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La invalorable gravedad del ser (oda en prosa al «negro» literario)

Su labor es necesaria y produce objetos que la gente desea comprar. Se trata de un trabajo intelectual que si se hace bien produce cosas bellas y resultados sociales positivos. La amargura del «negro» que siente que nunca se hará famoso tiene que ver con su psique y no con el oficio, que no tiene nada de vergonzoso o maldito.

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ghost writingUna de las profesiones más controvertidas, siguiendo de cerca a la de espía o detective privado, es la profesión de «negro literario». Aquel que escribe por encargo un libro que saldrá publicado con el nombre de otro. El «negro» cobra por el trabajo, pero nunca nadie sabrá (salvo los editores, el firmante y normalmente las familias de ambos) que él es en realidad el autor de la obra.

Aunque su situación semi-clandestina es similar en todas partes, la denominación utilizada en español («negro») procedente del francés, ya nos indica que en el mundo católico se le tiene aún en peor consideración que en el protestante, donde se le llama «ghost writer» (escritor fantasma) y donde su trabajo está mucho más aceptado y normalizado que en sitios como España.

Si buscas «negro literario» en Internet, una de las cosas que encuentras es un artículo sobre el tema en el que se dice que incluso las editoriales españolas niegan haber hecho uso alguna vez de estos profesionales. Estas hablan de «asesores», y otra de las personas citadas evita responder directamente diciendo que ese tipo de profesional sólo se dedica a comprobar hechos, fechas, nombres, etc., para que no haya ningún error, evidenciando lo vergonzoso de contratar un «negro» y también de serlo.

Sin embargo creo que el oficio de «negro» es uno de los más interesantes y respetables del mundo. Me parece una profesión hermosa.

¿Cual es el principal motivo de vergüenza de este gremio? Que por la naturaleza de su profesión, no se les reconoce la autoría, y a todo autor se le presupone el deseo de reconocimiento de su obra. Esto es cierto, ¿para qué negarlo? El escritor, en tanto que creador, desea ser reconocido, aplaudido, alabado y admirado. Es natural, pero sigo sin entender la contradicción con que el oficio de «negro» sea algo respetable y que los profesionales en cuestión tengan vidas plenas y almas satisfechas.

ghostwriting2Vamos a verlo de otro modo. Los «negros» literarios suelen escribir autobiografías de personajes famosos que, o bien no tienen tiempo para escribir o bien, mucho más común, que no saben escribir. También suelen producir ensayos que firman personajes famosos que no tienen tiempo o no son capaces de escribir y que sirven para el posicionamiento público de dicho personaje o su intervención en la campaña de posicionamiento de un tema, idea o teoría determinada.

Su labor es necesaria y produce objetos que la gente desea comprar. Se trata de un trabajo intelectual que si se hace bien produce cosas bellas y resultados sociales positivos. Pero sobre todo, el «negro» puede escribir para otros y a la vez con su propio nombre, triunfando en los dos ámbitos. La amargura del «negro» que siente que nunca se hará famoso tiene que ver con su psique y no con el oficio, que no tiene nada de vergonzoso o maldito. Si amas escribir y deseas pagar las facturas haciendo eso que amas, disfrutarás dando a luz una obra bien hecha, sea en tu nombre o en el de otro.

ghostwriting3Es curioso que desde que surgieron los blogs corporativos y promocionales, las empresas contratan a miles y miles de agencias y bloggers externos para crear sus contenidos, justo donde es más necesario que el autor sea realmente quien dice ser. En ese caso nadie llamó nunca «negros» a estos proveedores ni se apenó porque realmente no fueran parte de la excelente plantilla de la corporación de turno, o porque no poseyeran el barco deportivo del que contaban maravillas.

El escritor británico de best-sellers Robert Harris, autor de «Patria», «Enigma» o de una trilogía en curso sobre Cicerón, escribió en 2007 «The Ghost» (en español «El poder en la sombra») que fue llevada al cine por Roman Polanski y casualmente estrenada poco después de su detención.

Tanto el libro como la película me entusiasmaron (creo que especialmente la película) por su trama, tan emocionante y divertida como inquietantemente verosímil, pero también porque el protagonista es un ghost writer que vive decentemente de su trabajo y está orgulloso de ello, y con razón, ya que lo hace muy bien.

