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La transnacionalización cooperativa y el principio de nacionalidad

El principio de nacionalidad y especiamente su derivado, el principio de preferencia comunitaria, chocan directamente con la expansión de la lógica de cohesión que la transnacionalización de las cooperativas podría suponer

Ni lo internacional es equivalente a lo transnacional ni el principio de ciudadanía es lo mismo que el principio de nacionalidad… más bien al contrario.

En un plano relacionado el principio de territorialidad va cediendo espacio a un nuevo principio de personalidad en la práctica de las grandes empresas y de la guerra contra el terror.

El panorama es complejo y estimulante intelectualmente y precisamente por eso me llama la atención especialmente que cuando se plantean cosas muy básicas en un mundo transnacional como que una cooperativa pueda tener socios no residentes y que estos y otros colaboradores puedan viajar e incorporarse a proyectos en España, la asociación mental que surja en los comentaristas sea el terrorismo yijadista o se nos diga que lo que queremos es quedar “exentos de cumplir con las leyes locales” cual oscuro privilegio.

La realidad cotidiana es sencilla: hoy en día una cooperativa no puede aceptar como socio a un no residente en España, es decir, fuera del territorio del estado sólo puede tener asalariados o colaboradores autónomos, pero no socios.

Y aún estos colaboradores, si tienen pasaporte uruguayo o boliviano por ejemplo, no podrían viajar a España para hacerse cargo de un proyecto o para realizar una tarea especifica siquiera fuera temporal. Requerirían un permiso de residencia por trabajo que suele tardar año y medio en tramitarse, que es muy difícil de conseguir y en cuyo proceso has de demostrar que no hay ningún “nacional comunitario” capaz de hacer el mismo trabajo, lo que se llama principio de preferencia comunitaria, una idea de Le Pen largamente vindicada por la extrema derecha que hace tiempo se incorporó a la política migratoria.

Una reflexión

Pirenne contaba, haciendo el relato sobre la emergencia de la democracia urbana en la Edad Media, cómo el conficto entre los señores feudales y los gremios se centraba en el derecho de vientres feudal.

De hecho, como contábamos hace poco, la clave de la cohesión interna de los gremios estaba en la subversión pasiva y activa del derecho de vientres feudal. Los gremios no reconocían que los hijos de un matrimonio de siervo y libre estuvieran sometidos a la servidumbre. Es más, si un siervo llegaba a la ciudad y era aceptado como aprendiz quedaba en la práctica liberado y protegido por la comunidad. Los señores podían, en ley, reclamar a los hijos de los matrimonios mixtos o a los siervos urbanizados, pero, como señalaba Pirenne

Para el comerciante, la sóla idea de una injerencia tal debía parecerle algo monstruoso e intolerable.

Algo muy parecido nos pasa ahora con el principio de nacionalidad sobre todo cuando se transforma en el de preferencia comunitaria.

El estado nacional endurece en toda Europa esta lógica nacionalista y la enfrenta cada vez más al principio de ciudadanía en modos que no podemos dejar de sentir como “algo monstruoso e intolerable“, como que se nos imponga la contratación de un nacional comunitario sobre la de un miembro de nuestra red a quién querríamos de socio.

Pero al mismo tiempo las grandes empresas obtienen un tratamiento especial en los trámites migratorios y de visados que les permiten mover a sus cuadros, con independencia de su origen y pasaporte, de forma operativa de un país a otro, sin nacionales comunitarios alternativos impuestos o sugeridos. Y esto, se mire como se mire, es una vuelta al principio de personalidad (como eres directivo o ejecutivo de Telefonica o Repsol tienes un camino administrativo diferente), pero una vuelta positiva, aceptable y que por ello, debería ser universalizable a todas las empresas en transnacionalización. Y si me permitís, en especial aplicado a las cooperativas pues no sólo son transnacionalizadoras de negocio, sino de cohesión.

¿De verdad queremos que la transnacionalización sea sólo para las grandes empresas extractivas y de servicios y no para empresas más pequeñas pero democráticas, como una cooperativa, que expanden esa lógica cohesiva?

«La transnacionalización cooperativa y el principio de nacionalidad» recibió 0 desde que se publicó el Jueves 31 de Diciembre de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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