LasIndias.blog

Conquistar el trabajo es reconquistar la vida

Grupo de Cooperativas de las Indias

videoblog

libros

La mirada universalista, la de la comunidad real y por qué a los indianos nos define la segunda

¿Por qué los planteamientos indianos resultan inútiles para responder cualquier cuestión realizada desde lógicas universalistas?

Tipicamente cuando los indianos debatimos con algunos amigos surge una diferencia de perspectivas. Una diferencia que a las finales podría resumirse como la diferencia entre pensar desde lo universal y pensar desde nuestra comunidad real.

Muchos amigos piensan que nuestros aportes quedan cojos por ello, que son poco generalizables, que nuestros resultados son útiles poco más allá de nuestro entorno. Nosotros lo vemos desde un punto de vista diferente: ¿Por qué pensar desde los supuestos intereses de unas abstracciones que no existen por si mismas y que en todo caso no son son las personas a quienes queremos y que nos importan? ¿Para qué? Sin embargo es la forma en que se nos enseña a pensar desde niños. Pensar desde el lugar de Dios, que es el del estado nacional, pensar por todos.

Es obvio que esta mirada universalista estaba profundamente arraigada en el pensamiento y la teología cristianas. Las leyes morales se justifican y fundamentan sobre la universalidad de la Creación. A las finales todos somos iguales en la Ley de Diós. Sin embargo el mundo medieval es un mundo estamental, donde la gente define su identidad desde la comunidad real y la teología católica imperante, la escolástica, se hace famosa por su casuística.

Pero, nos cuenta Foucault como en el siglo XVIII con la emergencia del absolutismo que prefigura al estado nacional, surge un nuevo tipo de racionalidad, un nuevo tipo de mirada, porque lo que :

va a manifestarse como importante es el conocimiento y desarrollo de las fuerzas de un estado en un espacio (a la vez europeo y mundial) de competencia estatal, muy diferente del espacio donde se enfrentaban las rivalidades dinásticas. El problema fundamental es el de una dinámica de fuerzas y las técnicas racionales que permitan intervenir en él.

Así, la razón de estado, al margen de las teorías que la formularon y justificaron, cobra forma en dos grandes conjuntos de saber y tecnología políticos: una tecnología diplomático-militar consistente en consolidar y desarrollar las fuerzas del estado mediante un sistema de alianzas y la organización de un aparato armado (…) El otro aparato estaba constituido por la “policía” en el sentido que se daba entonces a la palabra: es decir, la totalidad de los medios necesaria para acrecentar desde dentro las fuerzas del estado. En el punto de unión de esas dos grandes tecnologías y como instrumento común, es preciso situar el comercio y la circulación monetaria interestatal. Del enriquecimiento mediante el comercio se espera la posibilidad de aumentar la población, la mano de obra, la producción y la exportación y de dotarse de ejércitos fuertes y numerosos.En la época del mercantilismo y el cameralismo, el par población-riqueza fue el objeto privilegiado de la nueva razón gubernamental.

Lo que Foucault llama el nacimiento de la biopolítica no es sino el comienzo de una nueva mirada -la razón de estado- que convierte en objetos colectivos a conjuntos de personas con una serie de características comunes. Pero objetivar es también cosificar, convertir grupos de personas en cosas en abstracciones. Las clases aparecen por primera vez como objetos de la atención del estado -en vez de los estamentos feudales- en el Tableau Economique de Quesnay. Pronto serán objetivados también los connacionales y los extranjeros que ya no serán esos iguales imaginados a partir de la lengua escrita y el mapa, sino un objeto social descrito por la Estadística este nuevo saber sobre los datos que en su mismo nombre recuerda el carácter exclusivo, casi siempre secreto, que el estado le otorga en un principio.

Estadística, Economía, Sociología, Historia, Criminología y finalmente Psicología, serán las primeras concreciones de los saberes propios generados desde los nuevos poderes asumidos por el estado que precisa de abstracciones estadísticas para totalizar y fortalecer su dominio interno y externo.

En Economía será La riqueza de las naciones la que empiece a marcar la distinción entre las preocupaciones del absolutismo intervencionista y el estado nacional liberal ya en su mismo título.

La Historia, con las nuevas formas científicas que siguen a la revolución francesa empezará después a conquistar el pasado para la nación hasta demostrar su caracter natural, intemporal y por tanto cohesionador en una era de terremotos sociales.

