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La isla de hormigón

Durante veintiocho años Berlín fue una isla separada del continente por un foso de hormigón, alambre de espino y focos.

Cold WarDesde la explosión originada por la revolución industrial, el mundo no dejó de cambiar a una velocidad de vértigo, tanto que aún hoy estamos digiriendo las consecuencias de hechos ocurridos hace 60 años sin que apenas nos demos cuenta de ello. A veces cuesta creer que hubo una época, hace no tanto, en la que los países desarrollados formaron dos bandos perfectamente diferenciados y en la que todo el mundo conocido tuvo que posicionarse, voluntariamente o por la fuerza, en uno de ellos sin posibilidad de matizar su postura. Fueron 45 años de Guerra Fría (toda una vida) en los que el miedo a una Tercera Guerra Mundial era cotidiano, y en los que se pensaba que esa situación nunca cambiaría.

Una época de tensión en la que se jugó sin tregua al intercambio de amenazas junto al «escaparatismo bélico». El objeto más preciado del escaparate llegó a ser un mítico botón (en realidad dos, uno en cada bando) que dispararía unos modernísimos misiles con cabezas nucleares que producirían una destrucción nunca vista: ciudades enteras de millones de personas barridas de la faz de la Tierra, para más señas, aquellas ciudades que salían en las películas y las series de televisión. Para los que no vivíamos en el centro del mundo era igual de terrorífico, y no solo porque fuéramos a ser los siguientes: ¿serían capaces los americanos de evacuar a tiempo a Michael Jackson?Guerra Fría

El símbolo de la Guerra de Bloques por antonomasia era el Muro de Berlín que separó con hormigón, alambre de espino, hombres armados y hasta minas antipersona la parte occidental de la parte oriental de la ciudad durante casi 30 años. Además, la ciudad estaba dentro de la Alemania comunista por lo que la parte occidental de Berlín se convirtió en «una isla» urbana en mitad de territorio enemigo, con todos los efectos psicológicos sobre la población del síndrome que aqueja a aquellos que se ven obligados a vivir en una isla pequeña.

Forward! To the westEl cómo se llegó a ese punto, con un muro infranqueable que partió por la mitad calles, casas, vías de metro y túneles de alcantarillado ha sido siempre para mi un tema fascinante. Y aquí empezamos con lo divertido de la historia. En la Segunda Guerra Mundial tenemos a los rusos dándole duro a los alemanes. Esto está muy bien porque Gran Bretaña está agotada y los alemanes salidos de madre. Una cosa es acabar con el paro y anexionarse Austria y los Sudetes (que total…) y otra es masacrar seis millones de judíos y quedarse con Europa entera como colonia. Su error clarísimo fue meterse con los rusos, que estaban tan tranquilos construyendo su dictadura del proletariado. Pero las guerras mundiales siempre las empieza el que luego las pierde, y sin el acceso a las fuentes de energía asiáticas nada tenía sentido.

Para los rusos (con un imperio detrás y mucha mucha población a la que mandar a morir) fue una oportunidad de oro. Luchando contra los alemanes expandieron su imperio como libertadores. Por eso los últimos meses de la guerra fueron en realidad una carrera de velocidad por llegar a Berlín, por eso se lanzó la bomba atómica, para acabar cuanto antes. Cuanto más lejos llegaran los rusos más difícil sería echarlos después. El reparto del pastel post-guerra dependía de las posiciones previas a la rendición.

Mapa de la Guerra FríaLos acuerdos aliados previos al fin del conflicto (Casablanca, Teherán, Moscú y finalmente Yalta) fueron una mera formalidad. Ya que la guerra la estaban ganando los rusos, poco se podía objetar a las peticiones de Stalin, lo importante era derrotar a Alemania. Y en cuanto a la Declaración de la Europa Liberada (en la que los aliados se comprometieron a fomentar las condiciones que permitan a los pueblos liberados ejercer sus derechos democráticos, etc.), Roosevelt pecó de inocente como buen americano, pues los británicos no se creyeron ni un segundo que Stalin fuese a hacer algo distinto a lo que se le antojara.

Alemania y Berlín ocupadosY así resultó el mapa de la Guerra Fría. El bloque comunista lo compusieron los territorios «liberados» por los rusos y el bloque capitalista los territorios «liberados» por británicos y americanos, junto a los humillados franceses (unos genios) que se colocaron como cuarta «potencia ocupante» a pesar de haber sido «liberados» ellos mismos dos días antes.

