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La internacionalización virtuosa

Consideraciones sobre transnacionalización, internacionalización y valores comunitarios y corporativos para uso del mundo cooperativo y aprovechamiento de las empresas por acciones.

El pasado primero de octubre Julen Iturbe-Ormaetxe publicaba Internacionalización defensiva en el cooperativismo, un post que inmediatamente suscitó polémica en comentarios y que sin embargo encajaba en una reflexión abierta en la comunidad indiana desde que comenzamos a descubrir con mayor profundidad la experiencia de internacionalizacion de Mondragon: ¿Tiene un grupo cooperativo ventajas o desventajas por su forma social a la hora de globalizarse? ¿Qué pueden aprender las empresas no cooperativas de ello?

Julen comienza definiendo la internacionalización histórica de Mondragón como una internacionalización defensiva, obligada por la necesidad de producir y vender en otros continentes para poder mantener el empleo y el bienestar en el entorno original de las cooperativas.

Este no es un planteamiento ni mucho menos obvio en una época de creciente proteccionismo y nacionalismo económico a un lado y otro del Atlántico. Pero tiene una gran ventaja: ha demostrado ser cierto. La internacionalización mondragoniana ha creado empleo y mejorado productividad y niveles de vida tanto en las cooperativas de origen como alrededor de las empresas -no necesariamente cooperativas- a través de las que ha crecido fuera de su ámbito geográfico original. Gran éxito y todo un aviso para navegantes tentados por el antiglobalismo.

Pero Julen señala cinco consecuencias indeseadas, producto de ese carácter defensivo:

Las implantaciones en el exterior son sólo instrumentales. No tienen sentido en sí mismas, se llevan a cabo supeditadas a un objetivo que no tiene que ver con el nacimiento en origen de la cooperativa, vinculada en buena parte a la generación de riqueza en un entorno local. Así, hay empresas de primera, de segunda y de tercera.

El cooperativismo se acerca a cualquier otro modelo multinacional que prima la supuesta competitividad global frente al interés por las personas. Si estoy trabajando en una planta de este gigante europeo que se ha instalado aquí en este país no creo que perciba diferencias. Da igual que sea Visión S.A. que Misión S.Coop.

Las plantas industriales del exterior se integran con las cooperativas matrices y conforman un modelo global de gestión neocolonial. Las antiguas metrópolis son hoy las fábricas del primer mundo que teledirigen la producción repartiendo pedidos según necesidades.

Se extiende una asimetría de poder y surgen castas, estamentos y diferencias entre las personas. Diferentes derechos alejan a unas personas de otras y provocan tensiones. Es muy difícil la identificación con un proyecto sin sentido del propósito por sí mismo.

Hay muy pocas personas de la metrópoli que quieren apostar por una presencia comprometida en las colonias. Se convierten en expatriadas porque la referencia de la metrópoli es permanente. No se disfruta, es una obligación que hay que cumplir.

Como alternativa propone una “una internacionalización por valores y no por mercado“. Pero… ¿tiene esto sentido? ¿Es simplemente posible?

Mercado y valores

Enfrentar mercado a valores es algo por desgracia común. A los antimercatistas les exime de tener que someter el sermón a cualquier contraste con la realidad. A los tiburones les cubre bajo el manto de la obediencia debida al balance. Pero nadie dijo que fuera evidente y fácil hacer nada bien. De hecho cuando las cosas son tan fáciles que basta con adherirse, como en los libros de caras, cabe sospechar.

Por otro lado, lo distintivo del cooperativismo es la articulación desde la comunidad que hace y posee la empresa, de un proyecto social para el entorno ligado a su acción en el mercado. Algo que las empresas por acciones y los estados son conscientes de querer alcanzar, de necesitar incluso y así lo expresan llevando este objetivo desde la marca país a la elección del diseño de sus embajadas. Pero si lo pensamos bien, si alguien parte con ventaja en este plano es el cooperativismo, y especialmente Mondragón, verdadero referente global para todos los sociólogos, economistas, activistas y empresarios que buscan modelos de democracia económica.

El cooperativismo no vive un conflicto entre sus valores y el mercado. Sufre aquello de lo que las empresas por acciones y los estados perciben como una de sus grandes carencias en el nuevo siglo: la ausencia de un discurso social propio sobre la globalización.

Los mimbres del discurso

Pero la verdad es que el cooperativimo y en especial Mondragón, tienen todos los mimbres no sólo para construirlo sino para darle materialidad antes que otros. Desde el reconocimiento eclesial a la figura del padre Arizmendiarrieta a las fundaciones Ezai (estudio de políticas públicas sociales) y Mundukide (ONG de desarrollo basado en modelos cooperativos), pasando por su propia Universidad, Mondragón tiene todas las palancas para convertir su propia internacionalización en un desarrollo integral con proyección social global.

Ni que decir tiene que ensamblar todas esas piezas generaría además una increíble riqueza de fuentes de información y conocimiento para toda la organización, además de una capacidad de interlocución global hoy inimaginada. Algo que por otro lado precisaría a su vez de una diplomacia y una inteligencia corporativas con músculo y capacidad de análisis.

Pero para eso sería preciso coordinar las acciones desde una lógica estratégica. ¿Qué pasa cuando superponemos los mapas de la ayuda al desarrollo articulada por el grupo y los de la puesta en marcha de nuevas factorías y oficinas? ¿Y los de los lugares de procedencia de los estudiantes de la Universidad del grupo?

Toda línea estratégica, más de esta profundidad, sólo puede surgir de un largo proceso deliberativo. Los discursos que transforman el mundo tienen que transformarnos primero y eso no se inventa de la noche a la mañana, no son el resultado de un estudio o un artículo feliz aunque hagan falta muchos estudios, artículos y posts para alimentar el debate.

¿Por dónde iría un discurso integral cooperativo?

La lógica interna del discurso cooperativista no es internacional. De hecho la práctica del cooperativismo no lo es en absoluto. Desde el momento en que un trabajador se une como socio a una cooperativa pasa a ser indistinguible, no sólo en derechos, sino en identidad corporativa con otro socio cualquiera de la misma cooperativa. Esta lógica no es internacional, no hay representantes de grupos nacionales, no hay un puzle de nacionalidades. Esta es la lógica de la transnacionalidad: un único cuerpo social que diluye las divisorias nacionales entre sus miembros.

Y esta mirada, esta perspectiva que es así en el seno de cada cooperativa puede resultar algo más que inspiradora en la construcción de un discurso global. Si nos permiten hacer una apuesta, el futuro de los grandes grupos cooperativos no está en la internacionalización, en proyectarse como un centro o una federación internacional, sino en pensarse colectivamente como una única sociedad transnacional con una estrategia conjunta y un proyecto social común para un entorno que ya no puede caber en otra frontera que la del mercado global.

«La internacionalización virtuosa» recibió 0 desde que se publicó el domingo 3 de octubre de 2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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