LasIndias.blog

Conquistar el trabajo es reconquistar la vida

Grupo de Cooperativas de las Indias

videoblog

libros

Las condiciones de la conversación

La evolución de las formas de leer la blogsfera y lo aprendido en la distinción entre diálogo y conversación, nos llevan a planearnos las condiciones de la conversación, los fundamentos que la hacen posible.

Hazte socio de «El Arte» y haz cerveza

saint-justLlevamos un tiempo remarcando la distinción entre diálogo y conversación conscientes de que la cultura de la adhesión tiende a reducir a una autoafirmación permanente y banal las interacciones en la red. Con los libros de cromos asumir el medio es renunciar a compartir contextos propios, aceptar que los contextos de la TV y la «gran prensa» -el discurso del poder- se instalen como punto de partida. Por eso twitter gusta tanto a los medios.

Pero no es solo una cuestión de elección de medio. No hay una blogsfera en conversación aislada del efecto de los libros de caras. Si pensamos que el uso de twitter o fb como «repositorio de enlaces» era lo que se podía salvar de su uso social, estábamos equivocados. La forma de leer la blogsfera está cambiando, contagiando la descontextualización y castigando a lo que sale fuera del discurso del poder, que se convierte gracias a este «modo social de lectura», para un número creciente de personas, simplemente en ininteligible. Cuando la lectura se reduce a mero reconocimiento de patrones argumentativos no hay conversación posible, solo diálogo, afirmación de los interlocutores en el marco del discurso unificador del poder. De ahí la casi inevitable y dolorosa erosión de significados que destacaba Ester. De ahí la necesidad de soplar constantemente sobre las llamas de la conversación propia, que remarcaba Juan.

Durante años hemos trabajado la idea del conocimiento como un entretejer de contextos, seguramente sea momento de discutir las condiciones de la conversación, el espacio en el que se hace posible. Porque si en un extremo de la interacción tenemos el diálogo, un «surfeo» constante por los mismos contextos, en el otro tendríamos la mera afirmación ritual y mutuamente incomprensible de los fundamentos del discurso de las partes, un «antidiálogo»… lo que en el marco de esta nueva cultura hegemónica no puede sino acabar siendo un mero recuento de adhesiones, una medida de fuerzas. Si no queremos ser una suerte de «all blacks» bailando una haka inacabable antes de un partido que nunca comenzará -porque nadie estará dispuesto a compartir las reglas de juego del otro- conviene reflexionar ahora sobre las condiciones de la conversación.

Las condiciones de la conversación

Parece obvio que la conversación no puede nacer de contextos idénticos. Estaríamos entonces dentro de un diálogo, de la afirmación más o menos fructífera de un poder. Aunque hay que remarcar que no en todas las condiciones el diálogo es alienante o necesariamente conservador. Si ese diálogo se da en el seno de una comunidad real que genera conocimiento, el poder será la comunidad misma y los interlocutores podrán hablar en lo que Foucault definía como parresía. Estaríamos frente a un diálogo empoderante.

Pero si se da «a cielo abierto» no puede cimentarse sino en el «mínimo contexto común», osea en la agenda mediática y los valores establecidos desde el poder establecido, afirmándolo consecuentemente. Ese es el diálogo que se nos propone desde la cultura hegemónica, el diálogo de la agenda mediática y la blogsfera abordada «como si cada post fuera el primero y único del blog leído».

Ha de existir pues un mínimo «solapamiento» entre los contextos de partida para que podamos ser puestos en cuestión, un «espacio de inteligibilidad mutua» como sugería Pablo Mata haciendo un símil con las lenguas.

¿Dónde reside el núcleo de este solapamiento? ¿Cuál es el mínimo que hace la conversación posible aunque todos los demás contextos sean divergentes? A mi juicio no hace falta más que compartir el «quién». Es decir, pensar desde sujetos de lógica equivalente. Una mirada «sociológica» clásica, esto es, hecha desde la lógica de la intervención estatal puede dar pie a una reflexión comunitarista, alguna idea o concepto, desde luego puede ser brillantemente estudiada… pero en general será prácticamente imposible compartir una conversación entre ambas miradas puesto que los supuestos de partida se excluyen mutuamente. En general será imposible la conversación entre planteamientos nacidos del relato de la comunidad real y distintas formas de universalismo.

Esta elección de sujeto, esta definición de quién soy y desde qué lugar pienso, da forma también al para quién y de muchas -y a veces muy sutiles- maneras al cómo. Es decir, la identificación del sujeto del pensamiento es la que conforma el «ethos», el modo de ser desde el que se entra en la conversación… aunque simplemente sea para reconocer que no podrá tener lugar, que los ethos son incompatibles. Es el momento de sinceridad aplastante de Saint Just cuando se dirige en la Convención a los que ponen en cuestión que la asamblea tenga facultades para juzgar al Rey por traición:

No estamos aquí para juzgar al Rey, sino para matarlo

Dicho de otro modo, no hay conversación posible cuando los contextos que se nos proponen están pensados desde la negación del sujeto desde el que pensamos. No hay conversación posible con un poder que nos niega. Habrá diálogo, si aceptamos disolvernos, o contención mutua, si a pesar de todo, arranca un hacer en común. Porque podremos hacer cosas juntos, desde luego, pero al hacerlas por motivos diferentes de seres incompatibles, las haremos sin conversación, desde un espacio tan utilitario como frágil.

«Las condiciones de la conversación» recibió 0 desde que se publicó el Lunes 4 de Marzo de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Deja un comentario

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos nuestros blogs en la
página de registro de Matríz.

Diseño y programación por el Grupo de Cooperativas de las Indias. Visita el blog de las Indias y suscríbete al videoblog.