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La Muqqadima de Ibn Jaldún

Dicho así a grandes rasgos y simplificando bastante, la Muqqadimah de Ibn Jaldún ya para aquel entonces presenta una elaboradísima reflexión sobre las causas de la descomposición, e identifica como una de sus más fundamentales la pérdida de los lazos característicos de las comunidades reales y la progresiva centralización del poder político y económico.

Ibn JaldúnLa extremadamente turbulenta e intensa vida de Ibn Jaldún, unida a la inmensa erudición que acumuló a lo largo de los años gracias a su pasión por el conocimiento, le permitieron articular una poderosa teoría sobre el auge y caída de las civilizaciones que quedó plasmada en la Muqqadimah, su obra maestra.

Conocida como los «Prolegómenos», la escribió en 1377 como prefacio a su primer libro de historia universal, Kitab al-Ibar. Jaldún reescribió y revisó su monumental obra a la luz de nueva información durante el resto de su vida.

Aunque ambos libros son dos tomos de un mismo trabajo, se suelen considerar separadamente, porque la Muqqadimah contiene las reflexiones más originales y controvertidas de Jaldún, mientras el libro de historia universal es una narrativa histórica más convencional. Ese tipo de introducciones eran una forma literaria muy típica de aquella época, por lo que no tiene nada de raro que la Muqqadimah, a pesar de ser un prefacio, ocupa tres volúmenes. Por su parte, la Kitab al-Ibar, aunque menos reconocida que la Muqqadimah, es una de las fuentes de referencia más importantes de la historia medieval del norte de África, de los bereberes, y hasta cierto punto, de la España musulmana.

Arnold Toynbee llegó a declarar que en la Muqqadimah se plasma «una filosofía de la historia que es, sin duda, el trabajo más grande que jamás haya sido creado por una mente humana en momento o lugar alguno». Más recientemente, los esfuerzos de prominentes intelectuales como Yves Lacoste y Fernando Vallespín han tratado de rescatatar la obra de Jaldún y considerarlo como el fundador de la sociología. Muchos también lo consideran como uno de los padres de la economía moderna.

Sin embargo, en los numerosos tratados sobre el pensamiento social o político de los últimos dos siglos la obra de Jaldún no figura con la prominencia que merecería. Y hoy en día, en un momento en el que la conciliación entre postmodernidad e Islam y el romper los prejuicios sobre el supuesto «choque de civilizaciones» entre Oriente y Occidente se hacen totalmente imprescindibles, urge mas que nunca ubicar en su justo lugar la obra, la profundidad de pensamiento y la racionalidad de Ibn Jaldún.

El auge y caída de las civilizaciones según la Muqqadimah

MuqqadimahA principios del siglo XIX, muchos académicos que ya eran admiradores de pensadores musulmanes como el filósofo Ibn Rushd, al que conocían como Averroes, entraron en contacto con la Muqqadimah, posiblemente a través de los turcos otomanos.

Lo primero que saltaba a la vista de los que entraban en contacto con su obra era la originalidad del hecho de abordar un amplio rango de temas que hoy se clasificarían como dentro del ámbito de la sociología o la teoría económica, y su esfuerzo por crear una disciplina que acomodara estos temas de manera coherente. Y lo que resultaba aun más interesante era que Jaldún escribía sobre todos esos temas en un momento en el que las autoridades religiosas y políticas reprimían cada vez más el pensamiento independiente.

Muchos de los temas discutidos en la Muqqadimah no eran preocupaciones nuevas, y ya habían sido abordados por pensadores griegos y árabes a lo largo de los siglos, tales como al-Farabi y Mas’udi, a los que Ibn Jaldún se refiere frecuentemente. Todavía se debate qué tanto acceso tuvo Ibn Jaldún a traducciones de los trabajos de los griegos clásicos, y sobre todo si llegó a leer la Republica de Platón. Ese es en sí mismo un tema sumamente interesante, pero que abordaremos en el último post de esta serie, en el que hablaremos sobre las similitudes del pensamiento de Ibn Jaldún con el estoicismo y de sus contrastes con el platonismo.

El tema central de la Muqqadimah es el estudio de por qué las naciones se hacen prósperas y poderosas, y las causas de su posterior declive. Ibn Jaldún percibe la historia como un ciclo en el que tribus nómadas de un nivel de desarrollo cultural relativamente bajo y muy poca riqueza material invaden y saquean a las civilizaciones sedentarias, mucho más avanzadas cultural y económicamente, y esencialmente urbanas.

Para Ibn Jaldún este fenómeno aparentemente paradójico, en el que las culturas nómadas terminan arrasando a las más civilizadas, se da por varias razones. Jaldún observa que las sociedades tribales cazadoras-recolectoras, que tienen que sobrevivir en ambientes hostiles y estar preparadas siempre para los avatares de la vida nómada, desarrollan un alto grado de solidaridad -Jaldún usa la palabra asabiyah– sin el cual les sería imposible sobrevivir, y que además resulta instrumental para el desarrollo de las cualidades bélicas. Y si además a esa solidaridad se le suma el lazo social de la religión, la combinación es prácticamente invencible en el campo de batalla.

