LasIndias.blog

Conquistar el trabajo es reconquistar la vida

Grupo de Cooperativas de las Indias

videoblog

libros

La sociedad comunista de Cabet a Marx

La desmercantilización pareja al paso del socialismo al comunismo significa la transición a una sociedad que, de forma eficiente, distribuye los abastecimientos a sus miembros en función de sus necesidades, no como un racionamiento por precio o por mérito, no como una forma alternativa de gestionar escasez, sino como abundancia.

El futuro aquí y ahora: Keynes, Marx, Dewey, Foucault, Dreikurs, Zamenhof, etc.

Naouvoo, Iowa - Comunidad Icariana en EEUUHay un momento determinante en la Historia en que desde el terreno de las ideas se empieza a saber posible una sociedad bajo el marco de la abundancia. Coincide con el desarrollo de la producción bajo el impulso de la revolución industrial. Producto de la aplicación de la máquina de vapor, las actividades en las fábricas se modifican sustancialmente, cambia la forma de trabajo, se rompen los procesos en tareas mucho más asequibles, se incorporan las mujeres y los niños al trabajo. Todo ello tiene su reflejo en la organización social, pero también en la organización familiar. Al mismo tiempo, se dan movimientos masivos de población del campo a la ciudad, se modifica el espacio urbano, la vivienda. A pesar del aumento objetivo del trabajo, las condiciones de vida son precarias, el grado de analfabetismo es brutal, la higiene brilla por su ausencia, las enfermedades son en su mayoría mortales.

Babeuf - Conspiración de los IgualesAntes de la Revolución Francesa, los primeros brotes de la era industrial no parecen imponer un cambio sustancial en la organización social. La aristocracia seguirá manteniendo su espacio, en liza con una burguesía en proceso de consolidación. En la base, población campesina, obrera y un todavía vigoroso artesanado que incluía algunas profesiones «libres» (sastres, impresores…).

No es por tanto casual que aparezcan las primeras teorías que exhortan a las clases populares a rebelarse, a tomar el poder para dar paso a un nuevo sistema. En mayor o menor medida, se orientan hacia la abundancia pues gracias al progreso de las tecnologías se constata la posibilidad de satisfacer con bienes y mercancías las necesidades de la población.

Babeuf es uno de los primeros teóricos revolucionarios populares. Tiene 29 años cuando estalla la Revolución Francesa, ha trabajado como comisionado de tierras asistiendo a nobles y miembros de la Iglesia en el ejercicio de sus derechos feudales. Su propuesta pasará por considerar la propiedad privada la fuente de todas las desigualdades sociales. Abogará por las sublevaciones revolucionarios y la toma del poder por insurreción. Defenderá la necesidad de instaurar una dictadura revolucionaria para reorganizar la sociedad y para la puesta en marcha de nuevas instituciones.

Inspirado por Rousseau desarrolla una teoría en favor de la igualdad y colectivización de las tierras, y promueve un movimiento, «La Conspiración de los Iguales», por una democracia radical y por la abolición de la propiedad privada, fuente de todas las desigualdades sociales.

ManifesteEn la generación siguiente a Babeuf encontramos a Cabet y Hegel. Cabet se dedicará a lo largo de toda su vida a la elaboración del pensamiento comunista, a su divulgación masiva y a la creación de agrupaciones por toda Francia. El movimiento impulsado por Cabet llegó a tener tanta aceptación entre los trabajadores de la época que se puede decir que los «comunistas icarianos» fueron el primer partido de masas del mundo. Sus seguidores -y en especial las mujeres- llegan a estar tan motivados, a tener tan clara la posibilidad de construir una sociedad de abundancia, que toman la decisión de poner en práctica los fundamentos teóricos que Cabet exponía en «Viaje a Icaria». Casi 200 cabetianos organizarán recaudaciones de fondos e invertirán sus propios ahorros en la compra de terrenos en EE.UU., abandonando Francia para crear en Texas, en 1848, la primera de las comunidades igualitarias de la Historia moderna. Una sociedad que se organizará bajo los principios de la igualdad y la propiedad comunitaria de los bienes. Es el primer paso del movimiento comunitarista.

