LasIndias.blog

Conquistar el trabajo es reconquistar la vida

Grupo de Cooperativas de las Indias

videoblog

libros

Las bases materiales de una economía basada en la ética hacker del trabajo

Construir una organización económica democrática que permitiera vivir según la ética hacker del trabajo, nos exigió ir más allá del cooperativismo y desarrollar un sistema económico interno original basado en la abundancia. Paradojicamente la «hermandad de mercaderes» de nuestro lema se sustenta en una economía interna desmercantilizada y sólo por eso sirve de pilar a la «comunidad de los libres»

Cuando el itinerario de integración en la filé indiana llega a la ética hacker son muchas las cosas que empiezan a cuadrar y encajar en la mirada de nuestros itinerantes y surgen reflexiones importantes que sin duda reviven las que en su día nos llevaron a crear la Sociedad de las Indias Electrónicas a los primeros indianos.

Pero aunque ahora parezca evidente la apuesta de organizar una estructura económica según una ética hacker del trabajo, en aquella época los pocos ejemplos conocidos se daban en comunidades de individuos que desarrollaban proyectos interconectados, formando comunidades pero no un metabolismo económico común. De hecho se trataba casi en todos los casos -y así aparece en el libro de Himanen- de grupos de desarrolladores de software libre, redes de trabajo voluntario que a las finales no eran sino comunidades conversacionales: lanzaban un proyecto de producción adelante, pero no cargaban con toda una serie de responsabilidades anexas sobre el bienestar de sus miembros o su seguridad económica ni asumían tareas tan básicas como vender o pagar impuestos. Es más, cuando a su alrededor se organizaban empresas -en su mayoría ligadas a la comercialización de distribuciones- la organización en si misma tenía poco de ética hacker en su vida cotidiana. Eran y son empresas con asalariados «normales», horarios «normales» e incentivos «normales» donde el «espíritu» se mantenía como una actitud, como un mito cohesionador en el mejor de los casos, pero que en ningún caso informaba a la estructura y el sistema en si mismo.

Teníamos claro sin embargo que por un lado necesitábamos tener empresa/s -osea una organización estable- para asegurar nuestra autonomía, pero también que una empresa convencional, basada en el trabajo asalariado, esterilizaría tarde o temprano esa ética hacker del trabajo. Era necesario introducir la lógica de la abundancia en la misma estructura económica de nuestra empresa o incluso la democracia económica -y lo veíamos en el cooperativismo tradicional- generaría una pérdida de sentido insalvable a base de «buen rollo».

Fueron las decisiones surgidas en aquellos primeros momentos, en medio de una escasez terrible, las que harían posible sin embargo todo el desarrollo posterior de la filé indiana precisamente porque se basaban en una suerte de «comunismo interno» extremadamente radical. La Indianopedia lo resume en tres proto-instituciones que se convirtieron en el fundamento de todo lo que habría de venir:

  1. La práctica de una ”plurarquía pobre”: nunca se votó o se impuso una decisión. En caso de diferencias el primer administrador, David de Ugarte no era decisivo. Por el contrario se intentaban ”tomar todos los caminos a la vez”, pues no tenía sentido en un proyecto tan escaso de oportunidades tomar una única ruta. Más alternativas ensayadas, más posibilidades de sobrevivir.
  2. Nace también la estructura de las casas de Indias pues no había ingresos como para alquilar simultáneamente pisos y oficina, de modo que hubo que acomodar todo en los 70m2 de un apartamento en el último piso del edificio del Café Comercial en la Glorieta de Bilbao de Madrid.
  3. De esa época viene también la estructura de una caja común, origen del sistema de viáticos, contra la que los indianos facturan en función de las posibilidades de la empresa y las necesidades de los miembros.

Aquella primera fase marcó todo lo posterior porque cuando por fin crecimos nos dimos cuenta de que esos tres elementos eran el corazón de lo que habíamos de preservar, el sustento de todo lo demás. De hecho esa crisis que llamamos revolución del año siete y que es la que da finalmente estructura e instituciones claras a la filé indiana, no es más que la reafirmación e institucionalización de estas tres claves.

El lema «una comunidad con empresas y no una comunidad de empresas o de personas que trabajan en unas empresas determinadas» expresaba la tensión que se da en la relación entre toda comunidad (basada por tanto en la plurarquía) y decisión económica (que en el límite más libres es una democracia económica). Estaban claras dos cosas: 1) que la escasez debe supeditarse en todo lo posible a la abundancia (osea que el ámbito de decisión colectiva sobre cosas que afectan a las personas tiene que ser el menor posible), pero también que 2)el sistema sólo funcionaría para una comunidad, no para varios «nosotros» más o menos coordinados o integrados. Personas y comunidad, esa era la dinámica a salvar, sin intermediaciones, y había que escorarla hacia las personas en la medida de lo posible.

