La neutralidad de la Red

Y por qué es una pésima idea acabar con ella

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Índice

  1. Información general sobre este libro
  2. La Internet que conocemos
  3. Internet en peligro de extinción
  4. Rediseñar Internet: una pésima idea
  5. Notas al pie

Información general sobre este libro

Créditos y reconocimientos

Este libro ha sido escrito por Jose Alcántara y está basado en textos cedidos al dominio público por el autor entre 2008 y 2010.

La maquetación y el diseño de la edición en papel son obra de Beatriz Sanromán y Beto Compagnuci que también ceden su aportación al dominio público.

Si las personas que están a mi alrededor, comenzando por la comunidad indiana, no me hubiera animado a ello, es muy probable que este libro no hubiera llegado a nacer. Gracias.

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1. La Internet que conocemos

La irrupción de las tecnologías digitales en nuestra sociedad brinda una serie de posibilidades de desarrollo que hacen palidecer, por su profundidad y sus implicaciones, a la transformación acontecida como consecuencia de la invención del telégrafo. Esa afirmación no es arriesgada, pese a que lo parezca. Si el telégrafo hizo emerger los grandes bloques internacionales que evolucionaron y se desarrollaron hasta la estructurada política de bloques de la guerra fría, las nuevas telecomunicaciones digitales conllevan la sincronización de agenda pública no sólo entre determinados países que den lugar a un bloque, sino a escala global. Se da lugar así a un mundo en que se reacciona, más que nunca, de forma instantánea a los grandes eventos que tienen lugar en cualquier remoto lugar del planeta.

Pero mucho más allá de la mera superación de la política de bloques de naciones para dar paso a un mundo en que la instantaneidad de las comunicaciones iguala y crea una agenda pública global, la Internet tal y como la hemos visto crecer y desarrollarse desde un espacio marginal ocupado por hackers y soñadores a finales de la década de 1980 capaces de declarar la independencia del Ciberespacio,1.1 hasta llegar a ser en 2010 una matriz en la que se encuentran embebidas las comunicaciones de millones de personas. Aunque, mucho más allá de eso, ve cómo en mitad de la mayor crisis económica acaecida desde los años treinta del s. XX se vuelven hacia ella cada vez más ojos en búsqueda de soluciones, de unas aspiraciones de crecimiento económico desde dentro y desde fuera sectores de la economía que la ignoraron durante años.

No cabe, por tanto, minusvalorar la importancia que las nuevas tecnologías de la comunicación, cristalizadas en Internet, tienen para el devenir del mundo tal y como lo conocemos. El mundo en el que vivamos dentro de diez años será el reflejo del uso, extensión y desarrollo que hagamos de estas tecnologías. En ese sentido, vale la pena detenerse a observar qué características tiene Internet que la hayan ayudado a convertirse en lo que es, para ser más conscientes de qué se puede mejorar en la Red y, sobre todo, de qué podemos perder si permitimos que sucesivas modificaciones de su estructura modifiquen drásticamente el modo en que funciona.

Para acometer esta tarea resulta muy valioso analizar cómo ha funcionado Internet desde el día en que fue diseñada hasta ahora, deteniéndonos en sus principios rectores -y siendo el de la neutralidad de la Red el mayor de ellos-, pasando por las consecuencias directas que nacen de tener como principios rectores ésos y no otros -y siendo su estructura distribuida la más destacada-, para llegar a ver qué se esconde tras el discurso que aboga por una ruptura con la tradición de Internet y las consecuencias prácticas e inmediatas que, para todos nosotros, tendría la adopción de una reforma que destruya el modo en que se concibió la Red. Que destruya aquello que la ha convertido en la herramienta a la que recurrimos cada vez más para informarnos, comunicarnos y, de forma creciente, desarrollar nuestra actividad económica. Este viaje es el que vamos a realizar a lo largo éste y los siguientes capítulos.

La Red neutra

Existe una gran ambigüedad en torno a qué se afirma cuando se dice que la Red es neutra, qué implica y qué se requiere para que se mantenga este carácter neutro: para que se defienda la neutralidad de la Red. Por ello resulta de gran interés aclarar, para que se disipe toda duda, qué es y qué representa exactamente la neutralidad de la Red. De qué profundidad es la huella que deja en Internet, al permitirle ser ese tejido en el que todo se desarrolle.

Neutralidad, el principio rector

La neutralidad de la Red es no la columna vertebral sino la médula espinal que mantiene a Internet como lo que es; no es el esqueleto sino el sistema nervioso que mantiene viva y alerta, capaz de emitir respuestas, a la Red.

Que Internet sea una red neutra equivale a afirmar que en Internet nadie puede privilegiar ni bloquear una conexión entre dos nodos cualquiera de la Red. De este modo, una vez tengo acceso a Internet -lo cual conlleva generalmente el pago de la tarifa convenida con un Operador que preste servicios de acceso a la misma- nada ni nadie, ni siquiera -y especialmente- el operador con el que tengo contratado mi acceso a Internet puede impedirme que conecte con un nodo cualquiera.

Esto significa que, además del carácter distribuido de Internet sobre el que volveremos en profundidad en el próximo capítulo y que dificulta mucho las labores de censura y control de la información, existe un factor más que vela para que nadie ni nada en Internet tenga el poder de ejercer un bloqueo que restrinja la libre interconexión, información y comunicación de los usuarios. Este factor no es sino el carácter neutro de la Red y emana de algo tan sencillo, y breve de explicar, como que un bit -la únidad básica de información en la era digital- es siempre, y únicamente, un bit. Sin importar el todo, sin importar para nada la pieza mayor de información -mensaje, noticia, obra cultural o de ocio- de la cual el bit forma parte, un bit es siempre un bit y, tomado de forma independiente, resulta indistinguible de cualquier otro. Esta noción tan básica es la que justifica la imposibilidad, sin atentar contra nuestra lógica ni contra todo lo que atendemos como razonable, de querer tratar de forma diferente el tráfico de datos en Internet en función del tipo de mensaje que se transporta o en función de cuál es el servidor que te ofrece esos datos. Esta noción tan básica es la que nos ayuda a entender porqué la neutralidad es algo consustancial a la Red y porqué, más allá de toda excusa, su eliminación obedece únicamente al deseo de crear escasez artificial, cuando en la Red opera la lógica de la abundancia -como veremos en el próximo capítulo- en un determinado producto. Crear escasez artificial de un producto en base a manipulaciones para encarecerlo, para tener más control sobre un mercado con el fin de que sea menos mercado real, para seguir jugando en la era y el entorno digital con unas reglas propias de una época y un medio ahora anacrónicos que permitan dar lugar a un futuro afortunadamente ucrónico. Un futuro en el que la Red y todas las nuevas oportunidades que nos brinda, desde nuevas vías de aprendizaje y comunicación a la emancipación y la internacionalización de la pequeña y mediana empresa cuyo acceso a mercados remotos depende de que la Red siga siendo neutra como hasta ahora, no existan ni hubieran existido nunca.

Es muy importante resaltar que la neutralidad de la Red no hace referencia en ningún caso, al coste ni del acceso a la misma, ni al coste de los servicios que se pueda hacer uso en ella. Contra toda falacia que desde sectores interesados se pueda lanzar al viento, la neutralidad de la Red hace referencia tan sólo al carácter indistinguible de los bits, esas unidades mínimas de información digital, y al hecho de que toda limitación artificial al modo en que estos bits fluyen atendiendo a criterios espurios representa un atentado contra la razón y contra el bien general, que se beneficia mucho más de una Red libre en la que la presencia de más y más personas es un acicate a la participación y a la innovación.

Así, la defensa de la neutralidad de la Red se presenta no como una opción sino como la única puerta válida para los que sabemos que Internet tiene el potencial de transformar el modo en que se organiza la sociedad, dando origen a un mundo mucho más humano y cercano, en el que las personas se vean más desarrolladas y más representadas, que el que se construyó en torno a bloques con la revolución industrial y los sistemas de comunicaciones del s. XIX como el telégrafo. Para los que creemos que Internet es mucho más que una nueva jukebox digital, para los que creemos que Internet es una herramienta destinada a transformar el mundo de forma que emerja un mundo nuevo que sea mucho mejor, más justo y meritocrático, defender la Red tal y como la hemos conocido desde sus inicios, y ello implica defender la existencia de una red neutra en la que no sea posible la priorización ni el bloqueo arbitrario de conexiones, es mucho más que una opción. Cuando se tiene el compromiso de defender el mundo que conocemos para que sea tan libre como pueda llegar a ser, tan rico como pueda llegar a ser y tan justo como pueda llegar a ser, defender una red neutra es el único camino.

Neutralidad: libertades y diversidad

Por todo lo anterior, la neutralidad de la Red es la garante de todas las libertades que tenemos en Internet. Aunque aún existen personas que se empeñan en diferenciar las libertades existentes en la Red como algo diferente a nuestras libertades, eso es una falacia.

La falacia que afirma que en la Red existe una especie de libertinaje ilimitado al que hay que poner freno a toda prisa se ampara en la errónea asunción de que la extinción de las libertades en Internet no tiene consecuencias para nuestras libertades fundamentales. Eso sería cierto en un mundo donde todas nuestras comunicaciones y nuestras principales herramientas, desde el teléfono a la banca pasando por el correo electrónico y el comercio online, no usaran tecnología digital y no estuvieran canalizadas a través de Internet. Pero resulta que el mundo en que vivimos hace un uso intensivo y creciente de la tecnología digital y de Internet. Y no hay marcha atrás, de forma que no tiene sentido diferenciar unas pretendidas libertades digitales que fueran un subgrupo de algo mayor y más general. No: existen solamente libertades que hay que respetar si no queremos sucumbir ante un totalitarismo rampante que devenga una sociedad de control. No hay lugar para la diferenciación de esas libertades ni para asumir que unas son prescindibles.

La defensa de las libertades en Internet, con la libertad de información y la libertad de comunicación a la cabeza, pasa necesariamente por la defensa de la neutralidad de la Red. Sólo en una Red neutra se puede garantizar que, de forma arbitraria, no se impida ni se bloquee la conexión con una determinada fuente, un determinado nodo de la Red. Sólo en una Red neutra se puede garantizar que, de forma arbitraria, no se impida ni se bloquee la capacidad de emisión de información de un determinado usuario de la Red.

Esto es de vital importancia porque, pese a lo que se repite desde el tópico fácil, ésta no es «la era de la información»; no en el modo en que la entiende el tópico fácil. Desde ciertas instancias se mantiene que la revolución es que la información otorga una autonomía y un poder a quien la posee. Eso no es nada revolucionario: fue siempre así, desde el principio de los tiempos. Lo revolucionario es que ahora todos podemos tener acceso a esa información y, sobre todo, que todos podemos emitir nuestra propia información. Pero todo ello depende de que la Red siga siendo neutra.

De esta neutralidad nace también la diversidad tan propia de la Red: diversidad de ideas, desarrollos y conocimiento. Diversidad, también, de proyectos empresariales. Y es que si algo caracteriza a Internet y las nuevas oportunidades que encarna es la capacidad de desarrollar negocios con una menor barrera de entrada, que es marginal en numerosos ámbitos que se centran en el aprovechamiento de las tecnologías digitales pero reposan toda su capacidad de subsistencia en el hecho de que la Red siga siendo neutra.

Que las barreras de entrada se hayan reducido conlleva que un mayor número de actores puedan jugar un papel como proveedores de diversos servicios, lo cual se traduce en la existencia de una mayor competencia y eso, en términos finales, desemboca en una serie de beneficios para el ciudadano y para la sociedad en general. A menudo, desde el entorno de las grandes corporaciones se comenta, con cierta malicia, que los defensores de la neutralidad de la Red lo que exigen es que todo sea gratis. Eso es falso. En la Red muy pocas cosas son gratuitas, y ninguno de los grandes servicios prestados por estas corporaciones lo es. En la Red neutra que conocemos existe mayor competencia que en el viejo mundo regido por normas materiales donde impera la escasez de producto como ordenador de mercados. Pero no hay que igualar ese cambio de reglas a todo es gratis, porque no es cierto: desde la cuota de acceso al coste de mantenimiento de un servidor si se desea tener presencia online en Internet, pasando por el precio -a veces en metálico, a menudo en transferencia de información personal con propósitos publicitarios-1.2 de todos y cada uno de los servicios de los que hacemos uso en Internet.

Y todo esto: la diversidad, las libertades, la sana competencia y todo lo que hace de Internet ese nuevo mundo de la riqueza y las oportunidades pende de que la neutralidad siga siendo el principio rector de Internet. Mantener y cuidar esta diversidad, alentarla y permitir su desarrollo es, de este modo, imprescindible para tener una sociedad digital sana. Y ya que el mundo en el que viviremos el resto de nuestra vida va a ser digital, es algo que vale la pena preservar.

La Internet distribuida

La Internet que conocemos nos enamora. Nos enamoró desde el principio y, aunque seamos ligeramente inconscientes de que le abrimos todas las puertas de nuestra actividad, lo cual ha facilitado enormemente su integración en nuestras vidas, lo hizo porque era un mundo lleno de posibilidades de comunicación e interacción personales, capaz de permitir la formación de comunidades conversacionales y de desarrollo cooperativo de proyectos. Pero también Internet se convirtió en esa biblioteca a la que acudir en búsqueda de aquellas noticias sobre las que, habida cuenta de la escasez de tiempo y espacio en los medios de comunicación mayoritarios, resulta imposible recoger información en otro lugar. así mismo, resultó ser esa librería en la que comprar ese libro, que por no estar destinado al público masivo, era imposible encontrar fuera de las urbes más grandes.

La Red distribuida

Si Internet se ha convertido en la herramienta que utilizamos para alcanzar la información que es inalcanzable de otra forma, para comercializar y adquirir productos que no resultaría rentable ofertar ni comprar de otra forma, y para comunicarnos de forma instantánea y directa con las personas que más nos importan sin importar la distancia a la que se encuentren, es debido a que entre sus características más importantes se encuentra la de poseer una topología de red distribuida.

