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La imposible Patrulla X (Xmen): una relectura

Comunidades y minorías transnacionales, reconocimiento desde habilidades que te hacen diferente, relaciones de conflicto con los gobiernos, sionismo y voluntad de segregación como vía de garantizar la supervivencia de la comunidad, el poder femenino… jo, no está mal para un tebeo de tipos (y tipas) en mallas. Y, nunca se sabe, tal vez resultó ser mas influyente de lo que pensaba…

XmenX Men es, hoy en día, una franquicia de ocio dentro de la más grandes de Marvel, hace poco tiempo adquirida por la aún más grande Disney. Sin embargo, cuando yo andaba por los quince años, X Men, La Patrulla X, tal como se tradujo en España, era, simplemente, uno de mis cómics favoritos. Y qué quieren que les diga, en los años 70 del siglo pasado, cuando tenías 13 ó 14 años, una buena montaña de tebeos era un requisito básico para tener, no sé si una vida interesante… pero desde luego, entretenida.

Es sabido que la Patrulla X surge como una más del chorro de ideas de aquel tándem Stan LeeJack Kirby, que alimentó la mitología adolescente durante décadas, con personajes tan poderosos como atormentados. Pero la idea X Men no tuvo un gran éxito inicialmente. La historia de un equipo de modélicos adolescentes que, debido a la radiación nuclear habían adquirido poderes a través de mutaciones, dirigidos por un profesor carismático, que pretendía hacer posible la convivencia entre los digamos «humanos normales» y los «mutantes», no acabó de cuajar en ventas, y decayó hasta su práctica desaparición.

Hasta que a mediados de los 70 la editorial, con nuevo equipo directivo y creativo, decide reactivar la cabecera «The Uncanny X Men», dándole la vuelta entera al catálogo de personajes originales. El cambio generó una serie adictiva y con bastante chicha para lo que era habitual en el mundo de los héroes disfrazados, de la mano de un guionista, Chris Claremont, y de varios grandes dibujantes que convirtieron la X en una marca puntera que el cine ha revitalizado recientemente y ha vuelto global.

Supongo que en aquellos tiempos mi lectura de las aventuras de los X Men era la normal de cualquier adolescente «rarito» y acomplejadillo: cómo no identificarse con esos jóvenes marginados, pero con poderes extraordinarios, que aprendían a ser amigos a pesar de sus diferencias en una escuela especial, con un profesor exigente pero cercano y sensible… que vivían aventuras increíbles a la vez que sus vidas sentimentales eran un lío importante, vaya, como la de cualquier quinceañero. Como los Reyes Magos me han traído un pedazo de Omnibus que recoge la época dorada tras la llamada Segunda Génesis de los X Men, me descubro haciendo una lectura diferente de aquellos personajes y aquellas historias. Digamos que me fijo en otros detalles.

Patrulla_X_Vol1_157-01La vieja Patrulla X, compuesta toda ella por perfectos WASP, es sustituida por un grupo de extravagantes individuos que ya de entrada, y primera innovación a tener en cuenta, tienen origen internacional. Entre los nuevos X Men hay una africana, un soviético (procedente de un koljós, nada menos), un alemán, un canadiense bronquista, un japonés que odia a Occidente… El primer «Super Team» global cuyos miembros pertenecían, lo quisieran o no, a una minoría étnica (la mutante) pero extendida por el mundo. Una pequeña comunidad transnacional, con ciertas habilidades inusuales pero muy apreciadas por los diferentes gobiernos en la luz y en la sombra.