NauvooLa prensa americana (New York Daily Tribune), recoge en 1852 la noticia de una nueva comunidad icariana en Nauvoo, Iowa:

La colonia icariana, compuesta en su mayoría por emigrantes franceses y alemanes, admite también emigrantes de otros países que adopten su sistema de organización política y social y su compromiso con la agricultura y la industria. Cultivan varias granjas, con una amplia diversidad de hortalizas, verduras y cereales, estos últimos son procesados en los molinos propiedad de la Comunidad. Albañiles, carpinteros, vidrieros y pintores de la comunidad, casi han terminado una gran edificio de piedra diseñado para albergar la escuela infantil. Es intención de la Comunidad construir otro edificio y convertirlo en una Escuela Americana para niños.

La Comunidad está organizando conciertos y representaciones teatrales. Una parte del aforo estará reservado para americanos, entre 30 y 40 personas cada noche, que podrán adquirir sus tickets en los días previos, para de esta forma ser acomodados. La Comisión que acompañó a los icarianos que vinieron a establecerse a Iowa, ha regresado. Encontraron la localización adecuada, con agua, madera, canteras para ladrillos, cerámica y tierras fértiles para el cultivo. Los colonos han comenzado sus trabajados de asentamiento, construcción y limpieza y han registrado su solicitud de derecho preferente de compra. El próximo año otros icarianos formarán nuevos establecimientos al lado de los primeros. Levantarán primero un aserradero, un molino y una fábrica de ladrillos y comenzarán la construcción de una villa o comuna. La Comunidad contempla la construcción, en sus talleres de Nauvoo, de un pequeño buque de vapor. Se espera la llegada de nuevos miembros, que ya han partido de Havre y Burdeos, mientras que varias Sociedades Americanas y Alemanas han anunciado su intención de unirse a ellos.

[Nauvoo Tribune, colección de las Indias]

Volvemos a Europa

Marx y EngelsUno de los grandes aportes de Hegel será la elaboración de una nueva dialéctica para la crítica de la sociedad, la política y la religión. Una propuesta que inspirará años después a un joven Marx en la articulación de sus propuestas. En sus primeras publicaciones Marx será muy crítico con la religión y su tesis doctoral se centrará en la diferencia de la filosofía de la naturaleza entre Demócrito y Epicuro apoyándose en el materialismo de Epicuro. Su crítica de Feuerbach, el gran autor materialista de su época, le llevará a concluir que los filósofos no habían hecho más que interpretar de diversos modos el mundo cuando de lo que se trata es de transformarlo. Comienza a sentar así las bases de un nuevo materialismo.

Esa lógica del aquí y ahora que subyace tanto en Cabet como en Marx va a dar lugar a movimientos bien diferentes. El periodo de 1830 a 1848 es una sucesión de revueltas y revoluciones en toda Europa. Se esbozan alianzas más o menos temporales entre la burguesía industrial, la pequeña burguesía democrática y los primeros grupos obreros, para hacer frente al absolutismo, reclamando los principios de la Revolución Francesa.

En 1844, un año álgido para el movimiento de Cabet en Francia, Marx conoce a Engels quien acaba de escribir «La situación de la clase obrera en Inglaterra». Se empieza a gestar en ellos la idea de la clase obrera como agente revolucionario generando una cierta continuidad con las propuestas de Babeuf y sus seguidores. En ese mismo año Marx escribirá los textos que han llegado a nosotros como «Manuscritos económicos y filosóficos».

El Cuarto EstadoMarx reconoce en el «Manifiesto Comunista» (1848) la importancia histórica de Fourier, Owen y Cabet como primeras expresiones de la asociación entre los trabajadores y la perspectiva de una sociedad desmercantilizada. Importancia que decrece en el tiempo, «en razón inversa al desarrollo histórico de la sociedad». Para Marx la revolución del 48 deja obsoletos a los «utópicos» al presentar la realidad y la potencia de la lucha de clases. Toda propuesta que desvíe al obrero de la lucha política revolucionaria no merece atención conduce a falsas soluciones. A pesar de reconocer su importancia pre-48 ve a fourieristas, owenitas e icarianos como un lastre anclado en el pasado y despreciará profundamente a sus epígonos condenando a owenitas y fourieristas a «deslizarse» hacia el socialismo reaccionario y refiriéndose a la ideología de los continuadores del partido icariano tras Cabet como el «simplista comunismo igualitario francés».