Una naturalidad que se funde con la idea smithiana la mano invisible y la lógica del laissez faire del primer liberalismo. A su zaga, la Sociología alcanzará con el positivismo la forma “completa” de un saber basado en la experiencia de un poder que ensaya ya la escolarización general y hace sus pinitos en el sufragio universal.

A lo largo del prodigioso siglo XIX las ciencias sociales diseñarán los relatos y construirán los sistemas de análisis que el estado nacional requiere para pensar la nación. Es un periodo histórico en el que de imaginarse, de defenderse como proyecto, la nación pasa a ejecutarse, a convertirse en el sistema operativo de la vida social para todos en cada lugar a través de un nuevo estado al que el hegelianismo ya había sabido ver como materialización de la comunidad imaginada. Y los jóvenes hegelianos serán el alma de la revolución paenuropea de 1848, la primavera de los pueblos que definiría las naciones canónicas del continente.

La idea de la nación configuradora, que constituye como nacionales a cada uno de nosotros se hará poco a poco tan hegemónica que cuando en el siglo XX Joyce repudie el nacionalismo irlandés con su famosa frase (“tú crees que digo que Irlanda es importante porque le pertenezco… pero Irlanda es importante porque me pertenece a mí“) sólo podrá ser interpretada como filoanglicismo o como boutade poética.

Durante el mismo siglo XIX pero sobre todo durante el XX, las herramientas de objetivación del estado nacional, sus saberes científicos, darían definitivamente la vuelta a sus objetos y los convertirán en identidades delegadas, en nuevos sujetos (imaginados) colectivos, definidos dentro de la nación e igualmente constituyentes de cada uno de nosotros: tendremos entonces no sólo que pensar como connacionales amantes de la patria eterna, sino además como hombres o mujeres, como trabajadores o profesionales, como miembros de una raza, como minusválidos o como miembros de subgrupos de cualquier tipo, imaginados y echados a andar para mejor gestión del estado. Porque estas nuevas comunidades imaginadas también nos reclaman una lealtad que a las finales hay que materializar en organismos especializados de la maquinaria sociopolítica (sindicatos, asociaciones, etc.). El objeto social (clase, raza, sexo..) pasa poco a poco de atributo del connacional imaginado a hilo de una urdimbre que presuntamente nos personalizaría, dentro siempre de la identidad nacional constituyente.

El sistema educativo y mediático estirará y ejercitará desde la infancia a cada uno en este falso universalismo fractal y nacionalista. Cada individuo pensará en los términos de los objetos sociales del poder y se identificará sobre ellos hasta el paroxismo. La razón de estado, razón al fin del estado nacional, podrá entonces confundirse con la razón democrática y sólo ella será socialmente razonable.

Sólo la experiencia de un nuevo tipo de socialización empieza a generar la experiencia de un nuevo poder personal y comunitario transnacional que a su vez impulsa un nuevo tipo de saberes que repudia la identidad imaginada desde los viejos objetos sociales nacidos de la matriz absolutista del XVIII.

Nuestra contextopedia representa para los indianos un primer apunte de esos saberes que necesitamos y que se han nutrido de nuestra propia experiencia. Es algo pequeño, precario todavía como lo es la propia comunidad indiana. Pero ya está planteado como práctica y como necesidad.

Nuestra comunidad se afirma por encima de todos los objetos sociales queridos del estado porque no los necesita. Cuando una comunidad se torna independiente económicamente, el poder es la comunidad misma, no el poder sobre la comunidad. Ayuda que nuestros ingresos no vengan de la relación con un estado, pero la clave es que a diferencia de otras comunidades reales transnacionales (familias, redes conversacionales identitarias, etc), seamos los productores y organizadores de nuestra propia economía.

En otras palabras: pensamos desde un nosotros no abstracto, que significa caras, recuerdos, nombres y apellidos reales, porque podemos explicar nuestra economía desde nuestra propia práctica colectiva de mercado, sin recurrir a abstracciones que nos permitan imaginar quiénes somos contándonos como sobrevivimos. No nos gustan esas abstracciones, esos nuevos dioses celosos que pretenden ser nuestros progenitores. No las necesitamos. Ni siquiera a la de Humanidad. Esa es la sencilla verdad.

«La mirada universalista, la de la comunidad real y por qué a los indianos nos define la segunda» recibió 0 desde que se publicó el viernes 20 de agosto de 2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Deja un comentario

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos los blogs de la red indiana en la
página de registro de Matríz.