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La ley del deseo tenía un lenguaje

Bucear en el subconsciente puede ser un deporte de riesgo pero diría que tiene muchas más ventajas que el rafting o el Ala Delta, empezando por ese diván precioso desde el que mirar al vacío, aguantar la respiración y sumergirte en tus propios misterios.

Jacques LacanLa asistencia a una terapia ya no es, afortunadamente, considerado algo vergonzoso, sobre todo desde que muchos padres confundidos acuden con sus hijos al psicólogo infantil en busca de diversos síndromes relacionados con la hiperactividad, existan estos o no. Sin embargo, en muchos lugares de Europa aun es relativamente raro eso de ir a terapia para conocerse a uno mismo, para ser más feliz o para resolver ciertas obsesiones que uno sabe le impiden la búsqueda de esa felicidad.

Esto podría tener que ver con el rechazo de sistémicos y conductistas a las teorías psicoanalíticas, que es comprensible que fueran rechazadas cuando todavía se lobotomizaba a la gente, pero no ahora. Quiero decir que la escasa extensión del psico-análisis freudiano en lugares como España tiene mucho que ver con que se acuda a terapia solo cuando se tiene un problema grave (salvo en el caso de los niños donde, repito, creo que hay mucha confusión) o cuando el trastorno impide llevar a cabo acciones cotidianas como salir de la cama, ir a trabajar, darle la mano a un desconocido, etc.

Sigmund FreudSin embargo, el psicoanálisis no es sólo para casos graves y supone una herramienta maravillosa para investigarse, luchar contra el autosabotaje —uno de los peores males que aquejan a la sociedad moderna- y conseguir ser más felices y completos.

El padre de la teoría psiconalítica es Sigmund Freud, un genio al que le debemos conceptos ya tan universales como el complejo de Edipo, el Ego, la libido, el objeto sexual o la transferencia. Freud creó una escuela importante y tuvo grandes discípulos muy comprometidos con la causa, pero sólo uno de sus seguidores fue capaz de reinventar el psicoanálisis volviendo a los orígenes y creando su propia escuela: Jacques Lacan.

Lacan pensaba que los principios del psicoanálisis de Freud habían sido desvirtuados, y propuso una serie de reformas radicales que escandalizaron a muchos de sus colegas y fascinaron a otros. Ya en su época, el cumplimiento de las «reglas» del psicoanálisis era supervisado por las Sociedades Psicoanalíticas nacionales, que a su vez respondían a la Asociación Psicoanalítica Internacional.

Los cambios que introdujo Lacan afectaron por ejemplo a la duración de las sesiones (los freudianos establecen 45 minutos estrictos de duración, ni un segundo más, ni uno menos) que en su escuela pasó a ser variable, según el momento de emergencia del «petit ‘a’» (el Yo niño que todos llevamos dentro) en el discurso. Cambió el sistema de aprendizaje, dando libertad a los nuevos aspirantes para escoger a su maestro analista, abrió la escuela a profesionales de otras disciplinas y cambió la estructura directiva, estableciendo un mando colegiado.

Nudo BorromeoPero sobre todo, la escuela lacaniana estableció que el análisis freudiano era inseparable de la lingüística debido a que el famoso subconsciente está estructurado como un lenguaje. Esto no quiere decir exactamente que los lacanianos actúen como lingüistas, pues no les interesa la estructura normal del lenguaje, sino la anormal. El buen analista, según Lacan, debe analizar el discurso del paciente como si analizara un texto (leyendo entre líneas y prestando atención no solo a lo que hay sino -y a veces sobre todo- a lo que no hay) y para eso debe estar formado en lingüística, historia e historia de las religiones, para poder descubrir la influencia de mitos y símbolos culturales en el relato.

Además de revolucionar el psicoanálisis, Lacan fue todo un personaje de su tiempo. Se codeó con la intelectualidad más cool de la época, fue amigo de Breton, Paul y Cécile Éluard, Picasso, Sartre, Beauvoir, Bataille y tuvo una vida amorosa de lo más animada. Experimentó con la escritura automática y estuvo presente en eventos como la primera lectura del Ulises de Joyce en París. Se lo pasó estupendamente bien mientras dictaba seminarios que se hacían cada vez más famosos y enredaba a cada vez más colegas en su locura de reformar aquello en lo que se había convertido el psicoanálisis.

Acabó siendo expulsado de la Sociedad Psicoanalítica de París (SPP) y de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA), pero fundó la Escuela Francesa de Psicoanálisis (École Française de Psychanalyse) con gran éxito de crítica y público, fue director del Departamento de Psicoanálisis de la Universidad de París VIII e impartió clases en la École Normale Supérieure. Antes de morir, tuvo la inteligencia de cerrar su propia escuela, cuando tras dejarle la gestión a su yerno las batallas internas la empezaron a descomponer. Tenía entonces casi 80 años y con motivo del cierre publicó en Le Monde:

Hay un problema en la escuela. Y la solución es la disolución. Si persevero es porque la experiencia fallida merece una contra-experiencia que la compense. No necesito a mucha gente y hay mucha gente que no necesito.

mujer en el espejoOtra cosa que me gusta de Lacan es que inventó una gran cantidad de palabras nuevas pues no había, ni siquiera en su maestro Freud, términos para expresar lo que él necesitaba. Sus detractores le acusaban, entre otras cosas, de ser demasiado complejo, a pesar de ser famoso por lo directo del lenguaje que utilizaba en sus seminarios, que al ser transcritos se transformaron en miles y miles de páginas.

Como buen amante de la lingüística, también fue un gran creador de fantásticos juegos de palabras y es el origen de grandes discusiones de sobremesa y de grandes citas y boutades. En su lógica, por ejemplo, de retornar al «Freud verdadero», decía que quien quiera ser lacaniano es libre de serlo, pero que él mismo se consideraba freudiano.

Lacan creó su propia escuela en la creencia de que «el psicoanálisis no se puede transmitir si no se reinventa» y sin restarle valor al análisis que sigue llamándose freudiano, me parece una buena filosofía, al menos una que da vida e interés a la disciplina. Nótese que la escuela freudiana sigue existiendo, simplemente ya no es la única opción.

Tanto Freud como Lacan hacen nuestras vidas más interesantes si nos liberamos de prejuicios y nos abrimos a su lectura o a su terapia. Bucear en el subconsciente puede ser un deporte de riesgo, pero diría que tiene muchas más ventajas que el rafting o el Ala Delta, empezando por ese diván precioso desde el que mirar al vacío, aguantar la respiración y sumergirte en tus propios misterios.

«La ley del deseo tenía un lenguaje» recibió 7 desde que se publicó el miércoles 21 de mayo de 2014 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

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