, las crisis serían evitables… Pero esto ya no sería capitalismo… Ahora, el hecho de que el gobierno pueda crear dinero de la nada -esencialmente (en realidad, yo creo que se revierte la idea de capital -en lugar de ser “trabajo pasado” como decía Marx se convierte en “trabajo futuro”, o sea crédito) hace que la concentración carezca, hasta cierto punto, de importancia… Que quieren meter el dinero en el casino de la bolsa, qué importa… Y aquí entra la cuestión de las necesidades. Según yo entiendo la TMM, los subsidios dejarían de ser un pecado. Un producto, un servicio necesario, pero que no cabe dentro de las coordenadas capitalistas -que no ofrece el incentivo del beneficio- puede de todas maneras ser ofrecido… Como tú dices, no es nada nuevo. Solo que ahora se derribarán barreras ideológicas.

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