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Las formas de la enredadera

Pocos trabajos han sido tan interesantes y han sido tan intensamente debatidos en la última década como los del economista y profesor en Standford Avner Greif1. A través de sus investigaciones, recogidas después en un interesante libro2, Greif rebate la idea de la necesidad de la preexistencia de instituciones internacionales para que el comercio se desarrolle.

La idea tradicional en Teoría del Comercio Internacional nos decía que es precisamente la existencia de un marco legal la que reduce los riesgos de la relación principal-agente haciendo posible que los costes bajen y el intercambio se desarrolle.

Sin embargo Greif, estudiando minuciosamente las fuentes históricas3, adujo valientemente que la revolución comercial de los siglos X al XIII, señalaba justamente lo contrario.

Greif se centra en los comerciantes judeo-magrebíes (es decir del Occidente del Islam) que llegan a la región en el siglo X huyendo de los conflictos y persecuciones políticas de Bagdad, entonces turbulenta capital del califato abbasí. Estos comerciantes abrirían comercios tanto en el Al-Andalus y el Magreb como en las nacientes repúblicas italianas y en general en la orilla cristiana capitalizando buena parte del comercio interregional. Formaban una densa red social en la que unos miembros funcionaban como agentes de otros en decenas de puertos, ferias y mercados europeos.

La idea que remarca Greif es que la identidad compartida por este grupo, originalmente basada en la experiencia del apoyo mutuo y el exilio, desincentivaba la traición incluso si las relaciones comerciales no tenían expectativa de continuidad. Los judeo-magrebíes constituían una comunidad identitaria. Contrataban como agentes preferentemente a otros miembros de la red previamente testados por otros miembros de la red y compartían con fluidez la información, ya que a fin de cuentas, formaban una red distribuida y densa consciente de compartir un metabolismo económico común. Una cultura grupal diferenciada y cada vez más densa contribuía entre ellos a reducir los costes de transaccion y la necesidad de regulaciones extensas y complicadas:

La coalición se sostenía por un conjunto de reglas culturales de comportamiento que hacía superflua la necesidad de contratos detallados y respuestas coordinadas señalizando lo que constituía engaño4

Este funcionamiento interno elevaba los costes para cualquier posible nuevo miembro que quisiera estafar a otro o abusar de su confianza. ¿Quién querría perder la posibilidad de trabajo y negocios con su propia gente, es decir con toda la red y para siempre?

Pero si este sistema desincentiva el comportamiento deshonesto incluso en aquellos casos en los que la relación de agencia es puntual, su punto débil es que:

El volumen del comercio estaba limitado por el tamaño de la coalición [la red], que a su vez estaba determinado por un proceso inmigratorio y no por las necesidades comerciales. Aunque esta deficiencia podría haberse subsanado con un sistema de coordinación, tal sistema no emergió. Incluso, el mecanismo reputación multilateral llevó a los judeo-magrebíes a dejar de lado relaciones eficientes con no judeo-magrebíes en favor de otras más provechosas pero menos eficientes relaciones de agencia entre ellos.

Podemos comparar este sistema con su equivalente al otro lado del Mediterráneo, el que permitió la formación de las grandes redes comerciales y marítimas de Venecia, Génova o Amalfi. Trabajar como agente de una de estas ciudades-red durante el passagium o incluso en lugares más distantes o menores donde no existía una base estable, formaba parte en Venecia de la carrera política y profesional de cualquier joven comerciante prometedor. Desempeñar su labor con honestidad y eficacia multiplicaba sus posibilidades a la hora de unirse posteriormente a una firma comercial, mientras que la denuncia de sus pares y mayores podía acarrearle el fin de sus expectativas cuando no el destierro permanente.

Greif señala que en Génova, al acabar el monopolio público del comercio ultramarino, el sistema entro en crisis, evolucionándose paulatinamente hacia un sistema similar al veneciano. El punto de partida de esta etapa genovesa fue el patronazgo, similar en todo a la hawala, que acabó generando a su vez nuevas redes identitario-comerciales. Son los comienzos de la firma familiar genovesa, basada en la reputación y la confianza uno-a-uno y que, como en el caso veneciano se nutrió además de las redes y el soporte de los agentes de la República.

Estas empresas familiares, que Greif caracteriza por “emplear a agentes cuya esencia es preservar la riqueza bajo la propiedad común“, al enredarse y darse apoyo entre si y con la propia red de la ciudad-estado serán la base de la Edad de Oro de las repúblicas marítimas, las primeras filés.

El triunfo comercial de venecianos y genoveses, se explicaría según Greif, no por una presunta superioridad tecnológica, sino por la mayor potencia organizativa de este tipo de firmas basadas en la propiedad colectiva, la identidad y la gestión democrática. Y es que las firmas familiares a su vez tienden a reforzar la red que une a unas con otras, reforzando la filé -Venecia, Genova o Amalfi- en su conjunto:

Una empresa familiar, cuya esperanza de vida es en principio infinita y cuya quiebra es más improbable que la de un comerciante individual, hace que el salario que hay que pagar a un agente para que se mantenga honesto sea menor. Sin embargo, si la firma familiar se adhiere a una coalición basada en la posibilidad del castigo colectivo [como la de los judeo-magrebíes], el coste del agente no bajará, dado que es independiente de la duración esperada de la relación con ningún comerciante en particular. Por eso el ascenso de la firma familiar en Italia condujo al desarrollo de un mercado de bonos y participaciones entre las empresas familiares que a su vez condujo a una expansión de la inversión comercial.

Es decir, nos encontramos aquí con el origen mismo de la filé que hoy vemos rebrotar, un conjunto de nodos –firmas familiares– apoyándose entre si y conformando una estructura política común -la Serenissima por ejemplo- dedicada a dar soporte a todas ellas y establecer la trayectoria de las carreras individuales desde el aprendizaje y el servicio a la comunidad a la integración en alguno de los nodos o eventualmente la formación de uno nuevo.

Se trata, al fin, de un sistema de crecimiento basado en saber cómo no crecer, en el conocimiento de las redes, el aliento de la exploración y en un sistema de formación de demos cuidadoso y reglado tanto para los individuos como para los nodos. La metáfora neoveneciana es más profunda de lo que parece.


1. Página personal y artículos descargables en formato pdf en: http://www.stanford.edu/~avner/
2. Institutions and the Path to the Modern Economy (Lessons from Medieval Trade), publicado por Cambridge University Press en 2006.
3. En este tema hay una creciente bibliografía en español, como por ejemplo Los Comerciantes Valencianos Del Siglo XV y Sus Libros De Cuentas de Cruselles Gómez, Enrique (Universitat Jaume I. Servei de Comunicació i Publicacions, 2007)
4. Avner “Institutions and International Trade: Lesson from de Commercial Revolution“, American Ecomic Review, Vol 82, nº 2, mayo 1992.

«Las formas de la enredadera» recibió 0 desde que se publicó el Martes 21 de Abril de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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