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Lawrence, el Go y la lógica del conflicto

Hay un cierto tipo de profundidad que unos saben encontrar en las soledades de los desiertos y otros vislumbramos en la abstracción de un mundo sintetizado en redes, grupos y libertades.

El maestro de GoLas «Diez reglas de oro del Go» fueron escritas por Wang Jixin, un intelectual y administrador imperial de la dinastía Tang (618 a 907 EC). Wang fue un famoso jugador de Weiqi sobre cuya habilidad para el juego surgieron leyendas y relatos.

Estos diez principios, resumen una interesante reflexión estratégica.

  1. La codicia no trae victoria
  2. No tengas prisa por entrar en el territorio del contrario
  3. Cuando ataques, sobre todo cuida de tus propios grupos
  4. Descarta una captura si a cambio ganas sente (=iniciativa o un lugar desde donde tenerla)
  5. Abandona lo pequeño para conservar lo grande
  6. En peligro, sacrifica
  7. Crea formaciones sólidas, evita los movimientos precipitados.
  8. Un movimiento tuyo debería responder a los de tu oponente.
  9. Contra posiciones fuertes, juega sin arriesgar demasiado.
  10. Busca la paz, evita el combate en situaciones de debilidad o aislamiento.

Comienza con una llamada de atención sobre la codicia como una compañera poco adecuada para ganar el juego. Y es que, hay algo que en las primeras partidas te lleva a lanzarte sobre el contrario con la intención de capturarle en cada uno de los movimientos. Aunque pronto te das cuenta que eso es justamente lo que te hace jugar a la zaga, siguiendo a tu contrincante por todo el tablero. Llegado un momento, mientras él despliega sus fichas bajo una lógica de consolidación del territorio, las tuyas no guardarán ninguna relación unas con las otras y será demasiado tarde para plantear una estrategia. Juego perdido, aunque hayas conseguido capturar algunas piezas.

Entonces se hace evidente que la clave está en mantener la iniciativa en el juego, atendiendo al oponente, analizando las respuestas posibles que abre cada uno de nuestros movimientos, adelantando su táctica. Por eso cada jugada en las grandes partidas puede tomar horas, por eso las partidas se dilatan en el tiempo quedando al margen todo lo demás.

Y sin embargo, cuando das tus primeros pasos más allá de las reglas, uno empieza a entender una de las ideas más chocantes que transmite el juego (y que hubiera encantado a Lawrence, por cierto): aunque tengas en cuenta a tu oponente, el conflicto no lo define él. Ni siquiera trata sobre sus ventajas o estrategias. El rival es algo externo, a veces lo sientes casi como aleatorio. Lo importante es tu capacidad para construir un espacio libre y seguro para los tuyos.

La clave del Go reside en liberar el máximo espacio posible con el menor número de fichas, pues ocupar no es liberar. Solo las «libertades», es decir, las conexiones no usadas de nuestras piedras (=piezas), se cuentan como territorios. Pero nuestras piedras tienen que estar conectadas entre si para que cuando el conflicto sea inevitable cerques al contrincante recortando sus libertades y puedas mantenerle bajo control, bien porque no puede avanzar más o porque tiene que dedicarse a la reorganización de sus piezas; momento que aprovecharás para asegurar tus libertades.

En el Go, a diferencia del ajedrez, la idea de negación total del contrario no es ni siquiera imaginable. Se trata de llegar a una correlación de fuerzas indiscutiblemente favorable para nuestros territorios (=nuestras libertades). Pero aunque sea indiscutible rara vez esa hegemonía será abrumadora y -aunque teoricamente es posible- nunca será total. A poco que el contrario tenga «dos ojos verdaderos» (dos libertades coherentemente defendidas por un grupo sólido) tendrá un pequeño espacio irreductible y propio.

Estamos en la mirada global, pero el tablero cambia con cada movimiento, y ahí es crucial mantener la atención sin obcecarse en batallas insignificantes. Esto no significa quedar impasible, el contrario ha de ser respondido, con mesura. Se intuye una cierta generosidad, un ánimo que si bien es estratégico va en beneficio de ambos jugadores. Uno no se queda empantanado en ganar un punto que no va a determinar el rumbo de la partida, aunque eso signifique ceder momentáneamente una parte del territorio. El otro, se quedará entretenido durante unos cuantos turnos, antes de volver a la estrategia global.

Encontramos en este sentido ciertas complementariedades con la doctrina Lawrence. Esto es, deja que el enemigo se sienta seguro en una zona, que tenga un sitio que defender. Atacando «donde no está».

También Lawrence pone por encima de todo las vidas: objetivo cero bajas. Algo que continúa presente en el Go, donde un conjunto de piezas aisladas es un foco vulnerable. Por eso no tiene sentido jugar a desperdigar las fichas en una ilusión de control del juego. Pero sigue resultando muy útil la práctica de «ampliar el campo de batalla». Esto es, ser capaz de identificar el ritmo y saltar a la otra esquina del tablero en el momento más inesperado. Algo, que Go Seigen era un gran experto en hacer.

El punto en el que los mensajes de los fundamentos del Go y la doctrina Lawrence se separan es cuando definimos en cada caso la asociación entre libertad y territorio.

En el Go, el objetivo del juego está en liberar el mayor número de cuadrículas con el menor uso posible de las piezas. Como Lawrence, el jugador de Go persigue un espacio en el que moverse con libertad. Sin embargo el desierto de Lawrence cuida de si mismo, no es apetecible en si para el oponente. El territorio liberado del Go, las libertades ansiadas por ambas partes, necesitan grupos conectados o prestos a conectarse para evitar caer prisioneros y ver ocupados sus territorios. Al beduino no le importa que el oponente vague por un desierto que no entiende y le maltrata.

Ambas miradas, ambos juegos de metáforas, resultan en realidad complementarios. Lo cierto es que una vez empiezas a jugar a Go la mirada sobre todo lo cotidiano se torna diferente.

Hay un cierto tipo de profundidad que unos saben encontrar en las soledades de los desiertos y otros vislumbramos en la abstracción de un mundo sintetizado en redes, grupos y libertades.

«Lawrence, el Go y la lógica del conflicto» recibió 2 desde que se publicó el Domingo 15 de Septiembre de 2013 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Natalia Fernández.

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