This man is your friendBerlín oeste acabó siendo una isla porque los aliados occidentales lanzaron un destacamento que «se saltó» parte del territorio alemán para llegar a la fiesta al tiempo que los rusos y poder al menos dividirse la simbólica capital. A pesar de eso, la parte rusa de ocupación era tan grande como la americana, la británica y la francesa juntas.

Con el enemigo vencido las relaciones se enfriaron rápidamente. Y es que como bien explica Judt, la Guerra Fría empezó en realidad en 1918 y la II Guerra Mundial fue solo un interludio en el ya tradicional belicismo latente entre las potencias europeas occidentales y la Unión Soviética. En 1945 ya estaba todo el pescado vendido (a Stalin) salvo Alemania, el Tema postergado por ser el más complejo y convertido ya entonces en el centro simbólico del conflicto de bloques. Aquello que unió a anglos y rusos, ahora los separaba.

Para los americanos y sobre todo para los británicos, que fueron los que lo vieron más claro, Stalin podía quedarse con toda la Europa del Este, no lo podían evitar ni les importaba mucho pero si se quedaba con Alemania la cosa cambiaba, la famosa «correlación de fuerzas» dejaría de estar equilibrada y la URSS sería de verdad una amenaza. Al mismo tiempo, en 1947 todavía se tenía más miedo a una futura Alemania renacida que a cualquier otra cosa y ahí coincidían con los rusos: En lo único en lo que se pusieron de acuerdo fue en dividir el país en dos, cual Salomón frente a dos falsas madres.

Pero ¿cómo se llegó al Muro?

Churchill, Truman y Stalin en PotsdamEn los dos años siguientes al fin de la guerra se siguieron llevando a cabo miles de reuniones a todos los niveles, tanto internas como entre las potencias aliadas. Los occidentales se dieron cuenta pronto de que saquear y desindustrializar Alemania (además de desmilitarizarla) como era el plan original solo provocaría perjuicios para todos. Por un lado, una Alemania mísera y humillada era un peligro a largo plazo, un caldo de cultivo para un nuevo totalitarismo. Además, había que admitir que la economía mundial ya estaba, si no globalizada, sí muy interconectada por lo que la recuperación económica de ese país redundaría en el bien de todos.

Eso sin contar con que eran los americanos y los británicos con préstamos americanos los que tendrían que seguir dando de comer a ese país, para entonces desolado y hambriento. En contra de lo que mucha gente piensa, cuando terminó la guerra los americanos deseaban salir de Europa cuanto antes. La ocupación era un marrón para ellos y su primer objetivo era conseguir que la reconstrucción y la reactivación de una vida política normal se diera lo más rápido posible.

Sello RDAPero la Unión Soviética tenía otros planes. No es que no les importara la independencia y la recuperación alemanas, es que les venía mal. Alemania era una pieza más en la gigantesca maquinaria estatal-imperial soviética (fábricas que desmantelar, materia prima que llevar a otros lados, indemnizaciones que cobrar etc.), y si se la dejaba morir ya estarían ellos dispuestos a salvar al país por la vía del socialismo.

En 1947 ya estaba claro que nunca se iban a poner de acuerdo en como supervisar conjuntamente Alemania, así que los occidentales empezaron a celebrar reuniones por su cuenta y los rusos a conspirar en los demás países del Este con unas estrategias que dejaban horrorizados a los observadores, pues a pesar de sus éxitos de guerra, los comunistas seguían sin ser muy populares cuando llegaban unas elecciones libres y había que obligar al pueblo a ser revolucionario hasta que se diera cuenta por sí solo de que era la mejor opción.

Llegada de suministros a Berlín por puente aéreoCuando en 1948 los occidentales acordaron extender el Plan Marshall a su parte de Alemania y poner en circulación el nuevo Deutsche mark, los soviéticos se lo tomaron realmente mal. Se estaba privando a los alemanes de la posibilidad de vivir el paraíso socialista, así que utilizaron la capital para presionar y hacer una demostración de fuerza. Empezaron obstaculizando el tráfico por carretera entre la Alemania Federal y Berlín occidental y en poco tiempo canales y líneas de ferrocarril estaban cortados, los rusos intentaron ocupar la parte occidental de la ciudad y los americanos tuvieron que empezar a abastecer por avión (el famoso «puente aéreo») a la población, que permaneció completamente bloqueada durante 11 meses.