Sello tunecino dedicado a Ibn JaldúnPor su parte, las civilizaciones urbanas, por más riqueza y cultura que posean, son complacientes y han perdido el sentido de la solidaridad. Con ello se pierde también el espíritu marcial, y por eso resultan siendo presa fácil para los invasores. Ibn Jaldún también enfatizaba el hecho de que el gran número de distintos grupos que componen una ciudad multicultural simplemente no podían desarrollar los lazos tirables basados en la sangre, en las costumbres y experiencias de supervivencia compartidas. Una vez los nómadas conquistan las ciudades son seducidos por los placeres de la civilización, van perdiendo los lazos de solidaridad interna, nuevamente son conquistados por invasores vigorosos, y el ciclo comienza otra vez.

Jaldún veía también que con el deterioro de la solidaridad el poder político centralizado que caracteriza a las sociedades sedentarias se hacía cada vez más autoritario tanto en la esfera política como económica, lo que poco a poco creaba un antagonismo cada vez más marcado entre los grupos que controlaban y tenían acceso al estado, y el resto de la sociedad. Y ahí Jaldún veía la estocada final que aniquilaba a la civilización.

Así, respecto al creciente autoritarismo que causaba la centralización política, y en particular sobre las consecuencias de la dominación de una nación sobre otra, Jaldún decía que,

El tratar a los demás con dureza y violentamente, ya se trate de alumnos, esclavos o sirvientes, tiene como consecuencia la dominación del alma por la violencia y previene el desarrollo de la personalidad. La energía da paso a la indolencia, y el miedo a la violencia física trae como consecuencia la maldad, el engaño, la astucia y el fraude. Estas tendencias pronto se convierten en hábitos arraigados, corrompiendo la calidad humana que los hombres adquieren a través de la interacción social, y que se basa en la hombría y la capacidad de defenderse uno mismo y a su hogar. Tales hombres se vuelven dependientes de otros para que los protejan; sus almas se hacen tan perezosas que se vuelven incapaces de desarrollar cualquier sentido de la virtud o de la belleza moral. Se vuelven mezquinos… Esto es lo que le ha sucedido a toda nación que haya sido dominada por otra y tratada con severidad.

Y en cuanto al aspecto económico de la descomposición,

En las primeras etapas del estado, la carga impositiva es ligera, pero genera ingresos ficales cuantiosos; en las etapas posteriores, la incidencia de los impuestos aumenta, pero los ingresos fiscales totales caen. …Así, mientras los impuestos y las tasas son bajos, se alienta a los particulares a participar activamente en los negocios; la empresa privada se desarrolla porque los hombres de negocios sienten que vale la pena dedicar su tiempo y su esfuerzo al trabajo, teniendo en cuenta la pequeña proporción de sus ganancias que tienen que renunciar en forma de impuestos. Y a medida que prosperan los negocios, el número de impuestos aumenta, y el rendimiento total de los impuestos crece. Sin embargo, los gobiernos se vuelven cada vez más extravagantes y comienzan a subir los impuestos. Estos aumentos crecen con la difusión de hábitos suntuosos entre los que conforman al estado y el consiguiente crecimiento del gasto público, hasta que la tributación grava tanto a sus súbditos que los priva del todo de sus ganancias. Las personas se acostumbran a este alto nivel de impuestos porque los aumentos se hacen gradualmente, sin que nadie sea consciente de exactamente quién fue el que aumentó las tasas de los viejos impuestos o implementó los nuevos. Sin embargo, los efectos sobre la actividad económica de este aumento de los impuestos se hacen sentir. Los empresarios pronto se desaniman al comparar sus ganancias con la carga de los impuestos, y su producción con sus ganancias netas. En consecuencia la producción cae, y con ello el rendimiento de los impuestos. Los gobernantes pueden, por error, tratar de poner remedio a esta disminución en el rendimiento de los impuestos aumentando las tasas impositivas; por lo tanto, los impuestos y las contribuciones llegan a un nivel que no deja ningún beneficio a los empresarios, debido a los altos costos de producción, la pesada carga de los impuestos y los beneficios netos insuficientes. Este proceso de aumento de las tasas de impuestos y disminución de los ingresos fiscales (causada por la creencia del gobierno de que las tasas impositivas más altas dan como resultado un mayor rendimiento) puede continuar hasta que la producción comienza a declinar debido a la desesperación de los hombres de negocios, y comenzar a afectar a la población. El que más sale perjudicado en este proceso es el Estado, al igual que es el principal beneficiario de una economía sana. De esto se debe entender que el factor más importante para la prosperidad de los negocios es aligerar lo más posible la carga de los impuestos a los empresarios, a fin de alentar a las empresas garantizándoles mayores beneficios.

Dicho así a grandes rasgos y simplificando bastante, la Muqqadimah de Ibn Jaldún ya para aquel entonces presenta una elaboradísima reflexión sobre las causas de la descomposición, e identifica como una de sus más fundamentales la pérdida de los lazos característicos de las comunidades reales y la progresiva centralización del poder político y económico.

Y durante buena parte del libro, también reflexiona mucho sobre cómo lograr mantener esos lazos y el dinamismo y la energía de la vida nómada en una sociedad fundamentalmente sedentaria, lo que a su vez haría a la civilización más resiliente y menos propensa a la centralización. Quizás si todavía estuviese hoy entre nosotros, a pesar de que se sorprendería de lo vigentes que siguen siendo los problemas que se dedicó a estudiar durante toda su vida, al mismo tiempo se maravillaría con lo mucho que hemos avanzado en ese sentido.

«La Muqqadima de Ibn Jaldún» recibió 7 desde que se publicó el domingo 27 de abril de 2014 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Alan Furth.

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