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La imprenta moderna: democratización y discordia

La imprenta fue uno de los ingenios mecánicos más revolucionarios de la historia de la humanidad por una razón muy básica: aumentaba drásticamente la productividad en la fabricación de textos impresos.

La imprenta es cualquier medio mecánico de reproducción de textos en serie mediante el empleo de tipos móviles.

Como a los países modernos les encanta picarse con quién inventó o descubrió qué cosas, como si los grandes descubrimientos hubieran tenido lugar en el edificio del Ministerio de Fomento, podemos encontrar que si los holandeses con Coster, los franceses con los orfebres de Estrasburgo, Castaldi o Manucio lo lograron antes que nadie. A pesar de eso, todo el mundo está más o menos de acuerdo en que el gran responsable de que la imprenta fuera una revolución fue Johannes Gutenberg, aunque los primeros, históricamente hablando, fueron los chinos. Muchos culpan a la tradicional incomunicación entre oriente y occidente y aunque algo de eso seguro que hay, creo que más bien se trata de barrer para casa por parte del que crea los relatos y los impone por poderío imperial.

Pero no vamos a quitarle mérito a Gutemberg, que en realidad se llamaba Gensfleisch (algo parecido a «carne de ganso») y se cambió el apellido cansado de las burlas de los cazurros de Maguncia, que no se imaginaban la que iba a liar con su cacharro.

Gensfleisch aka Gutemberg era un herrero, orfebre y platero inquieto que construyó (parece) la primera imprenta mecánica europea por tipos móviles adaptando la prensa que entonces se utilizaba para hacer vino (¡qué bonito!). La documentación conservada es escasa y contradictoria, de ahí que haya un poco de lío y mucha teoría sobre pioneros alternativos. Lo que sí parece cierto es que en 1452, Gutenberg edita la Biblia de 42 líneas (42 líneas impresas por página) por el sistema de tipos móviles. Para ello había pedido un préstamo que no pudo devolver, se arruinó y tuvo que cederle el negocio de impresión de biblias a su acreedor, Johann Fust. Parece que el error de Gutemberg fue que no supo calcular el tiempo que iba a tardar en construir la máquina y después en imprimir cada ejemplar. Los réditos de la famosa «Biblia de Gutemberg» de 1456 fueron para Fust y su yerno, Peter Schöffer. También hay quien dice que Gutemberg era tan secretista y celoso de su proyecto que Dios le castigó quitándole el negocio que lo explotaba. Todo puede ser.

Pero poco importa si Gutemberg fue el primero, si era un maníaco del secreto industrial o si Fust se aprovechó o no de él. Lo que importa es que la imprenta fue uno de los ingenios mecánicos más revolucionarios de la historia de la humanidad por una razón muy básica: aumentaba drásticamente la productividad en la fabricación de textos impresos.

Antes de la imprenta, los libros eran algo increíblemente escaso, pues se tardaba años en reproducir uno. Sin duda el momento no fue casual y si Gutemberg y parece que muchos otros al mismo tiempo, se pusieron a experimentar con un método de impresión en serie es porque vieron negocio, es decir, porque el momento era propicio por un aumento de la demanda de libros.

El Renacimiento trajo consigo un nuevo papel de las universidades y un mayor interés por el conocimiento, el estudio y la ciencia. Más gente aprendía a leer cada año. Las nuevas rutas comerciales aumentaron el poder adquisitivo de una nueva burguesía y el interés por nuevas materias que tenían como canal de difusión ideal el libro. Se descubrieron nuevas aleaciones de metales, se inventaron tintas mejores y apareció la industria del papel que desterró definitivamente al pergamino. Pero no deja de ser interesante que la fabricación mecánica de libros surgiera antes que la producción en serie de cualquier otra cosa.

La verdadera revolución de la imprenta solo tuvo lugar cuando esta se expandió por Europa y América, es decir, cuando la producción en serie se hizo masiva. Al principio, los impresores de Maguncia que surgieron alrededor del invento de Gutemberg, guardaron celosamente el secreto de la máquina. Las revueltas civiles que estallaron en la ciudad en 1460 obligaron a los impresores a huir y abandonar sus negocios. Fue al tener que montarlos en otra parte, y al tener que asociarse con otros para ello, cuando la imprenta dejó de ser algo secreto y se produjo su verdadera expansión.

Y lo más curioso de todo fue el papel que jugó la imprenta en la reforma protestante de Lutero. No en vano la Biblia fue el primer hit de la nueva industria editorial. Las 95 tesis de Lutero que dieron comienzo al gran cisma de la iglesia se difundieron por toda Europa en cuestión de meses, gracias a la imprenta. Uno de los folletos de Lutero vendió 4.000 ejemplares en solo 5 días. El mismo invento milagroso que democratizó la lectura dividió al mundo cristiano en dos mitades culturalmente irreconciliables.

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