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La magia de las diásporas

¿Queremos generar riqueza en un territorio? Abrámoslo a la globalización de los pequeños, incentivemos la economía directa y sobre todo, apoyémonos en las diásporas -las que tuvieron como origen el territorio y las que lo tuvieron como destino- alimentando sus conversaciones.

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Del territorio a las conversacionesUn reciente informe del Banco Mundial invita a los países de la región del Caribe a «desbloquear el potencial económico de la diáspora». La principal propuesta es la creación de un mercado online que conecte a los inversores de la diáspora con oportunidades en los países de origen.

El reporte del Banco Mundial apunta que

esta aproximación podría capitalizar la naturaleza geográficamente dispersa de las poblaciones en la diáspora, el incremento del uso de Internet para la construcción de redes y operaciones de inversión, y el naciente pero pujante sector del crowdfunding

Ya a finales de 2011 «The Economist» puso sobre la mesa la «Magia de las diásporas» haciendo una invitación a los países ricos a darle la bienvenida y reconsiderar la regresión identitarista.

Las redes de migrantes son una de las escasas chispas brillantes de la economía mundial. Los países ricos deberían darles la bienvenida (…) [considerando] la creciente importancia económica de las diásporas y la contribución que pueden hacer al crecimiento económico de un país.

Viejas redes, nuevas comunicaciones

Las redes diaspóricas siempre han tenido una cierta potencia, pero los vuelos low cost unidos a la nueva estructura de información les han permitido crecer y ganar alcance como nunca antes. Tal como ya apuntaba David en el 2004 en su artículo sobre los inmigrantes árabes y la globalización de la democracia:

La segunda y tercera generación de árabes en Europa está protagonizando una verdadera revolución. El acceso constante y directo a la información local de los países de origen de sus padres a través de la TV por Satélite y la participación directa en la opinión árabe a través de Internet, están haciendo más por globalizar la democracia que los sueños quirúrgico-imperiales de Rumsfeld y Bush. Las «remesas de inmigrantes» están siendo la principal aportación de divisas para países hambrientos de tecnología para desarrollarse.

El valor de las diásporas

El reporte del banco mundial y el artículo de The Economist ponen el foco en las diásporas resaltando su valor sobre los siguientes tres ejes:

  • Facilitan hacer negocios a través de las fronteras. Estas redes aceleran el intercambio de información y reducen riesgos de inversión pues parten de la confianza interpersonal. Muy seguramente un hermano o un buen amigo serán un buen aliado para identificar necesidades a satisfacer en el lugar donde viven y conocer los mecanismos y procedimientos para abrir un negocio allí.
  • Ayudan a difundir ideas. Muchos de nuestros amigos que han ido a estudiar a Holanda o Costa Rica no solo ganan conocimiento sobre su tema sino que también construyen una importante agenda.
  • Son fuente de financiación. Los miembros de estas redes no solo envían dinero a sus familias; también ayudan a personas de su entorno a montar empresas.

Caparazón y Esqueleto

Los puntos anteriores son sólo la punta del iceberg de cómo estas redes estaban mejor preparadas para afrontar la nueva globalización, la globalización de los pequeños. Tal como Juan Urrutia nos decía en el 2010 en su post «Caparazón y Esqueleto»:

Pues bien, cuando occidente se dé cuenta de que ya no tiene un caparazón que le aísla de oriente y puede ser invadido por los orientales y/o succionado por ellos, no tendrá más remedio que plantearse muy seriamente el desarrollar un esqueleto que evite el desparrame o la descomposición.

Este esqueleto protector consiste en una especie de corsé hecho de varillas. Estas varillas son las comunidades identitarias transversales que resultan ser transnacionales y son las que van a conducir a la verdadera globalización. Y el esqueleto permite una flexibilidad mucho mayor que el caparazón y, por lo tanto, mayor resistencia y resiliencia ante la adversidad.

Las diásporas pueden ser unas entre esas «varillas» que apuntaba Juan. Inicialmente el mapa de la mayoría de las redes familiares y de confianza estaba limitado al territorio. Pero hoy, por ejemplo, el mapa de Euskadi no es el mapa de los vascos, ni el mapa de los argentinos coincide con el que sale en el pasaporte. David contaba en la «Fundación Basques 2.0»:

Imagínense que se representan ustedes mismos, sus propias familias en el mapa. (..) Vayan imaginándoselo en Google maps, poniendo la foto del abuelo en el pueblo, el padre a lo mejor en Montevideo o en Caracas y del hijo tal vez en Londres. Y seguro que tienes un primo en otro lado. Y empiecen a multiplicar eso por todas las familias que tienen alrededor. De repente, la forma tranquilizadora y habitual del territorio de ese dibujito, [el mapa], que es ya un ícono, (…) se ha convertido en el centro de una estrella. Una estrella que es casi como un pulpo que se extiende por todo el globo como la mano de un jugador de básket cuando agarra una pelota.