El bloqueo o «primera crisis de Berlín» fue un farol de Stalin que le salió mal, pero que dio pie al definitivo e irrevocable establecimiento de dos Alemanias. Más o menos por esa época se produjo el golpe de Estado en Checoslovaquia, y ahí los occidentales se asustaron de verdad y empezaron a tomar precauciones en su lado del telón. La Guerra Fría había comenzado. Durante los años siguientes pasaron muchas cosas y los soviéticos cometieron muchos excesos en la ceguera por conseguir sus objetivos de control a cualquier precio. La consecuencia más evidente fue que entre 1949 y 1961 casi tres millones de alemanes del Este (el 16% de la población) se pasaron al lado capitalista a través de Berlín.

El soldado de la RDA Conrad Schumann desertando a Berlín OesteEn 1958 los rusos empezaron a sospechar que los americanos estaban armando la Alemania occidental con misiles nucleares y Berlín, símbolo de una vergüenza cada vez mayor por culpa de las deserciones, volvió a convertirse en el centro del huracán. Jruschov dio un famoso discurso de protesta, y ya se sabe como se emocionan los rusos con los discursos. Empezó cargando contra las armas nucleares y ya de paso a ver si nos devolvéis la otra mitad de Berlín de una vez, que esto es un desmadre (pues Berlín se había convertido en el centro mundial del espionaje y por tanto en una ciudad muy entretenida). Si os vais de Berlín nos creeremos que estáis comprometidos con la paz y y todo eso, dijeron, a pesar de las protestas de sus propios agentes secretos que veían peligrar sus puestos de trabajo.

Construyendo el MuroAsí estuvieron dos años, de mal en peor y con el éxodo a occidente batiendo todos los records: 21.828 personas en la primera semana de agosto de 1961, la mayoría jóvenes con buena formación. El día 23 de ese mismo mes, los berlineses se despertaron con un muro que partía la ciudad en dos. Después se fueron añadiendo los puestos de guardia con francotiradores, las zonas de seguridad, el alambre de espino, las minas y los focos. Al parecer el lado Este del muro parecía un estudio de cine, nunca se hacía de noche en esa franja. Había nacido el Muro de Berlín, símbolo de una época.

Así se arreglaban las cosas entonces, con hormigón armado y a lo bruto, la solución definitiva para el destino de la parte oriental de Europa que habría de ser definitiva y forzosamente igualitaria. Era un mundo en el que todo era blanco o negro, capitalista o comunista, pro-yanki o pro-soviético y sobre todo un mundo en el que por ese carácter absoluto e irrevocable de todo, si comenzaba la anunciada guerra sería también fatal y definitiva. Supongo que por eso mismo nunca estalló.

Saltando el muro de la embajada de Alemania Occidental. Praga 1989Quizá eso explique por qué desde que el Muro cayó anda el mundo tan perdido. El telón de acero lo hacía todo forzosamente más sencillo. Si en el lado occidental, a pesar de la pérdida de referentes, la rueda siguió girando, en el bloque oriental fue mucho más duro.

Len Deighton lo resume muy bien en Plomo para espías por boca de un agente doble de los británicos en Berlín Oriental que se queja del optimismo de su jefe ante la posibilidad de una próxima apertura en el Este:

Aunque declarasen libre, con una varita mágica, todo el Este de Europa, nadie se movería (…). Él habla de «mercado», pero toda la economía del bloque Este va a seguir lastrada por el sector público durante muchísimos años. ¿Cómo van a fijar los precios del mercado? ¿Quién va a adquirir esas destartaladas acerías, esas fábricas textiles anticuadas, esas empresas ruinosas? Bret dice que en el Este resucitará el sector privado. ¿Cómo? Los europeos del Este se han pasado toda su vida trabajando a medio gas en empresas sobrecargadas de plantilla; aquí nadie se arriesga. Incluso en el edificio del KGB-Stasi se ve gente poco dispuesta a aceptar nuevas responsabilidades o a adoptar una decisión. Cuarenta años de socialismo sólo han servido para que la gente sea incapaz de adoptar decisiones. Aquí la población no quiere pensar por sí misma.

«La isla de hormigón» recibió 10 desde que se publicó el jueves 2 de enero de 2014 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

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