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La sociedad red, la netwar y el mundo postmoderno

La teoría sobre los conflictos está en la vanguardia de la comprensión del mundo red y por primera vez nos acerca a entender realmente en qué consiste la Era Postmoderna

Jesús Pérez, seguramente el teórico más profundo en lengua latoc de las guerras posmodernas daba el otro día un diagnóstico terrible de las causas de la aparente pacificación Iraquí:

Las fuerzas de ocupación abandonaron su objetivo de modernizar el pais y se aliaron con las fuerzas tradicionales premodernas. EE.UU. armó y financió a jeques que veían su poder amenazado por los yihadistas extranjeros, alquilando su lealtad a espaldas del gobierno de Bagdad y convirtiédolos en señores de la guerra. La paz con los clanes sunníes durará cuanto dure la financiación estadounidense y la tolerancia de las autoridades de Bagdad. Ninguna de las dos será eterna.

En otra punta del mundo, el estrecho de Malacca, donde la piratería había resurgido virulentamente a principios de esta década, la temprana coordinación internacional pareció pronto insuficiente:

El problema es tal que los países de la zona, superando sus rivalidades y suspicacias mutuas, comenzaron a realizar patrullas navales conjuntas. De ello informaba el Gran Juego de Asia en el último trimestre de 2004. Pero la medida parece no haber surtido efecto. Por primera vez el gobierno de Malasia ha autorizado que barcos de escolta privados surquen las aguas del estrecho de Malaca. Tras los mercenarios sudafricanos en Sierra Leona y los “contratistas privados” en Iraq, ahora los tenemos surcando los mares.

Cuatro años después, la revista Time nos informa de que el problema ha sido vencido precisamente por ese camino… incorporando a las empresas militares privadas a la gestión de la seguridad internacional. Hablando en plata: volviendo a las patentes de corso del comienzo de la Modernidad.

No son ejemplos aislados: en el mismo periodo de tiempo, la guerra del estado mexicano contra los cárteles de la droga aceleró el proceso de formación de nuevos agentes. Apareció la Familia michoacana la primera filé negra. Y ahora, casi siguiendo un cronograma parejo al de EEUU en Iraq, el resultado desasatroso en muertos y sobre todo en daño económico parece abocar a la búsqueda de equilibrios en vez de a la eliminación de los grupos narcos.

¿Qué está pasando?

En todos los casos, la pacificación o su perspectiva no se sustenta en que el estado haya recobrado la soberanía sino por el contrario, en que ha renunciado a ella para aceptar el juego de alianzas con nuevos agentes.

Como decíamos hace ya media década para sobrevivir, el estado nacional está volviendo al rol y la forma de pensarse estratégicamente que tuvo en sus albores. Y es que estamos definitivamente en un mundo multipolar, pero no en el sentido que nos lo vaticinaron tras la caída del muro de Berlín. La multipolaridad en la que vivimos no tiene como nodos sólo a estados y organismos internacionales.

¿Y qué pinta Internet en todo esto?

En la base misma de todo está la revolución de las redes distribuidas. Nunca comunicarse, intercambiar, proyectarse y discutir ha tenido menos filtros posibles. Nunca el mundo había sido tan pequeño y compacto para los pequeños. Si Internet y la comunicación distribuida han destruido la idea nacional de la opinión pública y el encorsetamiento en fronteras estatales de los sujetos colectivos, la globalización de los pequeños (y los oscuros) que ha sido su pareja y su hermana, ha destruido definitivamente el mapa mundi como relato de los agentes internacionales.

Desde los fans de Bono (U2) a netocracias violentas e ideológicas como AlQaeda (o pacifistas como el Dalai Lama) desde las redes alimentadas por el crimen organizado a Médicos sin Fronteras, cada vez son más los sujetos e identidades colectivas capaces de elevar una agenda particular a acciones transnacionales.

En Guerras Posmodernas, un libro de próxima aparición en la Colección Planta 29, Jesús Pérez nos recuerda que:

Vivimos en un mundo en el que Amnistía Internacional recurre a satélites para vigilar Darfur, los cárteles de la droga colombianos recurren a submarinos de construcción propia con tecnología presumiblemente obtenida de la mafia rusa para introducir droga en Estados Unidos y grupos terroristas o activistas políticos de los lugares más remotos emiten sus comunicados vía Internet. El coste de entrada en la arena internacional es por tanto cada vez menor.