Estos nuevos mapas transparentan la desterritorialización de las redes tanto familiares como de afinidad. El territorio ya no es siempre la referencia principal de las redes, por eso su definición identitaria está cambiando: el aglutinante principal tiende a ser una conversación y unos valores compartidos más que un origen común. No es una mala noticia: conversación y valores son la base del tipo de confianza que desemboca en un «hacer juntos».

Entonces, ¿Qué toca hacer?

La magia de las diásporas es una realidad. Su potencial para el desarrollo también. Ejemplos cercanos podrían ser la Bolsa de valores de Cabo Verde, que se fundó sobre un llamado a la inversión de los emigrantes o los pequeños negocios que todos conocemos y que están surgiendo a partir de la migración de jóvenes universitarios peninsulares.

Y se podría hacer mucho más. Hoy contamos con todo un juego de herramientas tecnológicas que podrían impulsar la dinámica de estas redes.

Pero las herramientas no son nunca una solución por sí mismas. Antes hay que localizar los espacios donde responden a una demanda y no solo a una potencialidad. Si queremos impulsar la creación de riqueza desde estas redes, la clave está en atraer conversaciones y no solo en movilizar recursos.

Estas redes sólo podrán tener capacidad de acción allí donde se abrace como objetivo común la globalización de los pequeños y por tanto donde se opte por marcar distancias frente al principio de nacionalidad y sus atrocidades. Porque mientras el principio de ciudadanía permite el encuentro con las administraciones territoriales y lo público, el principio de nacionalidad, que no afecta a los grandes intereses económicos, dificulta en extremo, cuando no rompe, los flujos entre las redes ciudadanas transnacionales.

¿Queremos generar riqueza en un territorio? Abrámoslo a la globalización de los pequeños, incentivemos la economía directa y sobre todo, apoyémonos en las diásporas -las que tuvieron como origen el territorio y las que lo tuvieron como destino- alimentando sus conversaciones.

«La magia de las diásporas» recibió 14 desde que se publicó el Domingo 15 de diciembre de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Manuel Ortega.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Ester dice:

    Uala Manuel! Me ha encantado este post y, en especial, la idea de “atraer conversaciones” creo que es un giro increíble, aunque parezca un simple matiz, a la idea de atraer talento al territorio. Porque las conversaciones sí se pueden dar en un territorio no continuo que creo que es el de la diáspora y también el de los nómadas y las empresas basadas en internet y el conocimiento.
    El cambio de paradigma está, creo, en que el territorio empieza a ser un recurso a usar por las comunidades conversacionales, lo que no significa que haya que explotarlo, al contrario. Todo el trabajo que estáis haciendo sobre el Caribe y las islas ABC es un ejemplo magnífico de ello. Qué emcionante!

    • La clave para mi está en romper justamente la idea de «territorio» a favor de las ideas de «conversación» y «espacio conversacional». El mensaje es ¿quieres desarrollo en Aruba? Sal de Aruba! Si te fijas Aruba lo que está haciendo es ayudar a arubanos a salir y montar cosas fuera, llamar a los nómadas para decirles que si quieren abrir empresa en Colombia o Panamá, mejor paren antes allá y convertir a sus políticos en nómadas también. Osea, ¿quieres desarrollo en el «territorio»? Deja de pensar desde el concepto de territorio! 🙂

    • Lo que me animó a escribir el post fue justamente la idea de despojarse del territorio, romper con él. Una aproximación en la que el territorio dejar de ser un factor y pasa a ser un accidente fortuito. Más que un recurso puede en algunos momentos ser un lastre por las escaseces de lo físico. Lo empoderador está en escapar del territorio, sus escaeces y sus atrocidades.

      Los empoderador, interesante y emocionante está en dejar de pensar desde el territorio y pasar a la lógica de los foros en Internet. Para generar riqueza lo mejor que puedes hacer es convertirte en el mejor dinamizador de una conversación y para alimentar esa conversación ir allí donde se tenga que ir.

