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Las mil y una noches de las palabras robadas

Donde Sherezade cuenta al Xenomorfo el misterio de las palabras robadas en la Tierra.

Prácticas en las Indias

Y Sherezade dijo:

Sultan_Pardons_Scheherazade (fuente Wikipedia)He llegado a saber ¡Alien afortunado! que sucedió una vez algo llamado «globalización», que tenía muy mala fama en parte con razón, y el motivo era en realidad que lo que se vivió fue una globalización a medias, un proceso truncado. Lo que vivieron los terrícolas no debería llamarse así. Siendo muy generosos, sería una semi-globalización, y de este modo se hubiera parecido tan poco al objetivo no alcanzado que seguiría siendo un nombre engañoso. La supuesta globalización que vivieron era en realidad un aborto.

La globalización de verdad hubiera implicado tres principios irrenunciables: libertad de personas, libertad de mercancías y libertad de movimientos financieros. La gracia era que las tres libertades fueran globales y que funcionaran en todas direcciones, por eso lo llamaron globalización. Bien, eso no ocurrió. Por ejemplo, los reinos de la Unión Europea disfrutaban de bastante libertad de movimientos de mercancías entre sí y gastaban una barbaridad de monedas de oro en subvenciones de la PAC. Sin embargo, ponían restricciones a la entrada del tomate marroquí (entre otros muchos productos y otros muchos países lejanos), lo que produjo que muchos campesinos marroquíes tuvieran que emigrar a España a cultivar tomates en invernaderos de Almería en condiciones precarias… condiciones provocadas en parte y agravadas por el hecho de que no podían entrar libremente en España. Unos guardias fronterizos no dejaban pasar a nadie que no llevara un salvoconducto muy difícil de conseguir.

Lo que más llamaba la atención de la «globalización» eran los procesos de deslocalización o traslado de factorías de los países desarrollados a los subdesarrollados o en vías de desarrollo. Se abarataban costes porque el suelo y la mano de obra eran baratos, y surgió el problema de la explotación industrial del tercer mundo para la producción masiva de productos para el consumo.

China_grwothLa explotación laboral, sea infantil o adulta, estaba mal y debía ser eliminada, pero en muchos casos de deslocalización, por mucho que las condiciones laborales de los trabajadores no fueran las de un paraíso sindical europeo, eran mínimamente dignas, mejoraban, y sobre todo, consiguieron algo auténticamente revolucionario: que millones de personas salieran de la pobreza.

Esas gentes no vivían como nosotros, sus casas no eran bonitas como las nuestras, ni estaban tan bien equipadas, sus países seguían siendo regímenes políticos autoritarios, a veces inestables, y aun les faltaban victorias sindicales que ganar. Pero comían todos los días, sus hijos tenían zapatos, y hasta podían mudarse a casas de mejor calidad. A veces había que tener cuidado con la rapidez con la que se criticaba el impacto de una deslocalización. Por supuesto que había empresas sin escrúpulos que se aprovechaban de la situación de los países donde instalaban sus factorías. En otros casos, simplemente la alternativa al trabajo en esas fábricas era seguir viendo morir de hambre a sus hijos.

Standalone_1175X1290Un país era rico cuando tenía lo que redundantemente hablando se llamaba «problemas de rico», y cuanto más rico era el país, más existenciales se volvían esos problemas. Terapias ocupacionales para ancianos, programas didácticos de estimulación sensorial para guarderías, psicoanálisis, servicios de estética dental… estoy hablando de derechos provistos por el Estado, no de consumo burgués. La posibilidad de convertir estas demandas en derechos surgía mucho después de garantizar los niveles mínimos de nutrición e higiene de toda la población.

Nosotros queríamos todas esas cosas, todo el mundo las quería. Pero algunos queríamos poder pagarlas con nuestro dinero, no que las garantizara el Estado. Aunque no lo parezca, tenía muchas ventajas, como poder elegir proveedor, y no quebrar al Estado con todas las demandas susceptibles de convertirse en derechos. Sorprendentemente, no éramos los únicos. Los chinos, los senegaleses, los filipinos… ¡¡¡también lo querían!!! ¿No es sorprendente la coincidencia? No solo querían comer, sino que además querían tener lavavajillas en su apartamento, arreglarse los dientes, y llevar a su niño a una guardería donde saliera más listo. Aunque claro, estábamos hablando de muchos millones de personas, y más de un alma sensible del primer mundo se preguntó si no peligraría su propio lavavajillas.

childcare_kinder Había gente sensible que incluso pensaba que los negros por ser negros, los chinos por ser chinos, los indios por ser indios, etc. tenían una particularidad existencial que les hacía necesitar cosas distintas, tener actitudes distintas, deseos distintos, impulsos distintos… otros pensaban que tenían algún tipo de minusvalía, cuando eran simplemente pobres. Por eso las culturas pobristas-asistenciales nunca funcionaron, porque lo que necesitaban además de herramientas y conocimiento era poder vender cosas al mundo, a veces empezando por trabajar en la fábrica de otro. Lo que no necesitaban era que les dieran subsidios que gastar en productos de mala calidad, sin salir de sus barrios degradados en los que no tenían nada en lo que ocupar el tiempo.

Necesitaban crecer, progresar, cambiar de barrio, comprar un coche, una tele nueva, una ortodoncia y una camisa para cada día de la semana. Lo que terminaba de fastidiar el cuadro es que la culpa no era solo de los políticos de los países donde vivían esos extraños personajes llamados pobres. La culpa también era de los políticos de todos esos países que tanto se gastaban en cooperación al desarrollo, pero que no dejaban entrar libremente las mercancías de otros países que muchas veces solo tenían una, dos o tres cosas para exportar.

MDG : Agriculture in Africa : Ghana men cultivating soja beansImaginen que a Telefónica le hubieran dicho que solo podía vender 5.000 contratos de telefonía por provincia al año. Seguramente hubiera llegado al tope en 3 días y se hubiera pasado los otros 362 días del año sin hacer nada. Hubiera tenido que pagar a sus trabajadores todo el año con lo ingresado por 5.000 clientes y vender muy caro para ser viable, pero entonces nadie le hubiera comprado. Algo así pasó con muchas economías agrícolas, que no eran viables porque les restringían el mercado, y acababan teniendo que tragar las condiciones del comprador que les solucionara la papeleta.

Y entonces el Xenomorfo…

Preguntó maravillado qué era eso que les restringían, y Sherezade le contó que «mercado» era otra palabra robada. En este momento de la narración el Shrerezade vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.

«Las mil y una noches de las palabras robadas» recibió 0 desde que se publicó el Miércoles 5 de Marzo de 2014 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

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