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Las princesas prometidas

Son chicos que nunca encajaron, que nunca se sintieron parte de su comunidad, ya fuera esta la de la escuela o la de la familia. Les mueve un desesperado deseo de inclusión y sobre todo un miedo atroz a la libertad. Desean ayudar a los desprotegidos porque se identifican con ellos y ayudar a otros que están peor es lo único que les hace sentirse fuertes y útiles.

Prácticas en las Indias

AleppoLlevaba tiempo sucediendo, pero no fue hasta los primeros meses de 2014 que empezaron a saltar las alarmas. En 2011 había estallado la crisis siria, que en principio parecía ser una guerra civil entre el gobierno y los rebeldes opositores, que pretendían derrocar al presidente Al-Assad por anti-democrático y sanguinario.

En medio del caos de una situación así aparecen de pronto nuevos actores sobre el terreno. Empezaron luchando en el bando rebelde pero no tardaron en dejar claro que tenían su propia agenda, y esta era nada menos que la instauración de un Estado yihadista autoproclamado califato: el Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL).

Con su entrada en Siria el EIIL puso en marcha una máquina propagandística nunca vista hasta el momento. Partiendo de la base de que luchaban contra Al-Assad por hereje además de por tirano, consiguieron en muy poco tiempo convertir el conflicto sirio en una causa global de justicia social donde los buenos musulmanes del mundo podrían demostrar su compromiso y su voluntad de cambiar las cosas, esta vez de verdad, construyendo nada menos que un Estado propio para todos ellos.

combatiente del EIILSegún el ICSR en abril de 2013 ya había en Siria entre 2.000 y 5.000 combatientes extranjeros, cifra que siguió aumentando en un goteo constante. Las alarmas empezaron a saltar cuando se supo que entre un 7 y un 11% provenían de Europa.

Esto tampoco era nuevo. Los células de Al-Qaeda que habían sembrado el terror desde 2001 también se nutrían de musulmanes europeos que en muchos casos pasaban por un periodo de entrenamiento militar en Afganistán o Yemen. La novedad, esta vez, es aún más escalofriante: los «combatientes» voluntarios son cada vez más jóvenes, casi adolescentes, incluyen casos de chicos que ni siquiera han sido criados en la religión musulmana y sobre todo, empiezan a acudir mujeres, niñas en realidad, en un número cada vez mayor.

El dulce Damian

Damian ClairmontDamian Clairmont era un buen chico de colegio católico en Calgary (Canadá), sensible, aplicado e inteligente pero cualquier cosa menos popular entre sus compañeros. Cuando fue creciendo, el afán por defender y proteger a los débiles, del que habla su madre, sin duda indicaba que él también fue acosado aunque ella no lo sepa. Con 17 años cayó en una gran depresión y se intentó suicidar. Encontró la salida del agujero a través de la religión musulmana, a la que se convirtió. A su madre le pareció bien porque parecía que al fin había encontrado un sitio donde encajar, algo que le daba paz.

Pero poco a poco se fue aislando cada vez más de su familia, abandonó una prometedora carrera como cocinero y a finales de 2012 le dijo a su madre que se marchaba a Egipto para aprender árabe porque quería ser imam. En realidad voló a Turquía, para cruzar la frontera siria y unirse a las filas del Estado Islámico bajo el nuevo nombre de Abu Talha Al-Canadi. En enero de 2014 murió en combate cerca de Aleppo.

Las «Jihadi brides»

Sabina Selinovic y Samra KesimovicEn abril de 2014 Sabina Selimovic y Samra Kesinovic, (15 y 16 años) se escaparon de su casa, en Viena, tras dejar una nota a sus padres que decía: «No nos busquéis. Serviremos a Alá y moriremos por él». Parece que su deseo era, como Damian, luchar en el frente sirio, pero según las fuentes de inteligencia que confirman lo que todos sabemos de la sociedad yihadista, al llegar a Siria fueron entregadas en matrimonio a combatientes y enseguida quedaron embarazadas. Ahora, según las mismas fuentes, quieren volver a casa, algo que parece bastante difícil.