Topologías de red

Cuando hablamos de redes, podemos definir tres topologías de red básicas que denominaremos redes centralizadas, descentralizadas y distribuidas, que fueron descritas por Paul Baran en la década de mil novecientos sesenta1.3 y cuya estructura podemos ver gráficamente en la Figura 1.1, adaptada de David de Ugarte.1.4


Topologías de red
Figura 1.1: Topologías de red: centralizada, descentralizada y distribuida.

Una red centralizada es aquella en la que toda comunicación pasa, necesariamente, por un nodo -el nodo central-, de forma que la desaparición de este nodo central desarticula efectivamente la Red, al quedar el resto como un conjunto inconexo. La desaparición de un nodo periférico no destruye la Red, aunque la haga menos rica al disminuir el número de nodos participantes. En una red centralizada, el poder del nodo que actúa como centro e interconector de los demás es muy alto, ya que sobre él recae la posibilidad de filtrar información, de decidir qué conecta con qué o de frenar todas las conexiones, si tal cosa fuera estimada oportuna.

Partiendo de este diagrama de red centralizada, podemos formar una red descentralizada si interconectamos varias redes centralizadas. En este tipo de redes, dos o más nodos centrales se conectan de forma que la información pueda ir de una red a otra, pasando por los nodos centrales. En esta topología, la ruptura del enlace entre un nodo periférico y su nodo central tiene consecuencias idénticas a las que tenía en una red centralizada, pero la ruptura del enlace entre nodos centrales no destruye totalmente la Red: tan sólo la devuelve a su estado original de red centralizada.

Por contra, la última topología, la de red distribuida, es radicalmente diferente a la anterior. En esta nueva estructuración de la Red, no existen nodos centrales, ni siquiera nodos que actúen como centros locales -como los que había en una red descentralizada. En esta nueva distribución cada nodo está conectado con otros, pero la Red es una malla en la que ningún nodo tiene el poder de aislar a otro, en la que ningún nodo tiene el poder de decidir qué conecta con qué. Esto podría parecer trivial, pero no lo es: en una red distribuida, la caida de un nodo cualquiera no imposibilita que la información fluya hasta todos los que estaban conectados con él. Existen multitud de rutas posibles para que este flujo de información tenga lugar, tantas más cuantos más nodos haya en la Red.

Que ningún nodo pueda imposibilitar el flujo de información significa que evitar que una información circule por la Red, ya se trate de una noticia o del último libro de moda, es muy complicado de conseguir. Bajo toda arquitectura de la información se esconde una estructura de poder.1.5 Este carácter indómito, tan poco jerarquizado y tan humano, es lo que ha conseguido que Internet se convierta en la médula espinal de todo lo que le pedimos a nuestro mundo para los próximos años. Esto, y no otra cosa, es lo que consiguió que abriéramos a la Red, de par en par, las puertas.

Abundancia, escasez y los actores no inocentes

En 2001, Juan Urrutia teorizó lo que denominó la Lógica de la abundancia,1.6 sobre la que habló de forma más extensa en trabajos posteriores1.7 y cuyas implicaciones se entreven en El capitalismo que viene.1.8

Juan Urrutia parte de un análisis económico clásico en el cual el valor del producto reside en su escasez y en la cual el controlador del producto escaso tiene una gran influencia en el mercado para acabar deduciendo que dada una red suficientemente grande, donde el efecto red sea lo suficientemente notable, la Red se comporta como un mercado perfecto en la que no existe la posibilidad de imponer un precio más alto que el coste marginal del producto, produciéndose la disipación de las rentas nacidas como consecuencia del control que sobre un producto escaso, y por tanto sobre su precio, tenía un actor en concreto. El coste de los productos se equipara al marginal, pero la distribución de nuevos productos a la Red tiene un marginal despreciable, desapareciendo la necesidad de filtrar productos.

Si nos centramos en el medio que ha dominado Internet desde su creación, el texto escrito, la lógica de la abundancia vendría descrita por el conjunto de webs existentes y estaría encarnada en el fenómeno de los blogs. La aparición de los blogs, rompe la dependencia del escaso espacio disponible en los medios escritos.

La lógica de la abundancia es la propia de una estructura de red distribuida, como lo es Internet y es consecuencia de esta topología. Puede, sin embargo, manifestarse no sólo en redes distribuidas sino en redes centralizadas en las que el nodo central tiene un interés especial en actuar no como filtro de la información sino en ser un potenciador de esos movimientos, convirtiéndose así en una pieza imprescindible de la estructura, consiguiendo que la abundancia juegue a su favor.

En este punto hay determinados factores que juegan un papel, como el interés existente por parte de diversos actores de recentralizar la red sobre si mismos y ciertas paradojas relativas al trabajo creciente de Internet. Todos estos factores los abordaremos en las próximas páginas de este libro.

La lógica del hardware distribuido

Internet debe su éxito al modo en que está constituida la estructura misma de la Red. Éstos son implícitos a veces, apenas mencionados, pero constituyen la médula espinal de la gran Internet distribuida en y con la que trabajamos diariamente.

La Red fue construida utilizando una lógica implícita que en su día nadie osó siquiera cuestionar: sencillamente, se aceptó la premisa máxima de que no había alternativa. Esta lógica implícita es la que nos dice que Internet debe tener una infraestructura de hardware distribuida. Toda conexión, todo servidor (tuviera o no conexión permanente a la Red) necesitaba una máquina corriendo allí donde estuviera. Estos servidores se encontraban dispersos y no se podía tener una presencia pública en Internet sin tener una máquina.

La lógica del software distribuido

Una consecuencia lógica, casi un corolario, de la distribución de hardware anteriormente descrita es la necesidad de la existencia de software que funcione localmente en cada servidor, de forma distribuida en el ámbito general de una Red.

Durante muchos años, todo el software que se desarrolló fue pensado para ejecutarse en una única máquina. Estas máquinas eran muy similares, cuando no idénticas, a las que millones de personas tienen en sus casas para uso doméstico y como consecuencia la petición fundamental por parte de los ciberactivistas que querían defender una Red libre y neutra era la de solicitar que el software fuera libre, esto es que respetara las cuatro libertades básicas tal y como las definió la Free Software Foundation.1.9.

Aunque no se mencionara de forma expresa, el software siempre estuvo diseñado para funcionar de manera distribuida, es decir, cada programa vinculado únicamente a una máquina. Es por ello que la defensa de la Red depende tanto de exigir que el software sea libre, como de exigir que el mismo pueda funcionar de forma distribuida. De esta forma se garantiza que cada uno puede tener su propia computadora funcionando de forma independiente. De forma análoga a la lógica del hardware distribuido, una Red libre como la Internet que conocemos requiere un software libre que pueda operar de forma distribuida.

Por la distribución hacia la libertad

La Internet que conocemos es distribuida. Es ésta una característica que no le debería ser sustraída, pues, en base a esta topología estructural tan particular, al menos si la comparamos con otras estructuras informacionales que históricamente han sido dominantes, ya que es la fuente de la que manan sus virtudes: la abundancia de información, la eliminación de barreras de entrada a multitud de negocios, la eclosión de comunidades conversacionales y deliberativas que generan enormes cantidades de conocimiento que es devuelto a la Red para que se extienda, para que siga alimentando aún más conversaciones, aún más desarrollos que revierten en una Red aún más rica, capaz de crecer y desarrollarse sin incentivos externos, pero no de sostenerse si un cambio estructural modifica y subyuga esta inexistencia de nodos capaces de dominar el modo y el sentido en que la información circula.

Reclamar que la Red siga siendo distribuida es, por tanto, una petición básica. Pues es una de las propiedades irrenunciables de la misma, parte de las que le otorgan su carácter y sus propiedades. Las mismas propiedades que nos entusiasman, que nos permiten navegar, consultar nuestro correo electrónico y desarrollar una vida enriquecida en este entorno tan favorable a la innovación y la participación libre, tanto para conectar como para comunicar sin filtros ni controles con cualquier persona. El otro gran factor, más importante aún que éste, que hace posible todo esto es el carácter neutro de la Red. A él dedicaremos el próximo capítulo. Y ello incluye el que Internet fuera construida sobre protocolos, códigos que hacen posible la comunicación libre e igual entre computadoras, y no sobre controles, aunque sobre este tema concreto ya hicimos hincapié en La sociedad de control.1.10 En esta ocasión, en una monografía dedicada en exclusiva a Internet, resulta más pertinente destacar otros aspectos subyacentes a la misma estructura de la Red. Como ya hemos mencionado, éstos son implícitos a veces, apenas mencionados, pero constituyen el sistema nervioso de la gran Internet distribuida en la que desarrollamos nuestro día a día. Y de su mantenimiento, o no, dependerá cómo se estructure la Red el día de mañana.

2. Internet en peligro de extinción

Internet no es una red de computadoras cualquiera. Internet es una red de computadoras altamente distribuida en la que, bajo la lógica de la inexistencia del derecho a veto -esa limitación a las operadoras para que no abusen de su posición monopolística como puerta de acceso a la Red que conocemos como neutralidad- han prosperado nuevas formas de desarrollar actividades, relaciones personales y negocios en los que con pocos recursos se conseguía plantar cara a las empresas más poderosas del mundo. Esta lógica, que ha configurado nuestra sociedad digital como hoy la conocemos, está en peligro.

Internet representa un nuevo ámbito donde existen oportunidades que, históricamente, no han estado disponibles para la gran parte de personas que puede beneficiarse del nuevo entorno de desarrollo, de competencias, y de fácil interconexión con cualquier persona en cualquier parte del mundo que nos abren Internet y el resto de comunicaciones digitales.

Esto representa un cambio nada despreciable en las reglas de juego tradicionales que mantenían a los estados y los grandes capitales al mando del timón que dirigía el mundo en que crecimos. Pero el mundo en que vivimos tiene más posibilidades que el mundo en que crecimos: más posibilidades de gestión, de desarrollo, de emprender negocios que te hagan dueño de tu propio destino. Demasiados cambios que son acogidos con tibieza y temor por gran parte de esa minoría que ha estado acostumbrada históricamente a controlar la economía y la política a su gusto, sin rendir cuentas ni explicaciones. El objetivo de todos sus ataques es Internet. En particular, y dado que es el código rector que permite que Internet sea ese ámbito donde muchas más cosas son posibles, el objetivo de todos sus ataques es la neutralidad de la Red.

La neutralidad, en peligro de extinción

Internet tal y como la conocemos actualmente está en peligro. Los continuados ataques contra la neutralidad de la Red la ponen directamente al borde de la extinción. La neutralidad es el pilar sobre el que se apoyan todas las cosas buenas que nacen de Internet: su carácter radicalmente democrático, su carácter libre. La neutralidad de la Red es el equivalente electrónico del binomio democracia y libertad de expresión.

Adquirir una comprensión profunda de este problema y de sus implicaciones, así como de la mejor forma de defender nuestros intereses, requiere desglosar la problemática general -el peligro real que se cierne sobre la neutralidad de la Red-, cuyo análisis global es complejo, en sus diferentes componentes. Estas diferentes componentes son los diferentes factores que juegan un papel relevante en el marco global, pero representan en si mismos aspectos sobre los cuales podemos echar una mirada que nos permite diagnosticar adecuadamente cada uno de ellos.

En este caso concreto vale la pena detenerse a pensar quién querría destruir la neutralidad, de qué herramientas dispone para lograrlo y, por último, a quién afectaría principalmente la eliminación de la neutralidad de la Red, de forma que sepamos con qué herramientas cuentan para su defensa y porqué estarán dispuestos a luchar por mantener la Red neutra.

Quién

Los principales interesados en destruir la neutralidad de la Red son aquellos actores que en ausencia de las condiciones de diversidad, mayor competencia y meritocracia propias de este entorno neutro tengan algo que ganar. Estos actores resultan ser de dos tipos fundamentales, sean estatales o corporativos, que se reducen a uno solo si los observamos adecuadamente: los interesados en eliminar la neutralidad de la Red, dando origen a un ecosistema castrado que no merezca el nombre de Internet, son aquellos que controlan las herramientas de poder y control tradicionales.

Los estados temen lo que de conversacional hay en la Red. Temen la capacidad de Internet para permitir que grandes grupos sociales articulen su actividad y se estructuren de forma horizontal sin prestar atención a los medios de comunicación tradicionales, encargados habitualmente de ser la correa de transmisión que invocaba la agenda pública impuesta por el estado. Al reducir la atención prestada a estos medios y articular su trabajo y su tiempo al margen de ellos, estas comunidades dan origen a su propia agenda pública, con sus propios intereses más o menos ambiciosos -desde debatir sobre temas que interesen sólo a los participantes, sin ceder a la presión mediática, a decidir en qué invertir el tiempo propio sin atender a motivos promocionados desde el estado a desarrollar estructuras complejas que permitan desarrollar toda una vida de forma autónoma al margen del estado. Todo esto permite a las personas recuperar parte de la autonomía que tuvieron para decidir qué temas les preocupan y qué problemas quieren resolver prioritariamente y que hasta la llegada de Internet ha recaído totalmente en el estado. El estado ve afectado su monopolio de gestión de una agenda pública y dedica, allá donde tiene medios para ello -como todo occidente-, grandes esfuerzos a conseguir colocar Internet bajo control político, en la ruta hacia la instauración de un régimen post-democrático basado en el control intensivo y exhaustivo sobre lo que los ciudadanos pueden hacer y hacen.2.1 En lo relativo al control de Internet, estos esfuerzos se han demostrado estériles hasta ahora, motivo por el cual los estados persiguen la eliminación de la neutralidad de la Red a sabiendas de que ello hará a la ciudadanía más pobre y más dependiente. En la esperanza de que ese empobrecimiento y esa dependencia reinstaurada les devuelva el monopolio social perdido.

