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La interesante vida de un comunero

La confianza, la cooperación y el compartir nos han hecho increíblemente ricos, solo que no en dinero. La riqueza, en realidad, es un modo de vida: la capacidad para obtener siempre lo necesario y a menudo lo deseado.

¿Qué es una vida interesante? Esa es una pregunta cuya respuesta siempre estoy intentando resolver. De hecho, para mi, una vida interesante es el mismo proceso de buscarle respuestas. Es la libertad para hacer, para probar cosas nuevas, para experimentar, para explorar la vida y el mundo. Pero esta libertad necesariamente implica no tener miedo y tener cubiertas las necesidades básicas; es decir, liberarme de aquello que podría coartar mis avances o hacerme desistir de tomar esos caminos por los que menos transité.

Vivo en una comunidad igualitaria de treinta adultos llamada Acorn Community donde compartimos cuanto podemos, incluyendo nuestra tierra, nuestro trabajo y nuestros ingresos, y donde nos autogobernamos por consenso. Nuestra economía se basa en la iniciativa y la responsabilidad personal, y está organizada como una estricta «adhocracia». Eso quiere decir que a las finales, todos los miembros tenemos igual y libre acceso a todos los recursos comunitarios y podemos tomar de ellos cuanto necesitemos. Tenemos los dos tipos de libertades que describía arriba y las tenemos de verdad. Cada uno de nosotros hace su propio camino y construye su propia vida, pero nunca nos falta lo esencial y si alguno de nosotros tropieza los otros treinta están ahí para ayudarlo a levantarse.

Para mi, la vida es interesante en su vasta diversidad. Y lo más interesante y diverso son las personas libres, cada una con una vida interior al menos tan rica, compleja y característica como la mía propia. Cada uno libre para perseguir y explorar sus propios caprichos, sus pasiones más extrañas, las teorías más locas y los planes más absurdos. Por eso creo que para enriquecerme he de enriquecer mi mundo, debo cuidar que mi gente pueda ser tan libre e interesante como quiera y pueda. Ese es mi verdadero trabajo y es infinitamente fascinante.

La comunidad es un apoyo increíble. Seguramente sea la institución educativa más efectiva de la que haya formado parte. Hay una gran diversidad de proyectos valiosos para emprender y todas las herramientas que hacen falta para hacerlo. Hay un apoyo entusiasta para la experimentación personal y el desarrollo de nuevas búsquedas creativas. Hay mucha gente perspicaz y experimentada que te ayuda en la exploración personal y a desarrollarte intelectualmente. ¡Y la gente saca partido de esas oportunidades continuamente! Un continuo desfile de comuneros haciéndose a sí mismos paso frente a mi año tras año para mi inagotable deleite.

Oponiéndose al proyecto y manteniéndome ocupado está el mismísimo mundo en el que trabajo: accidentes, caídas de suministro, pequeños y grandes desastres, consecuencias indeseadas, problemas desatendidos y miles de deseos y planes que rivalizan entre mi propia gente. Un reto siempre distinto y siempre interminable. El proyecto es lo suficientemente difícil solo con eso, pero por si fuera poco se encuentra enfrentado a cada paso con un puñado de gente destructiva. Gente que tiene tal falta de imaginación que la única manera en la que puede expresar sus necesidades es usando la violencia para acallar a los demás en las negociaciones o arramblar con todos los juguetes para sí.

El proyecto de fondo en Acorn, subrayado y pulido por nuestro uso del consenso, es el reto continuo de encontrar soluciones creativas que funcionen para cada uno; el proceso de resolver como satisfacer tus necesidades en el contexto de las necesidades de los demás. Es el proyecto utilitarista hecho realidad. Sabiendo cuán exitosos hemos sido, nosotros y otros, sacando adelante micro-sociedades complejas y diversas bajo el principio del consenso, se hace claro que la violencia, como a Isaac Asimov le gustaba decir, es el último refugio del incompetente.

La violencia, ya sea quitarle a alguien su casa o negar el cuidado a un enfermo, es la admisión de que no eres lo suficientemente listo como para descubrir una solución. El mercado, basado en la santidad de la propiedad privada y en el mito del individuo independiente del resto y hecho a sí mismo, se ha convertido en un lecho de Procusto de escala global, forzando a una atónita y variada humanidad a encogerse o estirarse para encajar en un estrecho formato económico so pena de sufrir las consecuencias. ¿Deben nuestras ideas e ideologías estirarse y apretujarse para encajar a nuestra gente en el mercado o deberíamos «rediseñar» a los nuestros para encajar en nuestra ideología?

En Acorn y en todas las comunidades de la Federation of Egalitarian Communities, en lugar de eso damos forma a nuestra economía como un proyecto colectivo que todos somos responsables de mantener. Ese proyecto necesita todo tipo de trabajo y recursos para hacer lo que queremos que haga y todo tipo de trabajo es necesario. Así que tratamos todo tipo de trabajo de la misma forma y esperamos de nuestros miembros una contribución equivalente basada en sus capacidades. Una hora cumplimentando pedidos es igual a una hora de programación, que es igual a una hora de cuidado de los niños, que es igual a una hora cocinando, que es igual a una hora de diseño de políticas, etc. Y de la riqueza creada por nuestro trabajo, sea en dinero, comida, conocimiento o lo que tengas para aportar, obtenemos lo que quiera que necesitamos para ser felices, estar sanos y sentirnos satisfechos. Hemos alcanzado el viejo sueño: de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades.

¿Y qué fue de la «tragedia de los comunales»? ¿Qué fue de las curvas de oferta y demanda? ¿No se destruirá la propiedad colectiva, o para empezar, ni siquiera se comprará? ¿No será un cúmulo de cosas gratuitas arramblado por el primero que pase? Afortunadamente la humanidad es más compleja que eso y ha evolucionado durante mucho tiempo como una especie social. Numerosos estudios e historias nos muestran que la verdadera tragedia de los comunales es su privatización y la pérdida de control social que implica. Deforestación, polución, pastoreo excesivo, caza excesiva, degradación: todas estas enfermedades vienen de suyo con la privatización. Y una persona racional solo arrambla o sobreconsume si teme carencias futuras. Calma el miedo y asegura el abastecimiento y arramblar se volverá costoso e irracional además de antisocial.

A nosotros compartir, cooperar y confiar nos ha hecho increíblemente ricos, solo que no en dinero. La riqueza, realmente, es una forma de vida: la capacidad para obtener siempre lo necesario y a menudo lo deseado. No desear nada sería ideal, te haría verdaderamente rico. Y nosotros, la verdad, queremos pocas cosas. Siempre estamos bien alimentados y alojados, recibimos cuidados cuando estamos enfermos, tenemos amigos y diversiones, trabajos que generan significados y horarios flexibles, viajamos tanto como recibimos visitas, criamos a nuestros hijos y perseguimos nuestras pasiones. Y hacemos todo eso trabajando solo 40 horas semanales entre trabajo generador de ingresos y trabajo doméstico, y con un ingreso anual muy por encima de la línea de la pobreza.

Mi comunidad es una burbuja en la cual hemos reescrito las reglas de nuestra economía y nuestra sociedad, manteniendo a raya la violencia y la crueldad de lo establecido con una robusta pero permeable membrana. He vivido aquí y es hermoso. En lo que a mi hace, podría pasar una vida interesante soplando e hinchando burbujas así.

«La interesante vida de un comunero» recibió 1 desde que se publicó el viernes 17 de octubre de 2014 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Paul Blundell.

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