Un caso parecido con final «feliz» es el de Aisha, una holandesa de 19 años que se enamoró por televisión de un combatiente del EIIL. Tras iniciar una relación online y convertirse al Islam, huyó a Siria con la intención de casarse con él. Y lo hizo, pero poco después su marido la repudió y fue obligada a casarse con otro, algo que parece ser bastante común en el EIIL. Pidió auxilio a su madre, que aún no se sabe cómo, consiguió sacarla de Siria. Como en casos similares, al volver a casa fue detenida.

AishaOtra Aisha, esta vez de solo 14 años y de Ceuta fue detenida cuando intentaba escaparse a Siria con otra joven de Melilla, Fauzia, de 19 años. Aisha había contactado con su reclutadora a través de la conexión del móvil, pues ni siquiera tenía ordenador y su sueño era cuidar de los huérfanos de los combatientes del EIIL.

Se cree que hay cientos de casos, principalmente en Francia, Bélgica, Alemania, España y Reino Unido. Algunas acuden creyendo que podrán combatir y se encuentran con la cruda realidad. Pero muchas viajan dispuestas a hacer lo que se espera de ellas: básicamente tener hijos, ser lo que ya se conoce como «jihadi brides» (o novias de la yihad). El último caso fue solo hace un par de semanas: Tres niñas inglesas de 15 y 16 años, Kadiza Sultana, Amira Abase y Shamima Begum cruzaron el control de un aeropuerto de Londres. Lo siguiente que se supo es que estaban en una estación de autobuses turca, muy probablemente camino a Siria.

El debate

Al-BrittaniyahEl debate en los medios e instancias gubernamentales se está centrando en como modificar la legislación para evitar que salgan de sus países de origen o, en su defecto, evitar que vuelvan a entrar. Punto peliagudo este último en el caso de «las arrepentidas» menores de edad. Se trata, en resumen, de evitar que cometan atentados en suelo europeo.

También, como siempre, se culpa a la herramienta y se habla mucho de como las mezquitas, fácilmente controlables por la policía, han perdido el protagonismo en las estrategias de reclutamiento. Ahora son Whatsapp, Twitter, FaceBook, Instagram y hasta Ask.fm las herramientas utilizadas para reclutar, crear redes de voluntarios (decorosamente divididas por sexos) y hacer el seguimiento de los viajeros que «peregrinan» a Siria e Irak.

Pero nadie parece estar preocupado por el verdadero origen del problema. Nadie se pregunta por qué adolescentes de clase media y vida normal deciden voluntariamente unirse a una de las causas más sangrientas, machistas y totalitarias de la historia.

El perfil

Tres chicas detenidas en AlemaniaHasta ahora se hablaba, tímidamente, de problemas de integración de las familias musulmanas en Europa, de la creación de guetos donde las únicas alternativas de «realización personal» eran la delincuencia o el terrorismo, de familias pobres en riesgo de exclusión social sumidas en el fanatismo religioso… nada de eso se cumple en todos estos casos de adolescentes de clase media, en familias integradas y donde la religión no estuvo presente o no tuvo un peso significativo.

Shannon ConleyLos perfiles de estos chicos son muy parecidos. Todos son buenos estudiantes, responsables, sensibles y muchos tienen una prometedora carrera como músicos, médicos o ingenieros que abandonan si tienen que mudarse de ciudad para continuar los estudios porque no quieren alejarse de su familia y su entorno conocido. Todos suelen tener una gran inclinación a «involucrarse socialmente». Realizan labores de voluntariado, organizado o espontáneo, con niños, ancianos o minusválidos, en general sienten deseos de ayudar y defender a aquellos que consideran más débiles y desprotegidos.

Y sobre todo se repite una cosa: son chicos que nunca encajaron, que nunca se sintieron parte de su comunidad, ya fuera esta la de la escuela o la de la familia. Les mueve un desesperado deseo de inclusión y sobre todo un miedo atroz a la libertad. Desean ayudar a los desprotegidos porque se identifican con ellos y ayudar a otros que están peor es lo único que les hace sentirse fuertes y útiles.

