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Las confusiones que Zamenhof no aceptó

Territorio, estado y comunidad nacional no son obviamente la misma cosa. El creador del esperanto, Zamenhof, intentó incorporar a su idioma una forma de distinguirlas. Las confusiones que Zamenhof no quería, no sirven para solventar el problema de fondo, pero sí para saber cuál es y poder al menos, confrontarlo con claridad.

zamenhofLazaro Zamenhof, el creador del esperanto, sigue siendo una figura polémica: santificado por muchos esperantistas, denostado por muchos de los críticos del esperanto, la aparición en Kalingrado, hace una década de «Mi estas homo» sacó a la luz todo un universo de temas que ya trabajamos en parte en «De las naciones a las redes» y que se convertirá durante este verano en un pequeño ensayo.

Lo que me interesa anotar hoy sin embargo es su profundo antinacionalismo y cómo -literalmente- lo tradujo al esperanto… por desgracia sin llegar a alcanzar un éxito total.

En 1914 respondiendo a la invitación para presidir la «Esperanto Juda Asocio» responde:

Estoy profundamente convencido de que todo nacionalismo no representa otra cosa que la mayor de las desgracias para la Humanidad y que cada ser humano debe esforzarse por crear armonía entre la raza humana, cuyas únicas fronteras deberían ser geográficas, no raciales ni religiosas. Es verdad que el nacionalismo de los pueblos oprimidos, que es una reacción natural de autodefensa, es mucho más perdonable que el de los opresores. Pero en cualquier caso, si el nacionalismo de los poderosos es innoble, el de los débiles es imprudente, pues uno alimenta y sostiene el otro, representando un círculo vicioso miserable.

Ya en un largo artículo en 1904, había propuesto que dado que el esperanto permitía matizar claramente entre país, estado y patria (en el sentido nacionalista), los estados debían de dejar de nombrarse como si fueran conformados por grupos étnicos homogéneos para tomar un nombre neutral basado en el de su ciudad capital.

Así Francujo o Hispanujo, nombres esperantistas para Francia y España, compuestos con el sufijo -ujo (grupo de individuos un tipo) deberían reducir su uso a las comunidades imaginadas de connacionales (los que consideran la identidad nacional que sea su patria –patrujo). Por contra el estado sería llamado Parisregio (la soberanía basada en París) o Madridregio y los territorios regidos por dichos estados podrían ser desprovistos de connotación étnica siendo llamados Parislando o Madridlando.

A esto, aunque Zamenhof no lo incluía en su texto, habría que añadir el sufijo -io -actualmente utilizado por muchos esperantistas para referirse confusamente a algo que no se sabe si es el territorio o el estado (cuando se dice Francio o Hispanio) calcando la confusión nacionalista habitual en nuestras lenguas- se debe limitar a nombrar comunidades, imaginadas o reales: la ludamantio (los amantes de los juegos), la esperantio (los hablantes de esperanto) o la indianio (los indianos).

No se trata desde luego de la gran solución a nada, ni siquiera de la propuesta de una nueva «corrección política», tan sólo se trataba de clarificar términos, de que el lenguaje ayude a tener claros los matices y no a generar confusiones interesadas. Y es claro que esa nomenclatura ayuda a no caer en las trampas del nacionalismo de un lado y otro del mundo cuando te espetan por ejemplo que quieras o no «eres español». Soy sin problemas pero sin falsos orgullos identitarios, madridregiano y si Euskadi se independiza un día y sigo residiendo en Bilbao, gazteizregiano, pero no seré nunca ni hispano ni eŭsko… aunque por supuesto me parecerá estupendo que amigos míos se sientan parte de la Hispanujo (la comunidad desterritorializada de los que se sienten e identifican como españoles) o Eŭskujo (la comunidad desterritorializada de los que se sienten e identifican vascos). Eso sí, lo que ni a unos les permitiré es que me digan que sólo los miembros de una determinada comunidad nacional imaginada tienen derecho a la plena ciudadanía en un estado determinado o a residir en un territorio/país (lando) determinado.

Las confusiones que Zamenhof no quería, no sirven para solventar el problema, sino para saber cuál es y poder al menos, confrontarlo con claridad.

«Las confusiones que Zamenhof no aceptó» recibió 0 desde que se publicó el Martes 3 de Julio de 2012 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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