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Las cosas que dan placer: la poesía y una vida interesante

El esfuerzo no hace una vida interesante. La hacen el sentido y los regalos que, sin esperar, recibimos

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Daniel Bellón y Natalia Fernández en diciembre de 2013 en la fiesta sorpresa del 50 cumpleaños de DanielSi vamos a hablar de poesía y una vida interesante empecemos como corresponde, con un poema:

Las cosas que dan placer
seguro vienen por el río
y en la cascada se lanzan
como ramos de flores
en una procesión,
y yo qué sé, afanarse
en recogerlas como un avaro
tiende su capa ante
las monedas de oro,
es, imagino, un error.
Mejor tomarlas como la lluvia
que moja sin querer,
al igual que el viento se lleva
las hojas de otoño,
alegremente.

Es un viejo poema, de un poeta que murió muy joven, Felix Francisco Casanova. Siendo yo muy joven también sus poemas me acompañaron y, de alguna manera, este último ha vuelto en estos tiempos a mi cabeza, por uno de esos extraños trucos de la memoria, o de la poesía. Quizás como antídoto a ese discurso que tratan de poner de moda alrededor de la llamada «cultura del esfuerzo», los mismos que hasta hace nada se han dedicado al saqueo en absoluto es/forzado de las arcas públicas.

Tiene gracia, porque la percepción que yo tengo de este país es que todo, desde el ejercicio de los derechos más básicos hasta simplemente trabajar, cuesta y siempre ha costado mucho esfuerzo, salvo que pertenezcas a la casta de hijodalgos histórica o sobrevenida, claro está. Que las cosas cuestan trabajo es algo que viene en el pack de la vida de la mayoría, forma parte del paquete básico, por así decirlo. No es una cuestión de «cultura», es, simplemente, lo que hay. El esfuerzo no hace una vida interesante. La hacen el sentido y los regalos que, sin esperar, recibimos.

Poemas en la voz de DanielTener una vida con sentido, con orientación y sueños que nos empujen a aprender y a mejorar, es básico para tener lo que pensamos es una vida interesante. Pero esto no parece algo al alcance de todos, al menos en estos tiempos, aunque nunca ha habido un momento histórico con más oportunidades abiertas para más personas que el actual.

Muchas personas sólo tienen como objetivo seguir aquí y más o menos igual las próximas navidades: «virgencita, virgencita, que me quede como estoy», «Igual ahora y mejor cuando Dios quiera»… y otro montón de expresiones «populares» del mismo cuño, se escuchan mucho por estas fechas y parecen poner de manifiesto la ausencia de horizontes, o más aún, el temor íntimo a lo que esos nuevos horizontes puedan traer. Seguramente por falta de un discurso personal, propio, somos tan vulnerables y receptivos a sentidos prefabricados, a agitar banderas de identidades colectivas que en ocasiones poco más ofrecen que una delineación artificiosa pero gruesa entre nosotros y los otros.

En fin, que el esfuerzo no hace una vida interesante, y el darle un sentido más allá de la mera subsistencia a ese esfuerzo, no está al alcance, parece ser, de todos…pero ¿saben qué sí está al alcance de cualquiera? Los regalos, porque, simplemente nos rodean, y la atención para detectarlos se puede apre(hen)der.. La poesía es un fantástico aprendizaje de la detección y de la atención.

Se nos dice que del esfuerzo, del trabajo bien hecho, se obtiene recompensa, y es posible que sea cierto: una recompensa, un precio. Pero recompensa no es regalo. Un regalo es lo inesperado, lo no pedido, lo que ocurre porque sí, no por una regla más o menos definida de causa-efecto. Y la vida nos ofrece regalos, o si quieren una expresión de corte religioso, milagros, continuamente. Disfrutarlos con intensidad ya es una misión que puede alimentarnos de sentido y hacer nuestra vida interesante. La poesia es una escuela de atención. Un detector de milagros y regalos.

El poeta (y el lector de poesía como «poeta en silencio», que decía el poeta polaco Adam Zagajewski, que completa el poema en su lectura y se lo apropia en el sentido más radical del término) ha de ejercitarse fundamentalmente en dos técnicas: la atención a cuanto de extraordinario sucede a nuestro alrededor. Decía José Viñals:

¡Alerta, compañero! El estado de alerta es el prerrequisito de la percepción. Si el centinela se duerme entran a saco los depredadores de la percepción originaria

cascada-de-soriaY casi todo lo que sucede a nuestro alrededor es extraordinario, no requiere un gran esfuerzo descubrirlo, tal vez, solo, una manera diferente de mirar. La poesía, escribirla y disfrutarla, exige muy pocas cosas, pero una clave es ese estado de alerta, una atención que nos devuelve una «realidad aumentada», y, de algún modo, diferente, de colores y dolores más intensos. Las gafas de poeta de las que hablaba la gran Gloria Fuertes, no nos devuelven una vida mejor, pero sí más intensa, una vida más viva, si quieren.

Esa percepción afilada es lo que ha hecho tan popular entre los poetas occidentales a la poesía clásica japonesa a lo largo del pasado siglo XX, la capacidad de descubrir lo extraordinario en lo aparentemente insulso con cuatro palabras es el signo de la gran poesía japonesa:

Calado con el rumor de las olas
Oscuridad

La otra técnica es la atención sobre la propia materia prima del poema, el lenguaje, ese procomún por excelencia, que no es de nadie y de todos, y siempre sujeto a manipulación, esa gloria y vergüenza de la poesía de la que nos hablaba Auden. El lenguaje que usamos está lleno de regalos inesperados, de giros que nos sorprenden si estamos, una vez más, atentos, y que va, a veces, más allá de lo que queríamos inicialmente decir.

Fiesta de los indianos en la PalmaLas palabras se aparean y son promiscuas. Saberlo nos da herramientas para afinar esa mirada diferente que nos devuelve intensidad, nos da «gafas de poeta» y nos prepara, también, para olfatear la manipulación: cuando las palabras no se conectan por amor, deseo o puro juego, sino para sostener intereses ocultos, o para imponernos una mirada única.

Y ahí está la poesía: afinándonos la vista, afinando nuestro oído y nuestra comprensión: sentidos que nos ayudan a encontrar sentido, si me permiten el juego; sentidos (iluminaciones, si quieren) tal vez breves como relámpagos, tan cegadores que nos exijan mirar diferente, ayudándonos a construir y celebrar una vida interesante. No nos pide nada a cambio la poesía, más allá de leerla, de apropiárnosla dándole a cada palabra el peso que para nosotros tiene (Que cada palabra lleve lo que dice./ Que sea como el temblor que la sostiene); y debemos disfrutarla como un regalo, porque, ya saben: las cosas que dan placer, seguro vienen por el río, permítanme repetirme:

Las cosas que dan placer
seguro vienen por el río
y en la cascada se lanzan
como ramos de flores
en una procesión,
y yo qué sé, afanarse
en recogerlas como un avaro
tiende su capa ante
las monedas de oro,
es, imagino, un error.
Mejor tomarlas como la lluvia
que moja sin querer,
al igual que el viento se lleva
las hojas de otoño,
alegremente.

Daniel Bellón, día de Navidad de 2013

«Las cosas que dan placer: la poesía y una vida interesante» recibió 15 desde que se publicó el Miércoles 8 de Enero de 2014 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Daniel Bellón.

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