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La ideología como jiu-jitsu simbólico

La historia demuestra que el cambio revolucionario muchas veces se da cuando los grupos oprimidos toman elementos de la ideología imperante para construir, en el más puro espíritu del bricolaje, una visión libertaria

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worldupsidedownHace unos días reflexionábamos sobre la toxicidad del discurso esencialista, y sobre cómo el concepto de ideología ofrecía una explicación más sensata de la conducta aparentemente irracional que la gente exhibe sistemáticamente bajo los incentivos de un marco institucional dado. En este sentido, citábamos a Douglas C. North:

La presencia del aprendizaje crea dependencia de la trayectoria en las ideas, las ideologías y luego en las instituciones. Los sistemas de modelos mentales exhiben dependencia de la trayectoria, por lo que la historia importa, y en ambos puede persistir el desempeño subóptimo durante largos períodos de tiempo.

Y concluíamos que el progreso tanto personal como social se daba en la medida en que fuésemos capaces de superar las limitaciones de los modelos mentales imperantes, o sea, de la ideología en la que estamos inmersos dentro del marco institucional que predomina en nuestro entorno.

En su último documento de trabajo para C4SS, Kevin Carson nos recuerda que las semillas de esa superación se encuentran dentro de la ideología imperante en sí misma. La historia demuestra que el cambio revolucionario muchas veces se dá cuando los grupos oprimidos toman elementos de la ideología imperante para construir, en el más puro espíritu del bricolaje, una visión libertaria: una especie de jiu-jitsu simbólico en el que la fuerza de la ideología imperante se utiliza para crear otra diametralmente opuesta. Por ejemplo,

Todas los grandes alzamientos populares contra los regímenes prosoviéticos en Europa oriental después de la Segunda Guerra Mundial se enmarcaron en términos ideológicos marxistas, y básicamente adoptaron formas de organización propias del comunismo libertario. Los alemanes orientales en 1953, los húngaros en 1956, los checos en 1968 y los polacos en 1981 organizaron concejos de trabajadores en las fábricas y se declararon como un movimiento socialista–un movimiento que peleaba por el poder genuino de los trabajadores sobre el estado y la economía–luchando contra la clase regente del capitalismo de estado.

Retrocediendo aún más en el tiempo, cita el trabajo de James C. Scott para recordarnos que,

…aunque el ciervo, el esclavo y el intocable puedan tener dificultades para imaginar arreglos distintos a la servitud, la esclavitud y el sistema de castas, seguramente no tendrán problema en imaginar una reversión total de la distribución existente de estatus y recompensas. El tema milenario de un mundo de patas para arriba, un mundo en el que el último será el primero y el primero el último, puede encontrarse en casi toda gran tradición cultural en la que hayan existido desigualdades importantes de poder, riqueza y estatus… estas transcripciones colectivas ocultas de la vida fantasiosa de los grupos subordinados no son meramente ejercicios abstractos. Son inherentes… a innumerables prácticas rituales (por ejemplo, el carnaval en los países católicos, la Fiesta de Krishna en India, la Saturnalia en la Roma clásica, el festival del agua en el sureste asiático budista), y han proveído la base para muchas revueltas.

Y si North ve la irracionalidad de los modelos mentales que conforman la ideología como causa de la persistencia en el tiempo del desempeño económico subóptimo, Kevin plantea la otra cara de la moneda, resaltando que las ideologías de liberación pueden conservar su potencia incluso en sus versiones «religiosas», tanto como en las versiones «científicas» o «políticas» típicas de la Ilustración en adelante.

De nuevo, citando a James C. Scott,

…prácticamente todas las luchas populares por el poder que hoy serían caracterizadas como «revolucionarias» eran, antes del último cuarto del siglo XVIII, generalmente entendidas en un sentido religioso. La política popular de masas era religión, y la religión era política. Parafraseando a Marc Bloch, puede decirse que la revuelta milenarista era tan natural para el mundo señorial (feudal) como la huelga lo es para el capitalismo de gran escala. Antes de las dos revoluciones que se proclamaron seculares en América del Norte y Francia en 1776 y 1789, prácticamente todos los movimientos políticos de masas expresaban sus aspiraciones en términos religiosos. Las ideas sobre justicia, sobre derechos, y de hecho, lo que hoy podríamos llamar «consciencia de clase», eran expresadas religiosamente.

…Comúnmente, los movimientos [proféticos] son tratados como un fenómeno sui generis, como una ruptura radical con el razonamiento y la acción normales, y por lo tanto sugestivos de una especie de delirio colectivo, si no de psicopatología colectiva. Esto… ignora la rica historia de los movimientos milenaristas occidentales que persisten hasta el día de hoy.

Todo esto, por supuesto, resuena bastante fuerte con lo que hemos estado conversando estos días de celebraciones navideñas.

«La ideología como jiu-jitsu simbólico» recibió 8 desde que se publicó el Domingo 5 de Enero de 2014 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Alan Furth.

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