Por su parte, las grandes corporaciones que poseen el acceso al capital y a la financiación para entrar en cualquier mercado, por elevada que sea la barrera de entrada económica al mismo, también observan a la neutralidad de la Red como esa espina que les impide repartirse entre ellos, un mínimo oligopolio, toda la tarta de beneficios económicos en una economía que reposa, cada vez más, sobre lo digital. Para ellos, sería una bendición la eliminación de la neutralidad de la Red bajo la excusa de una falsa liberalización de mercados. Estos oligopolios no están nada interesados en una verdadera liberalización de mercado. El mercado es lo único que favorece la competencia real, que a las últimas es el verdadero motor de la innovación y el agente encargado de conseguir que las mejoras tecnológicas y la bonanza económica se traduzcan en beneficios sociales para las personas de a pie, que verían mejoradas su calidad de vida. El mercado, transmisor y redistribuidor de riqueza, es algo tan positivo que los oligopolistas de toda la vida se apropian de ese concepto y en nombre de una falsa liberalización, en nombre de una falsa ampliación de mercado y competencia, defienden la eliminación de la neutralidad de la Red para conseguir precisamente reducir la competencia y eliminar todos esos factores que hacen que muchos actores pequeños puedan competir cada uno en su nicho, disputándole un éxito comercial que de otra forma será completo para ellos pues sólo ellos podrán acceder al desarrollo y comercialización de productos.

Estado, agente público

Los ataques del estado a Internet pretenden aumentar significativamente el control social. De esta forma, el progresivo endurecimiento de la legislación sobre propiedad intelectual ha sido el paraguas bajo el cual se han introducido sistemas de monitorización intensiva de la actividad de los usuarios en Internet.

Cuando la estructura de la Red es distribuida, el control que impida emitir información es muy difícil de lograr. En este contexto, el agente de control centra sus esfuerzos en una auditoría intensiva que permita saber qué usuario ha emitido qué información. El Vigilar y castigar bajo el que Foucault2.2 actualizó al s. XX el diseño de la cárcel perfecta que Jeremy Bentham realizara en el s. XVIII.2.3. Este tipo de mecanismos que se introducen con la excusa de controlar y hacer valer una artificial e innecesariamente dura legislación sobre propiedad intelectual son los que, con posterioridad, permitirán analizar toda la actividad de un cierto usuario en la Red.

La extensión de la monitorización desde el ámbito que persigue el mero respeto a una ley, sea ésta justa o excesivamente dura, tiene lugar al amparo de la lucha contra el terrorismo, aunque esta lucha contra el terrorismo esté también desvirtuada y sea exagerada por parte de la propaganda estatal y los medios de comunicación como parte de la extensión de mensajes de miedo que permitan manipular la opinión pública y controlar a la población de manera efectiva. Sin embargo, ya sabemos que la política del miedo, tan partidaria de anunciar cataclismos y peligros para conseguir la aceptación social de mecanismos de control propios de regímenes totalitarios es la forma de manifestación de la descomposición2.4 en el primer mundo.2.5.

Corporaciones, agente privado

Gran parte de la estrategia de reducción de las libertades y las posibilidades que se abren con la Internet que conocemos por parte de los estados se encuentran con el apoyo incondicional de las grandes corporaciones, aliados de éstos en esta batalla concreta, pues ambos ven en Internet una herramienta que amenaza el statu quo en el que estas grandes corporaciones mantenían un control absoluto de sus respectivos mercados.

Obviamente, los sectores que ven en Internet una amenaza y deciden aliarse con los estados para quitarle todo el potencial que posee son aquellos que basan su negocio en bienes digitales o digitalizables. De forma general, esto incluye a las operadores de telefonía y proveedores de acceso a Internet, a los medios de comunicación tradicionales y a quienes basan su modelo de negocio en la generación de contenidos para el entretenimiento y la cultura.

Por distintos motivos, que van desde el deseo de eliminación de competencia por parte de todos los que se dedican a la generación y distribución de contenidos hasta la ambición de ser el controlador último de cómo fluyen esos contenidos a través de la Red para poder facturar dos veces un mismo servicio en el caso de las operadoras de Internet, todos estos sectores aúnan esfuerzos para organizar sus intereses de forma que se presiona al estado para desarrollar leyes que les favorezcan; leyes que, adicionalmente, el estado desarrolla y aprueba con la tranquilidad de saber que el éxito de estos sectores es también su éxito: que la misma ley que permite controlar el flujo de contenidos permite disciplinar a la población.

Aparte de las operadoras de telefonía e Internet, existen otras corporaciones cuyas prácticas podrían desembocar, de tener el éxito que pretenden, en la muerte de la neutralidad de la Red y, en consecuencia, de la Internet tal y como la conocemos. Se trata de las grandes empresas de Internet (con Google y Amazon a la cabeza) que utilizan la infraestructura como ventaja competitiva y que, en su afán por acaparar tráfico y datos de los usuarios de Internet (que pueda ser monetarizado) se ofrecen a subvencionar la infraestructura de la Red misma, a suplantarla y convertirla en su propio jardín. De alcanzarse una situación de este tipo la neutralidad de la Red desaparecería también, con todos los problemas que apareja, pero debido a que en este caso percatarse de la pérdida de la neutralidad es bastante más complicado, por tratarse de una estructura de red centralizada con un nodo central permisivo, es bastante más sutil.

El papel del estado

Las herramientas con las que se puede destruir la neutralidad de la Red tienen tan diferente naturaleza que van desde la reforma legal respaldada por el estado hasta el polo opuesto: la permisión consciente de un vacío legal que permita a diversos agentes abusar de su posición oligopolista e imponer condiciones contractuales que, de facto, no estén respetando la neutralidad de la Red.

Tradicionalmente, la neutralidad de la Red ha sido defendida en base a equiparar la libre comunicación en la Red al uso de otras herramientas y sistemas de comunicación de forma que una limitación artificial en las posibilidades de comunicación de un ciudadano es interpretada como un menoscabo a sus libertades y el bloqueo de uso o acceso de los servicios ofrecidos por un tercero a través de Internet sean interpretados como un menoscabo a la libertad de prensa. Esto ha garantizado hasta ahora que exista control judicial previo a la desconexión de Internet tanto de usuarios como de un servidor que, por ejemplo, esté alojando un sitio web.

Reforma legal

Sin ceñirnos a la jurisprudencia de un único estado, podemos afirmar que existe un amplio catálogo de leyes desarrolladas por y para Internet. Estas leyes persiguen someter Internet al control total del estado y tienen como objetivo último el contento de los sectores que así ven cómo pueden mantener una posición ventajosa en sus respectivos mercados sin llevar a cabo los procesos de autocrítica necesarios que desemboquen en la búsqueda de la innovación e incluso en la creación de órganos internos dedicados a innovar. Estas leyes permiten a determinados sectores subsistir sin la necesidad de interiorizar la innovación como algo inalienable a la propia existencia de una organización.

Dentro de este conjunto de leyes, y manteniendo una mirada más o menos general, encontramos leyes que marcan una escalada beligerante por parte de los estados en forma de leyes de propiedad intelectual endurecidas, que dan paso a leyes específicas en las que se intenta poner trabas a comportamientos básicos como el de compartir información y archivos en la Red, generalmente en redes de p2p,2.6 llegando incluso a la criminalización (con penas mayores a delitos con violencia)2.7 y rescisión-prohibición de contratar acceso a Internet por usar redes p2p en Internet, nuevo formato de leyes conocido como leyes de los tres avisos o respuesta graduada, que ha sido aprobado recientemente en algunos países de la Unión Europea2.8, Nueva Zelanda y Corea,2.9 y cuyo fantasma planea ya sobre muchos otros gracias a las reformas para el mercado de las telecomunicaciones aprobadas en el denominado Paquete Telecom.2.10

Todas estas leyes constituyen todo un marco del afán de control del estado respecto de Internet, materializado en una monitorización de la actividad de los usuarios, unas condenas desequilibradas y acceso legal, coordinado con los proveedores de acceso a Internet, con la excusa de la propiedad intelectual. Con todo, estas leyes no son un atentado real contra la neutralidad de la Red.

La verdadera amenaza legal contra la neutralidad de la Red viene de la mano del Acuerdo Internacional Antifalsificación, ACTA,2.11 y toda la nueva ola de reformas que pretende legitimar el control que las operadoras de telefonía ejercen sobre las actividades de sus usuarios cuando contratan Internet con servicios de movilidad y a través del teléfono móvil. En todo caso, es mucho más pertinente tratar este tipo de reformas más adelante, en la sección sobre Operadores de telefonía y proveedores de acceso a Internet.

Vacío legal

Mientras se mueven los hilos de una reforma legal que permita a las operadoras bloquear con la ley en la mano la conexión a Internet de sus usuarios, la gran herramienta con la que el estado permite que dicho bloqueo tenga lugar consiste en no legislar nada en absoluto.

De esta forma, al no existir una regulación mínima que indique qué tipo de prácticas son inaceptables y qué tipo de limitación impuesta por vía contractual resulta excesiva , las operadoras de telefonía hace mucho tiempo que liquidaron la neutralidad de la Red cuando el acceso a Internet se contrata a través del teléfono móvil.

Podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que en el entorno de la Internet móvil, la Red nunca ha sido neutra. Y ello está detrás del fracaso en la extensión de este tipo de servicios que, pese a que cada uno de nosotros tiene un teléfono móvil en el bolsillo y este mercado se encuentra saturado hace más de una década, no han conseguido despegar y se mantienen aún en el año 2010 como un servicio de lujo y superfluo para una minoría de usuarios. La inmensa mayoría tiene esa extraña percepción de que puede esperar sin mirar el correo y usar Internet de verdad al llegar a casa. Y ello no se debe a que los servicios de movilidad no aporten beneficios, sino a que el vacío legal existente ha sido utilizado por las operadoras para bloquear durante años los servicios de Voz sobre IP2.12 y p2p, que fueron adoptados de forma masiva y natural en la Internet doméstica.

Cómo

El papel del estado determina las estrategias que deberán seguir todos los demás actores interesados en ver la evolución de la neutralidad de la Red y cualquier cambio en esta política modificará, sin duda alguna, la manera en que éstos se comportan y adaptan a las políticas vigentes. Sin embargo, pensar que se detendrán ante la inacción estatal sería equivocado.

Los proveedores de acceso a Internet llevan años intentando ignorar la neutralidad de la Red. Así ha sucedido desde siempre en el caso de los ISP conocidos por bloquear el uso de redes p2p a sus usuarios. Las protestas de los usuarios frente a este tipo de bloqueos siempre ha sido enérgica y se muestran públicamente en la Red.

Las operadoras justifican estos bloqueos alegando que la infraestructura no es suficiente,2.13 y culpando de esa saturiación a la neutralidad de la Red,2.14 Sin embargo, la infraestructura y su capacidad crece a un ritmo aún mayor que el tráfico de Internet.2.15 Parece claro, pues, que detrás de todas las restricciones impuestas sobre el acceso a Internet contratado por los usuarios se encuentran tan sólo una serie de excusas vagas para conseguir una renta excesiva, un beneficio por encima del ya abultado beneficio que, con justicia, les otorgaría el mercado.

Para evitar tener que justificarse con excusas erróneas, los ISP han buscado la aprobación de leyes que permitan el filtrado de las conexiones de los usuarios, de forma que se puedan tarifar por separado diferentes servicios de Internet como si los diferentes servicios requirieran y consumieran algo diferente. Como si todos ellos no fueran, inevitablemente, envío y recepción de bits idénticos e indiscernibles, para así poder tratar los bits de diferente manera según la información que contengan, haciéndonos creer que los bits no son sólo bits y que una determinada conexión (VoIP, o vídeo en streaming) les cuesta más que otras (navegar la web).

La aprobación de las leyes que den amparo a estas prácticas requiere el visto bueno del estado, razón por la que estas corporaciones han dedicado no pocos esfuerzos tanto a hacer saber su posición ante el gobierno del mismo2.16 como a lanzar campañas masivas en contra de la neutralidad de la Red2.17 cuyo objetivo final era aparecer como víctimas incomprendidas -y así ganar fuerza- de cara a la negociación de un hipotético proyecto de ley que derogue la neutralidad de la Red.

Las leyes de tres avisos y la neutralidad

Aunque en origen las leyes de respuesta graduada, o de los tres avisos, persiguen castigar la violación de la restricción de copia, su introducción ha dado desde muy pronto madera a las operadoras para comenzar a cargar por servicios extra, destruyendo efectivamente la neutralidad de la Red allá donde se ha aprobado.

Es el caso de Francia, uno de los estados pioneros en la aprobación de este tipo de leyes. Allá, el operador Orange anunció en el verano de 2010 que comenzaría a ofrecer un servicio nuevo a sus clientes. Orange propone cobrar 2 euros a sus usuarios para bloquear sistemáticamente el acceso a redes p2p desde su conexión a Internet.2.18 La propuesta es exactamente lo que parece ser: el usuario debe pagar para que le bloqueen la conexión. Una perversión sólo concebible en un entorno perverso en el que las penas por compartir archivos en redes p2p superan a las de crímenes con violencia, además de conllevar la desconexión y la incapacidad de contratar nuevamente un servicio de acceso.

De esta forma, una ley antipopular en sentido estricto -una ley que va dirigida contra el pueblo- deja a los operadores en una posición en la que sólo pueden ganar: si el cliente paga para «garantizar su seguridad» porque el cliente paga, y si no paga porque el responsable ante la ley, según la ley aprobada en aquel estado, es el cliente.

Proveedores de acceso cobrando múltiples veces un mismo servicio

Como la ruptura de la neutralidad de la Red tiene el objetivo último de que las operadoras puedan cobrar más de una vez, y tantas veces como sea posible, un mismo servicio, éstas no sólo centran sus esfuerzos en cobrar el mismo servicios varias veces a los usuarios finales. Parte de su esfuerzo y de su estrategia persigue que el mismo servicio que será facturado varias ocasiones al usuario final sea también facturado al cliente que está del otro lado del cable: proveedores de servicios a través de Internet.

Aunque esta fórmula ha sido propuesta en numerosas ocasiones, en muy pocas ha tenido el respaldo que obtuvo cuando el consejero delegado de Telefónica, César Alierta, solicitó en febrero de 2010 que las grandes empresas de Internet, principalmente los buscadores, pagaran una tasa a los proveedores de acceso: la conocida como Tasa Alierta.2.19 La justificación para tal tasa vendría dada, según las operadoras, en base a que los proveedores de acceso son, con frecuencia, los dueños de la infraestructura que sirve a los buscadores y otros prestadores de servicio para articular un negocio viable. Estas declaraciones recibieron el apoyo inmediato del entonces ministro de industria del estado español, Miguel Sebastián,2.20 que ya había remitido la petición a la Unión Europea para su evaluación.2.21

Por todo ello, éste es, sin duda, uno de los movimientos en contra de la neutralidad de la Red más importantes que se han visto, envuelto además de populismo y muchos problemas implícitos.

