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Las plazas de Yulia

Yulia Timoshenko sigue siendo la clave del camino hacia la única Ucrania que la geografía y la economía hacen viable.

Plaza de la Independencia Kiev 2004En noviembre de 2004, las calles y la plaza de la Independencia de Kiev se llenaban de gente en protesta por el resultado de las elecciones presidenciales. La amplia victoria del candidato Viktor Yanukovich, sobre el líder de la oposición Viktor Yushenko, apuntaba a un recuento fraudulento, muy alejado de las encuestas y de los resultados de la primera vuelta. En las semanas siguientes, miles de jóvenes y buena parte de la población, a lo largo de todo el país se sumaron a lo que se llamó la «revolución naranja». Yushenko y Timoshenko en 2004 Yulia Timoshenko, cabeza del también partido opositor «Patria», da su apoyo a Yushenko sellando el que llegaría a ser el tándem de gobierno tras el triunfo de la protesta.

Timoshenko portada de ElleCon Yulia, la revolución naranja se feminiza, las mujeres toman visibilidad y pasan a tener un rol activo tanto en el mantenimiento de las acampadas como en los enfrentamientos contra las fuerzas de seguridad. La Revolución Naranja escenifica la división Rusia/Europa que vive el país desde la independencia de la Unión Soviética, el hastío del juego prosoviético, pero también saca a la luz un nuevo entramado social.

En el marco regional, la geopolítica energética había estado en el centro de las tensiones de los meses anteriores. Tras el fracaso de la revolución Bielorusa, Ucrania es el tanto a ganar para una Unión Europea que desea terminar su dependencia soviética en el consumo de gas. Justo antes del fin de año, tras una nueva ronda electoral, Yushenko y Timoshenko son proclamados Presidente y Primera Ministra. Para la primavera de 2005, el nuevo equipo de gobierno ya ha tomado las riendas del país.

Qué supuso la revolución naranja

EurovisionLa revolución naranja se identificó con el acercamiento del país a Europa. Y Europa era sinónimo de modernidad. Tanto las marcas internacionales como las locales buscaron acomodarse rápidamente al nuevo patrón de consumo. Desde el Nescafé, a la mayonesa Kraft, pasando por los electrodomésticos Samsung, incluían en sus eslóganes publicitarios la referencia a Europa. Un mundo nuevo estaba por venir, y por primera vez en Ucrania, estaba comandado por mujeres.

… en un país terriblemente machista y precisamente por eso mantenido por las mujeres -siempre estresadas, siempre corriendo, siempre hiperarregladas- Timoshenko representa algo más que el poder femenino, representa la vindicación de un profundo cambio social. En los años de la desindustrialización, de la miseria y el paro masivos, los hombres cayeron masivamente en el alcoholismo. Depresiones y suicidios triplicaron su tasa y con ella el ya de por sí saturado y mal equipado sistema sanitario. Las mujeres trabajadoras mantuvieron el país y la cohesión social en pié a base de matarse a trabajar y, como dicen ellas, “conseguir”. Aunque fuera a base de mijo, los niños de entonces -jóvenes revolucionarios hoy- comieron.

Bajo este espíritu, Timoshenko instala una nueva dinámica, basada en el trabajo y la transparencia. Intensos horarios para el equipo de gobierno y miembros de la Rada, retransmisiones en vivo de las sesiones tanto por radio como por televisión-llegando a instalar televisores y altavoces en las calles principales de las ciudades. En política exterior, el esfuerzo se concentra en ganar la soberanía energética bajo una frenética agenda internacional que va de Turkmenistan a la Casa Blanca pasando por Moscú y Berlin en menos de dos meses. Principios de acuerdo con la UE y EEUU anuncian nuevos tiempos para Ucrania, el establisment global aplaude una revolución que sirve de ejemplo de proceso de reconstrucción democrática a fuerza de presión popular.

El desmoronamiento de un sueño

Yanukovich y PutinFormado en base a alianzas, el gabinete de Yushenko derivó en un gobierno cautivo de los pactos previos con distintas formaciones políticas y grupos de poder. A pocos meses de su nombramiento Timoshenko hacía frente a casos de corrupción, a la imposibilidad de poner en marcha el programa de privatizaciones y a una crisis energética con Rusia de forma simultánea. La relación entre la presidencia y el gobierno ejecutivo pasó de la colaboración a la competencia. Tensión que iría en aumento a lo largo de la legislatura hasta pasar a ser de dominio público. Se gestaba el fin de la revolución. Las elecciones presidenciales de 2010, enfrentaron de nuevo a Timoshenko, Yushenko y Yanukovich, en un ambiente de desencanto que ponía de nuevo la mirada en el candidato pro-ruso que finalmente se alzó con la presidencia.

