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Las hojas de acanto del paraíso socialista

Si la nueva era permitía un aumento del consumo, propiciado por unas ceremonias plagadas de objetos, estos debían ser hermosos, evocadores y hechos a mano. La vuelta a la autenticidad del artesano medieval que daba significado a cada objeto salvaría el alma de la Gran Bretaña descarriada de la Revolución Industrial.

John Ruskin autorretratoRescatando de nuevo el catálogo de grandes personajes victorianos, John Ruskin ocupa un papel esencial como educador del gusto de la pujante clase media de la época, tan hambrienta de novedades.

Nocturno Negro y Oro por WhistlerCuando yo era «más joven» le tenía un poco de manía. El movimiento impresionista me parecía lo más y el Salón de los Rechazados estaba en mi dormitorio, así que el desdén de Ruskin hacia ellos y su duro enfrentamiento con Whistlernunca hubiera imaginado que un mequetrefe pudiera pedir 200 guineas por arrojar un pote de pintura al rostro del público» comentó sobre él) me parecían una ofensa.

Más tarde comencé a apreciar sus grandes aportes y descubrí además que el lío aquel tuvo lugar cuando su trastorno obsesivo-depresivo estaba en su peor fase. En realidad, Ruskin y Whistler estaban de acuerdo en el punto de partida: el nuevo mundo moderno de la industrialización producía pobreza y fealdad por lo que era necesario promover una nueva estética y educar a los consumidores en ella. La diferencia es que Whistler se proponía acabar con los convencionalismos de la época a través del llamado «movimiento estético» (el arte por el arte), y Ruskin defendía que era el sentimiento moral y el significado que se debía dar a los objetos materiales el que debía guiar al artista para llegar a la belleza y transmitirla.

Barco de Esclavos por TurnerRuskin fue un todólogo fascinante. Además de sobre Arte y Arquitectura, escribió sobre Geología, Ornitología, Política, Economía o Botánica en forma de tratado, ensayo, manual, discurso, carta, cuento o poema. Incluso cambió de estilo radicalmente a lo largo de su vida. Fue también muy buen dibujante y acuarelista. Al parecer de muy pequeño apuntaba maneras (lo que hoy se llama altas capacidades) y sus padres le estimularon y ayudaron todo lo que pudieron en una suerte de homeschooling de la época, con tutores especializados y muchos viajes. Su padre por ejemplo, fundador y director de la importadora de vinos Ruskin, Telford and Domecq, le llevaba en sus viajes de negocios. Su madre, muy devota, le transmitió su religiosidad pero también su sentido de la responsabilidad. Contaba Ruskin:

Una noche, cuando aún estaba en los brazos de la niñera, quise tocar la cafetera, que estaba hirviendo alegremente. La niñera me lo hubiese impedido, pero mi madre dijo ‘Déjale que la toque’. Así que la toqué… y esa fue mi primera lección del significado de libertad

Hoy se le recuerda por ser el primer titular de la cátedra Slade de Oxford y sobre todo por su puesta en valor de Turner, que para él representaba el ideal de espiritualidad en el Arte. Porque si algo caracteriza la obra de Ruskin fue su conexión entre naturaleza, arte y sociedad a través de la espiritualidad.

Vista de Holbeck en LeedsSegún él, el materialismo asociado a la revolución industrial estaba destruyendo Inglaterra que «una vez que intercambió la fe en Dios por la fe en el oro, se apartó del camino de la vida, abrazando el de la muerte». Ruskin pensaba que la naturaleza era objetivamente bella pero a la vez consideraba la belleza como una emoción, por tanto subjetiva. Digamos que las cosas que observamos en la naturaleza producen unas emociones muy similares en todos los hombres (por eso es objetivamente bella) pero la moralidad de cada individuo es distinta así como su actitud y búsqueda de la belleza.

Es en este contexto en el Ruskin vuelve la vista a la Edad Media para buscar una solución estético-moral a la decadencia nacional materializada en productos «diseñados por ingenieros» y fabricados en serie sin ningún significado o sentido moral:

la denominación «la Edad oscura» asignada a la época medieval, es, en lo que respecta al arte, totalmente inaplicable. Ésta fue, por el contrario, una edad luminosa, mientras que la nuestra es la oscura… Construimos muros de ladrillo marrones y llevamos abrigos marrones… Sin embargo, también existe en nuestro propio temperamento alguna razón para este cambio. En general, la nuestra es una época más triste que las anteriores, no triste de un modo noble y profundo, sino de un modo mortecinamente agotado, el modo del aburrimiento, del intelecto cansado y del desasosiego del alma y del cuerpo

Rossetti  y Dunton en el 16 de Cheyne Walk por Henry Treffry DunnY es que Ruskin no proclamaba necesario un cambio solo en la arquitectura o la pintura, sino en todas las artes y oficios, para así recuperar la moral a través de la belleza en cada uno de los hogares (de clase media y alta) ingleses, quizá la vía para conquistar su alma. Buen enfoque en un momento de pujanza económica, aparición de nuevos productos en el mercado y una «ritualidad social» que necesitaba objetos.