Populismo porque la propuesta intenta ganar el apoyo masivo del pueblo al estar explícitamente dirigida a las empresas más grandes.

Peligroso porque como toda propuesta populista que merezca tal nombre, en el fondo tiene para la ciudadanía más problemas que ventajas. Y es que los proveedores de acceso no se conformarán con cobrarle a Google, Amazon o Facebook, sino que antes o después intentarán extender esta tasa para que toda empresa que opere a través de Internet pague su respectiva tasa. Esto sucederá porque imponer la tasa a las grandes empresas les permite sentar un precedente: el de que en algún momento se acepte como justo que una empresa pague una tasa especial (además de los impuestos asociados que ya debe pagar y del coste de mantenimiento de sus infraestructuras, que obviamente también deben pagar) tan sólo por operar en Internet. Si a los proveedores de acceso se les otorga este privilegio, sin duda harán uso de él, aplicándolo cada vez a más negocios de menor tamaño.

Pero es que, incluso considerando que piensen limitarse a cobrarle a las grandes empresas, es una propuesta injusta. Injusta porque se basa en penalizar al negocio que ha tenido éxito. Si intento detenerme a pensar formas de desincentivar la innovación y el éxito, creo que no encuentro una mejor que prometer a los proyectos exitosos el ingreso en el poco deseado grupo de afectados que será forzado a pagar la tasa Alierta.

Por último, este tipo de propuestas es desolador. Y lo es porque, con una perspectiva como ésta, lo único que podemos afirmar es que el nuevo Google no surgirá en Europa. Nadie con un proyecto innovador sentará su base en una Unión Europea que va a necesitar precisamente de estos proyectos innovadores, intensivos en conocimiento y no en mano de obra, innovadores y generadores de un valor añadido mucho mayor que la mera transformación industrial de materias primas, que generalmente crea empleos mucho más intensivos en mano de obra y mucho peor retribuidos.

Internet móvil: allí donde nunca hubo neutralidad

Huelga añadir, en este punto, que las operadoras no están contentas con las tarifas planas: esa modalidad de acceso a Internet a cambio de una cuota fija mensual. Eso les deja con unos beneficios que escalan sólo cuando el coste del servicio prestado disminuye más que el precio aplicado al cliente final, dejándoles un margen mayor. Obviamente, las tarifas planas fueron durante años una reclamación de los usuarios, si bien sólo se hicieron realidad en una situación en la cual el mercado de Internet residencial estaba por explotar, con la gran mayoría de la población sin acceso contratado, y ofrecer este tipo de tarifas suponía una ventaja comercial. Posteriormente, la lucha por robar clientes a otros proveedores vino emparejada a un incremento de la velocidad del servicio. Actualmente, cuando la gran mayoría de las personas cuenta ya con acceso a Internet, esa perspectiva no es suficiente para calmar las ambiciones de las operadoras.

Las operadoras llevan años ambicionando poder tarifar por separado servicios que en el fondo son la misma cosa, y poder cobrar por una misma cosa a varios clientes diferentes (usuario doméstico que paga el acceso a diferentes webs por separado, como paga el acceso a diferentes canales de televisión por cable; proveedor de servicio por Internet, al que cobra por mantener el acceso disponible para sus usuarios domésticos). Para ellas, la Internet móvil representa todo lo que desean: un entorno en el que por contrato imponen al usuario qué tipo de conexiones podrá realizar, un entorno en el que la ausencia de neutralidad les ha permitido bloquear la Red durante una década hasta haber conseguido que los usuarios desarrollen una cultura de pago tan exhaustiva que ahora, y sólo ahora, están preparados para permitir el uso de Internet en el móvil. Sólo ahora que tienen esperanzas de extender los hábitos de pago ultrasegmentado tan común en el móvil a la Internet en general, y no antes que corrían el peligro de que justamente sucediera lo contrario: que se extendiera al móvil el modelo de tarifas planas habitual en la Internet de uso doméstico. Lo cual no les impide el uso de p2p y VoIP en nombre de «la ley, la moral, las buenas costumbres generalmente aceptadas y el orden público».2.22 Supongo que en ciertos ámbitos se pueda pensar que el uso de redes p2p no está ni extendido ni resulta moral y socialmente aceptable, pero creo que no son representativos de lo que piensa la mayoría de la población.

Pongamos por ejemplo el lucrativo negocio de los tonos de móvil; en la Internet normal nadie pagaría más de 1 euro por apenas 20 segundos de algo que no es ni siquiera una canción, sino una melodía, un mero jingle, que poder usar como tono de móvil.2.23 Este tipo de asociación con fabricantes no es un fenómeno aislado. Desde hace bastante tiempo es conocida la asociación de operadoras y fabricantes de chips para ordenadores portátiles, de forma que todos tengan de serie un chip idéntico a los utilizados por los teléfonos móviles. Puede pensarse que el objetivo de esta asociación es dotar a los portátiles de nuevas capacidades, pero la realidad resulta algo diferente: la intención es potenciar la extensión de «la Internet móvil» en los portátiles por encima de la conectividad WiFi que, sin coste adicional, permite que un usuario se conecte a Internet usando redes que tenga disponibles (WiFi abierta, de acceso municipal o, incluso, la formación de hipotéticas redes malladas ciudadanas).2.24

El problema es que las operadoras les encantaría volver a 1995, a los tiempos en que tenían a todos los clientes pagando abultadísimas facturas por hacer llamadas locales. Romper la neutralidad de la Red es imprescindible para lograrlo, de forma que vale la pena destacar la opinión de Howard Rheingold (novelista y crítico centrado en las implicaciones culturales y sociales de las nuevas tecnologías) que, en otra entrevista concedida en 2008, afirmaba que «es importante resistir los embates de los proveedores de banda ancha para romper la neutralidad de la Red y recentralizar el control de Internet».2.25

En este sentido, es muy importante la cuestión resaltada por Tim Wu (profesor de derecho de la Universidad de Columbia, Nueva York), que en una entrevista concedida en 2009 preguntaba abiertamente si «¿Se parecerán los móviles a los ordenadores o a las televisiones? ¿Serán abiertos o discriminatorios?».2.26 Según Tim Wu, esta es la cuestión para los próximos cinco años.

Internet móvil y el final de las tarifas planas

Desde antes de que Internet apareciera en los medios, desde antes de que la mayoría de personas que ahora usan la Red la hubieran usado por primera vez (es una afirmación demostrable tan sólo comparando el número de suscriptores a Internet en 1997 y 2008, por ejemplo) hubo una lucha por parte de las personas que querían usar la Red de forma más libre, entendiéndose en ello la libertad de horarios y de permanecer conectados durante el tiempo que fuera necesario sin tener que preocuparse por el precio final de la factura.2.27

Se exigía «mayor horario de tarifa reducida y tarifa plana en ese horario» en un servicio emergente que las telecos querían ver despegar (representaba otra vía de entrada de dinero). Fue así como surgieron las tarifas planas, con no poco sudor y no pocas movilizaciones.

En 1999 las tarifas planas se extendieron globalmente; también en España. Con ellas Internet llegó al público mayoritario, poco a poco más casas fueron conectándose a la Red: primero con viejos módems estridentes y luego a través de elegantes routers y cable-módems inalámbricos con conexión permanente.

Como sucede con frecuencia, la realidad es muy diferente según desde el ángulo desde el que sea observada. Ahora mismo, los usuarios nos alegramos porque tenemos la posibilidad de contratar una tarifa plana que nos permite navegar, charlar, bajar música ocasionalmente, compartir nuestros vídeos caseros y, si queremos, ver nuestro programa preferido de televisión a través de Internet.

Las telecos, por contra, lamentan su situación -y ya querrían muchos esa situación penosa– incesantemente: el tráfico de Internet representa una porción creciente del tráfico total de telecomunicaciones pero, según las operadoras estadounidenses,2.28 la mayor parte de sus beneficios provenía en 2008 de los servicios tradicionales (llamadas de voz, mensajes de texto2.29 y mensajes multimedia2.30) no incluídos en las tarifas planas que hacen que su beneficio no sea escalable y que, por tanto, ese aumento de tráfico no conlleve un incremento proporcional de los costes. Piden, por tanto, reformas legales que les permitan ganar aún más dinero transfiriendo menos bits, tanto en Estados Unidos2.31 como a este lado del atlántico.2.32

Es para conseguir éxito en estas peticiones que no cesan en la invención de historias y quejas que les permitan satisfacer su afán de cobrar más por lo mismo: ya sea cobrando dos veces a dos personas diferentes o ya sea cobrando más a una misma persona. Todo eso es sólo alcanzable si se deroga la neutralidad de la Red de forma que el proveedor pueda cobrar dos veces (al cliente por acceder y al host por hacer su web accesible; y ojo porque esto acabaría con toda startup de internet que pudieras imaginar nunca) o filtrar el contenido al que accede el cliente según su tipo y cobrar «paquetes» adicionales: paquete de p2p, de VoIP, de YouTube, de correo electrónico, etc. del mismo modo que ahora en la tele por cable te cobran por canales adicionales.

El poder político contempla esa petición como una oportunidad para permitir el filtrado de contenidos, que derrocaría a la neutralidad de la Red y beneficiaría a ambas partes (aunque no a los usuarios finales ni a la sociedad en general). De forma que no es descabellado pensar que unos y otros se guiñen un ojo y legislen al respecto, como hemos observado en la petición de las operadoras españolas, rápidamente atendidas por el gobierno español y transmitidas a la Unión Europea para su debate.

Dentro de estas estratagemas, historias o quejas entran actividades como organizar grupos de presión frente a los gobiernos de los estados; ideas falsamente revolucionarias sólo aplicables si se renuncia a una red neutral, como el p4p;2.33 o desinformación al respecto de un hipotético colapso de Internet si continúa aumentando el tráfico,2.34 cuando las telecos están usando actualmente para los clientes que las contratan menos de un 10% de su capacidad real -y podemos afirmar eso sin temor alguno a ser exagerados- y el resto se lo guardan para uso propio.

Es cierto que el peor de los escenarios posibles sólo se daría si la neutralidad de la Red es eliminada. Pero también hay otra forma de hacer escalables las tarifas que hasta ahora eran planas. Las compañías pueden imponer contractualmente un límite de tráfico mensual a partir del cual el usuario deba elegir entre que la velocidad sea reducida hasta lo exasperante o el tráfico adicional le sea facturado aparte. Éste es un modelo muy habitual en la Internet móvil que da no pocas sorpresas desagradables al usuario confiado. Es importante considerar estas opciones cuando vemos que en Estados Unidos la tendencia es imponer en las conexiones domésticas este tipo de límites,2.35 que generalmente sólo existían en el mundo de la Internet móvil, con los recelos que ello levanta.2.36

Por supuesto, en un contexto que acepta que un usuario, por enviar un SMS, pague más de lo que cuesta recibir datos desde el telescopio Hubble,2.37 no parece que las operadoras tengan un modelo de negocio en crisis y toda medida de extorsión destinada a eliminar las tarifas planas y convertirlas en escalables resulta rechazable, pues parecen amparadas en excusas difícilmente justificables.

¿Internet llega al móvil? No, el móvil llega a Internet

Si analizamos los términos en que se debate sobre las tarifas de Internet para móvil, no podemos sino pensar que las tarifas planas van a ser realmente difíciles de obtener. A menudo nos dicen que Internet llega al móvil, pero la realidad podría estar siendo justo la inversa: no es que Internet llegue al móvil, sino que el móvil y la cultura de pago en él presente se extienden hasta alcanzar a Internet.

En octubre de 2010, datos publicados por Nielsen mostraban que los adolescentes estadounidenses entre trece y diecisiete años envían, en promedio, casi 3500 SMS al mes.2.38 En el mismo estudio, se prevé que el salto no se dará de los SMS a la web, donde rige la abundancia, sino a esa serie de pequeños corralitos gobernados mediante la escasez: las aplicaciones específicas para cada canal, tan populares en el móvil. Las mismas aplicaciones que representan el final de la web abierta y el triunfo de la escasez en Internet, como bien recogió Virginia Heffernan en un artículo publicado en New York Times.2.39

En 2010, no existen tarifas de móvil verdaderamente planas. La inmensa mayoría de las ofertas tienen un límite de descarga de datos a partir del cual la conexión se ralentiza o aumenta el coste final para el usuario. El segundo operador de Estados Unidos en número de clientes, AT&T anunció en junio de 2010 que eliminaba de los planes ofertados a clientes las últimas tarifas planas, incluso las que ya eran realmente caras.2.40 No más tarifas planas, es el mensaje transmitido por el antiguo monopolio público estadounidense y uno de los mayores ISP del mundo.

Hay quien argumentó que 2GB mensuales parecen correcto porque «el 95% de los clientes no alcanza ese límite».2.41 Cada vez que alguien me justifica los límites de descarga me acuerdo de los tiempos pre-tarifa plana y me acuerdo de la famosísima frase erróneamente atribuida a Bill Gates según la cuál «640 kb de memoria deberían ser suficientes para siempre».2.42

Con una sutil diferencia. Una vez los operadores logren implantar topes en las tarifas y segmentar el mercado, será mucho más difícil volver a conseguir que implanten tarifas verdaderamente planas. No es como un pacto en el cual, cuando la tecnología les permita ahorrar costes, el ISP te regalará la tarifa plana. No: el ISP estrujará el limón al máximo mientras tenga jugo. El fin de las tarifas planas hace que el limón del acceso a Internet tenga mucho más jugo.

Todas estas medidas que proponen los proveedores de acceso son aceptadas con mayor facilidad si se considera que durante una larga década los usuarios han desarrollado un hábito de pago por todo en lo referente a servicios móviles. Mientras que dejar de ofertar tarifas planas domésticas sería mucho más difícil de conseguir, conseguir que se acepten como inevitables los planes de datos con consumo limitado y servicios bloqueados es bastante más accesible para los proveedores de acceso, pues no tienen en contra la inercia de los usuarios y sí tienen a favor la existencia de una cultura de pago y centralización de servicios en el operador móvil.

