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La ilusión de la democratización china o por qué deberían estudiar a Confucio los directivos de su empresa

La prensa europea, con Le Monde a la cabeza, comienza a hablar de la democratización china mientras los periódicos del gigante asiático dan muestras de autonomía y se abren debates sobre temas polémicos como la pena de muerte.

Durante los últimos veinte años China ha sido una referencia global para los modelos de capitalismo autoritario. Sin embargo, mientras los modelos políticos se hacían más controladores y disciplinarios en todo el mundo al paso de los avances de la descomposición, en China estamos asistiendo a una sorprendente evolución que despuntaba ya con un nuevo modelo de relaciones laborales que a su vez a apuntaba a la emergencia de una clase media moderna.

Y no son pocos los medios internacionales que vislumbran incluso un despertar democrático alentado desde un PCCh cuya ideología oficial cada día es más abiertamente confunciana.

El neoconfucianismo entiende la política como un servicio focalizado en la promoción de cohesión social dentro de un cuadro general de desarrollo sostenido sin grandes sobresaltos bajo la dirección de un estado cuya función última es evitar el conflicto civil. Estamos a años luz del maoismo y la Revolución Cultural con su teoría de la acentuación de la lucha de clases en el seno del estado socialista. Entre el ábranse 1000 flores que abrió aquel proceso que desgarraría al país y la actual apertura de la prensa hay un verdadero abismo social y filosófico.

La China urbana de hoy no es la de los jóvenes guardias rojos, sino la de las hormigas y las abejas una generación pequeñoburbuesa y urbanita dividida entre una intelectualidad tan masificada como modesta cuya rebeldía se manifiesta en una baja nupcialidad y un rechazo del precio que han de pagar por el consumo y una clase media de aspiraciones ejecutivas que si cuestiona al estado es por hacer cada vez más lioso el calendario vacacional.

Si las hormigas recogen los valores tradicionales de la superación personal y el sacrificio vital en aras de la comunidad, las abejas intelectuales tampoco son un fenómeno no encuadrable en la tradición de lo que el confucianismo entiende por un intelectual. Al revés, no deja de existir una cierta crítica social a la frustración de las hormigas desde la mirada de los que como el maestro Confucio (Lunyu, VII-11) piensan que “si la riqueza fuera digna de desvelos, me haría hasta zurrador. Pero, no siéndolo, hago lo que me place“.

Unos y otros son el producto de la política del hijo único y las nuevas universidades, los reyes del Taobao, los protagonistas de un concepto de individualidad que sólo superficialmente recuerda al sesentaiochismo americano y que el discurso oficial no tiene problema en llevar a la universidad.

Mientras, los salarios reales de los licenciados empiezan a crecer significativamente orientando el debate social hacia las consecuencias culturales del modelo de desarrollo más que al modelo en si. Es en este marco que se abren debates como el de la pena de muerte para el que es necesario una prensa minimamente crítica y heterogénea.

En el horizonte no está una transición hacia la democracia partidaria de inspiración liberal, sino el reconocimiento de unos espacios sociales deliberativos más amplios dentro del abrumador nacionalismo inculcado por sesenta años de socialismo chino y la necesidad de hacer funcionar lo que en la tradición jurídica europea se llamaría estado de derecho y que en la tradición confuciana se incorporaría en el concepto de “país de acuerdo a la ley“.

La fuente de inestabilidad real no está en estas nuevas clases urbanas, sino en las diferencias de desarrollo entre el interior y los centros industriales y urbanos. El verdadero peligro, tal y cómo lo percibe el PCCh está en la etnificación y regionalización de la desigualdad social. Por eso la expresión unidad étnica es tan recurrente en los mensajes oficiales. El pragmático neoconfucianismo de los cuadros del gigantesco aparato estatal chino incorpora un profundo nacionalismo que paradojicamente le dificulta jugar en el terreno de las fuerzas regionales centrífugas con la misma lógica y compostura que frente al conflicto social.

Conclusiones

Cuando se celebra el 30º aniversario de la apertura de la primera zona especial los discursos oficiales son transparentes: el objetivo es un “gobierno orientado al servicio” para “un país socialista conforme a la ley” con “mecanismos más efectivos para recoger las peticiones de los ciudadanos, salvaguardar los intereses del pueblo y resolver disputas, realizando una administración social más científica“.

¿Quiere que sus diplomáticos empresariales entiendan los registros culturales de los administradores y los dirigentes estatales chinos? Deles un baño de confucianismo… y un panorama histórico sobre el nacionalismo en Asia. Pero no se haga ilusiones con la homologación democrática que comenta la prensa europea.

«La ilusión de la democratización china o por qué deberían estudiar a Confucio los directivos de su empresa» recibió 1 desde que se publicó el Viernes 10 de Septiembre de 2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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  1. […] habrían deseado ver refrendadas sus políticas disciplinantes. Nadie debería sorprenderse, el objetivo de China con estas mejoras obedece a la más larga tradición política heredera de Confucio: en primer y más importante […]

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