En el origen de todo, la tremenda y radical potencia de la individualización de la tecnología y las aún mayores posibilidades -ya cotidianas- de la interconexión en redes distribuidas de un mundo de personas así empoderadas:

Quizás hemos perdido la perspectiva de las capacidades que ahora disponemos. Lanzar al mundo una idea, una imagen, una canción o un vídeo de tal forma que sea recibida en todo el planeta estaba sólo reservado a los grandes medios de comunicación y a los gobiernos. Ahora tener un impacto mediático de alcance global es tan barato como colgar vídeos en Youtube, subir fotos en Flickr o abrir una página “.com”. Tener informado a miles de simpatizantes es tan sencillo como lanzar un mensaje a una lista de correo privada. Lo irónico es que ahora el problema radica en cómo esa pieza de información concreta puede destacar (…). Instituciones, grupos de personas y hasta individuos lo logran a menudo, lo que los eleva a todos a la categoría de actor internacional.

La labor de Bono, el cantante de U2, en favor de África o la lucha contra el SIDA puede considerarse más o menos bien intencionada y puede discutirse su eficacia. Pero el hecho de que el cantante de un grupo de rock sea recibido por representantes de gobierno y acapare esa atención internacional sólo es un síntoma que asistimos a la emergencia de un nuevo tipo de actor global de una escala tremendamente reducida.

¿Qué será la Era Postmoderna?

Tradicionalmente definíamos la postmodernidad en términos históricos por la multiplicación de agentes, subjetividades y discursos. Ahora nos damos cuenta de hasta dónde apunta ese estallido de sujetos… que ya no vemos desde luego, bajo el marco de los estados-nación, pero tampoco, como quisimos imaginar, bajo instituciones transnacionales democráticas.

Como hemos visto con Indonesia y Malasia en Malacca, EEUU en Iraq o en México con su guerra contra los cárteles, el estado nacional empieza a no reconocerse por encima simplemente porque no puede asegurar ya su preponderancia en los conflictos con los nuevos sujetos emergentes. A este ritmo, las empresas militares privadas que hoy producen escándalo serán consideradas un pilar del orden internacional en pocos lustros.

¿Qué hacer?

La cuestión clave no es la aparición de nuevos sujetos. Bono, el Dalai Lama o el Papa, Medicos Sin Fronteras o Reporteros sin Fronteras, podran sintonizar ideologicamente o no con nosotros, pero sus agendas no incluyen el desarrollo de conflictos violentos o el establecimiento de paraestados autocráticos.

La postmodernidad está viendo una erosión acelerada -en términos históricos- del Estado, y sin embargo todas sus alternativas más potentes, más poderosas nos parecen siniestras. Executive Outcomes prepondera en el diseño del mundo sobre el TPI, los paraestados sobre las ONGs, las filés negras sobre las filés

¿Por qué? Como decíamos en las conclusiones de De las naciones a las redes sobre estos fenómenos:

Sus evoluciones no deben verse como alternativas a una elección entre Estado nacional y formas postnacionales. No se elige una preferencia entre el futuro y el pasado. Se eligen programas vitales entre relatos de futuro.

En pocas palabras, ante la crisis, cerrar filas en el estado podrá retrasar el alcance de estos fenómenos… pero sólo a costa de que el lado oscuro gane fuerza e la batalla por definir una alternativa que a medio-largo plazo será inevitable.

El programa sensato y democrático de esta época pasa por poner marcos de convivencia entre el pasado y el futuro que mantengan unos mínimos controles democráticos, cosas como regular y establecer mecanismos de control sobre las empresas militares privadas… antes de que las condiciones sean fijadas en sentido contrario. Y en el terreno social, en la sociedad civil, reforzar las alternativas democráticas y comunitarias como la filé, porque sólo ellas representan a medio plazo un freno estable y transnacional a la descomposición social.

Si elegimos entre pasado y futuro, poniendo todo en mantener el pasado nacional y de control estatal con vida, sólo tendrremos un futuro marcado por lo peor de la postmodernidad. Si entendemos que vivimos en una prórroga, que disfrutamos de un tiempo precioso para experimentar y desarrollar nuevas formas de cohesión y libertad, podremos, de nuevo, disfrutar de un rumbo.

«La sociedad red, la netwar y el mundo postmoderno» recibió 0 desde que se publicó el miércoles 2 de septiembre de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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