Seis claves sobre las tarifas con límite de descarga

De esta forma, existe una serie de cosas que vale la pena conocer, y que seguramente no resultarán agradables, cuando hablamos de los planes de acceso a Internet no planos, aquellos que tienen límite de descarga o en los que la factura está segmentada.

  1. Son una vieja ambición de las operadoras sólo pudo ser aplicada en el ámbito de la telefonía móvil, donde el número de proveedores de acceso era aún más reducido, lo que limitó aún más la competencia.
  2. La mayoría de los límites de descarga son defendidos haciendo notar que sólo afectarán a un pequeño grupo de usuarios y pretendiendo que parezca que la culpa de la mala calidad del servicio corresponde a estos usuarios.
  3. Un límite elevado puede no afectar a mucha gente hoy, pero cualquier cosa que incite a la gente a pensárselo dos veces antes de ofrecer o utilizar servicios que impliquen Internet tendrá un impacto negativo sobre la innovación y, en consecuencia, es una mala idea.
  4. Significa que nadie se arriesgaría a montar una gran empresa que haga un uso intensivo de Internet, o cuya actividad pivote exclusivamente en torno a ella. No más Googles, ni Amazon, ni YouTube, ni WordPress.com.
  5. En el futuro, nuevos servicios que podrían emerger, como los servicios médicos a distancia, o seguir creciendo, como la teleconferencia para aliviar las reuniones de grupos de trabajo dispersos en diferentes lugares, podrían estancarse o ni siquiera ver la luz.
  6. Por último, y pese a lo que digan los proveedores de acceso, Internet seguirá creciendo en número de personas conectadas y en la cantidad de tráfico que tendrá lugar. Todo plan para afrontar ese crecimiento que pase por limitarlo, bloquearlo o intentar segmentarlo, en lugar de favorecerlo y hacer frente a ello representa una desventaja competitiva con aquellos que no se esfuercen en poner freno a su uso ni a la innovación en torno a Internet. Esta desventaja competitiva y esta falta de innovación no harán sino conseguir que las regiones bajo control de los estados que permitan esto se queden retrasadas en cuanto al uso y desarrollo de nuevas tecnologías.

La recentralización de la infraestructura

Aparte de los proveedores de acceso a Internet, cuyo objetivo principal es el de hacer valer su posición privilegiada -actualmente son la única puerta de acceso real a Internet- para obtener un beneficio desproporcionado, existe otro grupo de empresas que pretenden desequilibrar la balanza de la neutralidad de la Red a su favor: se trata de los grandes prestadores de servicios por Internet.

En esencia, estos prestadores de servicio actúan ofreciendo sus computadoras al público general, de forma que éste utiliza la infraestrectura como si de un servicio centralizado más se tratase, en lo que se conoce por el nombre de Infraestructura como servicio (Iaas).2.43.

Estos servicios de infraestructura centralizados funcionan de muy diferente manera e incluyen desde los servicios de computación en la nube,2.44 en los que el prestador de servicio alquila computadoras y potencia de cálculo para el propósito que el cliente desee, hasta los servicios de software centralizado en los que el prestador de servicio no sólo centraliza la infraestructura sino también el software. En general, tanto uno como otro disminuyen el grado de distribución de la Red.

Mientras en el primer caso la infraestructura está centralizada, el segundo tiene el agravante de que además de constar de una infraestructura centralizada ésta se encuentra, generalmente, subvencionada porque las máquinas no se alquilan al usuario final, sino que éste disfruta del servicio sin abrir la cartera. El hecho real es que lo que no pagas no te pertenece y si ese hardware no es costeado por el usuario, no tiene control ninguno sobre él.

Cuando se cede el control de la infraestructura, de los datos y del software con el que se gestiona, la Red pierde uno de sus grandes encantos, su carácter distribuido. No parece buena idea rendir tanto tributo en nombre de la nube.

¿Por qué tanta fanfarria con la nube?

En primer lugar, cabe preguntarse qué tiene la computación en nube que la haga merecedora de toda la fanfarria mediática que la acompaña, así como preguntarse cuál es el motivo real que tienen detrás sus partidarios para no parar de hacer ruido al respecto.

Los medios especializados se deshacen en elogios hacia la nube y no paran de contar las maravillas a que quedará reducida nuestra vida cuando todo nuestra capacidad de almacenamiento, procesamiento y software estén centralizadas en vastos centros de datos y proceso de información propiedad de una gran empresa de Internet.

Los aspectos negativos no reciben la misma atención. Éstos incluyen la generación de una dependencia continua respecto al proveedor del servicio, la cesión del control de todos nuestros datos y la capacidad de procesarlos, un debilitamiento de la estructura distribuida de la Red misma y una importante cesión de información privada que es crucial en el proceso de convertir todas nuestras acciones diarias en un producto que hará ricos a algunos y por la que tú no recibirás nada. Esta lógica es la que subyace a la eclosión de servicios de software y hardware centralizado que explotó con el boom del dospuntocerismo2.45 y no ha cesado hasta ahora.

Nos quieren vender la nube, y en la nube estamos perdiendo la Red, así tan ligeritos, tan descuidadamente. Porque en la nube llevada al extremo que nos quieren amasar, habrá algo que quizá llamarán Red, quizá incluso la seguirán llamando Internet, pero no lo será: Internet es un ente distribuido y la nube es el Caronte destinado a llevarla al mundo de los muertos. Internet ha llegado hasta aquí agarrada a su carácter distribuido, y ese corralito propiedad de un único proveedor de servicios online no será nunca distribuido, aunque sin duda lo llamarán así, porque lo están intentando aún ahora. Cada vez es más urgente luchar por convertirse uno mismo en nodo y proveedor de todos los servicios que se pueda: si hace ya unos años tuvimos que saltar a la búsqueda de software libre para nuestros ordenadores, ahora ha llegado el momento de evitar que la Red acabe subyugada a los deseos de un reducido grupo de empresas que la usen y la tiren en función de unos intereses que no son los nuestros.

En palabras de Cory Doctorow, en un clarificador artículo titulado No todas las nubes tienen un perfil plateado,2.46, «el mayor atractivo de la nube para inversores y emprendedores es la idea de hacer dinero de ti, de forma recurrente y perpetua, por algo que actualmente consigues por una tarifa plana o de forma completamente gratuita sin necesidad de renunciar a tu dinero ni a la privacidad que las compañías de la nube esperan convertir en fortunas».

La infraestructura como ventaja competitiva

Cuando hablamos de Cloud computing, centralización de infraestructuras y servicios centralizados de software pensado para funcionar a través de Internet, resulta inevitable hablar de Google.

Google lleva años siendo una de las empresas líderes en innovación en Internet y acaparando titulares. La cantidad de servicios basados en software que Google ofrece lo hace merecedor de titulares, en ocasiones recibiendo una atención desproporcionada. Aquí no vamos a hablar de eso más que de pasada dentro de unos párrafos. No, ahora vamos a hablar de otra cosa: si Google merece una atención especial llegado este punto es porque está empleando una de las estrategias más agresivas que hemos visto en Internet para conseguir y mantener una posición ventajosa en la Red como ninguna otra empresa ha tenido nunca en ella.

Y esa estrategia agresiva no es otra que la de utilizar la intraestructura como una ventaja competitiva. No son los primeros que lo han intentado, pero sí que Google es el primer caso de empresa que, en la Red, consigue desarrollar esta estrategia con éxito.

Lo más sencillo será detenernos a analizar un ejemplo de cómo se puede utilizar esta infraestructura como ventaja competitiva en la Red. Para ello nos detendremos sobre un caso protagonizado por el mismo Google: las consecuencias que en el mercado de webmail tuvo el lanzamiento de su servicio de correo, GMail, en 2004.

GMail fue lanzado el 1 de abril de 2004. En aquel momento el buzón de correo promedio tenía un tamaño de unos pocos megabytes (2MB Hotmail, 5MB Terra, 10MB Lycos) y había decenas de proveedores de correo electrónico gratuito vía web. Google lanzo el gigamail con una capacidad, precisamente de 1GB (500 veces la de Hotmail, 200 veces la de Terra, 100 veces la de Lycos) y en cuestión de meses la inmensa mayoría de proveedores de correo web gratuito desaparecieron. El huracán desatado por Google los borró del mapa. ¿Qué había hecho Google?

Google se había limitado a proponer su vasta infraestructura como una ventaja competitiva frente a otros proveedores de webmail: limitarse a ganar una parte del mercado tan sólo recurriendo a anteponer una barrera de entrada muy elevada al mismo (y apoyándose en público más técnico a base de proponer una aplicación bien resuelta y elegante, que por cierto no es software libre).

Desde abril del 2004 hasta el momento de escribir este libro, a finales de 2010, Google no ha cesado de dar pasos en la misma dirección, un camino que les apareció virgen, visto el enorme éxito cosechado con el webmail. Así, Google se lanzó a la carrera de ofrecer aplicaciones en línea. Éstas incluyen Editor de texto, hoja de cálculo, almacenamiento de imágenes y vídeos, entre las varias decenas de productos que oferta. Todos tienen en común una cosa: se apoyan en la infraestructura del gigante para reducir la competencia. El gigante se apoya en ellos para eliminar a sus rivales.

El círculo en que se enmarca esta estrategia se cerró cuando decidieron entrar al mercado de computación en nube ofreciendo ésta como servicio sobre el que correr aplicaciones específicas que no son las desarrolladas por Google y que éste ofrece a todos los usuarios. El servicio, Google App Engine, ofrecía hacerse cargo de todos los problemas aparejados al desarrollo de aplicaciones para muchos usuarios (escalabilidad, balance de carga, continua disponibilidad del servicio), a cambio Google lo controlaba todo; y es aquí donde el tema se vuelve espinoso. Con todo ello, Google ponía de manifiesto su voluntad de subsidiar totalmente la infraestructura de la Red. Pero aquello que no pagamos, no nos pertenece. No tardaron en aparecer voces críticas haciendo la pregunta precisa: «¿cuánto pagarías por esa libertad?».2.47

la Red es lo que es (lo que a todos nos gusta, ese lugar donde encontrar cualquier cosa que buscamos desde información a música, gente afín o descargas) porque era altamente distribuida. Si Google centraliza servicios y continúa acumulando peso (por hablar en términos de ponderación matemática) dentro de la misma, la Red no puede considerarse verdaderamente distribuida. Si permitimos que Google sea el poseedor de toda la infraestructura, y bien sabemos que se ofrecerá, la Red no podrá considerarse distribuida. Y ello no tendrá consecuencias dramáticas mientras Google se comporte como una especie de dictador benévolo, como el que considerábamos en el caso de una red altamente centralizada con un nodo que actúe siendo extremadamente permisivo. Lo que sucede es que en el pasado Google ya ha sido descubierto favoreciendo sus propios servicios frente a los ajenos.2.48 Decía J.R.R. Tolkien que la capacidad corruptora del poder alcanza incluso a los dioses, ¿por qué va a estar Google al margen de cometer un abuso?

Por supuesto, aún no estamos viviendo en una especie de GoogleNet, pero Google gana preeminencia en casi todos los frentes de mercado de Internet y corremos el riesgo de que se convierta en un monopolio incontestable. Y si no pudiéramos acceder más que a páginas de Google, ¿quién levantaría la voz? Mejor aún: ¿te dejarían Google y su algoritmo acceder a esas páginas que levantasen la voz?

Ahora mismo, Google tiene cientos de miles de computadoras y un montón de datacenters repartidos por todo el planeta para que tu búsqueda sea resuelta en apenas unas centésimas de segundo. ¿Para hacerte más feliz ahorrando tiempo? Responder a esa pregunta es dar una parte de la verdad, pero estaríamos obviando el resto. Lo cierto es que dándote la búsqueda en 0.04 segundos en lugar de en 0.09, Google te ahorra tiempo. No es menos cierto que, de esa forma, te ofrece el doble de búsquedas por unidad de tiempo: el doble de anuncios por unidad de tiempo, el doble de clicks, el doble de beneficios para ellos. Pero lo terriblemente cierto es que al rebajar ese tiempo al máximo lo que sí consiguen es expulsar de la carrera por «ofrecer resultados rápidos» a cualquier otro competidor. A pesar de tener casi el 80% de cuota de mercado global, Google no deja de innovar en este mercado, arañando centésimas, poniendo la barrera de entrada cada vez más alta.2.49

Los problemas para la competencia ahora pasan a ser de otra naturaleza: ¿la competencia ha desarrollado un algoritmo de búsqueda mejor que el de Google? Más le vale tener, además, cientos de miles de máquinas tirando del carro o será derrotada con estrépito en la batalla por ofrecer buenos resultados en tiempo récord.

Alguien dirá que si la manera de expulsar al resto de competidores es mejorar los productos, ¿dónde está el problema? El problema es que una vez expulsas al resto de competidores, no existe la necesidad de invertir para seguir mejorando. Cuando no puedes ganar cuota de mercado y nadie te la puede quitar, el mayor rendimiento pasa por no mover un dedo en cambiar nada y dejar que la maquinaria permanezca en un status quo inamovible. El problema es que cuando estás sólo en el mercado, puedes imponer condiciones draconianas a los compradores/usuarios. ¿Cuántas funciones nuevas incluyó Microsoft Office 2007 que no estuvieran ya en Microsoft Office 2000? ¿De verdad transcurrieron 7 años sólo para eso?

La nube de servidores de Google es cada vez mayor y esa sola empresa acapara una cuota creciente de la Red, amenazando la neutralidad de la Red mediante la supresión de la lógica que la constituye: la lógica del hardware distribuido (una red sólo es distribuida si el hardware está distribuido). Google se postula a si mismo como central mundial del hardware pero una Internet así construída le da demasiado poder a un único nodo (www.google.com) frente a los demás. Y eso no es nunca deseable.

