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La insurreccion que viene

Acabo de pasar a formato electrónico para libros de 9″ La insurrección que llega. También subo un editable por si alguien quiere hacerse su propia edición en otro formato. Use como base la versión pdf publicada por Rebelión. Por cierto, en su versión traducida en papel se titula La insurrección que viene.

Este libro saltó a la fama y se convirtió en libro de culto para una parte de la progresía a raiz de la detención de su inspirador, Joulien Coupat, y su comunidad por sabotear una línea de tren de alta velocidad. Un caso donde el estado francés les aplicó la ley antiterrorista por el sabotaje pero luego intentó juzgar a Coupat por dirección de una estructura de vocación terrorista. Dado que en esta segunda fase se le acusaba en realidad de intenciones se generó una tremenda polémica que convirtió a Coupat y a los textos de Tiqqun (la revista que precedió a la formación de su comunidad) en protagonista del debate sobre la política de seguridad en Europa.

El libro tiene mucho del estilo situacionista de los sesenta: frases brillantes, descripciones mordaces y alguna intuición muy interesante. Sin embargo hay tres cosas que me hacen saltar en medio de la lectura y que en general me resultan odiosas:

  1. El nacionalismo a la francesa, estos párrafos que comienzan indefectiblemente con un en Francia para -juegos de palabras mediante- llegar a una conclusión pretendidamente universal en la que el mundo sirve a lo más de ejemplo. Lo universal para el buen intelectual francés que al final demuestra ser el grupo Tiqqun, es la generalización de lo sociologica y autenticamente francés, algo que por cierto entendieron perfectamente los analistas de la defensa nacional francesa.
  2. El canto al parasitismo del estado y la lumpenización propio de okupa de buena familia. Cito:

    Hay que ganar dinero para la comuna, de ninguna manera por ganarse la vida. Todas las comunas tienen cajas negras. Las combinaciones son múltiples. Además del RMI, existen los subsidios, las bajas por enfermedad, las bolsas de estudios acumuladas, las primas obtenidas por los partos ficticios, los tráficos y muchos otros medios que nacen de cada cambio del control. (…) Lo que es importante cultivar, difundir, es esta necesaria disposición al fraude y a compartir las innovaciones

  3. La exaltación nihilista del sabotaje por el sabotaje sin ninguna intención transformadora, sólo por disfrutar de la fraternidad adrenalínica del gamberro, del matón que en el acto de destrozar las infraestructuras cotidianas puede mirar por encima del hombro a los que van a trabajar en ellas y sentir, al ser rechazado, la confirmación de su superioridad político-moral:

    La infraestructura técnica de la metrópolis es vulnerable: sus flujos no sólo consisten en el transporte de personas y mercancías, información y energía circulan a través de redes de cables y de canalizaciones, a las que es posible atacar. Sabotear con alguna consecuencia la máquina social implica hoy reconquistar y reinventar los medios para interrumpir sus redes. ¿Cómo inutilizar una línea del TGV, una red eléctrica? ¿Cómo encontrar los puntos débiles de las redes informáticas, como interferir las emisiones de radio y convertir en nieve la pequeña pantalla? (…) Destruir esta nada no es una tarea triste. Hacerlo devuelve una nueva juventud. Todo adquiere sentido, todo se ordena repentinamente, espacio, tiempo, amistad. No se repara en medios, se encuentra el uso – que no es sino la flecha. En la miseria de los tiempos, “joderlo todo” sirve como –no sin razón, es preciso admitirlo‐ la última seducción colectiva.

  4. Al fin, este libro es una gran oportunidad perdida para haber actualizado de forma efectiva la tradición situacionista con la realidad del mundo red. Demuestra reflejos interesantes en su crítica del decrecionismo, de la organización de empresas y el discurso del management y sobre todo al entender cómo en la comuna las relaciones humanas superan la lógica de la defensa personal mediante la acumulación y competencia por el dinero:

    Cualquier comuna no puede tender sino a la autosubsistencia y experimentar en su seno el dinero como algo insignificante y, por decirlo del todo, descolocado. El poder del dinero es el de fabricar un vínculo entre los que carecen de vínculos, el de vincular a los extranjeros en tanto que extranjeros y, de ese modo, poniendo cualquier cosa en equivalencia, poner todo en circulación. La capacidad del dinero de vincularlo todo se compensa por la superficialidad de este vínculo en el que la mentira es la regla. La desconfianza es el fondo de la relación crediticia. El reino del dinero debe ser siempre, por este hecho, el reino del control.

    Vindica algo fundamental de la lógica interna de la filé pero se queda a un paso de entender su potencia real. Y es un paso que es crucial: al desconocer la ética hacker del trabajo y confundir el trabajo con el trabajo asalariado, su comunidad desmonetarizada no puede ser más que una comunidad de rapiña, vagos subvencionados por el pequeño fraude y el tráfico, soldados de fortuna de la descomposición social en las ruinas del banlieu.

    Sin otra épica que la provocación violenta del sabotaje, sin la grandeza del revolucionario ni el coraje explorador del hacker o el kibbutzim, el llamamiento de Coupat y su entorno se queda, más allá de la exposición brillante, en justificación del nihilismo enrabietado y adolescente, soberbio y cómodo de los hijos rebeldes de la clase media intelectual.

«La insurreccion que viene» recibió 3 desde que se publicó el Sábado 8 de Agosto de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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