Pero ganar esa escora significa en realidad estirar hasta el límite la economía comunitaria y la clave de esto es el voto de ahorro en común: renunciar al ahorro individual, a la formación de una «bolsita», osea el poner y sacar todo del único saco común, es la clave que evita la oposición entre lo común y lo individual y mantiene el trabajo de cada cual en su lugar, libre de angustias de llegar a fin de mes.

La idea era que si entre todos construimos lo suficiente en el mercado, la estructura puede dar lo que cada cual necesita en cada momento, yendo mucho más allá de lo que nos aportaría a cada uno repartir los excedentes como salarios. En el fondo es aritmética también, porque funciona como un sistema de seguro ante los deseos de los miembros, pero no deja de tener su magia: renunciando al ahorro individual y a la propiedad de todo lo que no sean participaciones en la cooperativa, tenemos a nuestro alcance un nivel de consumo mayor. Se trata de un círculo virtuoso porque la «liberación» de la angustia económica individual produce además un aumento de productividad tangible que a su vez mejora el comportamiento colectivo en el mercado. La ética hacker se fundamenta en esa sencilla base material y demuestra ahí ser lo que los marxistas llamarían una verdadera «liberación de la fuerza productiva»: bajo este sistema «comunista» interno se produce mejor y se genera más riqueza común y para el entorno precisamente porque se genera más significado.

Y antes de que nos llamen «consumistas» o que recibamos la habitual admonición sobre los eventuales «piques» entre nosotros por tener distintos niveles de consumo, hay que decir que en nuestra experiencia eso nunca se dio. Los indianos partimos de una identidad que partía de unos estándares culturales similares, el «vivir bien» nuestro es bastante sencillo y asequible. Simplemente no deseamos un yate ni necesitamos tener coches para cada uno. Es decir, el consumo potencial no se materializa normalmente. Pero no olvidemos que libertad es sobre todo lo que no hacemos, que lo que nos hace sentirnos libres (y por tanto poder poner límites al trabajo que se hace para los clientes) es saber que nuestra responsabilidad con nuestros clientes produce un cierto nivel de bienestar… y por tanto poder también en un momento poner un límite al trabajo que se asume, no aceptando clientes más que en la medida en que los proyectos que hagamos con ellos generen significado suficiente para nuestro modo de vida y objetivos.

Resumiendo, el voto de ahorro en común es la base de los dos pilares de nuestro sistema: 1) la existencia como una única comunidad y 2) del sometimiento de la lógica de la actividad económica a las personas que la forman.

Por eso, conforme ganábamos experiencia, la idea de comunidad real se volvía más y más importante. Y ahí el concepto de entorno real se volvió pronto clave: cada uno de nosotros no somos parte solamente de la comunidad indiana y por tanto necesitamos un tiempo específico e igualmente sagrado para ella (nuestros amigos, nuestros padres, nuestras familias y parejas). Eso quedó claro cuando definimos nuestro ethos en parte ante la presión de los itinerantes que nos llegaban «exigiendo» que la comunidad de conversación y de trabajo fuera no sólo generadora de contextos, proyectos y significados, sino solución a sus carencias íntimas y que, a lo bruto, les «sacáramos de marcha» o les resolvieramos la carencia de una vida afectiva propia como si fuera una tarea comunitaria… Inmediatamente sentimos eso como una presión inaceptable, nuestro espacio/tiempo para nuestras otras comunidades y afectos no deben entrar en conflicto con la filé precisamente porque esta es nuestro gran tesoro en común. La solución una vez más, no nacería de reproducir otra falsa alternativa de escasez como ocurre en el mundo de las empresas convencionales y su oposición entre familia/amigos y trabajo, otra expresión de la falsa dicotomía vida/trabajo. De hecho nada más fácil: como quiera que nuestros entornos reales suelen vivir en economías «protestantes», la divisoria básica es relativamente evidente: se trata de guardarnos en lo posible el espacio que ellos también tienen para nosotros (fines de semana, tardes a partir de las ocho o nueve, algunas fiestas comunes como la Navidad…) para disfrutar y contaminarnos de sus conversaciones y afectos.

El resultado es que el voto de ahorro en común, la base de una economía realmente comunitaria, no sólo nos aumentó la productividad, y lo que es más importante, nos permite mantener un sistema de incentivos que no es sino la formulación adaptada a una organización permanente de la ética hacker del trabajo. Además se convirtió en el soporte material de nuestro modo de ser cotidiano tanto como de nuestra proyección hacia el futuro.