Google ha puesto rumbo hacia la recentralización de la Red, hacia la concentración de la Red, bajo su control. Y quizá no tuviera elección. Es posible que con la tecnología de búsquedas actual, Google no se pueda permitir otro tipo de estructura de red que no sea la estrictamente centralizada sobre sí mismo. Puede que sea cierto la paradoja del control en Internet, según la cual en una Internet cada vez más grande en la que participan cada vez más personas, la infraestructura necesaria para conectar dos puntos de Internet en el tiempo que demandamos tenga que ser enorme y controlada por una única entidad. Quizá esta es la gran paradoja de Internet. Sin duda alguna, Google se siente cómodo en esta situación, debido al papel que le toca desempeñar: en una Internet cada vez más grande, son cada vez menos los que tienen la infraestructura necesaria para conectar dos nodos cualesquiera de la Red en el tiempo que le pedimos a la Red.

Acuerdos bilaterales Operador-prestador

Hay otras situaciones en las que el prestador de servicio utiliza su capacidad financiera para subvencionar el acceso a los servicios propios.

Este tipo de escenario agrada a los operadores, ya que el prestador de un servicio por Internet decide pagar al operador para que privilegie sus servicios frente a los de la competencia, de forma que le resulte más sencillo atraer a los usuarios. En consecuencia con lo anterior, este tipo de acuerdos rompe la neutralidad de la Red.

Los proveedores de acceso a Internet, por medio de un acuerdo con el prestador de servicio, se garantizan un ingreso. El prestador, generalmente intentará conseguir beneficios en número de usuarios y para ello se asegura de recibir un trato preferente: puede que los usuarios accedan con más fluidez a sus servicios o puede que vean subvencionado parte del coste de conexión al mismo.

Este último caso es el que nos encontramos con acuerdos como los alcanzados por Facebook Inc. con diferentes operadores de Internet móvil por todo el mundo y materializados en el servicio Facebook 0. Estos acuerdos contemplan que el tráfico de datos entre sus servicios y los clientes de Internet móvil no fuera cargado en la factura de los usuarios, ya que Facebook lo subvencionaría. Obviamente, y para evitar ser criticado por vulnerar la neutralidad de la Red, Facebook no lanzó su servicio ni en la UE ni en Estados Unidos.2.50 Una vez más, las empresas recurren a imponer una Red no neutral allá donde hay menos resistencia social: si allí donde la penetración de Internet fue más temprana los operadores recurren al mercado móvil para destruirla, los prestadores de servicio por Internet encuentran aún más oposición y sus movimientos son aún más tímidos, aunque no por ello menos peligrosos. Este tipo de acuerdos es de la misma naturaleza que los que alcanzaron Google y Verizon, mayor proveedor de acceso a Internet de Estados Unidos, durante 2010 y que levantaron una gran cantidad de críticas muy duras.2.51

¿Cómo sería un mundo en el que las nuevas generaciones no hayan conocido Internet, sino que tan sólo hubieran tenido acceso a los servicios de Facebook? Eso es lo que está en disputa cuando se permite la subvenciona del acceso a servicios específicos en países donde los usuarios a duras penas pueden pagar un acceso a Internet doméstico, y ni hablemos del móvil. Cuando se propone que aquellos que no tienen dinero para gastar -como todos los niños del primer mundo, a los que los padres regalan un teléfono pero a los que, a buen seguro, no van a contratar un caro servicio de Internet móvil que conlleva el enorme riesgo de no se una tarifa plana. Está por ver cómo sería un mundo en el que sólo se conozcan los servicios de aquellos con el dinero suficiente para hacerse conocer, en el que la diversidad que nacía de la neutralidad de la Red hubiera desaparecido, en el que la revolución de Internet no fuera más que una valdía promesa del pasado, pero la perspectiva no resulta especialmente alentadora.

El objetivo final de la recentralización

El objetivo de todas las estrategias que persiguen una recentralización de Internet no es otro que el de acaparar cuota de mercado, en este caso: cuota de beneficios publicitarios y cuota de información personal de todos y cada uno de los usuarios que pueda, posteriormente, ser monetarizada.

Por ello, estas empresas -con Google a la cabeza- persiguen que entres a sus servicios y, si es posible, que acabes entrando únicamente a sus servicios -como sería el caso si no pudieras pagar acceso pleno a Internet y tuvieras que recurrir sólo a entrar en aquellos que hayan acordado una cierta subvención con el operador- desde edades cuanto más tempranas mejor, para así aniquilar toda tu capacidad para pensar y necesitar alternativas, razonamientos que devengan quejas ante el monopolio que desea controlar tu actividad, que pretende que toda ella quede atrapada en sus servidores sin posibilidad de alternativa.

En sus últimas consecuencias, pretenden complicar tanto el acceso a servicios provistos por otros prestadores que la neutralidad queda también rota, aunque en esta ocasión se rompa por el extremo contrario al que querían usar los proveedores de acceso para fracturarla. O quizá no sea el extremo opuesto sino el mismo y único: el extremo en el cual el tamaño, el capital disponible y la posibilidad para vetar la participación del mercado a la competencia es lo único que cuenta. Y la muerte de la neutralidad conlleva la desaparición de la diversidad: sin neutralidad sólo los más fuertes, capaces primero de centralizar la Red en su infraestructura y luego de mantenerla en pie con los beneficios obtenidos de ello, pueden ofrecer sus servicios.

Y posiblemente no sea más que eso: el bloqueo del tráfico y la recentralización de la Red, una misma moneda con dos reversos siniestros en el cual lo que se está evaluando es quién tiene mayor músculo financiero y para lo cual nosotros, reducidos a usuarios, no somos más que actores sin voz ni voto, aunque de nuestras acciones y nuestro pago final dependa la viabilidad última de los fantásticos negocios por los cuáles todos están en disputa.

A pesar de lo anterior, Internet está cada vez más centralizada. Esto se traduce en la Reducción de la competencia hasta dejarla, en muchos ámbitos, reducida a un oligopolio o a un conjunto de monopolios (si todas deciden desarrollar un modelo ultracerrado «tipo Apple»). Con la progresiva fusión y las adquisiciones de unas grandes empresas por otras y la barrera de entrada nuevamente elevada gracias al coste de la infraestructura mínima, el número de actores se reduce poco a poco. Y, con esta reducción, la neutralidad de la Red vuelve a caminar, peligrosamente, sobre el filo de la navaja.

Y me preocupa que la semántica de combate de aquellos que pretenden monopolizar la Red se empeñe en robarnos los atributos que hicieron a Internet lo que es y que por eso son recibidos tan agradablemente por todos: resulta que ahora hay una «computación en nube» que es distribuida. Un uso brillante de la neolengua, pues hay que ser muy necio o muy malvado para estar en contra de una organización distribuida. Sin embargo, hay un pequeño detalle pendiente, apenas una nimiedad que los tejedores de esa semántica de combate olvidan reflejar en sus discursos: si la infraestructura pertenece a un único agente, la Red pertenece a un único agente. Si el hardware está centralizado, el sistema no puede nunca ser distribuido, si el software no se reparte sino que opera como un mero servicio privativo vía web, el sistema no puede nunca ser distribuido. Pese a lo evidente que resulta todo eso, ahí está «la nube», la seducción de la simplicidad, encandilando a todos los que estén dispuestos a aceptar, sin cuestionarlo, el mensaje transmitido por los encantadores de serpientes.

Hacer un mejor pan, o quitárselo al vecino

Las operadoras, ante la encrucijada de cómo aumentar sus beneficios, han concluido que no quieren innovar: que en lugar de buscar formas mejores de hacer pan, optarán por obligar a todos los demás a entregarles un trozo del bollo que tanto les costó preparar.

Y el problema aquí no es que Telefónica, el estado, Google, y la SGAE todos pretendan romper la neutralidad de la Red (bueno, Google sólo pretende suplantarla, ¡je!) a su favor: el problema es que estamos solos una vez más. Nadie nos defenderá sino nosotros mismos. Y en esta batalla no estamos de parte de nadie -poco me importa que el gato se lo lleve al agua Alierta, el estado, la SGAE o una combinación lineal de todas las anteriores- más que de la nuestra, porque nadie está de nuestra parte.

Y quizá va a llegar el momento en que debamos ir pensando en acceder directamente a Internet, de forma autónoma. Quizá no es factible hoy a gran escala, pero no está tan lejos y no hay otra si queremos equilibrar una situación en la que la falta de mesura de la concentrada élite estatal-empresarial comienza a resultar… irritante y peligrosa para todos.

3. Rediseñar Internet: una pésima idea

Ahora que hemos paseado por cómo es la Internet que conocemos y cómo podría ser la Internet que quieren construir -si es que algo como lo que quieren construir mantiene un parecido mínimo con la Internet actual que la haga merecedora de tal nombre- podemos evaluar dónde están los peligros de rediseñar Internet, de eliminar su carácter neutral y castrar la naturaleza distribuida que nace de él, de olvidar las promesas de progreso y futuro que trajo consigo para aislarnos en lo que no sería sino una negación de la realidad: una de esas fiestas frívolas llevadas a cabo por María Antonieta mientras sus rivales afilaban la guillotina.

No, esperar a que aquellos que están interesados en destruir la neutralidad de la Red lo consigan, no es una opción. Y no lo es porque la guillotina pende sobre aquellos que podrían obtener, en una Red neutra, oportunidades de crecimiento y desarrollo que de otra forma verán vedadas.

Ya sabemos que contra Internet cualquier argumento les sirve, que los medios no son imparciales –pues la mayoría ven en la abundancia de la Red un fin a su monopolio informativo– y que desde la propiedad intelectual al terrorismo, pasando por la exageración cuantitativa de otro tipo de abusos, todo argumento les resulta válido como arma arrojadiza.

Sabemos también que si la libertad de uso de determinadas herramientas produce enormes beneficios que son, ocasionalmente, empañados por un abuso, la libertad de uso de las mismas debe ser permitida porque el uso positivo debe prevalecer sobre el negativo, que ha de ser tolerado como un daño colateral, un mal menor frente a todos los beneficios que la herramienta permite y nos ofrece. Ésa, y no otra, es la lógica imperante en numerosos ámbitos de nuestra vida diaria; ésa, y no otra, es la lógica que permite que, aún en 2010, se puedan encontrar en comercios utensilios tan dispares como cuchillos, encendedores y coches. ¿Por qué, entonces, debía ser diferente con Internet?

Si hay algo que nos resta por analizar adecuadamente, más allá de cómo es la Internet que conocemos y de quiénes -y cómo- pretenden destruirla, es a quién y de qué modo afectaría más la destrucción de esta Internet. Así, quizá, podamos llegar a entender porqué la herramienta con mayor potencial, y mayor promesa de progreso y beneficios de cuantas se han inventado en el último siglo, sufre una cantidad incesantes de ataques tal que su futuro es, ahora, cuanto menos, incierto.

Nadie saldría indemne

Si hay un grupo social, si existe un conjunto de personas que pueda recibir tal calificativo, que sufrirá intensivamente la caída de Internet es precisamente el de los desposeídos: los carentes de todo sello social, de todo marchamo ni renombre, los que no tienen otro patrimonio que su pericia y su capacidad de trabajo. Aquellos a quien el poder es incapaz de reconocer como nada más que contribuyentes, porque no pertenecen a ningún elevado círculo social ni podrán pertenecer nunca una vez cerradas las puertas, restituidas las barreras del amiguismo y el fondo de cartera necesario para emprender todo proyecto vital, que necesariamente ha de pasar por un negocio, a menudo humilde, sostenible.

Aunque no todos los que, de alguna forma, se engloban en esta categoría sean conscientes de las implicaciones que la destrucción de la Red que hemos conocido conlleva, sí que existen personas que, desde hace años, están en posición de alerta. No obstante, la destrucción de la Red tiene implicaciones y consecuencias negativas para otros muchos sectores sociales que, en su vanidad, ni ven ni quieren ver esa realidad.

Toda modificación de la Red que haga a las personas pensar dos veces el uso de Internet, como sucederá si las tarifas planas ceden ante los planes con límite de consumo y como sucederá si el proveedor de acceso consigue poderes legales para cobrar el mismo servicio varias veces y a varias personas, tiene unas consecuencias negativas para la innovación, observables ya a corto plazo. Tiene consecuencias porque la innovación aflora de manera mucho más eficiente en redes distribuidas, donde nadie tiene poder de veto: donde todas las ideas pueden ser probadas, lo cual asegura que aquellas buenas ideas que parecen descabelladas también tengan su oportunidad. Y tiene consecuencias porque son, precisamente, los grandes capitales los que tienen la oportunidad de aprovechar las ideas innovadoras, de ponerlas a su servicio -tanto usando la idea como contratando los servicios de las personas que demuestren ese talento. Al cerrar todas las puertas para vetar toda competencia, se cierran toda oportunidad de mejora. Eso podría parecer una buena idea, pero no lo es cuando el resto del mundo está ahí afuera, buscando vías para no detener la innovación. En estos tiempos de cambio, todo lo que no implique hacer de los procesos de innovación y desarrollo algo intrínseco a una organización genera, para éstas, una desventaja competitiva; ni hablar de las consecuencias de aquello que, lejos de incentivar estos procesos, supone un freno manifiesto a los mismos.

Lo mismo puede afirmarse de los estados: aunque en el control de las redes de comunicación distribuida ven la oportunidad de frenar los procesos de cambio social que les han restado poder en las últimas décadas, frenar la innovación no sería más que una repetición, a escala estatal, de lo que para los grandes capitales representa: la inexplicable reacción de convertir en desventaja competitiva la herramienta más potente del último siglo. Peor aún, ésa sería la situación si los estados tuvieran, efectivamente, poder para imponer su lógica decimonónica frente a las nuevas estructuras. Sucede, sin embargo, que los estados tienen fuerza suficiente para resistir frente al avance de las nuevas estructuras alterestatales surgidas de la primera Internet y las redes de comunicación distribuida sin tener, no obstante, fuerza para imponerse a ellas. Este estancamiento se manifiesta en los fenómenos de descomposición, descritos por David de Ugarte, y que son la consecuencia de la obstinada resistencia al avance social por parte de unos estados cuyo poder no es suficiente para cubrir la luz digital bajo una campana sostenida por un poder insuficiente para amparar en el s. XXI su vieja hegemonía.3.1

Pese a todo lo que pueda pensarse, nadie saldrá indemne de la destrucción de Internet: ni aquellos que están en contra de esta reforma ni aquellos que, obstinados en su vanidad, no quieren ver las profundas implicaciones negativas que, para todos, conlleva dicha reducción.