Caso contra TimoshenkoCon el triunfo de Yanukovich, bajo la mirada atenta de Moscú, se restablece el eje ruso. Sin embargo, las negociaciones por el precio del gas continúan marcando la agenda política, aunque, con un espíritu conciliador por parte del presidente, que no repara en hacer algún conveniente guiño a Alemania de tanto en tanto. Y es que la política ucraniana va unida a los suministros de gas y su papel como bisagra en las relaciones entre Europa y Rusia. Ambos elementos resultan cruciales para entender cualquier análisis de la situación interna del país.

Y una vez más, el gas es el protagonista en el caso contra Timoshenko. En 2011, es acusada de abuso de poder por la firma de contratos gasísticos con Rusia durante su mandato que el nuevo gobierno encontró perjudiciales para el país. Condenada a 7 años de prisión, es nuevamente acusada por su posible relación con hechos ocurridos en los años 90 cuando encabezó la compañía estatal de gas ucraniana. Un proceso que provoca el rechazo de la comunidad internacional, que le pasa factura a Yanukovich.

Las elecciones parlamentarias de 2012, con Timoshenko encarcelada se presentan como un paseíllo para la formación que encabeza el Presidente, el Partido de las Regiones, que se enfrenta a una coalición mixta de liberales y nacionalistas sin un claro liderazgo. La continuidad parecía estar servida.

De nuevo a la plaza

Plaza de la Independencia de KievPero un año después, los aires de la revolución naranja se vuelven a sentir en Kiev. Días atrás durante la cumbre de la Asociación Oriental, Ucrania rechaza el acuerdo de asociación que plantea la UE. Yanukovich alega discrepancias sobre la necesidad de ayuda financiera que Ucrania necesita para equipararse a la UE. Frente a los 160.000 millones de euros que demanda, recibiría 600. Por su parte, una de las condiciones que impone la UE es la excarcelación de Yulia Timoshenko, cuyo proceso es declarado ilegal por el Tribunal de Estrasburgo. La tensión con la UE aumenta.

Acostumbrado al juego del péndulo, Yanukovich mantiene su agenda, y continúa las reuniones de planificación comercial con Rusia al tiempo que desprecia la reacción de protesta que ya ha comenzado a gestarse en las calles. La revolución, aparecía de nuevo en Kiev, las imágenes de la Plaza de la Independencia nos llevan a 2004.

Como en aquel entonces, el papel de Timoshenko está siendo decisorio y a pesar de la distancia, llama a la oposición a realizar una toma de poder. Sin embargo la moción de censura, que traslada la petición de dimisión del Presidente desde las calles al Parlamento, no prospera.

Mientras, en paralelo continúan los intentos de aproximación de la UE y Yanukovich manifiesta su intención de retomar las conversaciones para cerrar el acuerdo de adhesión. Pide comenzar de nuevo el borrador del acuerdo y anuncia estar próximo a alcanzar un trato muy favorable con Rusia que garantizaría el suministro de gas a un precio asequible a largo plazo. Lanza una contrapropuesta de reunión a tres bandos, que la UE rechaza.

Fin de Lenin en UcraniaEn las calles, la movilización estalla. Comienzan las demostraciones de apoyo público a los manifestantes, por parte de ex-Presidentes de Ucrania, líderes de países en la región, e incluso estrellas de Hollywood. Se lanza una gran convocatoria de manifestación para el domingo 8 de diciembre.

Goodbye LeninEl gobierno da orden de despejar la plaza, desde la UE se advierte a Ucrania del riesgo que supone en el desarrollo de sus relaciones a futuro el hacer uso indiscriminado de la violencia. En una demostración del rechazo a la influencia rusa en el país, la multitud derriba la estatua de Lenin, el último vestigio ruso que quedaba en pie.

¿Qué vendrá a continuación? Es difícil decirlo, lo cierto es que Ucrania nunca conseguirá configurar un mercado nacional clásico y realmente autónomo. Su posición y hasta su configuración social, solo tienen cabida en un marco más amplio, el de la esfera de influencia rusa o en el de la Unión Europea. Su nacionalismo, necesariamente europeísta, es, a cierto punto, una muestra de la imposibilidad del nacionalismo del siglo pasado que soñaba con estados económicamente independientes, si no autárquicos. El transporte del gas, su principal valor geoestratégico, es por eso el centro de toda disputa, y de toda solución política posible y, al mismo tiempo, una medida de la relación de fuerzas entre los dos grandes bloques vecinos.

En pocas palabras: Ucrania solo puede ser Ucrania -y no un remedo de la «RSS de Ucrania» que formaba parte de la URSS- en la Unión Europea. Llegar hasta ahí requiere algo más que un partido, requiere un símbolo y una forma de liderazgo que refleje lo que gran parte del país quiere ser. Y ese símbolo tiene un nombre: Yulia Timoshenko. Volverá.

«Las plazas de Yulia» recibió 11 desde que se publicó el Miércoles 11 de Diciembre de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Natalia Fernández.

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