Es todo un profesional, dedicado a escribir autobiografías de futbolistas, magos y estrellas del rock que tienen miles de fans y venden como churros sus memorias, pero que no saben unir una palabra con otra (por falta de formación, de talento o por los efectos de las drogas). Y aún más importante, memorias de personajes queridos, con vidas interesantes en muchos casos, cuyas historias pueden servir de inspiración para mucha gente y que solo pueden llegar al público gracias al buen trabajo de un «negro» profesional.

Ghost-writerEl protagonista, que es contratado para escribir por un cuarto de millón de dólares la autobiografía del ex-Primer Ministro británico (inspirado en Tony Blair), intercala en su espeluznante relato de espías las claves para ser un buen «negro», tomadas por Harris del libro «Ghostwriting» de Andrew Crofts y de dos exitosos «negros», Adam Sismand y Luke Jennings, muy instructivas.

De estas claves, aprendemos que un buen «negro» tiene que actuar como una suerte de terapeuta, y que lo realmente genial de la excelencia de su profesión es que su tono, su estilo y su registro tienen que cambiar con cada libro. Dos libros escritos por un mismo «negro» no pueden parecer escritos por la misma mano, de ser así estaríamos ante un mal escritor. El «negro», a través de una serie de entrevistas con el «sujeto» , tiene que captar su espíritu, dejarse poseer por él, y una vez hecho eso, en una especie de trance meditado, transformar sus incoherentes recuerdos, sus anécdotas quizá insulsas y sus experiencias aburridas (o no), en algo que capte la atención del lector hasta la última página.

Por la misma razón, el «negro» nunca se irá a tomar una caña con el «sujeto», nunca le presentará a su mujer, ni se quedará a dormir en su casa. Ha de mantener una distancia profesional con él y no conocerlo de antes. Solo esa objetividad y esa distancia (como en el caso de una terapia) le permitirán hacer las preguntas adecuadas y meterse en el personaje. Tampoco puede ser tímido o antipático, porque ha de conseguir que el «sujeto» se sienta relajado en su presencia y se abra todo lo posible. Si rompe a llorar ante un recuerdo triste, el «negro» debe pasarle un clínex y seguir tomando notas, no hacer comentarios o consolarle, sino dejar que la emoción fluya.

¿Y que pasa si el «sujeto» miente? Como dice Crofts en Ghostwriting «mentir es seguramente una palabra demasiado fuerte. Muchos tendemos a adornar nuestros recuerdos para ajustar la imagen que tenemos de nosotros mismos a aquello que deseamos que el mundo vea». Si se trata, por ejemplo, de un político que miente sobre un tema delicado y el «negro» por casualidad lo sabe o lo descubre, debe decírselo cuanto antes, dejando siempre a la elección del «sujeto» si se publica ese dato aunque no sea cierto.

El trabajo literario del «negro» no puede nunca servir para expresar sus opiniones o puntos de vista. Tampoco puede matizar o suavizar las del «sujeto». Se puede dar el caso de que éste resulte a veces ser una persona odiosa, irritante o de ideas contrarias a las suyas. No es asunto del «negro» arreglar eso. Debe ser capaz de escribir una buena obra respetando al máximo las ideas, opiniones y personalidad del «sujeto».

ewan-mcgregor-in-ghost-writerAunque sobre decirlo, si se va a sentir mínimamente molesto por no ver su nombre en los créditos o por no ser invitado a la presentación del libro, su vida profesional va a ser miserable. Si tiene un problema con eso, será mejor que se dedique a otra cosa. Absténganse amargados, acomplejados, masoquistas y todos aquellos que creen que el mundo les debe algo. Y por último, lo más importante: el «negro» nunca, nunca, nunca romperá el secreto profesional, la esencial discreción de la «negritud», su más alto valor, la renuncia absoluta al reconocimiento público (ya que no de los profesionales del sector), a los laureles, a los aplausos y a la gloria.

Tu placer será secreto, tu conexión espiritual con el «sujeto», efímera. Solo los dioses (y tu editor) sabrán lo que hiciste.

«La invalorable gravedad del ser (oda en prosa al «negro» literario)» recibió 5 desde que se publicó el Viernes 26 de Septiembre de 2014 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

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