Tienen miedo a la libertad porque no saben que hacer con ella. Al sentirse huérfanos de comunidad, su miedo solo puede verse calmado por algo que les marque directrices claras, que les imponga su autoridad, que les libre de tener que decidir por sí mismos y a la vez les haga sentir que forman parte de algo auténtico.Aqsa Mahmood

Aqsa Mahmood (20 años) es otra fervorosa «peregrina» originaria de Escocia, cuyas publicaciones en las redes sociales han proporcionado interesantes datos sobre las novias de la Yihad, que ahora ella misma se encarga de reclutar, como parece que ha sido el caso con las tres niñas inglesas que escaparon hace dos semanas.

En su blog, Aqsa da consejos para la primera llamada a los padres o para pasar el control de pasaportes turco. Pero lo más llamativo es esta imagen (derecha-abajo) que alguien envió a Aqsa a su cuenta de Twitter.Aqsa Mahmood

En esta obra maestra de la representación simbólica, tenemos dos planos: el físico y el de las ideas. El físico representa las herramientas de las que nos apropiamos para llegar al mundo de las ideas, al que aspiramos. La niña de la izquierda, que a su vez representa a «las otras niñas», es representada como rubia, bizca, deforme y maquillada como un payaso. Es grotesca y ridícula a la vez. Encima del pupitre, una barra de labios, su arma para transformarse en ese monstruo y para llegar a su ideal: un mundo de consumismo, superficialidad y concupiscencia.

La niña de la derecha, que representa a Aqsa, pero que en realidad busca la identificación de todas esas niñas que se sienten diferentes y que no encajan, va cubierta con niqab, sus ojos sonríen y lleva un kaláshnikov en las manos como herramienta. Su plano «aspiracional» es el paraíso musulmán al que llegar después de una vida devota.

El significado del niqab es muy sugerente en este dibujo pues en la última década, el hiyab en general ha experimentado un auge, sobre todo entre las jóvenes universitarias de clase media, para reivindicar que no son mujeres objeto, aquello precisamente de lo que se acusa a la niña deformada de la izquierda. Llama mucho la atención esa reivindicación en mujeres que defienden justamente ser cosificadas, convertidas en una máquina de parir héroes para la guerra.

La pregunta correcta

Yihad románticoComo apuntaba David en la definición del nuevo perfil del militante global, estos chicos necesitan «sentirse importantes» y «ser parte de algo con éxito» que les de un lugar en el mundo, que les ayude a aportar a una causa ascendente sin la responsabilidad de tener que aprender ni decidir nada, en un mundo ajeno que nunca les aceptó. Es más, ese mundo que nunca les aceptó se va a enterar de quiénes son y de lo que son capaces… ellos y todo el ejército del EIIL. Nos encontramos de nuevo, con el resentimiento y el deseo de revancha que sigue a la no-inclusión comunitaria que define la teoría de Adler.

La pregunta que realmente debemos plantearnos es cómo cambiar ese dibujo. Qué plano ideal y qué objeto de poder podemos darle a una niña como alternativa al niqab y el kaláshnikov. Cómo podemos hacer que encuentren o formen una comunidad que les haga sentirse igual de valiosas y necesarias que el califato de Abu Bakr al-Baghdadi.

La solución no puede ser otro movimiento global masivo, ni siquiera un movimiento nacional masivo. En general, todo lo que sea masivo y por tanto te una con un montón de gente que no conoces en un destino único en lo universal, me produce una gran desconfianza.

De nuevo la respuesta, tiene que estar en Adler, y en Dewey. Lo que tiene que ser masivo, es la adopción de herramientas que permitan a padres y maestros entender la dinámica de las lógicas privadas detrás de los sentimientos de falta de pertenencia desde la infancia. Hace falta algo que transmita a esos adolescentes desde la cuna que la redención de los parias de la tierra nunca los llevará al cielo y que el verdadero heroísmo está en luchar contra nuestro miedo a ser libres.

Continuará…

«Las princesas prometidas» recibió 14 desde que se publicó el Jueves 5 de Marzo de 2015 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

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