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La invasión de los ladrones de gremios

Las asociaciones de periodistas declaran como objetivo “luchar contra el intrusismo profesional”, conocidos comunicadores braman contra los “los que pretenden hacerse pasar por periodistas” en la web y nuestras saturadas facultades alertan a sus estudiantes de que sus futuros puestos de trabajo están en peligro no porque el modelo informativo del siglo pasado esté en crisis, sino porque hay quien hace periodismo sin ser periodista. La Bitácora de las Indias, con 12.000 lectores y tras casi dos años de vida se ha convertido en uno de los objetivos favoritos de los enemigos del “intrusismo”. ¿Llevan razón?. Probablemente.

La idea del ejercicio del periodismo como una habilidad específica que precisaba de unos conocimientos propios no es ninguna novedad, Pulitzer vaticinaba en 1904 que antes de que termine el presente siglo XX, las escuelas de periodismo serán aceptadas como instituciones de la enseñanza superior, a semejanza de las facultades de Derecho o Medicina

Cuando Pulitzer, un tycoon de la comunicación, dice esto está precisamente expresando las necesidades del entonces naciente sistema informativo del siglo XX en contraposición al de los pioneros del periodismo americano. Pulitzer piensa desde un modelo empresarial industrial en el que le hacen falta trabajadores especializados en redactar noticias al modo en que hacen falta ingenieros para diseñar sistemas de amortiguación. Por eso pide al sistema educativo que se los forme. Se acababa el tiempo de los Mark Twain, de los periodistas que eran al tiempo activistas, como el inolvidable director de periódico local en ¿Quién mató a Liberty Valance. La información del siglo XX sería un producto comercializado en exclusiva por los ciudadanos Kane y los estados. Eran los tiempos del Ford T y el taylorismo, se acababa el viejo concepto del profesional: ahora profesional equivaldrá sólo a especialización con conocimientos técnicos o humanísticos superiores, se olvidará la idea de la profesión como hecho político-moral (de profesar) para igualarse a gremio cualificado.

Es la lógica del periódico fábrica de noticias, como mediación informativa y genera sus propios mitos: el periodista no es ya un activista, sino un técnico, un mediador necesario que protagoniza la libertad de expresión (en realidad del editor) y garantiza el derecho colectivo a la información (El público tiene derecho a saber). Mitos que encubren una realidad, el sistema informativo industrial, en la que para poder emitir opiniones o visiones de la realidad es necesario contar con un capital equivalente al necesario para montar una fábrica.

El caso español

En España, tras una ignominiosa y cruel guerra fruto de un golpe de estado frustrado, en 1939 se instaura una dictadura nacionalista y clerical influida en su concepción social por la doctrina social de la Iglesia Católica y el corporativismo fascista. Esta dictadura, que se mantendrá hasta la Constitución de 1978, marcará todo el siglo XX en España y marca todavía muchas de las opiniones y perspectivas que escuchamos sobre la el sistema informativo. La teoría del corporativismo español concebía la “superación” del conflicto de clases -que había marcado el siglo XIX y las primeras décadas del XX europeos- mediante la agrupación de los “trabajadores de todas clases” (esto es asalariados y empresarios) en sindicatos “verticales” integrados en la estructura del Estado. Siguiendo una metáfora antropomórfica según esta ideología el motivo del conflicto es la falta de cohesión en el cuerpo social, y esa es la función del cerebro/estado. Entre capital y trabajo no habría conflicto porque cada cual sería una celulita (especializada) coordinada desde un estado capaz de llegar a cada uno, organizado en sindicatos y colegios que imitan el modelo de los gremios medievales, que dan la cualificación, garantía y permiso al individuo para “ser” tal o cual cosa. El DNI franquista incluía la “profesión” debidamente certificada por el sindicato vertical correspondiente.

En este sistema teórico el modelo informativo es jerárquico, la información y la verdad emanan desde el estado. La función de la comunicación social es precisamente que esas benéficas órdenes del cerebro lleguen a todos. Hacer su trabajo bien es transmitir claramente, no generar contradicciones o debates, no mostrar la realidad de modo múltiple, sino plano, maximizando el poder coordinador del centro. El papel de la célula especializada, el periodista, es claramente el de un transmisor de mensajes emanados en otro lugar, el de un intérprete de la realidad de acuerdo con los intereses del estado. El periodista es, en buena medida y de forma expresa en la prensa del Estado-Movimiento, un funcionario. Como tal tiene su sindicato vertical. Sus prebendas y cholletes sindicales, su formación. Es en esa lógica en la que aparece la Escuela Oficial de Periodismo en 1941, convertida en facultad en 1975.

Con la llegada de la democracia en 1978 en teoría pasamos a un modelo informativo anglosajón, basado en la mediación de grupos empresariales especializados que al fin, siguen recurriendo a una masa de técnicos “especialistas”, los periodistas. Sin embargo aunque sólo fuera porque los grandes nombres de la profesión se formaron en ese imaginario, porque la Facultad ha permanecido relativamente al margen del mundo empresarial y sobre todo porque buena parte del mundo editorial -sobre todo local- es nostálgico y deudor aún de aquellas formas sociales, la identidad de la “profesión periodística” de hoy tiene todavía muchos elementos y anclas de la vieja concepción corporativista.

