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La máquina de soñar futuros

Si hay algo que fascina de los viajes temporales es justamente la posibilidad de romper con la escasez, con la naturaleza finita del tiempo y modificar el curso de los acontecimientos.

About TimeLos viajes en el tiempo son una constante tanto en la literatura como en el cine. Siguiendo las recomendaciones de María, llegamos a About Time, la última peĺícula del director de «Love Actually», todo un clásico navideño. En esta ocasión, Richard Curtis nos presenta a un chico en busca de amor. Al cumplir 21 años, su padre le revela que todos los hombres de la familia tienen la facultad de viajar en el tiempo, aunque sólo al pasado. Tras darle algunos consejos basados en vivencias que arruinaron la vida de sus familiares anteriores, obsesionados con el dinero, la influencia o el poder, le anima a disfrutar una vida que no conoce las limitaciones derivadas del tiempo y que él mismo ha aprovechado para dar rienda suelta a sus pasiones: la lectura, la música y su familia. Nuestro protagonista utilizará esta maravillosa habilidad para buscar el amor. Lo primero que descubre es la posibilidad de repetir una y otra vez una situación, de modificar su decisión, y a la luz de las consecuencias volver a vivirla hasta alcanzar un resultado satisfactorio para él y también para los que le rodean.

Si hay algo que fascina de los viajes temporales es justamente la posibilidad de romper con la escasez, con la naturaleza finita del tiempo, modificando el curso de los acontecimientos. Sin embargo, en todas las historias aparecen limitaciones que hacen que esto no sea posible totalmente. Al final, el tiempo sigue siendo un elemento imposible de dominar por completo. No podemos adaptarlo a nuestras necesidades. Junto con el espacio exterior, continúa por descifrar. Tal vez por ello, pero también por la posibilidad de construir todo tipo de historias, es uno de los grandes temas de la ciencia ficción.

Viajando en el tiempo hacia los viajes en el tiempo

AnacronopeteHay un cierto consenso en cuanto a autores y fechas sobre el origen literario de los viajes en el tiempo. El primer relato impreso, sería «El reloj que marchaba hacia atrás», de Edward Page Mitchell, en 1881, publicado bajo pseudónimo en The New York Sun, donde trabajaba como editor. Años más tarde, en 1887 se publica «El anacronópete» del dramaturgo Enrique Gaspar, una novela en la que por primera vez se describe una máquina que sirve para viajar en el tiempo. H.G. Wells publica «The Chronic Argonauts» en 1888 y años después, en 1895 «La máquina del tiempo», editada también en forma de serie en The Science School Journal. Ésta última supuso la consagración y el origen de un nuevo género de ciencia ficción y aventuras.

Dada la escasa diferencia temporal entre todos ellos cabe suponer una cierta conversación en la época, una ensoñación con la capacidad de control del tiempo derivada de la reciente industrialización. Con la era industrial se rompe la vinculación del trabajo al ciclo solar. Las tareas diarias en la vida agraria están limitadas por las horas de sol, el ritmo de las cosechas viene marcado por las estaciones. El paso del campo a las fábricas supone una ruptura total con esta concepción del tiempo. Los turnos de trabajo se establecen a lo largo de todo el día para maximizar la productividad del capital (las máquinas). Las máquinas y las cadenas de producción no conocen descanso. El sol pierde su rol como organizador del día en favor de la sirena y el reloj.

Time Machine WellsTambién el reloj pasa a ser el protagonista durante la extensión de la red de ferrocarril. La puntualidad, la programación de los horarios, la planificación de las conexiones y de los transbordos, llevan a la publicación en 1847 del primer libro de horarios de trenes del continente europeo. En octubre de 1884, se reúne en Washington la Conferencia Internacional del Meridiano, donde se aprueba la división del globo en 24 meridianos correspondientes a 24 horas. El mundo cambiaba su manera de estructurar el tiempo, porque hasta entonces,

la hora era local y su referencia el reloj de sol de la plaza principal. En la medida en que la mayor parte de las transacciones eran locales y que la velocidad de comunicaciones y transportes no exigía sincronización temporal entre los interlocutores, daba igual que entre Badajoz y Madrid hubiera 45 minutos de diferencia horaria.

Nacía el día global y con él la medida del tiempo del día pasaba a ser potestad de los estados, algo homogéneo en vastos territorios.

Y si el estado podía fijar la hora y los ingenieros eran capaces de crear máquinas para todo tipo de finalidades, ¿por qué no soñar con desplazarse a través del tiempo como si de un viaje más se tratara? Y una vez que se llega a esta pregunta, ¿no se abre de manera inmediata la posibilidad de avanzar hacia el futuro?

Resulta llamativo, que de estos primeros relatos, sólo «La máquina del tiempo» se atreva con este planteamiento. Los demás son viajes atrás que buscan protagonizar grandes momentos de la historia o saldar cuentas pendientes.

Wells hace un viaje al futuro del que regresará con la intención de modificar el presente de modo que nunca llegue a ocurrir. De fondo, nos presenta una metáfora de las clases sociales inglesas con una burguesía bella, inútil y supeditada a la masa obrera básica e inculta, pero poderosa gracias al control de los recursos. Una proyección de la fractura social que podría ocurrir si la sociedad industrial no se acompañaba de esfuerzos en la educación y formación que fueran más allá de las élites del país. El futuro -incluso el distópico- servía para construir el presente.

Hoy estamos en un periodo de descomposición y dentro de él, en un momento en el que la recentralización de Internet y la crisis parecen haber parado el pulso al cambio tecnológico. Con un futuro enfermo la literatura popular y el cine parecen temer visitarlo. Y precisamente por eso es más necesario y urgente que nunca imaginar nuevos futuros por y para nosotros mismos.

Necesario porque en muchos futuros posibles vive la abundancia, sí, pero sobre todo urgente, porque delinéandolos, discutiéndolos, esbozándolos con otros… en una palabra, fundándolos, es como se construyen a sí mismas las vidas interesantes.

«La máquina de soñar futuros» recibió 10 desde que se publicó el miércoles 8 de enero de 2014 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Natalia Fernández.

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