La sopera para el primer plato, la salsera para el segundo, la copa de jerez para el aperitivo o de oporto para el postre. Papeles de pared o tapizados con estampados diferentes para los distintos espacios y sus diferentes usos. Los juegos de té y platos para galletas y bollitos de mermelada. Si la nueva era permitía un aumento del consumo, propiciado por unas ceremonias plagadas de objetos, estos debían ser hermosos, evocadores y (muy importante) hechos a mano. La vuelta a la autenticidad del artesano medieval que meditaba y daba significado a cada detalle salvaría el alma de la Gran Bretaña descarriada por el consumismo.

Ofelia por MillaisLo que me gusta de la espiritualidad medievalista de Ruskin es que por mucho que eche pestes sobre el demonio de la competencia de los mercados, no niega la necesidad del consumo, solo matiza que este debe ser dirigido a cosas hermosas, llenas de sentido y fabricadas con amor, que nos ayuden a llegar a Dios. Nótese que esa vuelta al «handmade» implica pagar mucho más por los productos. Entonces, como ahora, la autenticidad y la espiritualidad salían caras a pesar de la pretensión de sus teóricos de que la vuelta a lo artesanal acercaría el arte al pueblo.

Beata Beatrix por RossettiLa Hermandad Prerafaelita fue una asociación de pintores y poetas inspirada, apoyada e incluso patrocinada por Ruskin. No duró mucho como grupo pero su influencia fue considerable. Como el crítico, pensaban que el arte de la época adolecía de un exceso de artificiosidad y ostentación manierista vacía de significado establecida como canon a partir de Rafael, por lo que era necesario volver a la sinceridad, espontaneidad y luminosidad de los pintores anteriores a él. A través de temas religiosos, mitológicos o leyendas medievales, los fundadores, Millais, Rossetti, Holman Hunt y sus seguidores promulgaron el detallismo, la autenticidad y la naturalidad de los primitivos italianos (Trecento y Quattroccento) sin renunciar a la libertad y la responsabilidad individual.

Vistos ahora nos parecen un poco cursis, como el tipo de estampa que predomina en los blogs de aficionados a la novela romántica. Pero vistos en contexto consiguen realmente conmover al espectador, con esa mezcla de ingenuidad y colorismo luminoso que obtenían añadiendo con mucha paciencia una capa de pintura blanca después de terminar el cuadro, en contraposición al uso del betún común hasta el momento.

William MorrisY entre Ofelias y beatas apareció William Morris, seguidor de la Hermandad, artista plástico, escritor, impresor, tipógrafo, activista político y fundador del movimiento Arts & Crafts (o artes y oficios) que junto a Ruskin y los prerafaelitas pretendió ser una reacción a la decadencia de las artes decorativas de la era industrial y las condiciones sociales que llevaba asociadas.

Morris fundó (además de la Sociedad de Protección de Edificios Antiguos, la Liga Socialista y la editorial de lujo Kelmscott Press) la empresa de arquitectura y diseño industrial Morris, Marshall, Faulkner & Co (más tarde solo Morris & Co) en la que también estaban el mismo Rossetti, Madox Brown, Burne-Jones, Philip Webb, Charles Faulkner y P.P. Marshall.

Papel de pared de MorrisLa empresa de Morris se dedicó a diseñar y fabricar todo tipo de objetos para el hogar: muebles, tejidos, papel de pared, cerámica y vidrieras para lámparas, puertas y ventanas. Pero su gran obra fue la casa del propio Morris, la «Red House» en Bexleyheath, un diseño integral de la compañía, desde los planos a las plantas del jardín pasando por las vidrieras de las ventanas.

Si pudiera hacer uno de esos viajes en el tiempo que tan bien nos cuenta Connie Willis, lo primero que haría sería visitar a William Morris y no solo por tener una vida tan interesante sino también para hablar con él de la menos comentada de sus obras, una novela de ciencia ficción, Noticias de ninguna parte, clasificada vagamente como «utopía socialista», en la que recrea un universo anarco-libertario completo donde la propiedad comunal ha triunfado y con ella la abundancia.

No hay que olvidar durante su lectura que fue escrita en 1890. Tener en cuenta la fecha y el momento histórico es esencial para ser indulgente con lo que inevitablemente hace ruido en la novela: la demonización de la máquina y la idealización de la vida agrícola. Le perdono a Morris la inocencia por ser junto a Blake el único en su época que además de dar un sentido moral al tapizado del sofá, soñó con la posibilidad real de un mundo regido por la lógica de la abundancia.

«Las hojas de acanto del paraíso socialista» recibió 6 desde que se publicó el Jueves 12 de Diciembre de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

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