Rediseños, Internet y control

Los protocolos que rigen la Red permiten una gran libertad de acción. la Red que nos permite compartir música es la misma que permite a disidentes chinos leer noticias emitidas fuera de aquel país y que su gobierno censuraría; y es también la misma red que permite a la dictadura china detener a los mencionados disidentes, a menudo con la incómoda colaboración de las grandes empresas occidentales de Internet. El diseño de la web permite el intercambio de pornografía infantil; el diseño de la web permite que las fuerzas de seguridad atrapen a los pederastas. La libertad de la Red asusta a algunos, que insisten en criminalizarla. Sin embargo, la Red no es ni buena ni mala. la Red es lo que hagamos con ella. En otras palabras, los cuchillos no matan a las personas: las personas matan a las personas.

Pero ése no es el mensaje que día a día nos transmiten las noticias. Las noticias no nos hablan de disidentes que evitan la censura de regímenes dictatoriales, ni del acceso a la información y la cultura por parte de una población que, de otra manera, quizá no podría acceder a ella porque no podría pagarla. Las noticias que nos hablan de Internet nos hablan de pederastia y de propiedad intelectual. Las noticias nos dicen que los terroristas del 11-S y el 11-M usaron Internet unos días antes de los atentados. El relato de obviedades olvida comentar que también usaron un ascensor y comieron fruta y durmieron y se ducharon, como millones de personas. Pero a nadie se le ocurre plantear el cierre de las fruterías ni prohibir la venta de camas y bañeras.

¿Mejoraría la seguridad en la Red con un rediseño? No lo sabemos, pero más bien podemos estar seguros de que quienes estén interesados en delinquir, averiguarán cómo hacerlo y dispondrán de los medios económicos para lograrlo. En cambio, los cientos de millones de personas que ni lo hacen ni lo pretenden estarán bajo control desmedido, su vida estará vigilada y, si deciden opinar en contra de un gobierno o de una gran corporación, muy posiblemente serán observados. No parece que este tipo de controles respete la libertad de expresión de las supuestas democracias en que vivimos y que pretenden defender esta reforma.

En Estados Unidos, la coyuntura del 11-S fue utilizada para emprender una cruzada contra la disponibilidad de acceso público a Internet en las bibliotecas. Todas esta campaña de declaraciones, todas las acusaciones contra la libertad que nos permite la Red son fruto del miedo que las clases dirigentes tienen a una red que democratiza el acceso a muchas oportunidades y diluye sus monopolios. La persecución contra Internet no es azarosa; se criminaliza injustamente aquello que se teme. En este caso concreto, los medios y los gobiernos atacan a la Red porque la posibilidad de libertad de información y comunicación que abre, la posibilidad de un futuro sostenible económicamente, al margen de ellos, les produce miedo.

Por absurdo que parezca el comentario, hay que expresarlo por escrito: la libertad no nos convierte en peores personas. La mayoría de la población no cometería un asesinato o abusos contra menores aunque tuviera ocasión de hacerlo; la pequeña minoría de asesinos restante encontraría el modo de llevar a cabo dichos abusos, con Internet o sin ella. Es por eso que una herramienta de comunicación libre, en manos de una población que mayoritariamente no tiene pensado cometer asesinatos en serie, es un problema para aquellos que solían controlar los nodos a través de los cuales circulaban tanto la información como las oportunidades de una vida digna y provechosa. Flujos que moldeaban la agenda pública y sus aspiraciones. Pero eso es precisamente la sociedad digital nacida y alimentada por una Internet neutral y distribuida, ese cambio radical en el modo en que nos comunicamos y accedemos a la información y en la forma en que se determinan la agenda y las preocupaciones públicas, ese medio cada vez menos controlada por los poderes político y mediático convencionales, aquella que sufre todos los ataques y todas las persecuciones, aquella que se convierte en el paradigma de lo que hay que destruir mientras todavía les quede algo de poder.

Frente a la euforia que suelen mostrar algunas personas, es prudente recordar que no todo está decidido sobre la forma en que se estructurará la sociedad digital. Más aún, nada está decidido. No pocas veces hemos oído hablar de que un rediseño de la Red haría de ella un lugar más seguro, libre de abusos terroristas y pederastas. Es una retórica muy persistente por parte de los estados y hace hincapié en el argumento más utilizado por nuestros políticos en los últimos años: la defensa de la nación, todo sea en nombre de la seguridad nacional.

Por ello, por quiénes lo persiguen y cuáles serán las implicaciones de su éxito, no hay que dejar de considerar lo que podría significar. Si la Red nos ofrece una experiencia de comunicación única e incomparable a todo lo que podamos tener actualmente, se debe precisamente al modo en que está construida. Un rediseño de la web podría cambiar el sistema actual, basado en protocolos, y reemplazarlo por un sistema distinto basado en controles: reemplazar el amigable apretón de manos por un sistema basado en imposiciones. Un sistema en el que unos pocos controlen quién hace qué y cómo, cuándo y dónde pueden hacerlo. Hace unos años nos parecía que «un rediseño de la Red era algo tan difícil de hacer como peligroso, y por eso mismo intentarán antes o después abordarlo, porque quienes se resisten al cambio tratarán de recuperar el paraíso de control que acaban de perder».3.2 La mascarada ha finalizado, ya sabemos quién es quién y destruir la neutralidad de la Red es la forma escogida para ese rediseño.

La neutralidad y la libre competencia

la Red es, por ahora, un espacio de libertad. Si hay algo que permite que eso sea así es la neutralidad de la Red: la incapacidad legal -que no técnica- de bloquear conexiones entre nodos de la Red. El límite que impide el abuso, el límite que regula que los proveedores de acceso a Internet mantengan sus posibilidades de negocio sin que adquieran poder para extorsionar al resto del mundo.

Las consecuencias que tendría la eliminación de esta barrera se dejan ver a veces, como cuando Time Warner impidió el acceso a la iTunes Store de Apple.3.3 Uno de los mayores proveedores de acceso de Estados Unidos bloqueando el servicio a una de los mayores servicios de descargas de pago del mundo. Una situación interesante porque no es el clásico ataque contra las redes p2p. Esto va mucho más allá: una empresa bloquea a otra que compite con sus mismas herramientas (generando escasez de forma artificial), tan sólo porque técnicamente tiene en su mano el hacerlo. Para los amantes de la libre competencia, y deberíamos ser todos porque a todos nos beneficia, he aquí algo que debería hacernos pensar en si eso es verdaderamente lo que queremos.

Podemos argumentar que la lógica de distribución de las redes de pares suponen un nuevo paradigma económico (la lógica de la abundancia) frente al que proveedores de acceso, gestoras de derechos y discográficas intentan imponer la lógica de la escasez. Pero ya hemos visto, a eso hemos dedicado la mayor parte del libro que estamos cerca de concluir, que el estado de concentración creciente en Internet sólo puede ser superado mediante el fortalecimiento de todos y cada uno de nuestros nodos personales en la misma, y que ello sólo será posible mientras exista neutralidad entre los nodos de la Red.

Resulta obvio afirmar que ya sabíamos que la neutralidad de la Red es el pilar sobre el que se asienta todo lo que de positivo y novedoso nos ha traído Internet, pero es muy importante tenerlo claro.

Hemos visto cómo recurren a la cultura de pago desarrollada en el móvil durante una década para fomentar y extender los hábitos ahí desarrollados al uso cotidiano de una Internet que, en sus aspiraciones, debe dejar de ser neutra y distribuida.

¿Qué opciones hay verdaderamente de que los ISP adopten un sistema de pago por tarifa plana universal para todos los servicios? Ciertamente, no lo harán con facilidad. Y ahí es donde comienzan a venir los problemas, como el que tu ISP bloquee el acceso al mayor servicio de alquiler de música online. ¿Quieres acceder a iTunes? Pasa por caja. ¿Quieres acceder a Amazon? Pasa por caja. ¿Quieres BitTorrent? Pasa por caja. Todos quieren el control. En el final de toda esta problemática reside la lucha por obtener una posición de intermediario inevitable. Como las que sólo son posibles en condiciones de escasez de competencia, en condiciones de centralización de la Red, en condiciones donde no haya libertad de opciones, ni de mercado. Los objetores a la neutralidad de la Red ansían llegar a ser un intermediario necesario, para así tener la capacidad de distribuir el juego, ordenar la economía e imponer un acomodo de la misma a su propio interés. Y si no tenemos cuidado, la clase política, en nombre del estado, les acabará otorgando el privilegio que exigen. No nos lo podemos permitir.

Una pésima idea

La neutralidad en una red significa que ningún nodo es más importante que otro, que ningún nodo puede censurar ni privilegiar tus conexiones, ninguna voz tiene el poder de silenciar a los que opinan diferente ni de favorecer los contenidos de los dueños de la infraestructura. Es la neutralidad de la Red, la característica fundamental de Internet, la que ha convertido a la web en el catalizador de la innovación y la tierra prometida de los emprendedores. Si Internet ha sido el gran territorio social de la abundancia y la libertad desde hace ya dos décadas, ha sido gracias a su carácter neutral.

Las implicaciones que sobre la libertad de comunicación tendría la eliminación de esta libre interconexión son drásticas: la Internet a la que acudimos cada día en busca de noticias es diversa. Y por eso la usamos. Pero es diversa porque es neutra, y no hay diversidad sin neutralidad. No existen riqueza de información ni libertad de comunicación sin neutralidad.

Desde hace años, la neutralidad de la Red se ha visto amenazada por el interés de las operadoras de telefonía en segmentar las facturas de sus usuarios. Desde 1998 a 2009, el tráfico de datos pasó de ser una pequeña parte del volumen a suponer más del 50% del total. Sin embargo, las operadoras siguen obteniendo la mayor parte de sus beneficios de las llamadas de voz convencionales y mensajes de texto en el móvil. Aunque tienen grandes beneficios, quieren remodelar su modelo de negocio. Y acabar con la neutralidad parece la solución más fácil, la menos imaginativa. Lástima que sea, también, la más contraproducente.

Los operadores desearían que la tarifa plana deje de serlo. Si lo consiguen, para acceder a un servicio por Internet habría que pagar una cuota adicional a la suscripción mensual básica. Es decir, tras pagar la nada desdeñable cifra que ahora mismo supone nuestra tarifa plana, tendríamos que pagar una suscripción adicional para acceder a cada sitio web diferente como YouTube, Gmail, Facebook o, incluso, nuestro propio blog o página personal.

Eliminar la neutralidad de la Red es convertir Internet en la auténtica Televisión 2.0, donde nada sería publicable si no es previamente aceptado por las operadoras. El milagro de Internet son las miles de pequeñas empresas que han surgido y crecido al amparo de la neutralidad de la Red y que no podrían competir en igualdad con las grandes corporaciones, que negociarían con los operadores condiciones generales de acceso ventajoso a sus servicios.

El sueño de nuevos Googles o Facebooks en Estados Unidos, o de nuevos Tuentis e Idealistas en España, se tornaría nostálgico recuerdo en un tiempo donde los operadores de telefonía excluirían a los servicios de la tarificación normal a partir de ciertos volúmenes de tráfico. Eso sí, las compañías telefónicas verían hecho realidad su gran sueño: cobrar dos veces (una al proveedor y otra al usuario) por el mismo servicio, que no es otro que servir una conexión de Internet.

Bajo la excusa de permitir la negociación bilateral entre los operadores y los prestadores de servicios a través de Internet, lo que se pretende es limitar la competencia a aquellos jugadores con mayor músculo financiero.

Eliminar la neutralidad de la Red no supondría mayor libertad de mercado, al contrario, destruiría el mercado competitivo y meritocrático que es la Red hoy. Es cierto que es una limitación para las operadoras, pero solo para el ejercicio de un poder monopolista. Por otro lado, la lucha por la neutralidad de la Red, que durante años ha sido respaldada en los tribunales, tiene uno de sus mayores retos en la llegada de Internet al móvil, donde la cultura de pago segmentado está mucho más enraizada. Esta llegada a la inversa (no es Internet que conquista al móvil, es el móvil el que conquista Internet) está personificada en las tiendas de aplicaciones para móviles, que suponen dejar de lado la abundancia y diversidad creadora de la web para pasar a canales de consumo absolutamente cerrados.

Esta nueva visión de Internet como un ámbito donde la diversidad está limitada, donde la formación de monopolios de comunicación se ve favorecida y la libre competencia reservada para solo unos pocos poderosos, es el verdadero peligro para la neutralidad de la Red en los próximos años.

Desde los oligopolios establecidos (grandes empresas de Internet y proveedores de acceso) no faltarán apoyos y justificaciones, a menudo falaces, a esta peligrosa revisión de Internet. Por eso es tan importante apoyar decididamente a los que apuestan y reclaman una Red neutra. Solo la neutralidad nos garantiza las libertades y el entorno mínimo necesario para que exista el tipo de competencia que nos encamina hacia la innovación. Perderla es algo que no nos podemos permitir. Mucho menos en tiempos como éstos, en que todo lo que nos aparte —siquiera mínimamente— de la innovación es una pésima idea.

Los mundos en que viviremos el resto de nuestras vidas

Los estados que legislen en contra de la neutralidad de la Red creerán recuperar el control, volver a esa situación tan propia del s. XX en la que ejercían todo el monopolio de poder. Es posible que sea así parcialmente, al menos durante un tiempo, y restringir y limitar el uso de Internet mediante su transformación y la Reducción del interés que suscita les permita retomar un poco el control. Pero esa situación no será nunca sostenible: la negativa repercusión sobre la innovación que tendrá el rediseño de Internet para convertirla en una Red no neutral será a medio plazo un lastre que imposibilitará que los estados que actúen así mantengan el ritmo de desarrollo que mantendrán los que apuesten por una Red libre, una lápida que terminará por hundirlos en la irrelevancia en un contexto globalizado donde el desarrollo y la innovación, la apuesta definitiva por las tecnologías, son más importantes que nunca.

