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Las expectativas frustradas de las PDAs

El cierre del área de desarrollo de PDAs de la primera empresa española del sector, Piensa en Red, ha dejado el panorama de la movilidad en España cojo. La empresa se centrará en el negocio del alojamiento web, de momento mucho más rentable.

Los que comenzaron a pensar aplicaciones industriales y profesionales sobre PDAs a finales de los noventa, sentían rápidamente que se trataba del siguiente paso tecnológico. Habitualmente se comparaba con los dos grandes cambios ligados a dispositivos que habíamos conocido en nuestra vida: el teléfono móvil y el PC. Muchos otros lo compararon con Internet. Si alguno de éstos símiles tenía sentido, no era por las razones que entonces se arguían, sino por las que se dejaban de lado.

Los PDAs frente al PC

Cuando comenzó la revolución del PC yo tenía doce años. Mi generación, criada en el imaginario de la informática de gran ordenador y bata blanca entenderá siempre Internet como una consecuencia a narrar en primera persona del cambio que protagonizaron nuestros hermanos mayores.

Cuando vimos las potencialidades de los PDAs, pensamos que se trataba de un calco. Una vez más un dispositivo que cambiaba la filosofía de trabajo hacia una mayor descentralización, hacia una mayor autonomía personal. Arquitecturas distribuidas, movilidad… ésto tenía que empezar en el mundo empresarial e ir de allí a los usuarios, como había pasado en los ochenta.

Claramente ha pasado lo contrario: los PDAs han triunfado como dispositivo de uso personal, pero aún les queda mucho para integrarse en la forma de trabajo de las empresas. Ahora, en la perspectiva de tres años, la respuesta parece evidente, entonces, puedo asegurar que no lo era.

En los ochenta, el PC se comportó respecto al mundo empresarial como un parásito mimético. No cuestionaba nada, no cambió -en principio- las formas de trabajo ni la organización interna de las personas. Los propios directores de Informática (auténticos dioses de bata blanca) los recomendaban como forma de ahorrar costes y facilitar la toma de información. Y la verdad es que en un principio sirvieron poco más que como herramienta de administración y máquina de escribir moderna. La prueba: la revolución del PC no aumentó la productividad del sector servicios hasta la segunda mitad de los noventa… cuando mi generación empezó a representar un porcentaje suficiente de la fuerza laboral e Internet había convertido al modesto ordenador en un potente medio de comunicación y trabajo en red.

Con los PDAs nos equivocamos precísamente porque no son miméticos. Posiblemente generarían un claro avance de la productividad empresarial si se aplicaran con cierta profusión… pero a cambio, y salvo aplicaciones muy concretas (casi todas en el campo de la salud) exige que la propia arquitectura organizativa sea distribuida. A estos pequeños y revolucionarios trastos para colmo de males se le ven las intenciones desde el primer momento. Los PDAs ponen en cuestión la primera medida del poder de un director de sistemas: el presupuesto.

Los PDAs frente al teléfono móvil

A principios de 2000 tanto Palm como la recien nacida Handspring publicaban en su página web análisis mostrando cómo la curva de producto de los PDAs era aún más pronunciada que la de los teléfonos móviles: en poco tiempo todo el mundo tendría uno.

No nos engañemos, la primera generación en sacar jugo realmente al PC fue la nuestra. Para una gran masa de oficinistas de la generación anterior el PC realmente sirvió de máquina de escribir. Compraron una para casa si, pero para el chaval que fué (fuimos) el que realmente le sacó jugo.

¿Pero cúal es el uso no técnico de los PDAs? ¿Agenda?. ¿Bloc de Notas?. Eso es lo que nos propone el software por defecto de todos los fabricantes. Sin embargo está claro que como bien de consumo sólo puede atraer masivamente a la gente si le produce un incremento de productividad claro en las tareas domésticas habituales. Vamos que la gente los usaría de agenda, si una gran parte de la población usara previamente agendas de papel y si introducir las citas fuera más cómodo en las PDAs que escribirlas en papel. Vamos, que como agendas sólo podían triunfar si incluían el reconocimiento de voz, cosa que por el momento resulta imposible a bajo precio.

Los PDAs frente a Internet

Desde el principio muchos tuvimos claro que Internet era una tecnología social mientras que los PDAs eran una tecnología instrumental. La diferencia entre ambos está en que nadie pregunta para qué sirven las primeras: o estás dentro, y lo sabes, o estás fuera, no lo sabes y probablemente entres para encontrar a otros como tú.

Epílogo: el efecto fax

Este año, José Rodriguez, un buen amigo linuxero que trabajo en la puesta en marcha de Red Hat y que ahora trabaja para IBM me mandó un interesante enlace: la web del OQU, que acababa de salir.

OQU es algo así como un aviso de que a los PDAs les queda muy poquito, cuatro o cinco años a lo sumo, para desaparecer como tales. Es un ordenador normal, con su disco duro, su sistema operativo igual al de sobremesa… pero con una pantallita de color de cristal líquido y que cabe en la palma de una mano. Cuando quieres usarlo en la calle utilizas un método similar al de los PDAs, cuando llegas a casa o a la oficina, le conectas a un monitor grande y a un teclado y trabajas al modo habitual… a fin de cuentas es un PC jibarizado.

Me acordé del fax, una tecnología de finales de los años veinte que tuvo la desgracia de nacer en vísperas de una gran crisis económica. Tardó muchos años en recuperarse. Hasta los ochenta no se popularizó. Si hubiera tardado diez años más, ni siquiera la recordaríamos, el correo electrónico la habría abortado como forma de relación empresarial

¿Los PDAs sufrirán un efecto fax y llegará el OQU antes?. ¿Quedarán relegados a terminales de extranets móviles?. Es algo que sólo la profundidad y duración de la presente crisis podrá determinar.

«Las expectativas frustradas de las PDAs» recibió 1 desde que se publicó el jueves 10 de octubre de 2002 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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