  2. Laura dice:

    Manuel, guardo el post en favoritos. Me gusta desde el título, hasta el contenido y la imagen del post.. ¡qué graciosa! Me gusta mucho este enfoque de desarrollo porque los que estamos todo el día en Internet queremos trabajar así, atendiendo necesidades que conocemos pero formando parte de una conversación más amplia y que vaya más allá del sitio donde nos encontramos.

    • Qué bueno! Gracias!

      La clave para mi está en que la conversación es un continuo donde atender a las «necesidades que conocemos» es cualquier oportunidad de colaborar con uno de los nodos de la red de miembros que toman parte en la conversación. Por lo mismo la conversación es más amplia no porque vaya más allá de un lugar físico sino porque se despoja totalmente del concepto de territorio.

      Sí! la imagen es genial! 🙂

  3. Javier dice:

    Hola Manuel,
    Me encantan tus ultimos posts sobre nomadismo y diaspora.

    Lo cierto es que me da casi verguenza sugerirte esto porque por el vocabulario que usas deduzco que ya lo has hecho, pero creo que tu analisis de las diasporas y el nomadismo se beneficiaria de un repaso a las diasporas historicas en el Mediterraneo, especialmente la de los judios sefarditas y su rol en el desarrollo del comercio en el Mediterraneo. En la misma linea, la cuestion identitaria de los “marranos” italianos que para poder comerciar con España eran catolicos pero volvian a ser judios al regresar a Italia para que asi la inquisicion les dejara en paz os puede resultar bastante interesante.

    Relacionado con esto, la idea de atraer conversaciones trans-nacionales se puede considerar la clave del exito de las grandes ciudades portuarias mediterraneas como Alexandria, Salinoca, Esmirna, Livorno o mas tarde Trieste. Ciudades abiertas donde practicamente cualquiera pudiera instalarse y comerciar independientemente de su religion o etnia. Y casi siempre esa pujanza economica termino con el auge de los nacionalismos mono-identitarios.

    Un buen ‘resumen’ de todo esto lo puedes encontrar en “The Great Sea” de David Abulafia.

  4. Julen dice:

    Interesantísimo el post original y toda esta conversación.

    Yo creo que hay muchos matices que tener en cuenta respecto a la idea del territorio y de su “superación” física a través de las diásporas. Veo lógica en los argumentos que utilizáis pero también creo que el apego a lo local, entendido como geografía, sigue siendo un sentimiento potente. De la gente que sigo y que hablan sobre territorio creo que Steven Johnson es un tipo al que seguir la pista. Su “capa digital” sobre un territorio para pasar de lo local a lo hyperlocal es un concepto interesante.

    Sin embargo, me gustaría abrir otra línea de argumentación. La de poner en valor la geografía local frente al globalismo invasor. Me explico con un ejemplo. Nosotros, mi pareja y yo, tenemos una conexión emocional con la isla de El Hierro, en Canarias. Vamos allí frecuentemente. Su paradójico aislamiento, su pequeñez, sus rasgos “de pueblo”, su orografía, no sé, la vemos como algo “adorable”.

    Pues bien, ¿qué es lo que no hay en la isla? No hay ningún establecimiento tipo Zara, Mango, H&M o de este estilo. Los signos del globalismo parece que no han llegado todavía. ¿Qué pasará cuando alguien venga con una franquicia? Se habrá perdido algo identitario. ¿Debemos rasgarnos las vestiduras cuando suceda? No lo sé, no lo tengo claro.

    Es evidente que la diáspora da vida a la isla. Cada cuatro años, con la Bajada de la Virgen, vuelve toda la gente que emigró a las otras islas, a Venezuela, a Cuba o donde sea. Allí se vuelven todos, a “su isla”. La geografía la contiene y la define. La geografía resulta tan importante y, sin embargo, en gran parte la enterramos. Yo el primero, que siempre digo que habito en el Sur de Islandia 🙂

    Disculpa porque a lo mejor tengo un buen lío en la cabeza. A ver si escribo sobre esto. Aquí en Euskadi la diáspora es muy importante y el Gobierno le dedica recursos porque creo que la entiende como un “poder” fáctico que tiene que cultivar. Digo para liarlo un poco más. Porque la idea de nacionalidad está muy presente en cultivar la diáspora. Una nación más allá del territorio, pero que lo necesita. Esta es la paradoja, creo.

  5. Que mayor símbolo de globalismo para el Hierro que tener un distinguido turista bilbaíno 😉

  6. Bruselo dice:

    Mi legis la artikolon en la nederlanda pere de Chrome app. Tamen se vi volus publikigi la saman tekston en la angla au Esperanto tio helpus pli nuancite kompreni la enhavon. Dankon.

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