Dicho de otro modo, al final la base de esa ética del trabajo no era otra que una economía «comunista» interna («a cada cual según sus necesidades» -que sólo cada cual puede juzgar) basada en la cooperativización de toda propiedad o capital, osea en la renuncia al ahorro personal, que maximiza la libertad individual con el contrapeso de la responsabilidad de cada cual en el compromiso colectivo. Como dice nuestro lema, la «fraternidad de mercaderes», a base de vivir una vida prácticamente desmercantilizada, es la que nos permite sostenernos como «comunidad de los libres». Y al revés. Es la radicalidad de la institución económica básica del voto de ahorro en común la que permite una vida comunitaria intensa y enriquecedora, que se torna «productiva» en el mercado a base de incentivos que son los de la ética hacker del trabajo

Realmente lo vivimos como un tesoro. Pero tampoco perdamos la mesura. Nuestra «maravilla» no pierde ni puede perder la mesura… o dejaría de serlo a base de grandilocuencia. Nuestros tiempos de desarrollo de proyectos y conversación son más flexibles y cómodos que los de un trabajo asalariado, pero a las finales no muy diferentes de los de cualquiera con un «trabajo normal». A las 10 aproximadamente se comienzan trabajos, salimos cuando acabamos e intentamos acabar sobre las ocho. Comemos juntos todos los días pero rara vez cenamos en grupo o quedamos de fin de semana si no media una visita o necesitamos tiempo juntos más distendido para poner en común vivencias nuevas o recuperarnos de los límites impuestos por la videoconferencia en el trabajo en dos y hasta tres sedes al mismo tiempo. Para los no indianos choca por ejemplo que los indianos asumamos muchas veces gastos colectivos de nuestro dinero de bolsillo o nuestras cuentas particulares, pero si se piensa un poco ¿qué más da más allá de pagar un poquito de impuestos más? A fin de cuentas, cuando tu cuenta personal llegue a cierto punto, pasarás otro viático y recuperará su equilibrio. No tienes tu cuenta personal para ahorrar y por otro lado nadie vigila que no ahorres ni tiene acceso a tus cuentas, pero tampoco hay incentivos para hacerlo. La cuenta corriente de cada cual es sólo un instrumento para el abastecimiento de nuestras necesidades en el mercado, nuestro ahorro toma la forma de la misma cooperativa, su patrimonio y sus inversiones (otras cooperativas preferiblemente).

Y dos aclaraciones finales:

  1. El voto de ahorro en común no se hace en el primer momento de la integración en la filé indiana, aunque puede tomarse antes, está pensado como el punto de paso a la fase de compañero, tras dos o tres años de desarrollo como aprendiz. Cuando diseñamos el sistema pensamos que el choque cultural era demasiado fuerte -comparado con el entorno de las empresas «normales»- como para convertirlo en una exigencia antes de cierto tiempo, pero por otro que los que han de gestionar e impulsar nuevos emprendimientos y proyectos comunitarios no debían de tener otros objetivos que los de la comunidad. Eso en las empresas se llama «alineación de objetivos»… y por cierto que ahí está el conflicto accionistas/gerentes para demostrar que nunca se solventó, ni se solventará plenamente, si no es eliminando no sólo la diferencia entre socios y gerentes, sino el conflicto entre la acumulación/ahorro personal y el comunitario.
  2. Aunque ha habido excepciones, no solemos admitir en el itinerario a nadie que no haya tenido un trabajo asalariado convencional durante cierto tiempo. ¿Por qué? Porque el sistema basado en la ética hacker, nos parece a los que tenemos la experiencia del viejo mundo un verdadero «lujo» a conservar y mimar, pero cuando es lo primero que conoces del trabajo en una empresa y el mercado, parece tan «natural» que es fácil que pienses que a las finales «no es tan especial». Este es un tema a reflexionar en el futuro, porque por un lado muestra que sistemas así responden a un estado de desarrollo social general, inimaginable hace unas décadas y en este sentido marca el camino de los retos futuros, pero por otro hace terriblemente difícil compartir nuestra sensación de maravilla con las generaciones más jóvenes que, por cierto, dado el impacto de la crisis, van a llegar durante los próximos años con cada vez menos experiencia laboral.

«Las bases materiales de una economía basada en la ética hacker del trabajo» recibió 0 desde que se publicó el Domingo 17 de Julio de 2011 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Deja un comentario

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos los blogs de la red indiana en la
página de registro de Matríz.