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Las pilares de la comunidad (actualizado)

La e4pedia define comunidad como:

cualquier cluster o red social perfectamente distribuida, es decir donde todos los miembros se relacionan con todos los demás, en un ámbito no jerárquico, que comparta una interacción sostenida en el tiempo sobre la cual se desarrolla una identidad

Como comentábamos, aunque las comunidades puedan articularse en torno a un tema, una empresa o una persona, ni se crean artificialmente ni, en principio, han de tener una finalidad. Las comunidades son redes distribuidas y por tanto están definidas sobre la interacción, no sobre la participación (se participa en lo de otros se interactúa con otros).

Lo esencial para la existencia de una comunidad no es el mecanismo de resolución de conflictos (las eventuales votaciones), que en las comunidades conversacionales implican generalmente o la ausencia de comunidad o la generación artificial de escasez, sino una interacción lo suficientemente potente como para que emerja espontánea y sostenidamente una identidad.

A partir de ahí, la comunidad se estratifica por si misma en dos niveles: los que participan de la identidad comunitaria en un ámbito de fraternidad y los que definen esa identidad desde una igualdad previa, el demos comunitario.

Es decir, toda comunidad se definirá en un espacio social (Internet en las comunidades conversacionales o el mercado en las empresas) que vendrá definido para cada uno de nosotros por el grado de libertad existente para saltar de un nodo a otro o para crear nuevos nodos.

La comunidad se sostiene sobre la fraternidad que distingue a los que estan juntos en una interacción social y comparten una identidad común, que parte de la idea de que somos compañeros porque participamos en la misma conversación.

Dentro de la comunidad, existe un subconjunto definido sobre la igualdad, el demos, que se basa en la idea de que no somos iguales porque participemos en la misma asamblea, sino que formamos una asamblea específica porque nos reconocemos previamente como iguales

En la práctica de la democracia económica esta estratificación implica distinguir con claridad espacios y conceptos. Una empresa ha de estar en propiedad y ser gestionada por su demos, porque es el núcleo de la comunidad quién al consolidarse la interacción definirá los límites y el crecimiento de la identidad común.

Hacer crecer el número de miembros sin que los socios realmente se consideren iguales entre si, sin que se sientan indiferentes respecto a quién ejerce la gestión de entre ellos, no fortalece, sino que debilita.

Por eso no es que la democracia económica tienda al igualitarismo o muera, es que o parte de la asunción de una igualdad previa en su núcleo original o colapsará abriendo un ciclo de luchas internas por la definición identitaria. Son las bien conocidas guerras internas que sacuden a tantas iniciativas sociales, proyectos y cooperativas en su juventud y que acaban, por cierto, con la mayoría de ellas, bien por explosión y salida de sus miembros, bien por jerarquización artificial.

Tanto un caso como el otro son producto de una definición insuficiente del demos, normalmente producto del pudor que produce reconocer que no todos somos iguales para todo y menos aún en la gestión de la convivencia que supone una identidad compartida. Cuando una comunidad emerge, si esto no es clarificado, los resultados acaban indefectiblemente siendo dramáticos: el demos intentará separarse bajo la forma de una jerarquía -con lo que se matará a su entorno como comunidad- o diferentes demos intentarán imponerse como definitorios de la identidad colectiva deslegitimando al resto. En cambio, cuando el demos está bien establecido esa igualdad interna se proyectará como fraternidad en la vida y el entorno de participación de la comunidad.

Alrededor de ese demos se extiende el resto de la comunidad: aprendices, colaboradores externos e incluso aquellos que participan de su conversación desde una identidad común, ya sean inspiradores intelectuales o amigos que aportan capital e ideas al modo de los miembros colaboradores de una cooperativa.