Para Marx será fundamental distinguir entre las inclinaciones o anhelos de los artesanos y de los proletarios, explicando a través de estos últimos el paso del primer comunismo al comunismo marxista. En el Manifiesto describe al artesanado como una clase agonizante, proletariado de paso por la organización gremial, condicionado por su propia estructura jerárquica de aprendiz, oficial y maestro para quien la aspiración es convertirse en maestro y mantener el sistema intacto. Sin embargo, buena parte de la «Liga de los Justicieros», que convertirán en «Liga de los Comunistas», está formada por oficiales artesanos. Para Engels, son poco más que un apéndice de la pequeña burguesía.

Para oprimir a una clase es menester asegurarle sus condiciones de vida

karl marxEn el Manifiesto Marx expone cómo toda la historia de la sociedad humana es una historia de lucha de clases, describiendo como la sociedad capitalista tiende a reducir la compleja sociedad feudal en tan solo dos clases: la burguesía y el proletariado. En el desarrollo del marco conceptual sitúa el nacimiento de la manufactura como el disparador de una nueva etapa económica que busca satisfacer las nuevas necesidades de mercados con la colonización de América y Asia. En el nuevo sistema de producción, los maestros de los gremios son desplazados por la clase media industrial de oficiales, supervisores, capataces. Con ellos se impone la división del trabajo dentro de cada taller. Aparece la industria moderna y con ella los magnates industriales, los burgueses modernos. La gran industria crea el mercado mundial, con el mercado mundial se impulsa el comercio, la navegación, las comunicaciones. Se desarrolla la burguesía, crecen los capitales.

En pocos párrafos Marx despliega el grandioso mural de un mundo en transformación revolucionaria: con la manufactura, la burguesía ejerce de contrapeso de la nobleza en la monarquía feudal. Es la promotora de la creación del estado representativo moderno. Nos asegura que la burguesía no podría existir si no es revolucionando constantemente los instrumentos de producción. Esto es, revoluciona el sistema de producción, mercantilizando todas las relaciones sociales pre-existestes y al hacerlo condena a la revolución al régimen social y político que se levantado sobre ellas.

La necesidad de encontrar mercados llevará a la burguesía de una punta a otra del planeta y, esta tendencia a la globalización, subraya Marx, destruye «los cimientos nacionales de la industria». Como consecuencia, la experiencia humana pasa a ser en lo fundamental la misma en cada parte del globo donde el sistema se ha impuesto, por eso, nos cuenta, las literaturas locales y nacionales confluyen en una literatura universal. Lo que se hace patente, es que la burguesía crea un mundo hecho a su imagen y semejanza. Somete el campo a la ciudad, concentra los medios de producción, la propiedad, aglutina los habitantes de un país. Esto lleva a un régimen de concentración política, creando un interés nacional de clase que requiere de leyes, regulaciones, sistemas arancelarios… Recalca que hay que admitir que la burguesía ha impulsado como nunca el desarrollo y da no pocos ejemplos de las realizaciones de aquel capitalismo progresista: las aplicaciones de la máquina de vapor a la química, a la industria, a la agricultura, la navegación de vapor, los ferrocarriles, el telégrafo eléctrica, la apertura de ríos a la navegación…

En ese camino la burguesía y el proletariado se desarrollan mano a mano, como productos que son del mismo sistema. El trabajo es a fin de cuentas otra mercancía más, necesaria, para alimentar el capital. Si el valor de una mercancía equivale a su coste de producción, el valor del proletariado sería el sumatorio de los costes de alimentación, vestimenta, vivienda, necesarios para «producir un obrero». Con la integración de la maquinaria en los procesos productivos se rompen los procesos de trabajo, permitiendo la integración de mujeres y niños a la realización de determinadas tareas, desplazando el monopolio masculino y eliminando diferencias de edad y sexo en el trabajo. En la absoluta despersonalización y alienación de la fábrica global capitalista el nuevo sistema ensaya su propia y retorcida visión de la igualdad entre sexos.

