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Las primeras costuras de la cohesión global

Cómo las protofilés integrarán a las ONGDs dando las primeras puntadas de la cohesión social global.

Durante los últimos meses del 2012 hemos estudiado un nuevo tipo de organizaciones sociales. Agrupan a millones de personas, tienen una economía propia y transnacional y sobre todo, ensayan nuevas formas de identidad, pertenencia y «ciudadanía» que no quedan contenidas en las fronteras de los estados nacionales y los bloques comerciales. Más importante aún, toman forma a partir de los años 90 en entornos culturales e ideológicos absolutamente dispares, desconectados, entre si, revelando que responden a una necesidad general en paralelo al desarrollo de la globalización.

Unos, como nuestro ner group han nacido en nuestro entorno cultural e industrial y nos parecen lo más natural del mundo. Otros conviven cotidianamente con nosotros sin dejar de ser invisibles, como los muridíes (muchos de esos vendedores que nos ofrecen calcetines en las terrazas de las tabernas bilbainas) y otros como los católicos focolari o los poderosos fetulajíes turcómanos son, para la minoría que ha oído hablar de ellos, apenas un rumor, un fantasma. Pero están aquí, son millones y en su irreductible diversidad nos muestran la línea de resistencia «natural» frente a una creciente descomposición en la que el estado irá renunciando, cada vez más, a mantener la cohesión social básica.

Ayer nos reuníamos con el equipo de Anesvad, la conversación fue rica y sorprendente. El punto de partida: el callejón sin salida del actual modelo de la cooperación al desarrollo, pero también, la constatación de que en el panorama industrial emergía un nuevo tipo de sujetos que generan flujos de riqueza transnacionales y entienden su «compromiso social» de manera muy distinta a la clásica RSC, haciendo proyectos redistributivos desde la propia estructura, con las personas que la componen.

Vivir este tipo de organizaciones, que hemos llamado protofilés, se parece cada vez más a vivir una ciudadanía gracias a los mecanismos de cohesión y acción en el entorno que generan: desde proyectos educativos a sistemas sanitarios mutuales. El futuro de las ONGD seguramente esté en confluencia con ellos. Remarcablemente, estas organizaciones son transnacionales, no internacionales, es decir, sus flujos y sus relaciones de solidaridad se producen en todos los sentidos, como un único cuerpo social. El viejo modelo de «división internacional del trabajo solidario» deja de tener sentido: desaparece la división entre «lugares donantes» y «lugares proyecto», la tarea es global y el sujeto es una serie de comunidades comprometidas globalmente a través de una estructura propia de producción-redistribución que genera identidad colectiva.

Es en ese terreno que se intuye cada vez con más claridad, en el que la cooperación al desarrollo se irá transformando en una función social de algo que, por su parte, tampoco puede ser llamado escuetamente empresa, pues no es un simple maximizador del beneficio monetario o una función económica, sino un articulador social cada vez más abierto a todas las escalas.

Eso que antes llamábamos ONGDs

¿Y entonces, las ONGDs? Lo que es a las empresas desde un punto de partida (la producción y el mercado) es a las ONGDs desde otro (la implicación en el desarrollo social de nuevos entornos). La confluencia es obvia y es necesitada por ambas partes: eso que antes llamábamos empresas y que tienen mucho que aprender del cuidado de su entorno social y eso que llamábamos ONGDs y que deben reconsiderar su «base», su «cuerpo social» al estilo de organizaciones como el grupo ner. El horizonte común: espacios globales de bienestar y seguridad, pero sobre todo de oportunidades.

Esa confluencia se ha de mostrar no solo en flujos de conocimiento o en fusiones más o menos compartidas y articuladas de la base social. Se abre para las «empresas» la oportunidad de plantearse una transnacionalización integral no solo de inversiones y estilo de relaciones, sino también de compromiso social. Para las ONGDs soñar sistemas que de forma transnacional aseguren, por ejemplo, mínimos de cobertura sanitaria, pasando de los microcréditos a los microaseguramientos, sistemas donde todos cubran a todos creando -puntada a puntada- las grandes costuras de la cohesión global que los gobiernos y estados nacionales nunca abordaron.

«Las primeras costuras de la cohesión global» recibió 0 desde que se publicó el Martes 8 de Enero de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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