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La importancia del liderazgo en la comunicación desde la pertenencia

En el nuevo ciclo de comunicación el líder hace el mapa y el mapa genera su propio territorio… aunque no coincida exactamente con el que se detallaba en el plano.

organigrama faircoop
Los aportes de Gustavo en los comentarios al post en el que intentábamos caracterizar la «comunicación desde la pertenencia» añadieron un corolario al post:

El carácter incómodo de todo compromiso o responsabilidad lleva a la ocultación del poder, al posicionamiento en un lugar fuera de crítica de las fuentes de autoridad que pasan a representarse despersonalizadamente, como si fueran un fenómeno de la Naturaleza.

En la práctica de los nuevos movimientos sociales en España las cosas «se hacen», como si se hicieran solas y sin que esté claro quienes las van a hacer, ni siquiera es «la asamblea ha decidido», sino «se ha decidido», «se ha consensuado», sin responsables. Es un lenguaje que busca ser incontestable, reflejando quizá el vértigo de la confrontación el «discutir de política con los amigos es difícil porque te ves puesto en cuestión» que nos decían en los focus group.

El culto a la personalidad del líder vino así preparado por el culto a la impersonalidad de la autoridad en el 15M. Tras tanto poder desubjetivado, impersonal, la imagen de líderes como Pablo Iglesias, con poderes de excepción dentro de Podemos o Enric Durán -donde el discurso del ocultamiento se hace simbólicamente presente en su «clandestinidad»- resultó para muchos poco menos que liberadora.

Pero ¿en qué consiste esa toma de la responsabilidad del líder en la comunicación?

El gran cuadro

Una de las cosas que más nos llamó la atención del 15M fue la tendencia a hacer grandes organigramas, exhaustivamente detallados… de cosas que no existían todavía. Me acuerdo especialmente de un día que alguien, creo que fue Alberto Jaura, nos dijo: «lo que vosotros intentáis hacer desde hace años ya está, lo ha hecho el 15M». Nos sorprendió sobre todo porque lo que nos enseñaron entonces fue un organigrama gigantesco con decenas de bolitas que representaban distintos comités dedicados a producir todo tipo de cosas, prestar servicios sociales y crear una economía entera hasta el último detalle. Nos quedamos helados. Creo que fue la única vez que pensamos que realmente podíamos estar equivocados «en todo».

Pero nada en lo social tiene simetrías perfectas ni ninguna organización se desarrolla orgánicamente de un modo tan equilibrado. Cuando indagamos un poco más descubrimos que eso que nos habían enseñado, los «planos» de la CIC, en realidad era una idea de Enric Durán, no una organización realmente existente. Esas bolitas estaban en su mayor parte vacías. Solo las «ecoxarxes» existían, de hecho existían de antes y por supuesto luego existió la CIC, pero fue otra cosa.

En el momento en que nos dimos cuenta de que era un «plano de una sociedad futura» creo que pegué un bufido. Por mi cabeza pasaron todas las críticas de Marx a los socialistas utópicos, la idea de que el utopismo no era sino intentar imponer un plan a la realidad sin tener a la realidad y a la gente real en cuenta. Algo fantasioso y egocéntrico de alguien que cree que su idea es tan genial que el mundo se va maravillar y adaptarse a ella en cuanto la vea. Vinieron luego muchos «cuadros» y «organigramas» similares. Les llamábamos en broma «el mapa del imperio galáctico» porque todos hablaban de organizaciones que a poco que funcionaran necesitarían cientos de personas dedicadas a tiempo completo a ellas. Creo recordar que, medio en broma medio en serio, hasta hicimos un organigrama similar de las Indias que solo estuvo publicado un tiempo porque nos daba pudor.

Ahora veo que nos equivocábamos. El «gran cuadro», el «mapa del imperio galáctico» no es un sueño megalómano o una fanfarronada en forma de diagrama, es una herramienta de comunicación funcional en el marco de la «comunicación desde la pertenencia».

El mapa precede al territorio

El mapa es algo que hace el líder. No es una propuesta, porque una propuesta significa recabar compromisos y responsabilidades. Es una imaginación que se presenta abocada a la realidad. Es el propio líder, con su trabajo incansable, el que la hace verosímil. Y no es irónico. Veíamos incluso a amigos nuestros como Juanjo Pina y les criticábamos por sustituir con su propio trabajo la ausencia de compromiso de las personas de su entorno, que sin embargo participaban igualmente de la identidad. Nos parecía un camino al desgaste y la melancolía.

Otra cosa en la que nos equivocábamos. Esa «sobremilitancia» del líder, que en casos como Pablo Iglesias o Enric Durán llegan al sacrificio simbólico, es parte del proceso de construcción de compromisos. Es lo que hace creíble el mapa. El mapa es lo que el ímpetu del líder va a hacer. Va a ocurrir, va a convertirse en territorio. Por eso tiene hasta el último detalle, porque cada rincón es en realidad un conjunto de responsabilidades y tareas concretas, una participación en la identidad que viene y que el líder se ofrece a compartir.

esquema-cooperativa-integralA nadie se le pide que adhiera ni se le piden compromisos: es un regalo. Pero nadie puede pretender tener la identidad sin el segundo apellido que es su rinconcito del mapa, sus reponsabilidades, igual que un pueblo no participa de la identidad de un país si no puede representarse en su territorio. El que llega, si quiere ser parte, podrá elegir un lugar, pero ese lugar viene con sus propias condiciones. No hay una condición genérica. No hay una identidad global de partida. La identidad es la marca que ganas por asumir esas tareas concretas y el resultado de los compromisos e interacciones que van surgiendo en su desarrollo.

Esto, que nos llamaba hace poco la atención como una de las claves en la construcción del Estado Islámico está estructuralmente presente en gran parte de los fenómenos políticos europeos también: desde la campaña de independencia escocesa hasta la extensión de Podemos o C’s a todas las comunidades autónomas españolas.

Pasado cierto punto, alcanzado el «tipping point», el líder deja de estar en la ejecución de cada cosa. Con más o menos turbulencias, la organización va tomando forma y convirtiéndose en un conjunto de pares coordinados. Es cierto que la forma final rara vez coincide con el «mapa del imperio galáctico», pero este tampoco pretendía generar el territorio completo. De hecho pretendía solo generar un territorio. Y en todos los ejemplos anteriores lo consiguieron.

«La importancia del liderazgo en la comunicación desde la pertenencia» recibió 8 desde que se publicó el jueves 27 de agosto de 2015 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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