El camino a la abundancia según Marx

Para Marx, el objetivo inmediato del comunismo, de los comunistas, es formar la conciencia de clase del proletariado. El salto hacia una sociedad de abundancia -el comunismo- no es posible todavía. Estamos en 1848 y el capitalismo no reina todavía ni siquiera sobre la mayoría de la superficie terrestre. Pero si bien no ve posible el salto directo al comunismo, si que cree que es posible derrocar a la burguesía, llevar al proletariado a la conquista del poder del estado y acabar la tarea progresista de la burguesía por otros medios y de otras formas. No se engaña: llegar al poder político no significa transformar el modo de producción aunque desaparezca el capitalista individual como propietario. Los modos de producción no desaparecen por un acto de voluntad ni por una revolución política sino solo «cuando han agotado su capacidad para desarrollar las fuerzas productivas». Otra cosa es tener que aguantar a la burguesía y las desigualdades extremas: ser capitalista es ocupar un puesto en el proceso de producción, el capital es producto de la cooperación, una potencia social, una relación social y no un patrimonio personal. El capital puede acabar su labor histórica también contrapesado por el control de los trabajadores.

En su perspectiva, un proletariado con el control del estado, organizado como clase gobernante, despojaría a la burguesía de todo el capital y lo colocará en el estado. Los nuevos intereses dominantes -la nueva dictadura de clase, pues mientras haya clases todo régimen no puede ser sino una forma de dictadura económica- cesarían paulatinamente de supeditar las necesidades humanas a la reproducción del capital. Una lógica nueva -el socialismo- será imponiendo poco a poco basada en la retribución del trabajo.

En el modelo de Marx, el socialismo no es ni tan siquiera un «modo de producción», es un periodo de transición hacia la abundancia donde el capitalismo es gestionado por los trabajadores, que han colocado toda la propiedad en el estado y lo dirigen al modo de una grandiosa cooperativa de trabajo cuyo principal objetivo fuera aumentar la productividad y distribuir sus réditos en función del trabajo aportado por cada uno («De cada uno según su trabajo a cada uno según sus capacidades» resumirá parafraseando a Cabet).

Al desarrollar las fuerzas productivas del capitalismo al límite, más y más cosas podrán ser gratuitas, podrán desmercantilizarse. Al hacerlo el ámbito de poder de esa «cooperativa» gigantesca en la que se ha convertido el estado se reducirá. El estado «se extinguirá» a sí mismo y poco a poco, conforme se reduce la jornada laboral y se amplia el espacio desmercantilizado de la sociedad, esta irá entrando en una nueva fase, el comunismo, la sociedad de la abundancia regida, esta sí, por la máxima icariana «de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades».

Cuando la sumisión esclavizadora al yugo de la división del trabajo haya desaparecido, y cuando, con ella, hayan dejado también de existir la distinción entre el trabajo físico y el trabajo intelectual; cuando el trabajo no sea ya un medio de vida, sino la primera de las necesidades vitales del hombre; cuando las fuerzas productivas de las sociedad se hayan desarrollado en proporción al desarrollo multiforme de los individuos que componen esta sociedad, entonces los estrechos horizontes burgueses serán enterrados y la sociedad podrá escribir en su bandera: «Cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades».

La desmercantilización pareja al paso del socialismo al comunismo significa entonces la transición a una sociedad que, de forma eficiente, distribuye los abastecimientos a sus miembros en función de sus necesidades, no como un racionamiento por precio o por mérito, no como una forma alternativa de gestionar escasez, sino como abundancia. Todos obtienen cuanto necesitan porque solo tienen que tomarlo sin que nada ni nadie evalúe sus necesidades. Todos aportan el trabajo necesario porque el mismo concepto de trabajo ha cambiado y abarca ahora toda la actividad humana. Se alcanza así la idea de la liberación del trabajo. Estamos en las antípodas del trabajo alienante y repetitivo de los obreros en las fábricas. El trabajo se libera porque «la aplicación directa de la ciencia y el conocimiento a la producción» lo han hecho tremendamente productivo y ya no necesita del estrecho marco de la relación asalariada y la propiedad privada, del mismo modo que el bloguero o el desarrollador de software libre no necesitan ni ser parte de una multinacional ni restringir a nadie el software que producen. En el mundo concebido por Marx cobra importancia el desarrollo del ser humano en sí mismo, de todos sus talentos.

«La sociedad comunista de Cabet a Marx» recibió 2 desde que se publicó el Miércoles 31 de Mayo de 2017 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Natalia Fernández.

Deja un comentario

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos nuestros blogs en la
página de registro de Matríz.