Con ellos acaba la frontera de la comunidad que no es otra que la frontera del nosotros, todos aquellos que hablan desde una identidad común. Por eso, en la lógica de la intercooperación empresas o grupos cooperativos de valores similares podrían compartir comunidad y participar de un lenguaje, identidad e intereses comunes. Este es un espacio de fraternidad, articulado por lo que Juan Urrutia llamaba el gusto por estar juntos y cimentado sobre el reconocimiento mutuo, esto es, por la identidad.

Más allá, clientes y proveedores no forman parte de la comunidad, sino parte de un espacio social común, en principio el mercado. Ese espacio está definido para cada uno de los nodos por el grado de libertad que tiene a la hora de vender y comprar, pero también para cada persona por la libertad efectiva de la que disfruta a la hora de abandonar un nodo, sumarse a otro o crear uno nuevo.

Separar claramente los espacios de libertad, fraternidad e igualdad y quienes participan de cada uno de ellos es la clave del funcionamiento comunitario.

Demos: el espacio de la igualdad

Originalmente el demos era algo relativamente similar a lo que una parroquia es en la ordenación territorial gallega, pero con la reforma democrática de Clístenes el δῆμος, se convirtió en la división básica de la organización social, una micropolis formada por la comunidad real que rodeaba a cada persona.

El demos entregaba a sus miembros una Pinakia, una pieza de bronce con su nombre y el del demos. La Pinakia, una pequeña placa de bronce, era señal de pertenencia y garantizaba el reconocimiento del portador como ciudadano por el resto de los demos, es decir, por la polis como un todo.

Sin la Pinakia no se podía ser elegido para cargo alguno, por eso, el demos es utilizado hoy como sinónimo del grupo de personas que en una organización tienen ciudadanía plena. Pero lo realmente interesante es el cómo. El demos es algo mucho más profundo que una lista de elegibles.

El sistema democrático ateniense no estaba basado en la representación y la votación sino en la elección por azar: para poder desempeñar un cargo público un ciudadano debía introducir su Pinakia en la ranura que eligiera de una matriz llamada kleroterion. El kleroterion dejaba salir bolas blancas o negras en función de la casilla elegida. Si al introducir la tarjeta se obtenía una bola negra, el ciudadano recibía el cargo o la tarea como encomienda.

Pertenecer a un demos era pues sinónimo de alcanzar los derechos -y deberes- plenos de ciudadanía, pero lo que es más importante, al aceptar a alguien en nuestro demos, aceptábamos que en cualquier momento podía acceder a cualquier cargo por importante que fuera con independencia de que la mayoría de los miembros de la comunidad prefiriesen a otra persona para él.

Es decir, aceptar la incorporación de otro ciudadano al demos suponía aceptar su igualdad efectiva con nosotros, pues implicaba declarar que, con independencia de sus posiciones políticas concretas, a cualquier ciudadano le resultaba indiferente que ejerciera cualquier posición pública.

El demos implica un altro grado de identidad porque se basa en realidad en el principio de indiferencia: considerarme parte de un demos significa que soy indiferente sobre quién de los otros miembros realice cualquier tarea de representación o administración de la comunidad aunque afecte a mi seguridad o bienestar. Por eso originalmente democracia evocaba sorteo y no elección.

El demos por tanto implica no sólo identidad sino confianza, entendida como la expectativa de que, por haber unos contextos comunes, experiencias comunes generen conocimiento similar. Por ello no puede existir un auténtico demos fuera de la comunidad real. En la comunidad imaginada el conocimiento que tenemos de los otros es abstracto y realmente no aplica el principio de indiferencia, por eso la democracia en el estado nacional está basada en la elección y el proceso de determinación de mayorías.

¿Tiene sentido funcionar con la lógica y limitaciones de la comunidad imaginada en comunidades reales? Si lo pensamos, una empresa que funcione como democracia económica debería estar basada en el principio de indiferencia: todo irá bien si dentro del demos de los socios en principio soy indiferente respecto a quién se encargue de la representación o la administración de las cuentas de la comunidad.

(Continuará)

«Las pilares de la comunidad (actualizado)» recibió 0 desde que se publicó el lunes 6 de abril de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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