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La paradoja del general Chen

Mao analizaba los frentes militares con jugadas de Go y exigía un alto nivel de juego a sus generales. Pero en realidad el juego representaba para ellos algo más que una herramienta de pensamiento estratégico. Tanto que el juego se vio perseguido durante los oscuros años de la Revolución Cultural.

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MaoEl relato usual de la historia contemporánea del Go en China nos dice que durante la Revolución Cultural el juego se verá relegado y reprimido por su asociación a los «valores feudales». La lógica totalitaria del maoismo estaría enfrentada de modo natural a los valores que asociamos al juego. No habría que explicar más.

Pero esa es la historia corta, la que refuerza los nuestros sesgos cognitivos sobre China y por lo mismo se ha convertido en lugar común. Sin embargo, la realidad sobre Mao y el maoismo y su huella en la China de hoy siempre es más compleja.

Durante los años de la guerra civil Mao se inspira y cita jugadas de Go en sus textos militares, ligándolo al «Arte de la Guerra» de Sun Tsu y recogiendo así la idea de la revisión neoconfuciana del juego que hiciera Zhang Jing. Al parecer, según varias fuentes, la importancia que confiere al juego le lleva a exigir un alto nivel de juego a sus generales.

Y es que la élite que conformará el PCCh tendrá más marcas en su gusto y su sensibilidad del neoconfucianismo de la era Song que de Marx y Engels. Basta ver la poesía de Mao, sus caligrafías a pincel o los relatos de enviados rusos sobre los encuentros poéticos de la dirección del PCCh en aquellos años, para que ante nosotros emerja la imagen de los comunistas chinos y su ejército como una élite alternativa y modernizadora, nacida en contradicción con la vieja matriz imperial-neoconfuciana pero profundamente moldeada por ella.

Eran chicos de familias rurales con propiedades pequeñas, pero independientes, cultos al modo tradicional, influidos por las ideas «modernas» del marxismo, pero no condicionados por ellas, intentando crear una definición nacionalista de China más que una alternativa al capitalismo. Eran, al fin, más parecidos a los «Jóvenes Turcos» de Kemal Pachá que a los círculos clandestinos del exilio suizo de Lenin.

Lin Jianchao, que llegó a ser portavoz del Ejército Popular de Liberación, recordaba que en 1928, con las tropas comunistas sitiadas en las montañas:

Mao y el comandante en jefe, Zhu De, jugaban al go en la «casa octogonal» [donde Mao vivía y trabajaba] y todavía hoy el tablero que usaban se conserva allí. Mao no tenía el shodan, pero sabía mucho de teoría del Go e hizo numerosos planes usando la terminología del Weiqi.

Chen YiY por supuesto no eran solo ellos dos. El general Chen Yi, parte del núcleo duro del PCCh desde los años veinte y luego primer mariscal del EPL, alcanzó todavía joven un nada despreciable quinto dan. Y años más tarde, en los 60, cuando era Ministro de Exteriores, inauguró «la diplomacia del Go» con Japón con una serie de partidas que, por cierto, darían nombre al famoso Fuseki chino.

La revolución cultural vista desde un tablero de Go

Chen protagoniza una anécdota que casi como un cuento zen, nos relata mejor que ningún argumentario la naturaleza contradictoria de la relación del maoismo con la tradición feudal neoconfuciana. Durante los dramáticos días de la lucha en el Yang Tze, cuando una crecida en el río separó a las tropas del PCCh de las columnas del Kuomingtan, desesperado tomó su tablero de Go -que llevaba a las batallas- y lo lanzó al río diciendo

Haciendo estas cosas [jugando al Go] no conseguiremos hacer la revolución

Poster de 1961 idealiza la industrialización chinaSi la anécdota tiene profundidad y ha sido celebrada, es por lo que el tablero simbolizaba para Chen y para los maoistas: la China a la que aspiraban. Una China modernizada y potente de nuevo, hegemónica. Una China moderna, industrial, pero construida alrededor de un estado meritocrático y benevolente, organizado racionalmente, orgullosa de su cultura y respetada en el mundo. Una China revitalizada, pero no al modelo cosmopolita y «anárquico» del Kuomintang con su capitalismo extranjerizante y sus influencias occidentales, sino refinada por una dirección amante de las viejas artes: Go, poesía, caligrafía y música. Frente al modelo de transición hacia el capitalismo a la japonesa de los nacionalistas, la utopía maoista será una versión steampunk de la China renacida bajo la dinastía Song.

libro-rojoLa epifanía de Chen frente al río-madre refleja una contradicción que estará presente en primera línea de la política china hasta las reformas de Deng: el PCCh primero y la República Popular fundada en el 49 después, viven en una guerra permanente y solitaria. No hay que olvidar que la URSS apoyó al Kuomintang durante la guerra mundial, y tras una reconciliación al final de la guerra civil, romperían relaciones a la muerte de Stalin. Sus cuadros llegan a la madurez y al poder no para disfrutar del sueño por el que habían luchado -ser los nuevos mandarines de una China de nuevo floreciente- sino para seguir combatiendo. Y ese será el discurso de Mao cuando luche de nuevo por el poder en el 66. Comenzaba la revolución cultural, todo un sangriento recordatorio de que el Go y otros refinamientos de intelectuales todavía «no tocaban». Algo no muy distinto del discurso del militarismo japonés durante la Guerra Mundial.