Está claro, además, que algunas empresas seguirán luchando por imponer una estructura centralizada a Internet (haciendo valer su posición privilegiada o desarrollando aplicaciones web que recurren a centralizar nuestra actividad web, que de esta forma pasa de forma casi inevitable por sus servidores). Esto lo harán utilizando su talonario y la infraestructura que con él pueden comprar como ventaja competitiva. Es ahí donde debemos resistir poniendo de nuestra parte.

El viejo mantra que reza que «bajo toda arquitectura de la información se esconde una estructura de poder»3.4 encuentra en los problemas de la Internet actual una justificación y respuesta presente. Una red distribuida conlleva un poder mejor repartido. Y no parece sencillo afirmar que uno está en contra de que el poder esté mejor repartido sin tildarse a si mismo de loco o de tirano.

Mientras intentamos que los proveedores de acceso no consigan levar, con ayuda del estado, las anclas que limitan su poder monopolístico, vale la pena evitar que la Red caiga en manos de un par de corporaciones que centralicen toda la infraestructura. Quizá porque los viejos mantras siguen vigentes resulta importante emplear algo más de tiempo en mantener una presencia online (tu propio blog, tu propio correo, tu propia mensajería, etc.) fuera de aquellos servidores que son propiedad de los de siempre. A menudo usamos una reducida pero importante lista de aplicaciones web sin pararnos demasiado a pensar en cómo podríamos hacerlo mejor.

Los problemas que nos toque lidiar dentro de unos años y las herramientas disponibles para solventarlos, algo que definirá inevitablemente qué sueños serán posibles y cuáles serán sus limitaciones para el futuro inmediato posterior, dependerán de qué Internet tengamos. ¿Qué mundo quieres tener? ¿Qué Internet lo hace posible?

Jose Alcántara, Madrid, octubre de 2010.

Notas al pie

  • 1.1: Declaración de Independencia del Ciberespacio, John Perry Barlow, Davos, 1996.
  • 1.2: Este coste no es trivial de percibir, pero existe: Google superó ya en 2007 los 218.000 millones de dólares de capitalización teniendo como único valor real para los accionistas, única fuente de facturación, la monetarización de esta información personal recogida de sus servicios gratuitos gracias al empleo de sus herramientas de publicidad segmentada.
  • 1.3: Paul Baran, en una serie de artículos aparecidos entre los años 1960 y 1964.
  • 1.4: El poder de las redes, David de Ugarte, Ed. El cobre. 2005.
  • 1.5: Eslogan del grupo Ciberpunk español, década de 1990.
  • 1.6: Redes de personas, Internet y la lógica de la abundancia: un paseo por la nueva economía, Juan Urrutia, Ekonomiaz, 2001.
  • 1.7: Economía en porciones, Juan Urrutia, 2003.
  • 1.8: El capitalismo que viene, Juan Urrutia, Ed. El cobre, 2008.
  • 1.9: FSF, Free Software Foundation, http://www.fsf.org
  • 1.10: La sociedad de control, Jose F. Alcántara, Ed. El cobre, 2008.
  • 2.1: La sociedad de control, Jose F. Alcántara, Ed. El cobre, 2008.
  • 2.2: Surveiller et punir. Naissance de la prison, Michel Foucault, Gallimard, 1975.
  • 2.3: El panóptico, la cárcel perfecta de Jeremy Bentham, Jose Alcántara. Disponible en Internet (http://www.versvs.net/anotacion/panoptico-carcel-perfecta-jeremy-bentham)
  • 2.4: Los futuros que vienen, David de Ugarte, El arte de las cosas, 2010.
  • 2.5: En esencia, lo que en el libro publicado en 2008 denominamos La sociedad de control, el surgimiento de un régimen totalitario y post-democrático, es la manifestación en el occidente más desarrollado de ese fenómeno global que llamamos Descomposición.
  • 2.6: Acrónimo prestado directamente del inglés y que representa peer to peer, o de igual a igual.
  • 2.7: Copia este libro, David Bravo, Dmem, 2005.
  • 2.8: Hadopi adoptée, Slate, 12 de mayo de 2009. Disponible en http://www.slate.fr/story/5149/hadopi-adopt%C3%A9e, accedido por última vez el 15 de octubre de 2010.
  • 2.9: Three strikes, copyfight or copytight?, John Ryan, 24 de abril de 2010, http://johnnyryan.wordpress.com/2010/04/24/three-strikes-copyright-and-copytight/, accedido por última vez el 15 de octubre de 2010.
  • 2.10: La UE avala que se pueda cortar el acceso a Internet sin orden judicial previa, El Mundo, 5 de noviembre de 2009. Disponible en http://www.elmundo.es/elmundo/2009/11/05/navegante/1257414681.html, accedido por última vez el 15 de octubre de 2010.
  • 2.11: ACTA, por su acrónimo inglés, Anti-counterfeiting Trade Agreement.
  • 2.12: VoIP, por su acrónimo inglés, Voice over IP.
  • 2.13: Ono admite que penaliza la actividad P2P en caso de saturación, Asociación de Internautas, 23 de junio de 2005. Disponible en https://www.internautas.org/html/3006.html, accedido por última vez el 16 de octubre de 2010.
  • 2.14: False Pundits, Forbes and Broadband, Paul Kaputska, 1 de febrero de 2007. Disponible en http://gigaom.com/2007/02/01/false-pundits-forbes-and-broadband/, accedido por última vez el 16 de octubre de 2010.
  • 2.15: Internet traffic is growing fast – but capacity is keeping pace, TeleGeography, 3 de septiembre de 2008. Disponible en http://www.telegeography.com/cu/article.php?article_id=24888, accedido por última vez el 16 de octubre de 2010.
  • 2.16: Tambores de guerra en Internet, La gaceta de los negocios, 29 de noviembre de 2007. Disponible en http://www.internautas.org/html/4613.html, accedido el 16 de octubre de 2010.
  • 2.17: Telecos: todas contra la tarifa plana, Público, 1 de septiembre de 2010. Disponible en http://www.publico.es/334470/-telecos-todas-contra-la-tarifa-plana, accedido el 16 de octubre de 2010.
  • 2.18: Piratage : un logiciel d’Orange prend l’Hadopi de court, Rue 89, 11 de junio de 2010. Disponible en http://eco.rue89.com/2010/06/11/piratage-un-logiciel-dorange-prend-lhadopi-de-court-154501, accedido el 16 de octubre de 2010.
  • 2.19: La intención de Alierta de cobrar a Google por sus redes genera debate en la Red, El mundo, 8 de febrero de 2010. Disponible en http://www.elmundo.es/elmundo/2010/02/08/navegante/1265634875.html, accedido el 16 de octubre de 2010.
  • 2.20: El ministro Sebastián defiende cobrar una tasa a los buscadores, El País, 19 de febrero de 2010.
  • 2.21: Proposals from Spain on the Granada Strategy for a Digital Europe, 29 de enero de 2010.
  • 2.22: Extraído de las Condiciones Generales del servicio Navega y Habla (el SERVICIO) que Vodafone España ofrece a sus usuarios. Disponible en http://tienda.vodafone.es/transversal/condiciones_navega.jsp, a día 17 de octubre de 2010.
  • 2.23: En algunos de los dispositivos más codiciados por el público, como el Apple iPhone, es imposible -sin romper la licencia de uso del dispositivo- seleccionar como tono de móvil una melodía que no haya sido descargada, previo pago, desde la tienda del fabricante.
  • 2.24: A la industria no le gusta el WiFi, Miguel Angel Criado, Público, 2 de octubre de 2008. Disponible en http://www.publico.es/ciencias/160893/a-la-industria-no-le-gusta-el-wifi, accedido el 17 de octubre de 2010.
  • 2.25: Entrevista con Howard Rheingold, Andrés Lomeña, 8 de marzo de 2008. Disponible en http://www.versvs.net/anotacion/entrevista-howard-rheingold accedido el 16 de octubre de 2010.
  • 2.26: Entrevista con Tim Wu, Andrés Lomeña, 4 de junio de 2009. Disponible en http://www.versvs.net/anotacion/entrevista-con-tim-wu accedido el 16 de octubre de 2010.
  • 2.27: Huelga a favor de la tarifa plana y la ampliación del horario de tarifa reducida, 3 de septiembre de 1998.
  • 2.28: Here Comes Trouble: The Future of Free, Daniel Berninger, GigaOM, 31 de enero de 2008. Disponible en http://gigaom.com/2008/01/31/here-comes-trouble-the-future-of-free/, accedido el día 20 de octubre de 2010.
  • 2.29: SMS, Short Message Service.
  • 2.30: MMS, Multimedia Message Service.
  • 2.31: Bandwidth Barons Want More Money for Fewer Bytes., Allan Leinwand, 3 de julio de 2008. Disponible en http://gigaom.com/2008/07/03/bandwidth-barons-want-more-money-for-fewer-bytes/, accedido el 17 de octubre de 2010.
  • 2.32: French telcos seek cash from web traffic rules, Reuters, 13 de abril de 2010. Disponible en http://www.reuters.com/article/idUSLDE63C1ZU20100413, accedido el 17 de octubre de 2010.
  • 2.33: Acrónimo derivado del nombre inglés: Proactive network Provider Participation for P2P. Un mecanismo de intervención del proveedor en las redes p2p, para bloquear específicamente unas conexiones en favor de otras, algo sólo compatible con una red no neutral.
  • 2.34: Ya hemos comentado el mayor crecimiento de infraestructuras que de tráfico anteriormente en este mismo libro.
  • 2.35: 40GB for $55 per month: Time Warner bandwidth caps arrive, Ryan Paul, 3 de junio de 2008. Disponible en http://arstechnica.com/old/content/2008/06/40gb-for-55-per-month-time-warner-bandwidth-caps-arrive.ars, accedido el 17 de octubre de 2010.
  • 2.36: Time Warner Cable Broadband Tiers Lead to Fears, Stacey Higginbotham, GigaOM, 2 de junio de 2008. Disponible en http://gigaom.com/2008/06/02/time-warner-cable-broadband-tiers-lead-to-fears/, accedido el 17 de octubre de 2010.
  • 2.37: SMS costs more than using Hubble Space Telescope, Lewis Page, The Register, 14 de mayo de 2008.
  • 2.38: U.S. Teen Mobile Report: Calling Yesterday, Texting Today, Using Apps Tomorrow, NielsenWire, 14 de octubre de 2010. Disponible en http://blog.nielsen.com/nielsenwire/online_mobile/u-s-teen-mobile-report-calling-yesterday-texting-today-using-apps-tomorrow/, accedido el 20 de octubre de 2010.
  • 2.39: The Death of the Open Web, Virginia Heffernan, New York Times, 23 de mayo de 2010. Disponible en http://www.nytimes.com/2010/05/23/magazine/23FOB-medium-t.html, accedido el 20 de octubre de 2010.
  • 2.40: AT&T Eliminating “Unlimited” Internet For iPhones-Now You’ll Pay For What You Eat, Henry Blodget, Business Insider, 2 de junio de 2010. Disponible en http://www.businessinsider.com/att-eliminating-unlimited-internet-for-iphones-2010-6, accedido el 17 de octubre de 2010.
  • 2.41: The Good, the Bad and the Ugly of AT&T’s New Pricing Plan, Stacey Higginbotham, GigaOM, el 2 de junio de 2010. Disponible en http://gigaom.com/2010/06/02/the-good-the-bad-and-the-ugly-of-atts-new-pricing-plan/, accedido el 17 de octubre de 2010.
  • 2.42: No es que la atribución sea errónea: Gates, de hecho, pronunció esta frase. Es errónea por cuanto Gates no hacía mención a «para siempre», sino que se refería a la situación en aquel momento. Corría el año 1981 y su afirmación no era descabellada.
  • 2.43: IaaS, por su acrónico inglés, Infrastructure as a Service.
  • 2.44: Cloud computing, en inglés
  • 2.45: En alusión al término Web 2.0 popularizado por Tim O’Reilly en 2004. Más info en http://oreilly.com/web2/archive/what-is-web-20.html y http://lasindias.net/indianopedia/Dospuntocerismo.
  • 2.46: Not every cloud has a silver lining, Cory Doctorow, The Guardian, 2 de septiembre de 2009. Disponible en http://www.guardian.co.uk/technology/2009/sep/02/cory-doctorow-cloud-computing, accedido el 17 de octubre de 2010.
  • 2.47: Google App Engine: how much will you pay for freedom?, Tim Anderson, The Register, 14 de abril de 2008. Disponible en http://www.theregister.co.uk/2008/04/14/google_app_engine/, accedido el 17 de octubre de 2010.
  • 2.48: El buscador fácilmente muestra todos sus servicios sobre los de la competencia, cuando resulta obvio que la búsqueda persigue, en ocasiones, encontrar los de la competencia.
  • 2.49: En septiembre de 2010, Google presentó una nueva función: búsquedas instantáneas conforme se teclea la petición.
  • 2.50: Facebook Launches 0.facebook.com, A Mobile Site That Incurs Zero Data Fees, Jason Kincaid, TechCruch, 18 de mayo de 2010. Disponible en http://techcrunch.com/2010/05/18/facebook-launches-0-facebook-com-a-mobile-site-that-incurs-zero-data-fees/, accedido el 17 de octubre de 2010.
  • 2.51: Lluvia de críticas a Google y Verizon por su postura ‘contra la neutralidad de la Red’, Pablo Romero, El Mundo, 10 de gosto de 2010. Disponible en http://www.elmundo.es/elmundo/2010/08/10/navegante/1281424726.html, accedido el 17 de octubre de 2010.
  • 3.1: Los futuros que vienen, David de Ugarte, El Arte de las Cosas, 2010.
  • 3.2: La sociedad de control, Jose Alcántara, Ed. El cobre, 2008.
  • 3.3: Time Warner users say company filtered iTunes Store traffic, Julian Berka, Ars Technica, 5 de febrero de 2010. Disponible en http://arstechnica.com/apple/news/2008/02/time-warner-users-say-company-filtered-itunes-store-traffic.ars, accedido el 20 de octubre de 2010.
  • 3.4: Eslogan del grupo Ciberpunk español.
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