El intrusismo y sus enemigos

Por eso el discurso contra el “intrusismo profesional”, casi inexistente en el mundo anglosajón, es especialmente virulento en España y toma las formas inevitables del “cuadrillismo” español, ahora con herramientas electrónicas. Toma hoy las mismas metáforas y símiles que en su día sirvieron para defender el modelo corporativo de estado, para limitar el acceso a los medios de los que no tienen título de periodistas (último resto del visto bueno del sindicato vertical) o defender incluso la colegiación obligatoria; pero sobre todo para negar la verosimilitud de lo publicado en la red, en la interminable enredadera de contenidos y sellos de la web.

Por eso, la miseria de la argumentación del primer tipo de “anti-intrusos” no merece más que el recordatorio de sus fuentes y modelo social subyacente: la vieja costra nacional-sindicalista. Sin embargo si merece la pena dedicar una reflexión a por qué la figura del periodista como trabajador especializado está desapareciendo irremisiblemente y sobre todo por qué eso es bueno, por qué es bueno que “intrusos” como nosotros tengamos más lectores que buena parte de los periódicos locales españoles.

El nuevo modelo informativo de la Sociedad Red

Como escribíamos en octubre de 2003:

En el modelo del periodismo clásico, los medios eran los cancerberos de la información, la cual extraían unos profesionales llamados periodistas, de la misma realidad, dándole su primera forma textual: la noticia. Los periódicos eran pues el resultado de una actividad profesional especializada que se aderezaba con la opinión de una serie de firmas, valiosas en tanto que se les suponía mejor informadas. La materialización mítica de la figura del periodista era el corresponsal, un señor descontextualizado al que se enviaba -con notables costes- a lugares apartados dónde ocurrían sucesos que se juzgaban dignos de ser relatados como noticias. La mejora de los sistemas de comunicación no han mejorado ni cambiado la estructura de éste sistema, sólo aumentado su inmediatez hasta el límite: el periodista empotrado de la guerra de Iraq.

En la enredadera hipertextual las fuentes aparecen en cambio diréctamente en forma hipertextual y prácticamente en tiempo real aportadas por los propios protagonistas. Por eso en la nueva estructura reticular de la información, el centro del periodismo ya no está en la redacción, en el paso de la información de hecho a noticia que era lo que daba sentido a la figura del periodista, sino en la selección de fuentes que están, de todas formas, inmediata y directamente disponibles al lector. Esto es lo que hacemos la mayor parte de las bitácoras y, por definición los press-clippings como Ciberpunk.news. Lo que aportan es la selección de fuentes desde una mirada propia. E igual que ya no toca entender un periódico como un “fabricante de noticias”, la firma, la opinión, ya no se fundamenta en la mejor información supuesta a una persona, ya que la red da a todo el mundo acceso a las fuentes. Lo importante ahora es la interpretación y el análisis (como lo que intentamos hacer aquí).

Se trata de un producto del proceso más característico del nacimiento de la sociedad red y que Iñigo Medina ha llamado Institucionalización del individuo. Nos “institucionalizamos” por ejemplo cuando podemos escribir en nuestra propia bitácora y establecer con otros la relación de medio y de fuente, ser, parte de ese periódico mural que hacemos todos por las mañanas con las pestañas de nuestro navegador. Es decir, la red nos permite actuar socialmente a cierta escala sin tener que contar con la mediación de instituciones externas, nos permite actuar de hecho como “instituciones individuales” y en ese sentido ser mucho más libres, tener más opciones:

La tecnología ha sido y es el auténtico motor de la libertad, aunque normalmente no reconocido como tal, oculto entre los disfraces de los valores y las ideologías. Ahora bien, “libertad” tiene aquí un significado muy específico: individualización e independencia respecto de las instituciones. La red ofrece, efectivamente, numerosos modos de explotar la identidad individual -donde el uso de nicks no es un obstáculo, sino al contrario un incentivo-, y también una nueva manera de contrarrestar el peso de las instituciones: no individualizándolas, sino institucionalizando el individuo. Suena retorcido, pero no lo es.

Así como la imprenta supuso una descentralización de los focos generadores de opinión, disolviendo progresivamente las universidades como brazos eclesiásticos para transformarlas lentamente en brazos estatales, internet ofrece la posibilidad de hacer lo propio con los centros de poder actuales.

En la práctica, la emergencia de una esfera informativa pluriárquica, que es lo que en forma primitiva representan la blogsfera y los nuevos press-clippings digitales, supone un verdadero proceso de descentralización en red. Descentralización que por su misma arquitectura asegura de modo más robusto el derecho a la información (como vimos el 13M cuando los periódicos modificaron titulares a pedido del presidente del gobierno) y que genera un control mucho más abierto y efectivo del poder, con posibilidades de dar pie a un verdadero swarming civil contra los abusos del estado o las empresas.

Pero al basarse en la institucionalización del individuo, al romper por tanto la división entre emisores y receptores, la nueva estructura de la información acaba con el periodista como técnico especializado haciéndo a cada uno periodista de su propio medio.

Conclusiones

Hacen bien atacándonos y es un honor que personalicen en nosotros como “intrusos” en el periodismo. La enredadera, devora poco a poco su mundo corporativo y comienza a equilibrar el hasta ahora oligopolio de la mediación empresarial de sus patrones.

«La invasión de los ladrones de gremios» recibió 0 desde que se publicó el viernes 10 de septiembre de 2004 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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