La Revolución Cultural significó el paso de «deporte nacional» (como había sido establecido oficialmente en 1956) a ser uno de los «cuatro viejos hábitos» de tiempos feudales a exterminar. Nie Weiping, que sería primer campeón mundial de Go amateur en el 79, sufrió brutales ataques de los guardias rojos y fue enviado a un «campo de reeducación» en Heilongjiang (donde seguía practicando a escondidas). La asociación china de Weiqi cerró sus sedes y llegó a reducirse a media docena de miembros.

guardia rojaY a pesar de todo ello, sobrevivió. En buena medida porque se siguió jugando clandestinamente, en algunos lugares, como Chengdu, de manera secreta pero relativamente extensa. Pero también por la «resistencia» -activa pero discreta- de altos cuadros del PCCh como el mismo Chen Yi -que perdió poder pero no fue purgado y protegió a Nie Weiping mientras pudo- o el propio padre de Nie Weiping -un alto funcionario del partido.

Más allá del grano grueso, si el Go sobrevivió en China al nivel que lo hizo fue porque tuvo un fuerte apoyo de la élite aun en el peor momento de radicalización política. Simplemente, obstaculizaron cuanto pudieron que las cosas llegaran a sus últimas consecuencias por mucho que se alinearan con el presidente Mao. El símbolo era demasiado importante para ellos, porque para ellos como para tantos otros antes y después, no era sino la metáfora de una vida interesante.

Deng y el renacimiento del Weiqi

deng-y-nie-weipingNo nos equivocaríamos demasiado si decimos que fueron amantes del Go los que compusieron las fuerzas que llevaron a la caída de la «banda de los cuatro» en 1976. El régimen de Deng, inmerso en una transformación profunda y a largo plazo (la emergencia China que vemos hoy) necesitaba nuevos símbolos de triunfo.

Y el Go se los daría: el campeonato del mundo amateur en 1979, la reanudación de relaciones con Japón (y el primer triunfo contra los isleños sobre los tableros), y el primer noveno dan continental, estaban absolutamente en línea con la lógica de la «recuperación y el reconocimiento» que las reformas proponían como futuro. Así que todavía son muchos los que recuerdan el día en que Deng invitó a Nie a jugar al bridge como el primer día de la nueva China. La China de hoy.

A partir de ahí el significado social del juego cambia radicalmente:

Durante la Revolución Cultural fue un símbolo de los últimos restos del feudalismo y estigmatizado por ello. Hoy marca el resurgir del hombre ilustrado como un nuevo ideal de forma de ser.

La mirada sobre China

Columna del EPLPero la segunda mitad de los sesenta y el principio de los setenta no son solo los años de revolución y lucha por el poder en China. Son también los años de la Guerra de Vietnam. El ejército norteamericano, que durante la ocupación japonesa había entendido que «comprender» al contrario es una parte central de la política y de la guerra y se había armado con esa pequeña joya antropológica que es «El crisantemo y la espada», está buscando una clave para entender el desastre que se cierne sobre Indochina.

En 1969 Scott Boorman, un joven matemático y sociólogo de Harvard, publica en Oxford Press «The Protracted Game: A Wei-Ch’i Interpretation of Maoist Revolutionary Strategy». La idea de que los generales vietnamitas jugaban al Go mientras los norteamericanos pensaban desde categorías ajedrecísticas tendrá consecuencias duraderas, e inspirará desde la teoría estadounidense de la contrainsurgencia al anarquismo pasando por innumerables conferencistas y programas de divulgación histórica

Como vemos se trata de un revival de la asociación entre el Go y el «Arte de la Guerra» que hiciera Zhang Jing. Pero irá más allá: la lectura militar, conflictual, permeará los famosos trabajos de Arquilla y Rondfeld donde nació la idea de la netwar, y la primera oleada de la globalización en los noventa reinterpretará el discurso en clave de lógicas de negociación comercial.

Así que con la «emergencia china», el «China rising» de los titulares norteamericanos, era de esperar la popularización del juego entre los oficiales y diplomáticos occidentales. Desde luego, los seminarios a partir del libro de David Lai «Learning from the stones: a Go aproach to mastering China’s strategic concept, Shi» se multiplicaron en los últimos dos años entre militares de los países más cercanos a EEUU.

Compartiendo la intimidad del tablero

Pero la mirada occidental sobre China no es solo la mirada sesgada por los intereses comerciales o por sus temores militares. Marc L. Moskovitz es un antropólogo de la Universidad de Carolina del Sur que descubrió en el Go una herramienta para que todo tipo de personas hablaran sin tapujos ni filtros ideológicos sobre su mirada al mundo, el pasado y el presente de China. El resultado de sus últimos trabajos fue un documental: «Weiqi Wonders»

En un momento, el sr. Lu, un aficionado de 46 años que se encuentra con los vecinos en el parque para jugar dice «no existe algo así como una mala persona que juegue a Go», repitiendo un tropo instalado en la cultura china, como hemos visto, desde el siglo IX. Lo interesante de estas entrevistas es que revelan una contradicción creciente entre la nueva lógica del éxito de una sociedad que está descubriendo el desarrollo y el mercado a toda velocidad y los valores que los entrevistados consideran realmente propios.

Viendo el documental uno no puede dejar de pensar en el entonces general Chen tirando el tablero al río. La paradoja quizá sea el único modo de entender la China en revolución de hoy.

«La paradoja del general Chen» recibió 10 desde que se publicó el Viernes 10 de Enero de 2014 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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