Y frente a ellos, los malos. Los X Men se enfrentan a dos enemigos principales a lo largo de su carrera que coinciden en su carácter supremacista. Por una parte, humanos que consideran a la minoría mutante, con sus poderes y sus rarezas, algo que hay que exterminar para garantizar la supervivencia del «homo sapiens», y, por el otro, un grupo de mutantes que piensan que la nueva «raza» es resultado del proceso evolutivo que llevará inevitablemente al predominio del «Homo Superior», dirigido por uno de los más grandes «malos» de todo el «universo Marvel»: Magneto, que con ese punto grandilocuente de todo malote de cómic llama a su grupo «La Hermandad de Mutantes Diabólicos», por si no habías caído en que son los villanos… y su objetivo el habitual de todo genio malvado: dominar el mundo. Y en medio los X Men, «temidos y odiados por el mundo que han jurado proteger».

OK, buenos y malos, lo de toda la vida, pero con el desarrollo de la historia, van apareciendo matices sorprendentes, como que el malo malísimo Magneto resulta ser un superviviente de los campos de exterminio nazi, y que se ha jurado a sí mismo que a él y a los suyos eso no va a sucederles «nunca más». El malo tiene sus motivos y no todos espurios… otra novedad en el mundo blanco-negro de cómic para jóvenes.

Los mutantes buenos, los X Men, van también evolucionando ante el conflicto inevitable: ¿debemos proteger a ese mundo que nos teme y odia, y no sólo a nosotros sino a todos los que son como nosotros? ¿No deberíamos proteger a los nuestros del odio generalizado de la mayoría? ¿Cómo debemos relacionarnos con los gobiernos que quieren apropiarse de nuestros poderes y que, incluso, crean «equipos gubernamentales» de mutantes? Universalismo (salvemos el mundo) frente a comunidad. Y esa es otra de las líneas de ruptura de la serie que ahora me llama la atención; nuestros héroes se cuestionan si deben trabajar para un gobierno: ¿deben someterse nuestras habilidades tan temidas como apreciadas a los criterios de un gobierno que mantiene una actitud ambigua frente a los problemas de nuestra minoría? ¿Debemos dar más poder al poder? Sólo adelanto que su posición va siendo variable a lo largo de las diferentes historias del supergrupo.

300px-Utopia_(X-Men_Base)No voy a tratar de buscarle demasiada coherencia a una serie de cómics, un producto para consumo masivo de chavales marcado por un ritmo frenético de publicación, por el que pasan diferentes equipos creativos y que, debido a su éxito tal vez inesperado, tiene cientos de spinoffs, de miniseries, macro y microarcos argumentales, marchas alante, marchas atrás, qué se yo, a lo largo de treinta y tantos años: pelis, series, figuritas… Sí me gustaría resaltar otro detalle para una relectura: en el arco argumental central, los mutantes «buenos» y «malos» acaban convergiendo en diferentes ocasiones, y derivando hacia un «sionismo mutante», que aparece en diferentes ocasiones: en la historia de la liberación de Genosha (una isla que basa su riqueza en el trabajo esclavo de mutantes), en la isla de Utopía, ubicada en la bahía de San Francisco, una ciudad más tolerante de lo habitual con los «mutis», en el asteroide M… sin embargo, esa voluntad de segregacionismo no les evita estar en medio de los conflictos globales y a punto de la extinción alguna vez.

Y otro elemento innovador de los X Men de la segunda génesis es la importancia de los personajes femeninos. Son las mujeres del equipo las más poderosas, no son acompañantes con disfraz sexy del prota o protas masculinos. Es más, creo que buena parte del éxito de la serie es lo tremendamente carismáticas que son Fénix y Tormenta.

Comunidades y minorías transnacionales, reconocimiento desde habilidades que te hacen diferente, relaciones de conflicto con los gobiernos, sionismo y voluntad de segregación como vía de garantizar la supervivencia de la comunidad, el poder femenino… jo, no está mal para un tebeo de tipos (y tipas) en mallas. Y, nunca se sabe, tal vez resultó ser mas influyente de lo que pensaba…

«La imposible Patrulla X (Xmen): una relectura» recibió 15 desde que se publicó el miércoles 29 de enero de 2014 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Daniel Bellón.

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